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LA GLOBALIZACIÓN, MOTOR DEL DESARROLLO

La globalización, motor del desarrollo

Por Qveremos: “Verdad, Valor y Valores en Política”

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La Globalización tiene mala fama. Pero es una mala fama injustificable: es gracias a ella, a los intercambios comerciales y a la inversión extranjera, que millones de personas salen todos los años de la pobreza. Cuantas más trabas se le ponen, más tardan los países en desarrollarse.

La Globalización no es más que la extensión al conjunto de las naciones de los tres elementos del Buen Gobierno que hicieron posible, junto con los avances de la técnica, que Occidente se desarrollase económicamente: i) una economía abierta basada en el mercado; ii) una moral que fomenta la libertad y responsabilidad personal; y iii) un marco jurídico estable.

Y esta es una realidad medible: cuanto mayor es la libertad económica, más sólido el derecho de propiedad, y más firme opera el imperio de la ley, mayor es el desarrollo de los pueblos. Por ello, porque qveremos un mundo sin pobreza, respaldamos firmemente la Globalización.

DESMONTANDO LOS MITOS DE LA IZQUIERDA: CAUSAS DE LA POBREZA Y LA RIQUEZA

La pobreza ha sido en la historia el estado natural de las sociedades. El mantra marxista que atribuye la pobreza de unos a la riqueza de otros es pura falsedad (“si yo soy pobre es debido a la malevolencia de los poderosos”).

Y es que la pobreza no se debe:

  1. A la escasez de recursos naturales (véase Países Bajos, Japón, Alemania misma).
  2. A la colonización: ni los EEUU, ni la Argentina de primeros del Siglo XX, ni la Sudáfrica de finales del S. XX, serían otra cosa que pobres en ese caso. Más aún, los países africanos según las variables del Índice de Desarrollo Humano se encontraban a finales del XX mucho peor que antes de la descolonización.
  3. A la pequeñez geográfica de los países (véase Hong Kong, Singapur o Suiza).
  4. Y por supuesto no se debe a la búsqueda de beneficios de las empresas multinacionales, pues éstas generan riqueza allá donde van, y si no recuérdese la España de los 70´, la China actual, la propia Corea del Sur.

La pobreza se debe a la falta de inversiones debida a la ausencia de los mínimos rudimentos de Buen Gobierno. Por Buen Gobierno nos referimos a las tres precondiciones, que unidas a la Revolución Industrial, sacaron a las naciones de la pobreza:

  1. Una economía abierta y competitiva, basada en el mercado y en los incentivos.
  2. Una moralidad y una cultura que fortalecen la libertad y responsabilidad individual.
  3. Un marco jurídico estable y una justicia independiente.

Por Buen Gobierno no nos referimos a la planificación estatal. De hecho, la planificación estatal tiende a corromper la racionalidad económica, y retrasar el desarrollo: i) No es cierto que el gobierno tenga más información que los particulares y por ello pueda decidir mejor, pues el conocimiento útil está disperso. ii) No es cierto que la intervención del gobierno afecte sólo al área regulada: sus efectos se esparcen en todas direcciones, pues el mundo real está interconectado. Si el gobierno distorsiona los precios reasignando arbitrariamente los recursos, afecta a toda la economía.

EL BIENESTAR QUE DEBEMOS A LA GLOBALIZACIÓN

Desde hace tres décadas, las economías más desfavorecidas del mundo están creciendo a un ritmo muy superior a la media. Los países más poblados del planeta se han integrado en el proceso de intercambio global de bienes y servicios. Como afirma el FMI, “ese fenómeno no se había dado nunca antes en la Historia de la Humanidad”.

Y es que la riqueza de las naciones más desfavorecidas se ha ido gestado desde las últimas dos décadas del Siglo XX gracias a un fenómeno conocido como Globalización, que en lo esencial se resume en dos variables: Comercio Exterior e Inversión Extranjera Directa.

El proceso de Globalización de las economías de los países es quien saca a los pueblos de la pobreza. Los gobiernos que dificultan los intercambios comerciales condenan a sus países al ostracismo y a la pobreza. Con el establecimiento de barreras (cuantitativas, cualitativas o técnicas, por no hablar de las meramente políticas o administrativas sin mayor justificación) sólo se logra detener el desarrollo económico y social y favorecer a los grupos de presión.

Podemos extraer unas premisas básicas para entender este fenómeno:

  1. No hay riqueza sin libertad. Libertad es la posibilidad de que los agentes económicos realicen operaciones sin más límite que las normas vigentes.
  2. Libertad sin propiedad es un riesgo inasumible.
  3. La propiedad requiere el imperio de la Ley.
  4. Sin un sistema judicial fiable y respeto a los acuerdos contractuales, la libertad de elegir se minimiza.

