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CONVERSACIÓN CON JOSÉ EUGENIO AZPIROZ

Publicado en Qveremos

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Don José Eugenio Azpiroz ha llevado 23 años escolta. Es el precio a pagar por defender la libertad en el País Vasco.

Retirado de la política activa, se muestra pesimista respecto del futuro de un PP que ya no reconoce.

 

Qveremos: Don José Eugenio, usted ha sido representante público muchos años. ¿A qué se debe la situación actual de desprestigio de los políticos y cómo se podría revertir?

JEA: La pérdida de prestigio creo que procede de una serie de causas diferentes, comenzando por la pérdida de liderazgos mundiales y nacionales, pasando a los numerosos casos de corrupción que distancian a los representantes políticos de los ciudadanos quienes piensan que “ellos van a lo suyo” y no se preocupan por el pueblo.
En sentido contrario las remuneraciones y retribuciones de los parlamentarios resultan poco atractivas para nuestros mejores profesionales.

A todo ello hay que añadir que no existe el equilibrio necesario entre partidos políticos cohesionados y fuertes con la necesaria libertad de criterio, conciencia y actuación de los miembros que lo componen; es decir, seria precisa más democracia interna y, tal vez, un sistema electoral mixto con listas cerradas por un lado coexistiendo con listas abiertas que dotarían de mayor libertad, personalidad y responsabilidad a estos candidatos.

Q.: El PP ha experimentado en apenas unos años un viraje radical en temas fundamentales como la defensa de la vida, la maternidad subrogada, la ideología de género o la memoria histórica. Ud. conoce el PP por dentro: ¿Cómo es posible semejante mutación en un espacio tan corto de tiempo? ¿Se ha vivido un debate interno? ¿Quién es el impulsor de este cambio?

No es fácil explicar la “evolución” o abandono de valores del PP que hoy asume los propios de la socialdemocracia y no los que le han caracterizado, durante décadas, del humanismo cristiano. Ciertamente la globalización y una determinada visión del mundo de organismos internacionales (ONU, UE…), el apoyo de grandes poderes multinacionales y gobiernos como lo fue el de Obama, junto a la presión mediática mundial, alineada plenamente con lo políticamente correcto, han influido e influyen de manera determinante en la legislación y en las políticas de los Estados.

Por otra parte, los avances tecnocientíficos -formidables y positivos en tantas cosas- están dando al ser humano la capacidad de hacer cosas impensables hace poco tiempo lo que ha propiciado una ética de la factibilidad; lo que se puede hacer si lo deseo lo hago. La ideología de género ha sustituido a la naturaleza y, en última instancia a Dios, por la libre autoconstrucción humana de ser lo que uno quiere, ser lo que uno siente o desea. Hoy el deseo se transforma automáticamente en un derecho. Junto a ello la explosión múltiple de neo-derechos humanos relativiza los derechos realmente fundamentales como es el de la vida, que en el aborto queda subordinado al deseo de la mujer a llevar a término su embarazo; en la concepción utilitarista de la vida humana supone la puerta abierta a la eutanasia; en el deseo a la paternidad en el derecho a los contratos de vientres de alquiler, pese a suponer la mercantilización de la vida de la madre gestante y del hijo y el nulo respeto a la dignidad de ambos; en la manipulación genética en beneficio de terceros y no del ser humano manipulado… En fin, podríamos continuar extendiéndonos en esta dolorosa realidad.

Con lo expuesto he pretendido exponer posibles causas de lo que nos sucede que me atrevo a calificar como una crisis de civilización y un cambio antropológico sin precedentes. Tan sólo desde esta perspectiva, unida al buenismo y pensamiento blando imperante, se puede entender, siquiera parcialmente, como las bases del PP -casi sin pestañear- asumen los cambios que se les están planteando prácticamente sin debate.

Q.: ¿Por qué de un partido como el PP se tienen que ir personas como María San Gil u Ortega Lara, y se quedan otros como Javier Arenas o Borja Sémper? ¿Qué mensaje se transmite con ello al electorado?

Mi incomprensión a lo que algunos hacen o dejan de hacer no me impide aceptar las limitaciones humanas, condicionadas, interesadas y limitadas con las que puede actuar cada quien. No obstante, resulta obvio que el pastor desea mansas ovejas antes que bravos toros. Pero, sin duda, es una tragedia la pérdida de capital humano que se viene produciendo en los últimos años.

Q.: En este contexto, ¿hay espacio en España para que pueda tener éxito un Partido Conservador? ¿Qué se puede esperar de partidos como Vox, Avanza, u otros de este espacio? ¿Tienen los mimbres suficientes para ocupar el espacio abandonado por el PP?

Salvo que el Partido Popular recupere sus tradicionales señas de identidad, lo que se me antoja altamente improbable, alguien acabará llenando el vacío existente y sustituir la orfandad representativa en que se encuentra una parte de la sociedad.

Q.: ¿Cuál cree que será la próxima batalla ideológica en España? ¿Y qué consecuencias puede tener?
Además de la batalla territorial creo que a nivel ideológico se va a plantear un debate sobre la ideología de género y el proyecto antropológico que nuestra sociedad debe configurar. La familia, el matrimonio, los hijos van a estar en el debate y además tienen un impacto directo en nuestro envejecimiento, nuestras pensiones y gastos sanitarios, nuestro futuro…

Otra batalla, quizás más de justicia que estrictamente ideológica, es la distribución de la riqueza en los salarios ya que no se puede pretender que cada vez menos jóvenes y mileuristas nos financien a cada más y mejor pensionados jubilados.

Por fin, otro reto -no exento del debate ideológico- es el de la inteligencia artificial, la automatización, la robótica en relación entre otros aspectos con la previsible destrucción de empleo en el conjunto del mercado laboral.

Q.: Y por último, hablando del País Vasco, de cuyos ciudadanos ha sido representante muchos años, ¿cómo es hoy en día la situación?
La situación es semi-silente. Encumbrado el lehendakari Urkullu como gran estadista, capaz de hablar y negociar, se oculta la razón última del auténtico nacionalismo: la independencia que es desplazada a la finalización del esperpento mediático y social del nacionalismo catalán, que hace conveniente al vasco permanecer semi-silente; es decir, se plantean cosas graves pero educada y aparentemente de un modo legal, no como en Cataluña. De todas formas, mi sensación es que gran parte de la sociedad vasca, liberada del terrorismo, simplemente quiere vivir en paz. Ahora lo importante es que el relato que se quiere redactar sea el de la verdad; el de víctimas y verdugos.