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EL PAPA FRANCISCO EN EL PARLAMENTO EUROPEO

Por Vicente Boceta

Recientemente el Papa Francisco I se dirigió con un interesante discurso al Parlamento Europeo el 25 de noviembre de 2014 (hace años lo hizo el Papa San Juan Pablo II, aunque con un tono espiritual muy diferente).

Evidentemente la mayoría de los aspectos que trata el discurso del Papa son positivos: “dignidad trascendente”, “centralidad de la persona humana”, “la familia unida, fértil e indisoluble, como esperanza para el futuro” y varios más.

Sin embargo, cuando el Papa Francisco I entra en temas socioeconómicos o medioambientales, exhibe un tono peronista-populista que ya se manifestó en el “Documento de Aparecida”, en la “Evangelii Gaudium” y en su discurso sobre “Las deudas sociales” (30/09/2009) que reflejan la “Teología de los pobres”, versión dulcificada de la “Teología de la Liberación”. Quiero por ello exponer a continuación mis comentarios a algunos párrafos del mensaje papal:

Párrafo 10: Efectivamente, ¿qué dignidad existe cuando falta la posibilidad de expresar libremente el propio pensamiento o de profesar sin constricción la propia fe religiosa? ¿Qué dignidad es posible sin un marco jurídico claro, que limite el dominio de la fuerza y haga prevalecer la ley sobre la tiranía del poder? ¿Qué dignidad puede tener un hombre o una mujer cuando es objeto de todo tipo de discriminación? ¿Qué dignidad podrá encontrar una persona que no tiene qué comer o el mínimo necesario para vivir o, todavía peor, que no tiene el trabajo que le otorga dignidad?

Lo primero que tendría que hacer es aclarar que la dignidad del hombre es intrínseca al ser humano pues somos creados de forma única e individual por Dios. Es decir, sea cual sea la situación en que una persona vive, su dignidad le viene, a mi entender, de ser hijo amado de Dios. Las situaciones que explica el Papa en este párrafo, a mi modo de ver, tienen que ver con la violación de los dos derechos fundamentales de la persona, a la libertad y a la vida. Una persona que no tiene qué comer o el mínimo (concepto subjetivo) necesario para vivir, no es indigna, sino que de alguna forma el sistema económico, el 99% de los casos populista-socialista, etc. no le permite acceder a esos bienes. Por supuesto, el trabajo no otorga dignidad. Insisto, la dignidad es intrínseca a la persona. El trabajo le otorga la capacidad de hacer fructificar los talentos que Dios le ha dado, como el propio Papa dice más adelante en el párrafo 31.

De hecho, el siguiente párrafo aclara algo al decir que promover la dignidad es reconocer la existencia de unos derechos inalienables (la vida y la libertad, aunque no los cita), que nadie le puede quitar al hombre ni arbitraria ni legalmente, lo cual suele hacerse no por intereses económicos, sino generalmente por intereses políticos y por ansia de poder y control.

Párrafo 12: Es necesario prestar atención para no caer en algunos errores que pueden nacer de una mala comprensión de los derechos humanos y de un paradójico mal uso de los mismos. Existe hoy, en efecto, la tendencia hacia una reivindicación siempre más amplia de los derechos individuales – estoy tentado de decir individualistas –, que esconde una concepción de persona humana desligada de todo contexto social y antropológico, casi como una «mónada» (μονάς), cada vez más insensible a las otras «mónadas» de su alrededor. Parece que el concepto de derecho ya no se asocia al de deber, igualmente esencial y complementario, de modo que se afirman los derechos del individuo sin tener en cuenta que cada ser humano está unido a un contexto social, en el cual sus derechos y deberes están conectados a los de los demás y al bien común de la sociedad misma.

En mi opinión, los derechos son siempre individuales y asociados a los deberes. Desde un punto de vista liberal, no existe una concepción de la persona “desligada de todo contexto social y antropológico”. Esa caricatura del individualismo viene muy bien para atizarle palos a ese “hombre de paja” y defender un enfoque colectivista de los derechos. En la concepción liberal el individuo está siempre asociado libremente a familia, grupos y asociaciones. A nadie en su sano juicio liberal se le ocurre decir que el ser humano es un átomo autosuficiente.

Al final de este párrafo utiliza el llamado “bien común” como algo colectivo, ligándolo de hecho al párrafo 13 como “todos nosotros”, lo cual no es el bien común. Éste está perfectamente definido en el Catecismo de la Iglesia Católica (nº 1905) como “el conjunto de aquellas condiciones de la vida social que permitan a los grupos y a  cada uno de sus miembros más plena y fácilmente su propia perfección”, definición que encaja como un guante en el “capitalismo democrático” de Novak que defendemos en el Centro Diego de Covarrubias.

