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CARTA DE LOS MARTES

20 DE NOVIEMBRE DE 2018

Queridos amigos:

Os presento un par de actividades que van a tener lugar en breve. Por orden cronológico.

El miércoles 21 de noviembre, a las 19:30 horas, se va a proyectar en el Aula Magna de la Facultad de Ciencias Económicas y Empresariales de la Universidad CEU San Pablo (Julián Romea 23, Madrid) una película sobre San Pío de Pietrelcina.

Los días 22 y 23 de noviembre se va a celebrar un acto importante en la Universidad Católica de Ávila. Se titula “Jornadas sobre economía y filosofía política en el siglo XVI”. Hay completa información sobre el evento aquí https://www.ucavila.es/images/files/Cursos/jornadasEcoFilos/cartelEcoFil.pdf y sobre los fundamentos subyacentes, aquí  https://www.ucavila.es/economiayfilosofiaxvi/.

Mi valoración es que si el lector puede asistir a ambos actos (o siquiera a uno), lo haga. El Padre Pío de Pietrelcina fue una persona fascinante, confesor. Testimonios abundantísimos le atribuyen sanaciones, estigmas, el don de la ubicuidad y el conocimiento de la mente de sus interlocutores, es un hito en la historia reciente de la Iglesia Católica. De mis lecturas al respecto infiero que la película será igualmente interesante.

El acto de Ávila tiene dos activos: ponentes de primera y un marco excepcional, todo ello en una ciudad maravillosa que conserva el espíritu de la época tratada con asombrosa fidelidad.

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La semana pasada hablábamos de la invasión que experimentan la UE y los EEUU por razones diferentes y que, como un buen amigo resume magistralmente, es debida sobre todo al atractivo que las ventajas del Estado de Bienestar ofrecen a quienes se amparan bajo su manto. Fue una carta suficientemente densa y no volveremos sobre ello en un plazo razonable de tiempo.

Hoy daremos una vuelta a la República Popular China (RPCh), heredera del Estado imperial cuya existencia alcanza ya más de 4.000 años. Creada en 1949 por el Partido Comunista chino (PCCh), vencedor de la guerra contra el Kuomintang del general Chiang Kai Chek, ha experimentado vaivenes importantes desde entonces. El Secretario General (SG) del PCCh, Mao Tsé Tung, condujo a su país por oscuros derroteros que abocaron a un cisma total con la URSS, al genocidio de su propia población (patentizado en permanencia, pero con dos hitos relevantes: el Gran Salto Adelante y la Revolución Cultural) y a una situación económica espantosa.

Muerto en 1973, tras una serie de avatares sucesorios tomó el poder en 1978 Deng Xiao Ping, asimismo SG del PCCh. Hombre pragmático, estableció las bases del crecimiento vigorosísimo que ha experimentado el país desde 1980 hasta nuestros días, caracterizado por la asunción de los principios organizativos y productivos del capitalismo occidental, una progresiva integración de las empresas chinas en el proceso de Globalización y un férreo control político del partido comunista sobre personas e instituciones, empezando por el Ejército Rojo.

La situación actual de la RPCh es la de un poder económico, político y militar como no se veía en el Imperio desde el Siglo XVI. Segunda potencia económica mundial – tras los EEUU -, carente de las limitaciones operativas de las democracias occidentales, ha tomado el relevo de la URSS en la pretensión de dominar el tablero mundial y su marcha triunfal sólo se ha detenido en parte por la aparición de un nuevo Presidente de los EEUU con las ideas claras y la voluntad despierta. Pero hoy no toca hablar de Donald Trump.

La RPCh ha jugado sus cartas con la habilidad habitual entre los altos funcionarios de ese país, cuya burocracia multisecular tiene un importante dominio de las variables de los procesos de negociación. Sumada a ello la determinación que es propia de las dictaduras comunistas y su característica ausencia de frenos morales, el peso político y territorial de la RPCh es cada vez mayor.

El gobierno ha venido utilizando en su desempeño globalizador mecanismos ilegales bien conocidos por los analistas económicos y comerciales occidentales. Su divulgación se ha mantenido en una zona gris que permitiera a gobiernos y empresas beneficiarse de importaciones a bajo coste, la deslocalización y finalmente del gran y creciente mercado chino.

