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REFLEXIONES EN TORNO A ‘LAUDATO SI’

Reflexiones en torno a ‘Laudato si’

Tras la celebración del Seminario del 17 de octubre de 2015 en el Centro…..

Con ocasión de la sesión de Seminario de 17 de octubre de 2015 de Asociación para el Estudio de la Doctrina Social (AEDOS)

José Mª De la Cuesta Rute

1.- Dejo al margen las referencias, por una parte, a las contradicciones lógicas en que incurre la Encíclica y, por otra, las relativas en especial a los pobres, a la cultura del descarte, al sistema de producción concebido al servicio (parece que exclusivo, aunque no se sabe ni cómo ni por qué) de los ricos (que, por cierto, no parecen sufrir los horrores, por ejemplo, del cambio climático o de la acumulación de residuos y si los sufrieren, no importa). No me referiré tampoco al grado de certeza que pueda atribuirse a muchas de las rotundas afirmaciones que la Encíclica contiene. Aunque por lo que se refiere a este último punto creo que convendría atenerse a verdades científicas comprobadas al tiempo de publicación de la Carta ya que de verdades de ese carácter pretenden extraerse consecuencias de orden moral. Entre otras cosas, porque si nos atenemos a las verdades de las ciencias de la naturaleza no tendremos más remedio que reconocer su provisionalidad, con todo lo que esto significa. Finalmente no quiero dejar de aludir al empleo equívoco del bien común al aplicarlo al agua por ejemplo y a la consiguiente inquietud que me produce que acaso S.S. admita la más que sospechosa categoría de “bienes públicos”.

Pues bien, dejo al margen todo esto que reconoceréis que es dejar,

2.- Sólo deseo formular ante vosotros unas cuantas preguntas que se me plantean:

1ª La primera es, partiendo de la base de que el Magisterio se ordena a la perfección moral de la persona, ¿acaso esa perfección no ha de ser igualmente propuesta por la norma moral respecto del uso por el hombre de todos los bienes, esto es, de cualquier bien?

2ª De ser afirmativa la respuesta a la pregunta anterior, ¿por qué se considera entonces necesario publicar una Encíclica como la L s?, ¿no se da con ello ocasión a escindir la regla moral sobre el uso de cualquier bien por presentar como algo digno de esa regla sólo a la naturaleza?, ¿no es verdad que con ello se está acogiendo de modo implícito la ideología de la ecología, que por no pasar de ser eso, una ideología, debería considerarse materia de la esfera del César y ajena por lo tanto a todo pronunciamiento magisterial? Porque parece fuera de duda que el cuidado de la naturaleza que se impone como bueno por la L s responde a la ecología en su sentido ideológico, si es que acaso se pudiere considerar que no siempre tiene ese sentido.

3ª A mi modesto juicio, cualquier doctrina que haya de estimarse emanada del Magisterio ha de ser coherente con todo el depósito de nuestra fe. La referencia aquí a Benedicto XVI resulta pertinente. Y, siendo así, considero inesquivables las siguientes preguntas.

  1. ¿No debería hacerse explícito en una Encíclica como L.s el modo como casa la ideología ecológica con la enseñanza acerca del significado del Génesis 1.26-301 y 2.19-202?

  2. Igualmente, ¿no debería expresarse la compatibilidad de la repetida ideología con el estremecedor Salmo 83?

4ª.- Yo recuerdo muy vivamente que el maestro J. Conde en sus explicaciones de “Derecho Político 1º” se refería explícitamente para esclarecer la Modernidad, y son palabras que me gustaría que, como creo, fuesen textuales, a que “el hombre, segregado del Universo por la decisión cristiana, se separa ahora de Dios…”. Es decir, en la época en que yo estudiaba (¡tiempos aquéllos en que se enseñaba Derecho Político y no Derecho Constitucional!, cosa que también añoraba significativamente el Profesor Jiménez de Parga), y que yo sepa no han cambiado las cosas, se estimaba que, si bien ya el acto mismo de creación del hombre difiere del relativo a las otras creaturas por ser el hombre imago Dei, sin embargo la Redención de Cristo marca la radical diferencia del hombre con todo lo demás creado.