Párrafo 15: Esta soledad se ha agudizado por la crisis económica, cuyos efectos perduran todavía con consecuencias dramáticas desde el punto de vista social. Se puede constatar que, en el curso de los últimos años, junto al proceso de ampliación de la Unión Europea, ha ido creciendo la desconfianza de los ciudadanos respecto a instituciones consideradas distantes, dedicadas a establecer reglas que se sienten lejanas de la sensibilidad de cada pueblo, e incluso dañinas. Desde muchas partes se recibe una impresión general de cansancio, de envejecimiento, de una Europa anciana que ya no es fértil ni vivaz. Por lo que los grandes ideales que han inspirado Europa parecen haber perdido fuerza de atracción, en favor de los tecnicismos burocráticos de sus instituciones.

Muy bueno. De hecho, el discurso de José Ramón Ferrandis en la aceptación del II Premio Diego de Covarrubias cita claramente la idea de Benedicto XVI de una Europa construida sobre tres colinas: el Areópago (filosofía griega), el Palatino (el derecho romano) y el Calvario (la fe y moral judeo-cristianas).

Párrafo 16: A eso se asocian algunos estilos de vida un tanto egoístas, caracterizados por una opulencia insostenible y a menudo indiferente respecto al mundo circunstante, y sobre todo a los más pobres. Se constata amargamente el predominio de las cuestiones técnicas y económicas en el centro del debate político, en detrimento de una orientación antropológica auténtica. El ser humano corre el riesgo de ser reducido a un mero engranaje de un mecanismo que lo trata como un simple bien de consumo para ser utilizado, de modo que – lamentablemente lo percibimos a menudo –, cuando la vida ya no sirve a dicho mecanismo se la descarta sin tantos reparos, como en el caso de los enfermos, los enfermos terminales, de los ancianos abandonados y sin atenciones, o de los niños asesinados antes de nacer.

Al margen de la autocita, este párrafo chirría por todos los lados. ¿Qué entiende por opulencia insostenible? Habría mucho que hablar de este tema, pues en el Antiguo Testamento la opulencia era algo deseable. Convendría que leyera el libro “The Good of Affluence: Seeking God in a Culture of Wealth” del teólogo John R. Schneider  y el de Dinesh D´Souza “The Virtue of Prosperity: Finding Values in an Age of Techno-Aflluence”.

Plantea una contradicción que no es tal entre “orientación antropológica auténtica” y “predominio de las cuestiones técnicas y económicas en el centro del debate político”. El debate político, por su propia naturaleza, debe estar centrado predominantemente en esos aspectos. Sería absurdo que el debate político se centrara en una “orientación antropológica auténtica”. Lo que ocurre es que hay que definir un sistema de valores, en mi modesta opinión judeo-cristianos, que son los que dan la orientación antropológica correcta. En función de este sistema de valores deben debatirse cuáles son las mejores técnicas y las mejores políticas económicas para que se defienda ese sistema de valores. Por lo tanto, de acuerdo con San Juan Pablo II, el problema nace en que se ha abandonado ese sistema de valores y no en el sistema económico y político. Cuando se critica, censura y denuncia el capitalismo como sistema económico, San Juan Pablo II aclara que “estas críticas van dirigidas no tanto contra un sistema económico, como contra un sistema ético-cultural” y añade que “la economía de mercado no puede desenvolverse en medio de un vacío institucional, jurídico y político”. Es decir no condena para nada, al contrario acepta, según su propia definición, (“Si por capitalismo se entiende un sistema económico que reconoce el papel fundamental y positivo de la empresa, del mercado, de la propiedad privada y de la consiguiente responsabilidad para con los medios de producción, de la libre creatividad humana en el sector de la economía, la respuesta es ciertamente positiva”, la cual  coincide con la de los liberales), el sistema de economía de mercado.