Por sintetizar (¡esto es la Carta de los Martes!), China impone barreras no arancelarias de TODO tipo, que constituyen fuertes obstáculos de entrada de bienes y servicios a su mercado: protocolos sanitarios y fitosanitarios, certificaciones técnicas orientadas en productos industriales, restricciones en las actividades de construcción de empresas extranjeras y concesiones, graves cortapisas en servicios financieros y bancarios, requisitos excesivos en los sectores de Telecomunicaciones, Energía, servicios juridicolegales y compras públicas – sin pretender ser exhaustivos -, barreras en los sistemas informatizados de Reserva de billetes (Computer Reserve Systems), flagrante incumplimiento de los derechos de propiedad intelectual, limitaciones sectoriales a las inversiones extranjeras, controles de salida de capitales, restricciones a los servicios de educación … la lista es interminable. Podemos sumar una clara competencia desleal y leyes antimonopolio unilaterales.

Y esto, desde la perspectiva de la oferta. Si quienes deben presionar a China lo hacen sin la contundencia requerida, permiten que China no cumpla los protocolos de orden ambiental (sus emisiones de CO2 no tienen cortapisa alguna, y consecuentemente, son las mayores del mundo; ya se sabe: cría cuervos … y tendrás muchos) y no reaccionan a la falta de respeto a la propiedad intelectual ni a las manipulaciones del tipo de cambio, pues para qué más.

Con todo y con eso, se están dando en China problemas que hacen pensar a los observadores en una rápida y brusca reducción de las tasas de crecimiento del PIB: se constata un proceso de estancamiento de la IED, un desprestigio creciente asociado a calidad de la producción industrial y agroalimentaria, la burbuja inmobiliaria es del 20% del PIB, sobrevaloración de las bolsas, crecimiento desequilibrado y descoordinado – con importantes asimetrías  entre consumo e inversión – una frágil estructura agraria y profundamente irracionales inversiones públicas en infraestructuras.

Si a ello sumamos el difícilmente manejable shadow banking, un crecimiento acelerado de endeudamiento y financiación, una Bolsa de Valores atípica, un muy desigual distribución de la renta, exceso de capacidad instalada, problemas medioambientales y de disponibilidad de recursos, débil innovación tecnológica propia, crecimiento de las contradicciones sociales y una mala situación del mercado laboral (por escasez de trabajadores formados), el país se revela como una apasionante fuente de problemas.

Y de la democracia, para qué hablar. Eso es cosa de los países capitalistas, hombre.

Frente a eso, el personal agita el fantasma del desastre por venir si tocamos un pelo de la ropa al gigante oriental. https://www.abc.es/economia/abci-guerra-comercial-trump-costara-hasta-152-billones-economia-mundial-201810140339_noticia.html

Daladier y Chamberlain nos miran complacidos desde el más allá. ¿Se perpetúa lo suyo? Pues va a ser que no.

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LA FRASE DE LA SEMANA

La frase correspondiente al día de hoy es de Jordan Peterson, canadiense, profesor de psicología nacido en 1962. Su relevancia proviene de su incesante y exitoso combate contra eso que llaman “corrección política”. Paso la frase en su formulación original y la maltraduzco a continuación (no soy traductor, ni siquiera hablo inglés lo suficientemente bien como para osar intentarlo, pero si sirve de ayuda, sea).

“It’s all very well to think the meaning of life is happiness, but what happens when you’re unhappy? Happiness is a great side effect. When it comes, accept it gratefully. But it’s fleeting and unpredictable. It’s not something to aim at – because it’s not an aim. And if happiness is the purpose of life, what happens when you’re unhappy? Then you’re a failure”.

“Nada hay en contra de pensar que el significado último de la vida es la felicidad, pero ¿qué pasa cuando no la obtienes? La felicidad es un efecto colateral de primera clase. Si llega, acéptala agradecido. Pero la felicidad es efímera e impredecible. No la puedes buscar porque no es un objetivo en sí misma. Y si la felicidad es el gran objetivo vital, ¿qué pasa cuando eres infeliz? Entonces has fracasado”.

Para más información, este enlace la provee. http://m.libertaddigital.com/cultura/libros/2018/11/18/una-noche-con-jordan-peterson-1276627995/

Un abrazo