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CARTA DE LOS MARTES

30 DE OCTUBRE DE 2018

Queridos amigos:

 

Recordatorio: hoy mismo, día 30 de octubre de 2018, presentamos el Cuaderno nº 5 de nuestra colección. Lo haremos a las 19:00 en el Centro Riojano, Calle de Serrano nº 25, de Madrid. El Cuaderno recoge el texto ganador del III Premio Centro Diego de Covarrubias que otorgamos bianualmente. Su título es, como sabéis, “Ser personal y hecho cristiano: sobre el sentido de la fe cristiana en la actualidad”. No se me ocurren muchos asuntos de mayor interés para un cristiano en nuestros días, de manera que si venís a escuchar a Javier Aranguren Echevarría, su autor, no os arrepentiréis.

Más recordatorios: La segunda cita será el cercano jueves 8 de noviembre. Celebramos nuestra tradicional comida de entrega del Premio de Honor del Centro Diego de Covarrubias. Este año, nuestro homenajeado es el profesor Dr. Carlos Rodríguez Braun, Catedrático de Historia del Pensamiento Económico. El almuerzo será en el Restaurante Jai-Alai (Calle Balbina Valverde, 2) a las 14:00. Quedan algunos huecos todavía. No se lo pierdan.

 

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Bajemos al barro. A lomos de este excelente artículo de Pedro Fernández de Barbadillo http://m.libertaddigital.com/cultura/historia/2018-08-26/pedro-fernandez-barbadillo-la-esclavitud-invento-europeo-o-musulman-85826/, hablamos hoy de esclavitud. No vayamos a pensar que la esclavitud, desde una perspectiva técnica, ha desaparecido de la faz de la tierra. Sin ir más lejos (por eso, porque no está lejos de España: Nouadhibou está apenas a 800 Km. de Las Palmas de Gran Canaria). En Mauritania se reconocen en este momento 160.000 personas sometidas al régimen de esclavitud, sea cual sea la ley que en teoría rija en el país. Los esclavos son allí de raza negra y son musulmanes sus esclavizadores. Como desde el principio de sus tiempos, sin ir más allá.

De la lectura del texto de Fernández de Barbadillo queda claro que los países cristianos no fueron los primeros que iniciaron el tráfico de seres humanos (ese registro es propio de los estados de Extremo Oriente, aunque sólo sea por su enorme antigüedad, próxima en los casos de Corea, Japón y China a los 4.000 años), ni los que lo hicieron con mayor crudeza, ni los que dominaron las vías de tráfico. Ese dudosísimo record es musulmán. Lo que sí es cristiano es la ética y la teoría política que estableció las bases para su desaparición. Es menester recordarlo sin descanso por si algún hombre honrado lo duda y por todos los trolls de la contracultura que además de intentar ignorar el hecho, ocultándolo, lo denostan cuando les resulta imposible pretender desconocerlo, mintiendo sin cesar.

Y ya que estamos, rememoro que el pasado día 7 de octubre (que no fue martes en 2018) celebramos el 447º aniversario de la Batalla de Lepanto, «la más memorable y alta ocasión que vieron los pasados siglos, ni esperan ver los venideros», al decir de Miguel de Cervantes. Una coalición veneciana, pontificia y española hundió la barbarie turca en el fondo del mar Mediterráneo y evitó que el Occidente católico y europeo cayera entonces bajo el yugo del Islam. Francia era aliada de facto de los otomanos, a los que había cedido la base de Toulon, y los protestantes preferían debilitar a España como fuera. Siempre tan agudos ambos.

Y sí, hay instituciones no profanas que ahora mismo consideran al Islamismo como una religión de paz. No se recatan en decirlo. Poco importa que esa creencia ampare, apoye, estimule y financie la práctica totalidad del terrorismo de nuestros días.

No es Fernández de Barbadillo el único que toca el asunto del esclavismo en los últimos días. Jesús Lainz lo desarrolla también, en las mismas páginas, dotando a su texto de matices sarcásticos que lo hacen especialmente atractivo. Y por cierto, los asertos que desliza son inatacables. http://m.libertaddigital.com/cultura/historia/2018-10-12/jesus-lainz-occidente-es-culpable-86236/

Lo expresaré de forma parecida a como ambos autores suscriben: el Cristianismo y Occidente ha hecho del mundo un lugar mucho mejor para vivir desde que extendió su influencia por él; desde una perspectiva ética tanto como desde una perspectiva económica, el mundo es mejor gracias al Cristianismo y al Occidente Europeo. Si hay que matizar, se hace: mejor con el Catolicismo que con el Protestantismo, pues los hijos de Lutero son excrecencias del poder político que habilitaron el cisma que pervive hasta nuestros días. Para eso nacieron y por ello se mantuvieron. Y se mantienen, aunque en un innegable estado comatoso.

Lo dicho: ni las sangrientas culturas precolombinas, ni las férreas civilizaciones de Asia oriental, ni las bestiales deformaciones tribales de África Negra, ni el rampante y sinuoso totalitarismo islámico. No llamen a la evidencia supremacismo, llámenla Historia.

Y si quieren pruebas de que en Occidente se vive mejor que en ningún otro lugar del orbe gracias a sus instituciones y a su civilización, vean: sesenta años después de la descolonización, setenta años después de las últimas guerras inicuas iniciadas por regímenes socialistas en Europa y medievales en Asia Oriental, cien años después de la descomposición del Imperio Austrohúngaro, la presión inmigratoria para venir como sea a los países occidentales es inigualable desde un punto de vista histórico. Echen un ojo a la inmigración desbocada (y a la otra, si me apuran) que soportamos, y ya me dirán.

¿Han oído ustedes recientemente a alguno de nuestros cabezas de partido político expresarse con esta claridad? Y en los medios apesebrados, ¿han leído algo así a sus creadores de opinión? Por esa razón también, honor a los autores cuyos textos traigo a esta Carta.

Como han visto, he pasado sin solución de continuidad del esclavismo a la inmigración, asunto éste de la mayor importancia en nuestros días. Por su peso y su trascendencia, no lo tocaremos hoy, dejándolo para próximas misivas.

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LA FRASE DE LA SEMANA

La frase. Se la he tomado prestada a nuestro magnífico campeón de la Libertad José María de la Cuesta Rute, cuyo Cuaderno está, a día de hoy, en proceso de impresión. Viene al hilo del asunto central de la Carta de este martes, la esclavitud, aunque en el original se enmarca en la crítica a la DSI que constituye el Cuaderno titulado “Mis perplejidades ante la Doctrina Social de la Iglesia”. Vale tanto para combatir el esclavismo desde una perspectiva cristiana como para desnudar las graves carencias de la DSI.

Reza así: “La igualdad entre los hombres tiene sentido y es real si tiene como referencia la dignidad que corresponde a todo ser que integra nuestra especie. Esa igualdad, que para nosotros los cristianos deriva de la condición del hombre como imago Dei, exige tratar a cualquier otro hombre como dueño de su propio proyecto de vida respecto del que no debe darse la dominación por ningún otro hombre. Y esa igualdad acompaña a todo hombre hasta la tumba”.

Un abrazo. Y abríguense.