Luego mezcla temas tan incompatibles como el aceite y el agua. El aborto no es un problema económico. En todo caso lo serán los enfermos terminales o los ancianos abandonados, pero a mi entender incluso estos casos no se deben a utilizar criterios económicos sino a aberraciones de orden moral. Nadie en su sano juicio considera que utilizar criterios económicos como, por ejemplo, maximizar beneficios conduzca a  medidas como el aborto o la eutanasia y eso es lo que implica considerarlos como problemas económicos. De hecho ligarlo es una muestra de demagogia. Todo esto liga a continuación con el

Párrafo 17: Este es el gran equívoco que se produce «cuando prevalece la absolutización de la técnica», que termina por causar «una confusión entre los fines y los medios». Es el resultado inevitable de la «cultura del descarte» y del «consumismo exasperado». Al contrario, afirmar la dignidad de la persona significa reconocer el valor de la vida humana, que se nos da gratuitamente y, por eso, no puede ser objeto de intercambio o de comercio. Ustedes, en su vocación de parlamentarios, están llamados también a una gran misión, aunque pueda parecer inútil: Preocuparse de la fragilidad, de la fragilidad de los pueblos y de las personas. Cuidar la fragilidad quiere decir fuerza y ternura, lucha y fecundidad, en medio de un modelo funcionalista y privatista que conduce inexorablemente a la «cultura del descarte». Cuidar de la fragilidad de las personas y de los pueblos significa proteger la memoria y la esperanza; significa hacerse cargo del presente en su situación más marginal y angustiante, y ser capaz de dotarlo de dignidad.

Trae a colación una cita de B.XVI que criticó la utilización de medios técnicos inmorales para conseguir unos fines supuestamente buenos. El famoso “el fin justifica los medios”. Sin embargo, esta cita tiene un “non sequitur” inaceptable, ligado a una supuesta “cultura del descarte” (que ya la rebatí en un previo artículo), que sirve para atacar en términos insultantes el sistema económico de libre mercado y la globalización, y un “consumismo exasperado” (¿qué querrá decir exasperado?). Como es habitual en este Papa cualquier cosa, aunque no venga a cuento, la utiliza para combatir el consumismo (curiosamente no condena el inversionismo o el ahorrismo que son parte de las decisiones de las personas).

Como contrario al consumismo defiende el valor de la vida humana, que no puede ser objeto de intercambio o de comercio. Y yo me pregunto: aparte de la esclavitud, ¿quién comercia o intercambia la vida humana? ¿Qué tiene que ver el consumo con el valor de la vida humana?

Habla de un “modelo funcionalista y privatista” que no sé qué significa. Sobre todo, en lo de “privatista”. A no ser que defienda un modelo colectivista.

Párrafo 23: A este respecto, no podemos olvidar aquí las numerosas injusticias y persecuciones que sufren cotidianamente las minorías religiosas, y particularmente cristianas, en diversas partes del mundo. Comunidades y personas que son objeto de crueles violencias: expulsadas de sus propias casas y patrias; vendidas como esclavas; asesinadas, decapitadas, crucificadas y quemadas vivas, bajo el vergonzoso y cómplice silencio de tantos.

Este párrafo es muy blandito con el islamismo, responsable del 99% de las monstruosidades que expone.

Párrafo 26 En esta dinámica de unidad-particularidad, se les plantea también, Señores y Señoras Eurodiputados, la exigencia de hacerse cargo de mantener viva la democracia, la democracia de los pueblos de Europa. No se nos oculta que una concepción uniformadora de la globalidad daña la vitalidad del sistema democrático, debilitando el contraste rico, fecundo y constructivo, de las organizaciones y de los partidos políticos entre sí. De esta manera se corre el riesgo de vivir en el reino de la idea, de la mera palabra, de la imagen, del sofisma… y se termina por confundir la realidad de la democracia con un nuevo nominalismo político. Mantener viva la democracia en Europa exige evitar tantas «maneras globalizantes» de diluir la realidad: los purismos angélicos, los totalitarismos de lo relativo, los fundamentalismos ahistóricos, los eticismos sin bondad, los intelectualismos sin sabiduría.

Lo siento, pero no entiendo qué contraposición puede haber entre globalización y la democracia en Europa. Trata de explicarlo, autocitándose, con unos conceptos que no veo que tengan nada que ver con la globalización.

Párrafo 27: Mantener viva la realidad de las democracias es un reto de este momento histórico, evitando que su fuerza real – fuerza política expresiva de los pueblos – sea desplazada ante las presiones de intereses multinacionales no universales, que las hacen más débiles y las trasforman en sistemas uniformadores de poder financiero al servicio de imperios desconocidos. Este es un reto que hoy la historia nos ofrece.

