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EL CAPITALISMO Y LA RIQUEZA DE LAS NACIONES. Las vicisitudes de la teoría económica moderna. José Antonio de Aguirre. Madrid, Unión Editorial, 2009.

EL CAPITALISMO Y LA RIQUEZA DE LAS NACIONES

Las vicisitudes de la teoría económica moderna.

José Antonio de Aguirre

Unión Editorial. 2009.

Reseña publicada originalmente en Revista Información Comercial Española Nº 872 de Mayo/Junio 2013 que publica el Ministerio de Economía y Competitividad. Descarga aquí.

Nadie mejor que el economista José Antonio de Aguirre, editor y comentarista de las obras de John Maynard Keynes[1] y de Friedrich August Hayek[2] en la Biblioteca de Grandes Economistas del Siglo XX, para recoger las vicisitudes de la teoría económica moderna y la constante lucha en la historia del pensamiento económico por lograr identificar los principios del crecimiento económico.

El libro reivindica la importancia de no relegar la Historia del Pensamiento Económico en la universidad, porque entiende que su aprendizaje puede evitar que se produzcan errores teóricos que cree son los responsables últimos de las políticas de estímulo de la demanda agregada que generan los ciclos económicos y las burbujas financieras y desencadenan las crisis económicas en el largo plazo.

En primer lugar, el autor explica como David Ricardo (1772-1823) no entendió bien a Adam Smith (1723-1790) y dejó de considerar como objetivo principal de la economía política la búsqueda de la riqueza de las naciones, por lo que centró sus argumentaciones en la distribución de la producción, iniciando una deriva ideológica errónea, que perduraría en el tiempo y supuso un retroceso en el desarrollo de la teoría económica, considerando el precio (o valor de un bien) como el resultado de costes de producción hasta que la revolución marginalista de Jevons, Walras y Menger rescató del olvido el concepto de la utilidad marginal de los bienes.

Pudiera añadirse a las argumentaciones del autor que los escolásticos españoles de la Escuela de Salamanca[3] ya lograron identificar con un siglo y medio de antelación la mayor parte de los conceptos económicos abordados por Adam Smith en su libro La Riqueza de las Naciones (1776)[4]. De hecho, el profesor Joseph Schumpeter introdujo a los escolásticos españoles tardíos en su Historia del Análisis Económico (1954) como los “fundadores de la economía científica” [5]. Y, por otro lado, conviene recordar que, cada vez más autores, analizan a Adam Smith como el introductor de una grave desviación[6] que tardó siglos en corregirse sobre la idea escolástica previa del “justi precio” de los bienes.

Hechas las salvedades anteriores, debe indicarse que se trata de un libro interesante que ofrece a los economistas claves para entender los avances y retrocesos en el desarrollo teórico de disciplina.

La primera parte del libro explica como se produjo el desarrollo teórico de cuatro ideas embrionarias de Carl Menger (1840-1921) que pueden considerarse las bases de la economía política, es decir, que pueden entenderse como leyes definidas que condicionan los resultados de las acciones de los hombres y que son completamente independientes de los mismos: 1) el principio de la utilidad marginal de los bienes, 2) la idea de una estructura ordenada en la producción de ésos bienes en el tiempo, 3) el principio de la subestimación de las necesidades futuras y, por último, 4) la idea de que el dinero estable sólo puede resultar de un proceso de selección en el mercado.

Según Carl Menger, la apreciación subjetiva que el actor económico da a un medio, se realiza en función del valor del fin que él piensa que aquel medio le permitirá alcanzar. Y la utilidad marginal de un bien significa que el valor que una persona concede a la unidad de un bien destinado a satisfacer sus necesidades se mide por la menos apremiante de ellas.

Aunque “a priori” pudiese parecer un principio sencillo, la utilidad marginal permite explicar las fuerzas que impulsan la demanda y la oferta de los bienes en los órdenes de preferencia temporal que configuran la estructura productiva capitalista. Y, lo que es más importante, permite obtener leyes universales, que son válidas en cualquier lugar y en cualquier época y que condicionan los resultados económicos de las acciones de los hombres.

