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CARTA DE LOS MARTES

25 DE DICIEMBRE DE 2018

Aprovecho la oportunidad para comentar que el pasado día 20 se celebró el I Cocido Liberal del Centro Diego de Covarrubias, que albergó la presentación del Cuaderno nº 4 de nuestra colección. El título es “Mis perplejidades ante la Doctrina Social de la Iglesia”. El autor, José María de la Cuesta Rute. Fue un éxito desde todos los puntos de vista. Habrá más. Y tanto el texto como la presentación del cuaderno colgarán de nuestra web www.centrocovarrubias.org, donde están invitados a leerlos, en la seguridad de que no les defraudarán.

Y en cuanto al futuro, el 9 de enero de 2019, a las 19:00, presentaremos en la Fundación Rafael del Pino el libro de nuestra Colección “Cristianismo y Economía de Mercado titulado “África es así” de José-Ramón Ferrandis.

Pasemos a otra suerte. Llega el editor y le dice al periodista: ¡Me escribas algo impactante!¡Échale imaginación! Y el plumilla se la ha echado. Miren este divertido augurio, que utiliza la metáfora de los cisnes negros de Nassim Taleb (ilustrada con una foto de cisnes blancos, hay que ver…) que tanta fama le reportaron como acertado descriptor de fenómenos que se encuentran fuera del ámbito de las expectativas regulares. Saxo Bank ha echado el resto y se ha puesto neomalthusiano, que eso vende mucho. Luego, si acierta en algo o se aproxima, ya nos lo recordarán, pero si no es ése el caso, callarán como tumbas. Natural. Humano. Astuto.

Pasen, pasen y vean lo que Saxo Bank llama “terribles predicciones para 2019”. http://www.expansion.com/mercados/2018/12/04/5c062f4f22601dfb788b4657.html

O sea, que la compra masiva de deuda de los estados por parte del BCE es una predicción para 2019 … Pues debo andar desnortado porque lo viene haciendo desde 2012 (“Within our mandate, the ECB is ready to do whatever it takes to preserve the euro. And believe me, it will be enough.” Mario Draghi).

O sea, que una empresa poderosa con exceso de liquidez adquiere otra que apunta maneras pero que claramente es un bluff, esencialmente… . Vaya pato cojo que nos quieren hacer pasar por cisne negro.

O que Donald Trump despide a alguien … ¡pero si lleva lustros terminando así sus programas televisivos y su primer bienio de la Casa Blanca!

O que Jeremy Corbyn gana las próximas elecciones en la Gran Bretaña. ¡No caerá esa breva! Acabaría con los restos del socialismo en Europa y de paso hundiría a la Rubia Albión en el Mar del Norte. Demasiado bueno para ser verdad.

Todos los augurios del artículo son irrelevantes, salvo uno. No es probable, pero de acontecer, la economía mundial iba a experimentar un retroceso general, tanto mayor cuanto más tecnificado esté un país. Se trata del evento Carrington, una eyección solar de masa coronal. Si alcanzara directamente la Tierra, destruiría los transformadores en todo el globo, expuesto al impacto del plasma solar y sin protección natural posible a ese nivel y en ese grado.

Esto ya ocurrió al menos una vez. Fue en 1859 y lleva el nombre del astrónomo que lo identificó, Richard Carrington. El 1 de septiembre, el sol despidió una llamarada extraordinariamente fuerte. Diecisiete horas más tarde, sus efectos llegaron a la Tierra, lo que provocó la deformación de nuestro campo magnético y la desaparición temporal del cinturón de Van Allen. Ello permitió la entrada masiva de protones, que provocaron la sobrecarga y posterior interrupción de las redes telegráficas, así como auroras boreales visibles a latitudes inauditas y lugares como Madrid y poblaciones de Colombia (por lo que dejaron de llamarse boreales al menos esta vez).

¿La parte buena del fenómeno, espectáculos celestes aparte? Que las economías estaban apenas electrificadas, por lo que los daños fueron escasos, pero el aviso (cada vez más notorio y temido) se considera un aldabonazo. De hecho, los estados más poderosos del mundo estudian las soluciones a aplicar en caso de impacto. Hay un margen de al menos 17 horas (si no se trata de tormentas solares sucesivas, podríamos disponer de hasta unas 50 horas) para reaccionar y preservar equipos y redes antes de que el choque tenga lugar.

Las regiones más próximas a los polos llevarían la peor parte: permanecerían sin energía eléctrica ni agua (salvo la almacenada o la que se pueda obtener por gravedad) durante semanas o meses.

¿La parte mala? Que volverá a ocurrir, aunque no sabemos el día ni la hora. Y ahora, en el siglo XXI, los efectos serán letales. La red eléctrica lo conecta todo, bienes y servicios a la par. La electrónica está omnipresente. Los satélites permiten y habilitan la cuarta revolución industrial. Producción, distribución y consumo están cada vez más basados en una electricidad que se da por infinita, por inagotable. Si ésta fallara, los resultados serían dantescos.

Más probable que un evento Carrington es que Francia caiga en una dinámica de descomposición social o política (y si para muestra basta un botón, este vale. Y mucho, dada la categoría del autor https://www.fpcs.es/francia-y-la-crisis-de-la-democracia/), o que en Alemania, la CDU junto con el SPD se batan en retirada para los restos, a la vista de su absoluta impotencia para hacer frente a los problemas de la inmigración islámica descontrolada. O que Bélgica implosione de una vez por todas y el inodoro en el que se asienta la actual UE se fragmente sin marcha atrás, flamencos y valones mediante. Sin mencionar al Reino Unido, Italia o Grecia, cualquiera de los tres eventos sociopolíticos colocaría a la UE en una dinámica autodestructiva que traería consigo efectos muy negativos. O fuera de la UE, que China no pueda controlar los fenómenos negativos que aquejan a su economía, cuyo brillo no nos deja ver fácilmente más allá del oropel que tan reputados trileros agitan ante nuestros ojos.

Bien pensado, no necesitamos al sol para crear problemas de consecuencias globales.

Ya puestos a desbarrar, el banco holandés de marras podía haber traído a la escena la segura – pero de fecha incierta – explosión de la caldera de Yellowstone, o la liberación súbita de la energía acumulada en la falla de San Andrés, tantas veces anunciada.

​Los tintes de la carta de hoy son un tanto solanescos (por José Gutiérrez-Solana, pintor y escritor español, muy influenciado por la escuela tenebrista), así que me permito traer a colación un chistecillo que corre por las redes desde que la semana pasada, uno de los partidos políticos españoles de ámbito nacional diese un recital de oportunismo de un nivelazo poco común a cuenta de las elecciones en Andalucía. Me ha despertado una sonrisa, cosa que espero ocurra también con ustedes.

Es el himno (apócrifo, por cierto) del partido político Ciudadanos, que reza de esta manera:

Izquierda, izquierda,

derecha, derecha,

adelante, atrás,

 un, dos, tres.

Y así, repetido hasta la náusea. En realidad es la letra de un bailecito de los años 60 del siglo pasado, que ni siquiera se trataba de un vals y mucho menos de un valls cualquiera, pero viene al pelo ante tanta burla a los ciudadanos (con minúscula, pero también con honra).

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La frase de la semana

La frase de hoy es un fragmento de la Epístola de San Pablo a los romanos, 13, 12. “La noche está avanzada; el día está cerca. Abandonemos por tanto las obras de las tinieblas y revistámonos con las armas de la luz”.