Aquí hay una frase típicamente populista que ha hecho las delicias de Podemos diciendo que las democracias están en peligro por “presiones de intereses multinacionales no universales”, que las debilitan y las transforman en “sistemas uniformadores de poder financiero al servicio de imperios desconocidos”. Cualquier estudiante de Economía sabe que la inmensa mayoría de las multinacionales han sido y son fuente de crecimiento, empleo y mejora del nivel de vida allí donde se implantan. Transfieren nuevas tecnologías y mejoras de productividad en los países receptores. Por supuesto siempre existen ejemplos nefastos, pero son excepciones que confirman la regla. Por otra parte, los intereses de las empresas multinacionales son, por ser empresas, particulares y sería un grave error que fueran mundiales (lo de universales me parece pura retórica).  Para que una empresa siga adelante, lo primero que tiene que hacer es satisfacer los intereses de los consumidores, compitiendo con otras, lo que implica un sistema de cooperación voluntaria, mientras que son los poderes políticos los que debilitan las democracias por su poder de coacción. No entiendo cuáles son esos imperios desconocidos al servicio de “sistemas uniformadores de poder financiero”. ¿Qué quiere decir? ¿Cuáles son esos sistemas uniformadores?

Párrafo 29: Junto a la familia están las instituciones educativas: las escuelas y universidades. La educación no puede limitarse a ofrecer un conjunto de conocimientos técnicos, sino que debe favorecer un proceso más complejo de crecimiento de la persona humana en su totalidad. Los jóvenes de hoy piden poder tener una formación adecuada y completa para mirar al futuro con esperanza, y no con desilusión. Numerosas son las potencialidades creativas de Europa en varios campos de la investigación científica, algunos de los cuales no están explorados todavía completamente. Baste pensar, por ejemplo, en las fuentes alternativas de energía, cuyo desarrollo contribuiría mucho a la defensa del ambiente.

Pone como ejemplo de investigaciones a las que deben dedicarse en Europa las escuelas y universidades las “fuentes alternativas de energía, cuyo desarrollo contribuiría mucho a la defensa del ambiente”. Esto implica que las actuales fuentes de energía no defienden el ambiente. Pero, por ejemplo, la nuclear únicamente emite a la atmósfera vapor de agua y el petróleo cada vez emite menos contaminantes. A no ser que considere el CO2 un contaminante. En ese caso, lo mejor sería que dejásemos todos de respirar y así no emitiríamos CO2. Creo que este Papa confunde contaminación, que es algo que hay que combatir, con emisiones de CO2, que son algo positivo entre otras cosas porque aumentan la producción de alimentos en el mundo y con ello disminuyen los problemas del hambre.

Naturalmente siempre hay que investigar fuentes alternativas de energía menos contaminantes, pero teniendo en cuenta que al final los precios de la energía son claves para que las empresas sean eficientes y produzcan bienes y servicios más baratos y se eleve el bienestar de toda la sociedad. Una fuente alternativa de energía muy cara, al final provoca menos crecimiento, menos empleo y menos bienestar, lo cual es a todas luces perjudicial para el ser humano.

Párrafo 30: Europa ha estado siempre en primera línea de un loable compromiso en favor de la ecología. En efecto, esta tierra nuestra necesita de continuos cuidados y atenciones, y cada uno tiene una responsabilidad personal en la custodia de la creación, don precioso que Dios ha puesto en las manos de los hombres. Esto significa, por una parte, que la naturaleza está a nuestra disposición, podemos disfrutarla y hacer buen uso de ella; por otra parte, significa que no somos los dueños. Custodios, pero no dueños. Por eso la debemos amar y respetar. «Nosotros en cambio nos guiamos a menudo por la soberbia de dominar, de poseer, de manipular, de explotar; no la “custodiamos”, no la respetamos, no la consideramos como un don gratuito que hay que cuidar». Respetar el ambiente no significa sólo limitarse a evitar estropearlo, sino también utilizarlo para el bien. Pienso sobre todo en el sector agrícola, llamado a dar sustento y alimento al hombre. No se puede tolerar que millones de personas en el mundo mueran de hambre, mientras toneladas de restos de alimentos se desechan cada día de nuestras mesas. Además, el respeto por la naturaleza nos recuerda que el hombre mismo es parte fundamental de ella. Junto a una ecología ambiental, se necesita una ecología humana, hecha del respeto de la persona, que hoy he querido recordar dirigiéndome a ustedes.

Este párrafo mezcla dos cuestiones y en ambas creo que está equivocado.

De entrada, la mitad del párrafo me parece correcta hasta la frase que acaba con “…llamado a dar sustento y alimento al hombre”. A partir de ahí, el resto del párrafo lo considero un disparate.

En primer lugar, hay una cierta crítica a los derechos de propiedad al decir que podemos disfrutar y usar la naturaleza, pero no somos sus dueños. Convendría que se leyera la “Rerum Novarum” de León XIII: “poseer algo en privado como propio es un derecho dado al hombre por la naturaleza”, y también es necesario “conceder al hombre no sólo el uso de los bienes sino también poseerlos con derecho estable y permanente”. Y añade: “El que Dios haya dado la tierra para usufructuarla y disfrutarla a la totalidad del género humano no puede oponerse en modo alguno a la propiedad privada. Pues se dice que Dios dio la tierra en común al género humano no porque quisiera que su posesión fuera indivisa para todos, sino porque no asignó a nadie la parte que habría de poseer, dejando la delimitación de las posesiones privadas a la industria de los individuos y a las instituciones de los pueblos”.

