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LA IGLESIA CATÓLICA Y LOS POBRES: UNA RELACIÓN INDESTRUCTIBLE (1)

**Imagen de portada de Poverty Cure

El 24 de abril de 2015, la Conferencia Episcopal, reunida en Ávila en Asamblea Plenaria, produjo una instrucción pastoral que tituló “Iglesia, servidora de los pobres”.

El documento está estructurado en cinco puntos: La situación social que nos interpela, Factores que explican esta situación social, Principios de doctrina social que iluminan la realidad, Propuestas esperanzadoras desde la Fe y una Conclusión. Son 24 páginas de diagnósticos, disquisiciones y propuestas que merece la pena analizar con detalle, no en vano la Iglesia Católica es la institución más antigua del orbe, una de las más influyentes y sin duda una de las que prevalece en el tiempo, más allá de modas e ideologías mudables, en un permanente proceso de adaptación cuya pista es siempre interesante seguir de cerca.

En sucesivas comunicaciones me propongo comentar el documento, que estructuraré siguiendo puntualmente los apartados en que se divide el texto analizado. Lo haré así tanto por respeto a la redacción original como porque el documento es de tal densidad y contiene tantas referencias (generalmente a pie de página) que el lector podrá seleccionar los fragmentos que sean de su interés sin necesidad de zambullirse en la lectura de la totalidad.

Y sin más preámbulos, empiezo con la Introducción

Esta Instrucción Pastoral “Iglesia, servidora de los pobres” es un documento que aspira a identificar los orígenes y causas de la crisis económica en la que están inmersos muchos países desarrollados[1] y a proponer alternativas a un sistema económico que el documento entiende gravemente fallido. Si logra su objetivo  (es decir, identificar los orígenes de la crisis y proponer alternativas al sistema económico actual) se verá al final, cuando hagamos balance de lo dicho. Lo notable es que tratándose de una pretensión de análisis económico, social y moral (en su conjunto), no se utilicen para ese análisis herramientas o categorías propias de los ámbitos económico y social sino sólo referencias a algunos documentos previos de la Iglesia, cuya trayectoria en las esferas técnicas del conocimiento es más bien escasa.

Lo que digo se comprueba en el número y procedencia de pies de página que jalonan el análisis episcopal, nada menos que 109. De ellos, el 95,3% son referencias puramente internas a la Iglesia, en tanto los 5 restantes corresponden al INE (2), el Ministerio de Sanidad, la OCDE y UNICEF. Es a priori complicado que un análisis económico y social se pueda efectuar con alguna solidez sobre bases provenientes de Evangelios, Encíclicas, Bulas, Homilías, Exhortaciones apostólicas y documentos conciliares,  entre otros análogos.

Descalificar el sistema económico abrumadoramente predominante en el mundo es tarea titánica. Hacerlo sobre discursos papales, informes de Cáritas y resúmenes parciales de anteriores Conferencias Episcopales es todavía más complicado.

Cuando el reino de uno no es de este mundo, resulta muy difícil entender los mecanismos que regulan el funcionamiento del mundo. Sólo una ilimitada confianza en las propias fuerzas lo permite, aunque ni siquiera lo aconseja. Y sin embargo, la Instrucción Pastoral es precisamente una Guía para que los sacerdotes diocesanos se orienten y orienten a terceros en el análisis de una realidad económica compleja, sutil y cambiante, en la que incluso quienes poseen las herramientas de las políticas económicas aplicables distan de conocer los efectos de las medidas que instrumentan, ideologías subyacentes aparte.

Pues con todo y con eso, en ese lugar terreno se zambullen sus eminencias sin dudar, guiadas por el ejemplo de Su Santidad, ese hombre valiente a la hora de hablar de lo divino y de lo humano.

Vaya por delante que hay afirmaciones que se pueden compartir sin dudar: “La Iglesia nos invita a todos los cristianos, fieles y comunidades a mostrarnos solidarios con los necesitados y a perseverar sin desmayo en la tarea ya emprendida de ayudarles y acompañarles”. Y no dudo en apoyar este tipo de aseveraciones porque están fuera del análisis, porque forman parte el corpus asistencial que da sentido a la Iglesia Católica y que quienes pertenecemos a ella compartimos ex ante y a fondo.