Y estas premisas se pueden medir, de forma que se puede demostrar que la libertad económica combate la pobreza mejor que cualquier otra realidad:

  • El Fraser Institute mide el grado de libertad económica por medio de 5 parámetros: i) Tamaño del gobierno. ii) Estructura legal y protección de los derechos de propiedad. iii) Estabilidad monetaria. iv) Intercambio en el comercio internacional. v) Regulaciones sobre crédito, mercado laboral y negocios.

Los países en el cuartil más alto en términos de libertad económica tienen un PIB medio de 24.000 US $ y una tasa de crecimiento per cápita de 2.1%. Las situadas en el cuartil más bajo sitúan su PIB en US $ 3.000 y su crecimiento es negativo (- 0.2%).

  • La Heritage Foundation patrocina un “Índice de Libertad Económica”, que en 2007 evaluaban el grado de libertad económica de cada país (157) en base a 10 parámetros: Derechos de propiedad, Estabilidad monetaria, niveles de corrupción gubernamental, etc.

La lista está encabezada por Hong-Kong (89%), Singapur (83%), Australia (83%), EEUU (82%), Nueva Zelanda (82%), Reino Unido (82%), Irlanda (81%), Luxemburgo (79%), Suiza (79%) y Canadá (79%). Esa misma lista está cerrada por (orden inverso) por Corea del Norte (3%), Cuba (30%), Libia (34%), Zimbawe (36%), Birmania/Myanmar (40%), Turkmenistán (42%), República Democrática del Congo (43%), Irán (43%), Angola (43%).

  • El Global Competitivity Index (GCI) mide el potencial de las economías de los países para crecer a medio y largo plazo. Los criterios utilizados son tres: i) Entorno macroeconómico. Cuanto más equilibrado, mayor puntuación obtiene un país. ii) Calidad de las instituciones públicas. Cuanto mayor es el respeto el estado de derecho, mejor funciona el sistema judicial y más transparentes y fiables son las instituciones públicas, mayor puntuación. iii) Capacidad de innovación y de aplicación de nuevas tecnologías de una economía.

El ranking es el siguiente: Suiza (1), Finlandia (2), Suecia (3), Dinamarca (4), Singapur (5), EEUU (6), Japón (7), Alemania (8), Reino Unido (10), Taiwan (13), Israel (15), Estonia (25), Chile (27), España (28), Italia (42), China (54), Rusia (62), Venezuela (88), Bolivia (97), … y último Angola (125).

No hay que ir a los países de la OCDE para encontrar ejemplos exitosos de países que hace 50 años estaban en la cola de las estadísticas europeas. Es fácil efectuar comparaciones cuando se puede elegir países con ejercicios de separación, como es el caso de Corea del Norte en relación con Corea del Sur o la República Democrática alemana (desaparecida a principios de los años 90 del Siglo XX) con la República Federal de Alemania. La libertad es fundamental. Desde entonces, las divergencias han crecido hasta límites gigantescos.

Contraejemplos: Corea del Norte, Zimbawe, Cuba, Venezuela, muchos (si no todos) de los Estados Fallidos [1]. En su día, los antiguos países del CAME o COMECON son claras muestras de cómo la obstaculización por razones políticas del comercio sin trabas arancelarias o cuantitativas, un fenómeno que se halla en la naturaleza de las sociedades, aboca a éstas a la miseria.

China por el contrario se ha integrado en el flujo de globalización desde la muerte de Mao Tse Tung. Desde entonces ha recibido y aún recibe un gigantesco flujo de capitales productivos que su economía ha sabido absorber y utilizar en beneficio de todos, empezando por la propia China.

Así, queda demostrado que los países con más libertad comercial son los países con mayor renta per capita del mundo (exceptuando aquellos que disfrutan de extra beneficios derivados de la desigualdad que les proporciona pertenecer a un cártel como el de la OPEP). En conjunto, los países que no obstaculizan la libertad de empresa y por tanto de comercio son también aquellos en los que la riqueza ha crecido más.

Si la riqueza es debida al Buen Gobierno y a los avances de la técnica, la pobreza tiene también unos orígenes claros: falta de libertad económica, aislamiento del resto del mundo, un capital humano insuficientemente preparado y sin estímulos, la convicción de los líderes políticos de que ellos saben mejor que la gente lo que le conviene, la inseguridad jurídica, la violencia, y la irresponsabilidad individual. De ahí nace la pobreza en nuestros días.

[1]   Un Estado Fallido es un Estado soberano que no garantiza los servicios básicos, incurre en la pérdida de control físico del propio territorio, sufre una erosión casi completa de la autoridad ejecutiva, ha perdido el monopolio en el uso de la fuerza y es incapaz de relacionarse con otros estados de la comunidad internacional. Estados fallidos son Afganistán, Haití, Somalia, Sudán del Sur y Zimbawe, entre otros.