Evidentemente en esta dominación, posesión, manipulación y explotación de la naturaleza puede haber y de hecho hay múltiples excesos, casi siempre ligados a la ausencia de derechos de propiedad bien definidos. El mandato del Génesis dice claramente creced (me han enseñado a interpretar que hay que crecer en todos los sentidos), multiplicaos (o sea transmitir la vida) y dominad (es decir, sed señores de) la tierra. La palabra custodiar implica algo puramente pasivo y conservacionista y se olvida de que la clave es la de hacerla producir y crecer para crear bienes y servicios para todo el mundo. No basta con cuidar, que supondría enterrar el talento, sino hacerla fructificar. En el fondo esto es lo que interpreto  quiere decir el Papa cuando afirma que “respetar el ambiente no significa limitarse a evitar estropearlo, sino también utilizarlo para el bien”.

A continuación disparata totalmente cuando en este contexto dice que el sector agrícola no se utiliza correctamente, pues existen millones de personas que mueren de hambre “mientras toneladas de restos de alimentos se desechan cada día en nuestras mesas”. La frase encierra un populismo demagógico difícil de entender. El mapa del hambre coincide con regímenes populistas, socialistas, dictatoriales o con países en guerra, pero precisamente en Europa y en todo el mundo desarrollado en los que existen sistemas de mercado más o menos libres, el hambre ha dejado de ser un problema, excepto casos muy particulares. Las terribles condiciones de alimentación de millones de seres humanos en Iberoamérica o África se deben a que han sido excluidos del mercado, simplemente porque no hay mercado ni tampoco un Estado de Derecho.

Por otra parte, la tan demandada solidaridad nace de la propia esencia de los mercados ´que, como bien define la Parábola del Buen Samaritano, es voluntaria. También sobre este tema escribí el artículo “Solidaridad y mercados”.

Las pérdidas y derroches de alimentos que se producen se deben a fallos del sistema de distribución o a políticas de precios equivocadas. Incluso se llega a decir que los alimentos no deben ser tratados como otra mercancía. Precisamente en aquellos países en los que los alimentos son tratados como mercancías se ha acabado con el hombre y se han obtenido alimentos mejores y de más calidad. Para acabar con el hambre es imprescindible que existan mercados libres de productos alimenticios, al igual que existen en otros bienes. Podría extenderme varias páginas sobre estos temas, pero por ahora creo que es suficiente.

Párrafo 31: El segundo ámbito en el que florecen los talentos de la persona humana es el trabajo. Es hora de favorecer las políticas de empleo, pero es necesario sobre todo volver a dar dignidad al trabajo, garantizando también las condiciones adecuadas para su desarrollo. Esto implica, por un lado, buscar nuevos modos para conjugar la flexibilidad del mercado con la necesaria estabilidad y seguridad de las perspectivas laborales, indispensables para el desarrollo humano de los trabajadores; por otro lado, significa favorecer un adecuado contexto social, que no apunte a la explotación de las personas, sino a garantizar, a través del trabajo, la posibilidad de construir una familia y de educar los hijos.

Aquí de nuevo mezcla varios conceptos. Claro que hay que favorecer políticas de empleo, como por ejemplo las que se llevan a cabo en Austria o Alemania, pero es absolutamente “buenista” lo de dar dignidad al trabajo, a no ser que especifique lo que quiere decir, pues para mí todo trabajo es digno. Finaliza el párrafo con una afirmación 100% “buenista”: “garantizar a través del trabajo la posibilidad de construir una familia y de educar a los hijos”. El problema viene con lo de “garantizar”, porque excepto Dios nadie puede hacerlo.

Respecto al discurso ante el Consejo de Europa, me da la impresión que el Papa entra de nuevo en un tema bastante controvertido, al apostar claramente por el “multiculturalismo” que hasta el  momento sólo ha producido “guetos”.

En resumen, sigo observando que las intervenciones papales en temas socio-económicos son, en mi opinión, un retroceso en el túnel del tiempo hacia las posturas socialistas de “Quadragésimo Anno”, “Octogésima Adveniens” y “Populorum Progressio”. ¡Qué lejos estamos del enfoque mucho más abierto de la “Rerum Novarum” y de la “Centésimus Annus”!