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“EL DISCURSO DEL IGUALITARISMO ES MORALMENTE DEGRADANTE”

Publicado en Libertad Digital

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Es una gran distorsión pensar que el liberalismo se limita al campo económico. Es tan extraordinario el mercado y son tan positivos sus resultados que resulta tentador centrarse simplemente en ese campo. Recuerdo una reunión con Karl Popper en Cantabria. Le preguntamos por el hecho de que la libertad arroje buenos resultados económicos. Lanzó una boutade y nos dijo que era “una feliz consecuencia”. Pero hay mucha verdad en ello porque, ante todo y sobre todo, la libertad es un valor moral. Por eso, el primer libro de Adam Smith, y al que dedicó más trabajo y correcciones, es La teoría de los sentimientos morales.

Así arrancó Carlos Rodríguez Braun su conferencia en el Centro Diego de Covarrubias, celebrada el pasado jueves 22 de junio y que llevó por título La envidia, enemigo mortal de la libertad. A lo largo de la charla, el doctor en Ciencias Económicas rescató los escritos de Gonzalo Fernández de la Mora, “que allá por 1984 publicó La envidia igualitaria, un ensayo sin tapujos en el que ya se nos advertía de que el igualitarismo no es una utopía, sino una pesadilla imposible”.

El mediático colaborador de Libre Mercado reconoce que empezó a pensar en la envidia “a raíz de los triunfos del ciclista Miguel Induráin en el Tour de Francia. Me preguntaba por los sentimientos de los que quedaban detrás de él. Y me imaginé que algunos buscarían aprender y mejorar mientras que otros le mirarían con recelo y cierto malestar venenoso. Pero lo primero se exterioriza y lo segundo no. Por eso pienso que quizá la envidia no es el peor de los pecados, pero sí el más ruin, porque es el único del que no podemos concebir la menor circunstancia que nos podría hacer sentir orgullosos de haberlo cometido. Nadie va a sentirse orgulloso, vanagloriarse o presumir de ser envidioso”.

“En el ejemplo del Tour, todos los ciclistas tienen el mismo recorrido y sus bicicletas son prácticamente idénticas. Además, las reglas son iguales para todos. Y aunque todo eso lo vemos así, parece que en otras actividades de la vida no tenemos esa forma de interpretar las cosas. Vivimos en un mundo en el que la desigualdad es el mal y quieren obligarnos a ser iguales. A los igualitaristas les gusta hablar de igualdad de oportunidades para no hablar de lo que realmente quieren: la igualdad de resultados“, explicó el escritor.

“Hace unos veinte años publiqué un artículo sobre fútbol y justicia social. Es un campo en el que no hay justicia social y siempre ganan los más ricos. ¿Cómo lo arreglamos? Le ponemos una portería de 50 metros al Real Madrid y una de 5 al Getafe; a los jugadores merengues, les damos una descarga eléctrica para que no disparen a gol… Puede sonar absurdo. Pero ese mismo esquema de premios y castigos es el discurso habitual del terreno político”, apuntó Braun.

Según el catedrático de Historia del Pensamiento Económico, “hay, eso sí, una diferencia entre ese ejemplo y el día a día del mercado. El deporte es un juego de suma cero: si gana Nadal, pierde Federer. Pero en el mercado vemos algo distinto: los contratos son de suma positiva. Si vamos a la tienda y compramos una camisa, ¿quién gana y quién pierde? Los dos ganan y ninguno pierde. Tienen que ganar los dos, porque si no, no hay contrato. Es voluntario y sirve para responder a sus necesidades”.

Nacido en Buenos Aires y afincado en Madrid, Braun denunció que a los igualitaristas les preocupan “todas las formas de desigualdad, menos una: la que separa a un Estado cada vez más poderoso y unos ciudadanos cada vez más pequeños”. A continuación, reprochó a quienes abordan estos debates que “parece que se asume que los ricos son siempre los mismos y que los pobres son siempre los mismos, cuando no es así. La movilidad debe ser tenida en cuenta”.

Las donaciones de Amancio Ortega

“Una cosa es enriquecerse en el mercado y otra gracias al Estado. Si mi empresa gana más dinero que la tuya, mi éxito es independiente de tu suerte. Pero si yo recibo una subvención, me la pagas tú y me enriquezco a costa de tu bolsillo”, advirtió el articulista, que acaba de sacar a la calle Diez ensayos liberales II, disponible en LID Editorial.

“Con la RSC o las donaciones de Amancio Ortega se introduce un discurso peligroso: ‘Primero se enriquece y luego devuelve a la sociedad’. No es así. Se enriquece porque la sociedad valora su empresa, porque la gente se beneficia de los productos de Inditex. Y luego vuelve a beneficiar a la sociedad, con esas donaciones. Pagarle a una empresa es algo voluntario. Y el precio que fijan las empresas tiende a ser el que se pueden permitir los consumidores. En el Estado es distinto. Te obligan a pagar, te fijan el precio… y prueben a decirle a Hacienda que ‘no han quedado satisfechos’ o quieren que les ‘devuelvan su dinero”, comentó Braun.

“Curiosamente, la ‘caridad’ se ha convertido en algo malo. Lo vemos de nuevo con las donaciones de Amancio Ortega. Pero solo hay virtud y generosidad en la libertad, en la donación voluntaria, en la caridad. Y lo que se nos dice es que no, que lo que hay que hacer es quitarle su dinero a Amancio Ortega y que dispongan los políticos de esos fondos según decidan”, señaló durante su intervención.

De la redistribución al castigo

“Las interferencias del Estado que persiguen esta lógica legitiman la envidia y la fomentan. Piketty quiere ponerle un impuesto del 80% a los ricos pero él mismo dice que no lo hace con ánimo de redistribuir, sino directamente de castigar, de acabar con los ricos. Ya ni siquiera se habla de redistribuir, algo por otra parte muy cuestionable, sino que directamente se promueve la envidia, el sentimiento ruin de querer que a otros les vaya mal sin que eso siquiera nos beneficie. Es peor incluso que un robo, porque ahí al menos salimos ganando materialmente. Hayek dice que la envidia es la más antisocial de las pasiones, pues inspira sentimientos destructivos. Y esos sentimientos son más intensos cuanto más simplista es la explicación de la desigualdad”, explicó.

Durante la charla organizada por el Centro Diego de Covarrubias, el ponente denunció que “el moderno Estado redistribuidor es muy grande y muy intervencionista, por eso es importante reducirlo, porque de lo contrario surgen más oportunidades para que aparezca la desigualdad injusta, que es la que viene de la arbitrariedad y del poder discrecional que tienen los políticos”.

“Es moralmente degradante promover un vicio destructivo como la envidia. Y eso demuestra que el socialismo podrá ser más o menos suave, pero nunca será beneficioso para la economía ni para la moral del pueblo”, concluyó Braun.