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CARTA DE LOS MARTES

8 DE ENERO DE 2019

Queridos amigos:

Como sabe el lector, el pasado miércoles 9 de enero de 2019, a las 19:00, presentamos en la Fundación Rafael del Pino el libro de nuestra Colección “Cristianismo y Economía de Mercado” titulado “África es así” de José-Ramón Ferrandis.

¿Recuerda el lector aquella ya antigua denominación de Tercer Mundo? Se acuñó durante la Guerra Fría, período entre 1952 y 1991 en el que los antiguos aliados contra el nacionalsocialismo alemán y el militarismo imperialista japonés, una vez ganada la Segunda Guerra Mundial, se enfrentaron entre sí de manera lateral y periférica en guerras de menor alcance (para evitar un escenario nuclear en el que la destrucción estaba mutuamente asegurada[1]) en un intento de conseguir el dominio del mundo. Sabemos cómo terminó aquello, pero yo iba a contarles el concepto de Tercer Mundo.

El término lo acuñó el economista francés Alfred Sauvy en 1952. Su origen estaba claro. El primer mundo eran los países capitalistas y democráticos avanzados. El segundo mundo eran la URSS y sus satélites. Y el tercer mundo, los demás países del mundo, acaso vertebrados en el Grupo de los 77 de Países no alineados preludiado en Bandung en 1955 y constituido en Argel en 1967, que en su día lideraron Gamal Abdel Nasser, Josip Broz, Sri Pandit Jawaharlal Nehru  o Julius Nyerere. ¡Qué tiempos aquellos!

Cerrada con armisticio la guerra de Corea en 1953, fracasado el órdago de Nikita Jrushov en Cuba en el 61, neutralizado el despliegue comunista en Iberoamérica en la década de los sesentas, finalizada la guerra de Vietnam en 1973, reducidos seis veces consecutivas los países árabes deseosos de exterminar a los judíos en Israel entre 1948 (primer ataque) y 1982 (Guerra del Líbano), convenientemente reeducado Muamar el Gaddafi en 1986, caídos la URSS y sus satélites en 1991, el concepto de segundo mundo implosionó y el de tercer mundo dejó de tener vigencia a partir del desarrollo capitalista de la República Popular China desde 1978 y de la India desde 1991.

Todos los países del mundo que han descollado y abandonado la pobreza – o están determinados a hacerlo – han seguido la misma senda de desarrollo de los países del antiguo primer mundo. Es una victoria sin paliativos del modo de producción capitalista, quede claro. Los países de África Negra que permanecen en el atraso relativo lo hacen por las graves deficiencias de su modo de entender las sociedades: animismo, tribalización, comunitarismo. Y para remachar sus problemas (de los que las nuevas tecnologías y la urbanización acelerada los están sacando, malgré eux), para que permanezcan en ese estado de dependencia, Naciones Unidas propugna impuestos más altos, energías más caras y emigración de los más resueltos (lo que plantea problemas en origen y en destino). Si no lo han hecho ya, denle una vuelta a esa institución de gobierno mundial corrupta y dominada por la Conferencia Islámica (mutada nominalmente en Organización para la Cooperación Islámica) y teman por sus haciendas y, a largo plazo, por sus vidas.  

El Padre Custodio Ballester Bielsa, cura párroco de la Inmaculada Concepción de Hospitalet de Llobregat, publicó en mayo de 2018 (aunque sólo ahora la he leído; mis excusas) una carta extraordinaria, dirigida a los obispos nacionalistas catalanes. La titula “Carta de un cura de a pie a los obispos de Cataluña”. Es larga, así que no cabe copiarla aquí, pero haré otra cosa: la subimos a nuestra web.

No obstante, traeré a esta Carta un par de párrafos. El primero se refiere al posicionamiento de la cúpula católica:

“Perplejidad y tristeza, sí. Porque ustedes, señores Obispos, se han posicionado públicamente a través de su Nota afirmando la realidad nacional de Cataluña, concepto no pastoral sino político, no fermento de unidad, sino de discordia”.

El segundo está sincopado:

“Ustedes, Sres. Obispos ¿se sienten herederos de la larga tradición de sus predecesores que les llevó a afirmar la realidad nacional de Cataluña? Pues yo también me siento heredero, junto con esa otra mitad de catalanes silenciados también por la Iglesia, de una tradición muchísimo más larga y más catalana que la suya. … Me siento heredero también de Mossén José Palau, Sacristán mayor de Nuestra Señora de Belén, bárbaramente mutilado y quemado vivo en su iglesia cuando la multitud anarquizada arrasó con todos los templos de Barcelona el 19 de julio de 1936, y arrebató la vida de cientos de sacerdotes y religiosos, a los que siguieron luego varios miles bajo el mandato de Companys”.

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LA FRASE DE LA SEMANA

Y ya que hablamos del Presidente del Gobierno, viene a cuento la frase (más bien, los  párrafos) de hoy, que es de José Ortega y Gasset. Aparece en su obra “La rebelión de las masas”. Reza así: “Nos encontramos, pues, con la misma diferencia que eternamente existe entre el tonto y el perspicaz. Éste se sorprende a sí mismo siempre a dos dedos de ser tonto; por ello hace un esfuerzo para escapar a la inminente tontería, y en ese esfuerzo consiste la inteligencia. El tonto, en cambio, no se sospecha a sí mismo: se parece discretísimo, y de ahí la envidiable tranquilidad con que el necio se asienta e instala en su propia torpeza. Como esos insectos que no hay manera de extraer fuera del orificio en que habitan, no hay modo de desalojar al tonto de su tontería, llevarle de paseo un rato más allá de su ceguera y obligarle a que contraste su torpe visión habitual con otros modos de ver más sutiles. El tonto es vitalicio y sin poros. Por eso decía Anatole France que un necio es mucho más funesto que un malvado. Porque el malvado descansa algunas veces; el necio, jamás”.


[1] El acrónimo, en inglés, fue un hallazgo feliz. Rezaba MAD, es decir, Mutually Assured Destruction. Había que estar very MAD para apretar el botón rojo. Pero la disuasión funcionó, porque ni la URSS ni los EEUU eran regímenes fundamentalistas islámicos deseosos de llegar a su particular paraíso más allá de Última Thule.