Por ello, resulta especialmente enriquecedora la explicación del gráfico de los círculos concéntricos de Eugen Böhn-Bawerk (1851-1914), que incorpora y explica José Antonio de Aguirre en su libro, como instrumento didáctico para que los economistas comprendan la estructura de la producción capitalista en órdenes que van desde los bienes que satisfacen necesidades personales (bienes de consumo), pasando por los bienes de capital intermedios y hasta los bienes de órdenes superiores que hacen posible un consumo cada vez más complejo y sofisticado propio de las sociedades más ricas.

El autor argumenta como la introducción de la variable tiempo en la producción de los bienes por parte de Böhm-Bawerk, permite que los economistas entiendan la importancia fundamental en microeconomía del ahorro, como una acumulación de capital previa que permite que se realicen las inversiones en las etapas más alejadas en la estructura de la producción y, por tanto, que garantiza que se produzcan los bienes que son más capital-intensivos, con un periodo de producción más largo y con un mayor valor añadido.

La segunda parte del libro, introduce en escena la figura de John Maynard Keynes (1883-1946). Por un lado, el autor sugiere la posibilidad de que las ideas que refleja la obra de Keynes ofreciesen soluciones políticas cortoplacistas que pudieron ayudar a  sostener las democracias occidentales frente a la crisis económica y financiera derivada de la Gran Depresión de 1929 y, especialmente, ante el ascenso al poder, en la Europa de los años treinta del siglo XX, de utopías colectivistas y totalitarias como el nazismo, el fascismo y el comunismo.

Sin embargo, por otro lado, también señala los importantes errores teóricos del autor británico y, por ejemplo, explica como la Teoría General del Empleo, el Interés, y el Dinero (1936) de John Maynard Keynes carece de una base microeconómica al desentenderse de la teoría general del valor de Carl Menger y de la teoría intertemporal de la producción de Eugen Böhm-Bawerk.

Explica como Keynes, con la urgencia de proporcionar un cuerpo teórico a la política económica que se aplicaba en su época, cometió el error de prescindir de una fundamentación microeconómica o, mejor dicho, no pudo encontrarla porque, como señala José Antonio de Aguirre: “la mayoría de las medidas recomendadas por Keynes ya se habían puesto en marcha, si bien tampoco pudieran impedir la recesión 1937-1938. Después estalló la guerra.”

José Antonio de Aguirre nos indica como Keynes rechazaba la teoría del interés natural del dinero y se olvidó del factor tiempo en Economía, del valor subjetivo de los bienes, de la estructura de la producción de bienes, de la importancia del ahorro y, en definitiva, de las soluciones del mercado libre para impulsar el crecimiento de la economía.

Nos muestra como la familia de autores keynesianos se olvida del largo plazo y se ocupa exclusivamente del empleo de los recursos económicos en el corto plazo, no planteándose el problema de las distorsiones que los estímulos políticos de la demanda provocan en la estructura productiva del capital y, especialmente, adoptando una visión pesimista del ahorro privado y de la empresarialidad como motores de las economías de mercado.

En la tercera parte del libro, José Antonio de Aguirre introduce la problemática del nacionalismo monetario y las teorías del crecimiento económico y, expresamente, cita al profesor Luis Ángel Rojo Duque (1934-2011), ex gobernador del Banco de España, cuando afirmaba[7]: “en conjunto, el panorama actual de la macroeconomía se caracteriza por un grado notable de confusión. La línea de pensamiento de Keynes atraviesa una crisis profunda ante la evolución de la realidad que no ha sido capaz de explicar satisfactoriamente y aún menos dominar”.

