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“NO HAY ESTADO DE DERECHO SI NO HAY UN ENTENDIMIENTO PREVIO DE LA LIBERTAD”

José María de la Cuesta Rute: “No hay Estado de Derecho si no hay un entendimiento previo de la libertad”

El Catedrático Emérito de Derecho Mercantil de la Universidad Complutense lanza la voz de alarma ante la sobrerregulación y la arbitrariedad jurídica.

Entrevista publicada en Libertad Digital

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El Centro Diego de Covarrubias acaba de publicar una interesante colección de ensayos firmada por el prestigioso jurista José María de la Cuesta Rute. Con el título de El derecho configura la política al servicio del hombre, este nuevo libro de Unión Editorial plantea el problema de la inseguridad jurídica y reflexiona acerca del deterioro del imperio del derecho en nuestro país.

El autor, Catedrático Emérito de Derecho Mercantil de la Universidad Complutense, se muestra tan crítico con la deriva que hemos vivido en los últimos años que no duda en cargar contra el sistema, si bien lo hace denunciando que “no tiene sentido meter a todos los antisistema en el mismo saco, ya que entre ellos hay muchos partidarios del comunismo que nada tienen que ver con ninguna democracia, pero también hay personas críticas que no merecen ser estigmatizadas como populistas”.

De la Cuesta Rute lamenta que el concepto de derecho no esté arraigado en nuestra sociedad. “No hay un concepto del sentido de lo mío y lo tuyo, o lo que es lo mismo, no hay un entendimiento de la libertad. Por eso, aunque el Estado de Derecho surja como expresión de organización política de la comunidad, no es un verdadero Estado de Derecho, porque no blinda nuestra libertad”, explica, insistiendo en la idea de que no hay Estado de Derecho sin un entendimiento previo de la libertad.

Eso mismo manifiestan en el prólogo de la obra León M. Gómez Rivas y Jorge Jiménez Leube, cuando apuntan que “el hombre es esencialmente libre y el derecho sirve esencialmente para proteger esa libertad”. La carta de presentación del libro también sirve para hablar de lo que el autor llama también “el eclipse del derecho”, definido por Gómez Rivas y Jiménez Leude como “la degradación a la que ha llegado la ley”, entendida ahora como “la mera expresión de la voluntad del grupo de hombres que en cada momento ocupa el poder”.

Críticas al déficit, la UE y la arbitrariedad regulatoria

La preocupación del autor por los valores de nuestra sociedad queda plasmada, por ejemplo, en su reflexión sobre el déficit: “Es insostenible y es injusto, se ha generado por la dilapidación de caudales públicos… pero parece que sólo es digno de censura cuando está ligado a obras o servicios inútiles, mientras que, cuando el destino del gasto es otro, no se habla del expolio que sufrimos igualmente”.

Pensando en clave institucional, De la Cuesta Rute se muestra escéptico sobre determinados elementos del proyecto europeo. No tiene desperdicio su reflexión sobre la Eurocámara:

¿Pero acaso alguien en sus cabales se puede sentir representado en el Parlamento Europeo? Y el nudo de la cuestión, ¿por qué un Parlamento Europeo? ¿En virtud de qué hemos de tener por inexorable la existencia de ese dinosaurio, que se convierte en un elemento más de la burocracia parasitaria? ¿Cómo es que se nos pregunta si nos sentimos mejor representados en Bruselas por Arias Cañete o Elena Valenciano, en vez de preguntarnos para qué necesitamos toda esa representación de la que solo conocemos su altísimo coste?

El libro, un nuevo proyecto del Centro Diego de Covarrubias, plantea la importancia de acabar con la arbitrariedad regulatoria y regresar a una concepción del derecho como el ‘gobierno de la ley y no de los hombres’. De la Cuesta Rute afirma que “el derecho no puede terminar al servicio de la ingeniería social” y tiene claro que “la ley tiene que ser duradera y estable”.

¿Cómo lograrlo? El autor sugiere “reforzar las cautelas a la hora de marcar el proceso de formación y producción de la ley, para frenar la arbitrariedad de los gobernantes y librar a los ciudadanos de esta lacra”. Aunque esta propuesta suele generar entusiasmo en las filas liberales, no está clara cuál es la mejor forma de articularla en medidas concretas.

¿Tiene sentido fortalecer el rol del Senado, para dilatar los procesos legislativos? ¿Va por buen camino el autor cuando propone un Observatorio consagrado a estudiar la seguridad jurídica? ¿Acertará Trump con su propuesta de eliminar una norma por cada nueva instancia aprobada? ¿Funciona el sistema de las leyes con fecha de caducidad, que obliga a votar sobre la vigencia o eliminación de las mismas una vez concluye un determinado período de tiempo? Preguntas sin respuesta para un tema como la sobrerregulación que preocupa cada vez más a los defensores de la economía de mercado y que también recorre varias páginas del libro de De la Cuesta Rute.