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LA EFEMÉRIDE: 31 DE JULIO DE 1556

El 31 de julio de 1556 moría en Roma Ignacio de Loyola, fundador de la Compañía de Jesús. Nacido Íñigo López de Recalde (Loyola, Guipúzcoa, 1491) fue primero militar y luego, santo. Retirado a orar y meditar tras su caída del caballo en el camino de Damasco (tras la defensa de Pamplona frente a los franceses, donde fue herido) elaboró en Manresa su texto más conocido, Ejercicios Espirituales (1522) que sirvió de base o método para la creación y vertebración de la Compañía de Jesús. Desde entonces, ésta ha ocupado un lugar de privilegio en el elenco de organizaciones de la Iglesia Católica.
Sus primeros seis miembros (París, 1528/1534) comenzaron el apostolado. A partir de 1537, tras ser nombrados sacerdotes, desarrollaron labores de enseñanza, de cuidado de los enfermos y reforzaron el funcionamiento de la Compañía. El Papa Pablo III dio su aprobación en 1540. Y el primer general de la Compañía de Jesús, caracterizada por la obediencia sin fisuras al papado, fue precisamente Ignacio de Loyola.

Organizada a la manera castrense, dotada con unas normas de organización (constituciones, 1547/1550) y adornada con un gran pragmatismo, la Compañía fue el ariete de la Iglesia Católica contra la Reforma luterana. Al tiempo, se expandió – de la mano, entre otros, de San Francisco Javier – por Europa y Extremo Oriente. Su labor en América fue absolutamente extraordinaria. A la muerte de Ignacio, quien fue canonizado en 1622 por Gregorio XV, le sucedió Diego Laínez.

La Compañía de Jesús fue perseguida desde su concepción, básicamente debido a su obediencia incondicional al papado, pero también por su poder, enraizado asimismo en su influencia y formación. Los gobiernos ilustrados europeos, los absolutistas, los filósofos franceses, los Borbones…. Todos ansiaban derrotarlos y apropiarse de sus propiedades y sedicentes riquezas.

Primero Portugal, luego Francia, después España (Carlos III, Pragmática Sanción, 1767): los jesuitas fueron expulsados de los países donde más relevante era su presencia. Más aún, la presión de los reinos católicos dio sus frutos y en 1773, la Orden fue suprimida por Clemente XVI. Los jesuitas fueron acogidos por Catalina II de Rusia, la zarina alemana, que continuaba la primera occidentalización iniciada por Pedro I Románov y necesitaba cerebro.

Cuarenta y un años después (1814), tras la Revolución Francesa, más las guerras napoleónicas y de independencia de los colonias centro y sudamericanas, el Papa Pío VII restauró la Compañía de Jesús, cada vez más necesaria ante el acoso de la masonería, lo que no impidió que volviera a ser expulsada de un buen puñado de países, entre ellos otra vez España. Y por tercera vez en su historia, por decreto de 23 de enero de 1932, el gobierno de la II República los volvió a expulsar e incautó (cuando el latrocinio es estatal, se llama incautación; DRAE: INCAUTAR:Tomar posesión legal [una autoridad competente] de dinero o determinados bienes de una persona) sus bienes. El 3 de mayo de 1938, la Compañía recuperó su personalidad jurídica.

Tras el Concilio Vaticano II, la Orden alcanzó su máximo número de miembros: 36.000. Y a partir de ahí, un gran declive y un claro enfrentamiento con el Magisterio papal marcan la evolución de la Orden.

En 2016, la Compañía de Jesús tenía 16.378 miembros (de los que 11.785 eran sacerdotes). Es ​la mayor orden religiosa masculina católica. Su Superior General es Arturo Sosa Abascal. Uno de sus miembros, Jorge Mario Bergoglio, Francisco, es el Papa. Su lema es Ad maiorem Dei Gloriam.