Aunque comenta la teoría del ciclo económico de Ludwig von Mises y de Friedrich A. Hayek, el autor intenta permanecer neutral en la parte final de su libro planteando cuatro alternativas de crecimiento pero, curiosamente, solicitando mejores indicadores econométricos que permitan anticipar con exactitud cuándo se desencadenarán las crisis económicas y, sin embargo, no señalando algunas referencias a algunos académicos austriacos como, por ejemplo, el economista español Jesús Huerta de Soto que, desde el año 1998, ya venían advirtiendo de los orígenes y el desencadenamiento de la actual crisis económica y financiera:

“Como bien indica Hayek, se trata, por tanto, de una crisis de exceso de consumo o, si se prefiere, de escasez de ahorro, que se ha puesto de manifiesto no ser suficiente para completar las inversiones más capital-intensivas que se comenzaron por error… Como resultado de todo ello numerosas fábricas se cierran, especialmente en las etapas más alejadas del consumo, se paralizan gran cantidad de proyectos de inversión emprendidos por error, y muchos trabajadores son despedidos. Además, a lo largo de toda la sociedad se generaliza el pesimismo, y la idea de que se ha entrado en una inexplicable crisis económica, justo poco tiempo después de que llegara a creerse que el boom y el optimismo, lejos de haber alcanzado su cenit, iban a tener una duración ilimitada…” [8]

En todo caso, si bien algunos estudios académicos confirman el daño que ocasionan las subidas de impuestos[9] para el crecimiento económico, parece todavía preciso que el “main stream” de la disciplina económica se convenza del perjuicio a medio y largo plazo del intervencionismo político, también cuando actúa por la vía del déficit público y del endeudamiento del Estado y, especialmente, cuando opera por la vía de las políticas monetarias expansivas.

Ahí radica la importancia de leer las explicaciones de José Antonio de Aguirre, porque permiten analizar los requisitos microeconómicos del crecimiento, explicados por Carl Menger y por Eugen Böhm-Bawerk, sin los cuales las políticas macroeconómicas provocan severas crisis en el largo plazo.

El libro de José Antonio de Aguirre permite constatar la importancia de evitar las políticas keynesianas de estímulo de la demanda agregada, por su grave carencia de una base microeconómica. Por ello, aboga por dejar fluir el ahorro voluntario de los ciudadanos, como paso previo a la inversión en las etapas posteriores de la producción de bienes de alto valor añadido, y como elemento imprescindible para que se realice correctamente la función empresarial y, por tanto, se genere un crecimiento económico sano y sostenible en el tiempo, que proporcione riqueza y bienestar al máximo número de generaciones de ciudadanos.

José Antonio de Aguirre hace reflexionar al lector sobre la necesidad de mantener presupuestos públicos equilibrados y esboza la importancia de vigilar los incrementos masivos en la cantidad de dinero en circulación que se impone con la expansión del crédito por los bancos centrales[10].

Evidentemente, libros como éste son recomendables en una época como la actual con una crisis económica y financiera severa que debe contrarrestarse con una reformulación de las políticas de crecimiento económico que, por un lado, reclaman un replanteamiento profundo de las prioridades del gasto público de los Estados, para racionalizarlo y permitir un crecimiento sano, centrado en dotar las condiciones necesarias para el fomento del ahorro y la empresarialidad del sector privado y, por otro lado, también alientan el debate académico sobre cómo alcanzar patrones de calidad en la política monetaria y en el sistema bancario, para que no se altere el valor del dinero con políticas inflacionistas y se provoquen ciclos y crisis en una economía globalizada.

 

AUTOR: Ángel Fernández

Departamento Historia e Instituciones Económicas I.

Facultad de Ciencias Económicas y Empresariales.

Universidad Complutense de Madrid.

 

[1] KEYNES, J.M. (1930): Tratado del Dinero, Ed. Aosta, Madrid 1996. KEYNES, J.M. (1936): La Teoría General del Empleo, el Interés y el Dinero, Edición comentada por J.A. de Aguirre, Ed. Aosta, Madrid 1996.

