DISCURSO DE PRESENTACIÓN DE ‘ÁFRICA ES ASÍ’

A continuación, el texto del discurso de José Ramón Ferrandis, autor de ‘Africa es así’, durante la presentación del libro, el pasado 9 de enero, en la Fundación Rafael del Pino de Madrid.

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Buenas tardes a todos y a todos.

Vaya por delante el capítulo de agradecimientos, que verdaderamente lo son: a la Fundación Rafael del Pino, que nos ha habilitado esta magnífica sala; al Centro Diego de Covarrubias, al que pertenezco, que me ha permitido incluir este texto en su Colección Cristianismo y Economía de mercado. Y a todos ustedes, por estar aquí acompañándonos.

«Los caminos del Señor son insondables» (Romanos 11:33). Bueno, en realidad la frase de la epístola de San Pablo a los romanos no dice exactamente eso, pero se suele abreviar y así lo hago. ¿Por qué empiezo así? En primer lugar porque el Centro Diego de Covarrubias se gloria en utilizar nuestra tradición cristiana como fundamento, junto con la filosofía griega y el derecho romano, de la civilización occidental. Y en segundo lugar, por lo que ahora les voy a contar.

Cuando por circunstancias de mi trabajo como funcionario me ofrecieron el Área de África para trabajar en ella, pensé que era para poco tiempo. Acepté y empecé a entender el funcionamiento de los países del subcontinente, la vertebración (motivaciones, herramientas, resultados) de las relaciones de Occidente con ellos, la huella de la descolonización, las trazas del paso soviético por esos territorios, la creciente presencia china en el comercio internacional, las trayectorias de cada país y las expectativas que se abrían ante ellos en función de sus peculiaridades.

Pasados nueve años de trabajo ininterrumpido sobre estos países, me he creído capacitado para contar en un breve texto todo lo anterior y muchas cosas más. Cosas que tienen que ver con el enfoque analítico necesario para comprender la trayectoria de 49 países y su agregado nominal, el subcontinente que conocemos por África Negra, aunque otras personas lo denominan África Subsahariana. Pero se trata del mismo, créanme.

Ustedes me están concediendo el privilegio de comentarles lo esencial de este libro y yo se lo agradezco de dos maneras. La primera es expresando mi gratitud y la segunda es expresándola con brevedad. Y en aras de esa brevedad entro directamente a presentarles no más de tres ideas esenciales del libro.

La primera es que los países de África Negra, con alguna excepción cuyas raíces comento en el libro, son pobres. Pobres como lo eran todas las sociedades hasta el advenimiento del capitalismo, pero en todo caso más pobres que los países de los restantes continentes. Lo malo de esto es que en los años 60 del siglo pasado no era así: el continente pobre por antonomasia era el asiático, donde China y la India tiraban hacia abajo de la media de los estándares de vida de todos los demás. Pero eso se acabó, y se acabó (lo cuento en mi anterior libro, Globalización y generación de riqueza) en cuanto los líderes de ambos países se dieron cuenta de que el camino del comunismo y el socialismo sólo les llevaba de vuelta a la miseria ancestral.

Los líderes africanos estaban a otra cosa. Y lo cuento. Por eso los países de África Negra son pobres, porque sus instituciones y sus élites no están a la altura de los requerimientos. Se lo explico en el libro de manera transversal y también país por país.

La segunda es que hay pocos ejemplos inequívocos de éxito mantenido en el tiempo pero muchos de fracaso interminable. Es más, alguno de los países cuyo desempeño detallo es y ha sido un caso de éxito y un caso de fracaso de manera sucesiva y sin solución de continuidad. Son los casos de Costa de Marfil y la República Sudafricana. En el libro explico los tremendos dramas de la República Democrática del Congo, de la República Centroafricana y de Zimbawe, por poner tres ejemplos. También pongo de relieve la extraordinariamente buena gestión de, por ejemplo, Botswana y de las Islas Mauricio, aunque no sólo. Y sobre todo, explico los porqués en todos los casos, tanto los de éxito como los de fracaso. Me ha resultado apasionante contarlo y espero que les resulte igualmente apasionante leerlo.

Y la tercera es que todos los países, a poco que sigan la senda de los que les han precedido en el desarrollo, pueden embarcarse en una dinámica continua de crecimiento que los lleve al ámbito de las rentas medias en una década o poco más. En realidad, las recetas son sencillas, están probadas y se han revelado fiables. Se las cuento, que no es muy largo de explicar.

Se trata de aplicar los elementos componentes del Buen Gobierno, de realizar una prudente gestión macroeconómica, de profundizar honradamente en los procesos de integración económica, de habilitar de manera amplia y exigente la formación de capital humano, de mejorar y extender la sanidad, de intentar vertebrar la inevitable urbanización, de desarrollar las muy necesarias infraestructuras de transporte,  de diversificar la generación de energía eléctrica, de instalar redes modernas y seguras de suministro de agua y de saneamiento, de potenciar la industrialización agraria, de reforzar el sector turístico, y al cabo pero no de menor importancia, de permitir – sin injerencias ni regulaciones intrusivas y generadoras de corrupción – que el sector privado se extienda de acuerdo con sus inmensas capacidades de creación de riqueza. Decir esto me ha llevado apenas 30 segundos, pero este es el marco que permitirá el despertar de los países de África Negra. O no, como diría aquél.

Termino. Es posible que alguno de ustedes se haya preguntado por el título del libro. Lo cierto es que barajé varios, todos breves y directos. Este que finalmente identifica al libro me pareció el más adecuado: yo no opino, sino que describo, cuento lo que hay con el mayor de los respetos por los hechos históricos, económicos, sociales y políticos.

He recurrido a fuentes de toda fiabilidad desde la perspectiva macroeconómica, intentando convertir la jerga de los expertos en lengua del común. He procurado utilizar las imprescindibles fuentes históricas con la mayor asepsia, verificando por contraste y asegurándome en la medida de mis posibilidades de que no incurría en contradicciones. A título de ejemplo, la génesis del genocidio ruandés me exigió acudir a numerosas fuentes, muchas de las cuales tomaban partido claramente por una parte y parecían más preocupadas de justificar que de explicar. Y finalmente, he revisado una y otra vez los datos y su correcta incardinación en el relato para no caer en los mismos errores que identificaba en alguna de mis fuentes de información.

El resultado de todo ello es ‘África es así’, un texto que espero disfruten y les sirva para conocer algunas de las cosas que, existiendo y siendo de trascendental importancia,  no es fácil encontrar reflejadas en y por los medios.

Muchas gracias; por su presencia, por su paciencia y por su benevolencia. Quedo a su disposición para cualquier pregunta que quieran dirigirme, en la esperanza de que la sabré contestar adecuadamente.

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