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LA EFEMÉRIDE

1 DE ENERO DE 1820

Veamos las efemérides correspondientes al 1 de enero. Por orden cronológico son el nacimiento del Papa Rodrigo Borja, más conocido como Alejandro VI y el alzamiento del General del Riego contra Fernando VII.

Alejandro VI, de nombre civil Rodrigo Llanҫol Borja, nació en Játiva (Reino de Valencia) el 1 de enero de 1431, hijo de Jofré Llanҫol Escrivà y de Isabel de Borja Cavanilles, hermana de Alfonso de Borja, obispo de Valencia y luego, bajo el nombre de Calixto III, Papa. Esa fue la variable decisiva en su ascensión al poder de los Estados vaticanos: el vínculo familiar. Esa y sus capacidades innatas: inteligencia, decisión, frialdad, astucia, visión de conjunto. Ascendió vertiginosamente hasta alcanzar el puesto de vicecanciller de la Iglesia. Desde allí, con el beneplácito de los cuatro papas posteriores a Calixto III (Pío II, Paulo II, Sixto IV e Inocencio VIII), se desempeñó magníficamente como estadista durante 35 años. Por lo que a España respecta, habilitó el matrimonio entre Isabel de Castilla y Fernando de Aragón, lo que permitió la unión que daría lugar a España.

Como Papa y, por tanto, máximo responsable del Vaticano y en su vertiente secular, hizo muchas cosas, algunas bien: reforzó el estado vaticano, bloqueó la entrada del Rey de Francia sobre lo que luego sería Italia, resolvió el problema de Nápoles, medió entre España y Portugal en el Nuevo Mundo (favoreciendo a España, sin duda), desarboló a la aristocracia romana… . Hizo otras mal: ordenó quemar en la hoguera, tras tortura y excomunión, a Girolamo Savonarola, que había fustigado sin cesar la vida licenciosa y depravada de Alejandro VI, cuyos bien situados diez hijos (Pedro Luis de Borja, César Borja, Juan de Borja y Cattanei, Lucrecia Borja, Jofré Borja, Girolama Borgia, Isabella Borgia, Juan Borgia, Laura Orsini y Rodrigo Borgia) eran testigos de esa inclinación papal al desenfreno. Italianizó su apellido (a Borgia) para integrar mejor a su familia en el entorno romano.

Como hombre de Estado y príncipe renacentista, fue un 10. Como Papa, un indiscutible contraejemplo, propio de la época en que le tocó vivir pero inadecuado de plano para suceder a San Pedro al timón de la nave de la Iglesia Católica.

No es aceptable establecer criterios canónicos actuales para enjuiciar los eventos del pasado. Eso cabe sólo en la cabeza de perroflautas unidos y adláteres análogos. Así que no procede ponernos estupendos descalificando el calificable comportamiento personal e institucional del Papa Alejandro VI. El papado ha cambiado mucho, para bien, en cuanto ha quedado claro que su reino está lejos de este mundo. Las debilidades humanas afectan a los más santos de entre los sucesores de Pedro y Alejandro VI no fue una excepción. Ni la única, ni la última.

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El 1 de enero de 1820, el General Rafael de Riego se sublevó contra el Rey Fernando VII para que éste acatara la Constitución de 1812. Al calor de esta proclama

“España está viviendo a merced de un poder arbitrario y absoluto, ejercido sin el menor respeto a las leyes fundamentales de la Nación. El Rey, que debe su trono a cuantos lucharon en la Guerra de la Independencia, no ha jurado, sin embargo, la Constitución, pacto entre el Monarca y el pueblo, cimiento y encarnación de toda Nación moderna. La Constitución española, justa y liberal, ha sido elaborada en Cádiz, entre sangre y sufrimiento. Mas el Rey no la ha jurado y es necesario, para que España se salve, que el Rey jure y respete esa Constitución de 1812, afirmación legítima y civil de los derechos y deberes de los españoles, de todos los españoles, desde el Rey al último labrador

Riego inició el levantamiento antiabsolutista favorecido por su condición de jefe del 2º Batallón asturiano del ejército que se aprestaba a embarcar hacia América para sofocar las rebeliones de los criollos. Por no hacer la historia larga, el monarca firmó la Constitución (“Marchemos francamente, y yo el primero, por la senda constitucional”) pero más tarde orquestó la entrada en España de los 100.000 Hijos de San Luis para restablecer su condición de monarca absoluto. El General Rafael del Riego fue ahorcado y después decapitado. Su memoria permanece viva.