[2] HAYEK, F.A. (1931): Precios y Producción, Ed. Aosta, Madrid 1996. HAYEK, F.A. (1937): El nacionalismo monetario y la estabilidad internacional, Ed. Aosta, Madrid 1996.

[3] GRICE-HUTCHINSON, M. (1952): The School of Salamanca. Readings in Spanish Monetary Theory, 1544-1605, Clareon Press, Oxford. Los escolásticos españoles fueron los académicos de las universidades más importantes en la España de los siglos XVI y XVII y es importante reivindicar su legado en ciencias sociales en general y en la Economía en particular. Tuvieron que enfrentarse a las cuestiones económicas que suscitó el intenso intercambio comercial entre España y América desde el descubrimiento en el año 1492 del nuevo mundo por Cristóbal Colón. Como demuestran las investigaciones desde mediados del siglo XX, los escolásticos españoles identificaron la mayoría de los principios de Economía Política.

[4] SMITH, A. (1776): La Riqueza de las Naciones, Edición y comentarios de Carlos Rodríguez Braun, Alianza Editorial, Madrid 1974. Es interesante la lectura del artículo «Juan de Mariana and the Spanish Scholastics», publicado como capítulo I del libro Fifteen Great Austrian Economists, Randall G. Holcombe (ed.), Ludwig von Mises Institute, Auburn, Alabama 1999. El profesor Jesús Huerta de Soto entiende que la Escuela de Salamanca identificó la mayoría de los principios básicos del crecimiento económico y, entre otros, la teoría subjetiva del valor por Diego Covarrubias y Leyva (1512-1577).

[5] SCHUMPETER, J.A. (1971), p.136: Historia del Análisis Económico, Editorial Ariel, Barcelona 1994.

[6] ROTHBARD, M.N. (1995), p. 478 y p. 492: Historia del pensamiento económico. Volumen I. El pensamiento económico hasta Adam Smith, Edición española, Unión Editorial, Madrid 1999.  El profesor Rothbard explica cómo Adam Smith se separó de las enseñanzas de su maestro, y predecesor en la cátedra de filosofía moral de la Universidad de Glasgow, Francis Hutcheson (1694-1746), en lo relativo a la utilidad de los bienes. En su obra La Riqueza de las Naciones explicó la utilidad con dos conceptos separados, el valor y el precio, lo que se replica en la mayoría de los autores posteriores. Así, el profesor Rothbard señala que: “No realizó ninguna referencia a la solución de la paradoja del valor insistiendo en las escaseces relativas… Y, con la ausencia de la escasez como solución a la paradoja del valor, la utilidad subjetiva desaparece de la economía, igual que lo hacen el consumo y la demanda del consumidor”, hasta que fue rescatada del olvido académico por Carl Menger.

[7] ROJO, L. A. (1984), p. 364: Keynes, su tiempo y el nuestro, Alianza Universidad, Madrid.

[8] HUERTA DE SOTO, J. (1998), pp.299-300: Dinero, Crédito Bancario y Ciclo Económico, 5ª Edición, Unión Editorial, Madrid 2011.

[9] ALESSINA, A. & ARDAGNA, S. (2009): “Large changes in fiscal policy: taxes versus spending”, Harvard University, Boston, Massachusetts.

[10] Ibíd., p. 333. Esta obra del profesor Huerta de Soto que ha sido ya traducida al inglés, alemán, ruso,… y puede servir de complemento al lector, porque explica en detalle como el privilegio de conceder préstamos sin respaldo de un incremento previo de ahorro voluntario, provoca una descoordinación intertemporal (entre periodos de tiempo) que genera ciclos, crisis y recesiones en el largo plazo. Gracias a la teoría microeconómica de la escuela austriaca de economía, se han logrado conectar fenómenos jurídicos y económicos que hasta ahora se pensaba que no tenían ninguna relación entre sí.

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