Dicho esto, la Introducción comienza por adelantar el leitmotiv de los discursos papales desde que fue investido con esa responsabilidad el Cardenal Bergoglio bajo el nombre de Francisco. ¿Podrían los Padres constituidos explicarme en qué consiste la exclusión social? Utilizan el término numerosas veces, pero no se ocupan de definirlo. Se lo ruego. No es que no pueda inferir a qué se refieren, pero necesito que describan el fenómeno para poder entenderlo en toda su hondura y consecuencias.

El segundo pilar del documento es la pobreza, otro concepto que todos intuimos pero necesitamos medir para saber qué significa exactamente, de dónde procede, cómo evoluciona, cómo se transforma, cómo afecta de desigual manera a unos y otros en función de dónde vivamos.

¿Por qué cuesta tanto a los pastores de la Iglesia reconocer que cada vez hay menos pobres en el mundo, que los pobres los crea la corrupción, la interferencia del Estado, la falta de formación, la inadecuación de las estructuras sociales, la falta de instituciones adecuadas, el ansia de poder, la violencia institucional, el ansia de creerse en posesión de la verdad y la posibilidad de imponerla, la falta de instrumentos de organización social, las mentalidades primitivas subyacentes, la ausencia de derecho positivo, la falta de creencias trascendentes?

¿Por qué cuesta tanto a la Iglesia de nuestros días condenar a los criminales socializantes de los dos mundos que en el ejercicio de su insania arrasan las poblaciones y crean pobres a millares cada día que pasa?¿Por qué cuesta tanto a la Iglesia (y por encima de ella a su líder carismático, el exCardenal Bergoglio Peters), pasar de las musas al teatro, es decir, dejarse de conceptos como el drama de la pobreza y bajar a fajarse para encontrar su origen?

¿Por qué, Eminencias, tanto hincapié en la desigualdad cuando el verdadero problema está en la pobreza? ¿No ven vuesas mercedes la diferencia entre el no tener y el tener menos que otros?¿Desconsideran ustedes el pecado de la envidia, que tanto parecen promocionar implícitamente?¿Por qué les preocupa más la desigualdad que la pobreza, santos varones?¿Porque lo ha dicho el Papa Francisco, cabeza visible de la Iglesia (Católica, Universal?)?¿Por qué dicen ustedes que la desigualdad es injusta?¡Ustedes!

Afirma el documento de referencia que “Hasta que no se haga efectiva en la vida de los más necesitados la mejoría que los indicadores económicos señalan, no podremos conformarnos”. Me he quedado de piedra, señores. De manera que se van a conformar con que las cosas vuelvan por donde solían hasta 2009, cuando para esa fecha la pobreza (o lo que entiendan por ella) ya había empezado a dejar de ser lo que siempre había sido, un flagelo secular. ¡Santo Cielo! No se conformen con mantener la situación pre-2009, se lo ruego: permitan que la generación de riqueza haga su trabajo y reduzca mucho más aún el número de pobres, como lo viene haciendo desde que las economías menos desarrolladas se integraron en el proceso de globalización.

Los datos macro se patentizan necesariamente en datos micro por diversas vías. No teman más. Y cuando lo comprueben, no se conformen tampoco: tanta inconsistencia es decepcionante. Aunque sólo hablen ustedes de España, una nación a la que sus gobiernos en los últimos doce años han sumido en el desconcierto y en la pérdida de esperanzas, no se conformen con lo que éramos y teníamos cuando la crisis nos reventó en la cara: busquen más bien, si me permiten la petulancia, el Cielo en la Tierra. No se resignen a ninguna otra cosa.

Claro que, si derrotáramos a la pobreza, ¿qué iba a ser de ustedes, los que miran a los pobres con la mirada de Dios, que se ha manifestado en Jesús[2]?

[1] Se entiende que tiene que tratarse de los países desarrollados, porque los restantes, con carácter general, no se encuentran en una tesitura similar. Se entiende que se trata de los países desarrollados porque sólo en ellos se encuentran los fenómenos a los que el documento achaca los males que identifica.

[2] Conferencia Episcopal Española, “La Caridad en la vida de la Iglesia”, Introducción, página 11.