5ª.- ¿En qué medida la ideología ecologista no representa un atentado a la propia convicción cristiana sobre la Providencia del Padre a la que de modo bien sencillo pero elocuente y hermoso se refiere Mateo 6.26-334?

6ª.- ¿Miedo al fin del mundo?, ¿increencia acaso en que “el cielo y la tierra pasarán…” (Mateo, 24.34-35)5?

7ª.- Y, ya en términos intramundanos, ¿es que acaso no se extinguieron los dinosaurios, cosa que sepamos de cierto, sin que pasase nada más que eso?

8ª.- La identificación del hombre con la Naturaleza ¿no es presupuesto de una aceptación del “especismo” y de su consecuencia el “animalismo”, haciéndose entonces imposible establecer un fundamento de los derechos humanos capaz de concebir y desarrollar el orden jurídico y social y político al servicio del hombre? Recordemos el Proyecto Gran Simio y la Declaración por la UNESCO de los derechos (no sé si “humanos”) de los animales y que ya se ha reconocido el derecho (sic) de un río a que no se arrojen desperdicios a sus aguas. Estas estupefacientes cosas ¿no definen la prudencia con la que se debe proceder al palmear la dichosa ecología?

3,- Al margen queda, repito, lo que de censura representa la Laudato si para toda la acción creativa del hombre y, ¿cómo no?, aprovechando lo del Pisuerga y Valladolid, la condena al “pobre” mercado y al no menos “pobre” y denostado capitalismo que, al parecer, tiene una orla de plumas en la cabeza.

Madrid, 17 de octubre de 2015

1 26 Entonces dijo Dios: Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza; y señoree en los peces del mar, en las aves de los cielos, en las bestias, en toda la tierra, y en todo animal que se arrastra sobre la tierra. 27 Y creó Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó. 28 Y los bendijo Dios, y les dijo: Fructificad y multiplicaos; llenad la tierra, y sojuzgadla, y señoread en los peces del mar, en las aves de los cielos, y en todas las bestias que se mueven sobre la tierra.29 Y dijo Dios: He aquí que os he dado toda planta que da semilla, que está sobre toda la tierra, y todo árbol en que hay fruto y que da semilla; os serán para comer. 30

2 19 Jehová Dios formó, pues, de la tierra toda bestia del campo, y toda ave de los cielos y las trajo a Adán para que viese cómo las había de llamar; y todo lo que Adán llamó a los animales vivientes, ése es su nombre. 20 Y puso Adán nombre a toda bestia y ave de los cielos y a todo ganado del campo; mas para Adán no se halló ayuda idónea para él.

3 1 Señor y Dios nuestro,¡cuán glorioso es tu nombre en toda la tierra!

¡Has puesto tu gloria sobre los cielos!

2 Las alabanzas de los niños de pecho

son tu mejor defensa contra tus enemigos;

ellas silencian a tus vengativos adversarios.

3 Cuando contemplo el cielo, obra de tus dedos,

y la luna y las estrellas que has creado,

4 me pregunto:

¿Qué es el ser humano, para que en él pienses?

¿Qué es la humanidad, para que la tomes en cuenta?

5 Hiciste al hombre poco menor que un dios,

y lo colmaste de gloria y de honra.

6 ¡Lo has hecho señor de las obras de tus manos!

¡Todo lo has puesto debajo de sus pies!

7 ¡Todas las ovejas y todos los toros!

¡Todos los animales del bosque!

8 ¡Las aves en el cielo y los peces en el mar!

¡Todo lo que surca las profundidades del mar!

9 Señor y Dios nuestro,

¡cuán glorioso es tu nombre en toda la tierra!

4 26 Mirad las aves del cielo, que no siembran, ni siegan, ni recogen en graneros; y vuestro Padre celestial las alimenta. ¿No valéis vosotros mucho más que ellas?

5 “De cierto os digo, que no pasará esta generación hasta que todo esto acontezca. 35 El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán”