LA CARTA DE LOS MARTES – 7 DE MAYO DE 2019

Queridos amigos:

A las 02:41 del 7 de mayo de 1945 tuvo lugar la rendición incondicional de las fuerzas armadas del III Reich. La firma tuvo lugar en el Cuartel General Supremo de la Fuerza Expedicionaria Aliada en Reims, Francia. Correspondió al jefe del Estado Mayor del Alto Mando de las Fuerzas Armadas alemanas, general Alfred Jodl. Al día siguiente, 8 de mayo, por exigencia específica del Ejército Rojo, el mariscal Wilhelm Keitel firmó la rendición incondicional de la Wehrmacht en la sede de las fuerzas armadas soviéticas, sita en Karlshorst, Berlín (Alemania).

Así terminaba (en clave doble, lo que auguraba para quien supiera verlo el período de guerra fría que estaba por venir) una guerra que los jerarcas nacional socialistas, encabezados por el Canciller Adolf Hitler, habían desencadenado casi seis años antes, el 1 de septiembre de 1939, con la invasión de Polonia. La derrota del régimen nacional socialista fue completa. Vencidos en el campo de batalla, arrasados sus campos y ciudades, forzada su sociedad hasta la inanición, muertos 22 millones de sus ciudadanos (la mayoría en hechos de armas) y segregado su país en dos fragmentos asimétricos, la aventura milenarista del socialismo nacional alemán había terminado.

Sabemos las razones por la cuales los nazis decidieron extender violentamente su Lebensraum[1] mucho más allá de las fronteras de la Alemania Imperial que fue derrotada en 1918 (cuyas consecuencias explicaremos en una próxima Carta). Sabemos que no supieron calibrar la fortaleza de sus enemigos más poderosos, los EEUU y la URSS, ebrios de poder, de racismo y de voluntad de conquista como estaban. Sabemos que las potencias occidentales europeas no cortaron de raíz los brotes de militarismo y de imperialismo nazi, temerosos como estaban de una nueva guerra tras la masacre que tuvo lugar entre 1914 y 1918. Sabemos que los impulsos criminales de un régimen siempre topan con su Némesis, tal y como ocurrió con el Imperio del Sol Naciente en su inicuo ataque a los EEUU en Pearl Harbor. Pero lo sabemos ahora.

Las consecuencias inmediatas de la derrota de la Alemania del III Reich fueron terribles, tanto que marcaron a tres generaciones germanas con un profundo complejo de culpa. Hambrunas, humillaciones, extremadamente difíciles condiciones de vida de la población restante, pérdida de territorios, división del país, ocupación hasta 1990 de las cuatro zonas de Berlín y dependencia sin fisuras de la Unión Soviética de los 18 millones de habitantes de la llamada República Democrática Alemana. Esas fueron las más visibles.

Para evitar una tercera (en puridad, una cuarta) versión del enfrentamiento franco-alemán nació el Mercado Común Europeo, luego Unión Europea, de la que hablaremos otro día. Vaya por delante que ha constituido un éxito pacificador sin precedentes en Europa. Setenta años de paz ininterrumpida entre sus potencias principales no se habían dado en toda la Historia. Pero el proyecto, como un Golem multinacional, se ha desviado de la idea inicial y ha devenido pesadilla. Como acostumbran decir los norteamericanos, “if something works, don´t fix it”.

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Mañana presentamos el Cuaderno nº 6 de nuestra Colección. Tenemos preparado un evento muy especial para este 8 de mayo. Como sabe el lector, se trata de un seminario sobre Estado de Bienestar y Destrucción de la Familia. Lo dirigirá José Ignacio del Castillo, abogado, economista, auditor contable, inversor y profesor. Del Castillo presentará las conclusiones de un demoledor informe en el que nuestro invitado aborda en detalle el desastroso efecto que ha tenido la utopía socialdemócrata sueca en las familias del país escandinavo y del Reino Unido.

El acto tendrá lugar a las 19:00  en la Fundación Rafael del Pino (Calle Rafael Calvo, 39, Madrid). Para asistir es necesario reservar plaza enviando un correo electrónico a centrocovarrubias@gmail.com indicando nombre y apellidos. Todos los asistentes recibirán un ejemplar del Cuaderno. No se lo pierdan.

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El libro nº 10 de nuestra colección Cristianismo y Economía de Mercado, titulado “Campeones de la libertad”, será presentado en el contexto de la Feria Liberacción, que tendrá lugar el 16 de mayo de 2019. Su autor,León Gómez Rivas, será el encargado de la presentación, en la que le acompañará una nutrida representación del Centro Diego de Covarrubias.

Quería comentar a vuelapluma un fenómeno que tiene mucho que ver con el contenido del seminario de José Ignacio del Castillo. Es el de la descomposición de las instituciones en Occidente.

La primera en ser cuestionada fue la autoridad, directamente menoscabada desde el 68 sobre bases de la Escuela de Frankfurt. Después, la igualdad: la intelligentsia cultural marxiana post-Gramsciana (que el lector me perdone, pero he querido introducir todos los elementos analíticos relevantes en una sola frase, y así acabamos antes) entendió que pasados agravios requerían presentes compensaciones discriminatorias y lanzó sendas fatwas: la del racismo negro (lo llamaron desagravio, como si la terrible realidad del racismo histórico pudiera equilibrarse o compensarse con otro racismo simétrico y contrario) y la consigna del feminismo antiheteropatriarcal[2] (repito lo de antes: lo siento, pero es la mejor manera: por corto y por derecho) y chulesco, que ha devenido legislación asimétrica y asimismo discriminatoria.

En esa línea de mistificación se ha entrado de lleno en la negación de la Historia; europea, sí, pero sobre todo española. Había que reescribirla, desde la Reconquista (a la cabeza de las tropas revisionistas se halla un insidioso académico de fortuna) al descubrimiento, cristianización y nacimiento de las Américas, un logro sin parangón en el devenir de los imperios del mundo.

Paralelamente, las loas a la Ilustración son incontables y acríticas. La robolución soviética y sus mimetismos gozan de bula en Occidente, a pesar de las muertes causadas, incomparables en número y crueldad con las de otros sistemas, de las mentiras y de la disolución de los estados que las abrigaron. De la mugrienta II República española no es necesario recordar los intentos de convertirla en el Nirvana que nunca fue ni quiso ser, lo que aboca al intento de exhumar los restos del vencedor de la Guerra Civil para ver si de esa manera los hijos de Satán vencen alguna batalla, siquiera cuarenta años después de muerto Francisco Franco. Y ni eso, oiga.

Aderecemos esta ya longeva ensalada con el asalto a la sede de la Iglesia Católica, previa jesuítica dilución de los valores del Cristianismo, y ya tenemos el menú servido. Y si no lo creen, lean.

Así que ha llegado la hora de dar la vuelta a este estado de cosas. Ya hemos empezado.

Alemania renquea. ¿Por qué? Al decir del autor del artículo que viene a continuación, ello es debido a las guerras comerciales (deseando estoy que me las presenten para poder conocerlas), al BREXIT (con sus inminencias menguantes, que por lo común se resuelven solas cuando no se materializa la expectativa descontada y los lags ya no tienen margen disponible), la atonía reinante (Peter Altmaier, ministro alemán de Economía, dixit[3]), al final del impulso post-crisis… . No me cabe duda de que, en un cierto porcentaje, así es. Pero no es la mayor parte, ni la más relevante, ni la más duradera.

El autor ha omitido mencionar la pérdida de competitividad de la economía alemana tras la estúpida[4] decisión de incrementar la parte porcentual de las energías renovables en el mix energético, de cerrar las centrales nucleares y de reducir la presencia del carbón en la generación. Tampoco comenta que el ataque del pensamiento único (que, en realidad, podemos mejor calificar como pensamiento imbécil[5]) en materia de motorización diésel está ralentizando fuertemente la producción de automóviles, que en Alemania es relevante. Ni el creciente coste del Estado de Bienestar en la competitividad productiva. Y eso, en un contexto en el que el Quantitative Easing y medidas heterodoxas asociadas sigue rampante, sobre todo porque hoy por hoy – y llevamos once años de heterodoxia – no puede hacer otra cosa. Cuando el BCE reinicie el camino de la normalidad, nos vamos a enterar, alemanes y los demás.

Ya se sabe: cuando Alemania estornuda, la UE se constipa. Así que ánimo, sigamos con el suicidio pautado consecuencia de la fe religiosa sobre el cambio climático. La RP China se ríe a carcajadas, como suelo decir.

Hablando de Alemania, hace unos días falleció Agustín Herrerín. Quizá el lector no sepa de quién hablamos. No me sorprende, yo tampoco hasta que leí la necrológica. Lo menciono porque su acto más relevante para la historia del fútbol, con todo y mantenerse en segundo plano, fue un canto a la capacidad de improvisación de un español responsable enfrentado a un caos impredecible. Semifinales de la Copa de Europa oChampions League. Una portería rota. Un partido que no se puede celebrar. Un equipo alemán, el Borussia de Dortmund, que presiona para ganar el choque en los despachos, con el ventajismo propio de quien ve los cielos abiertos (al cabo, perdería 2-0).

Herrerín resolvió con la fe, la determinación y el acierto de los mejores. Como el gran Santiago Bernabeu. Como Pedro Ferrándiz y aquella canasta en aro propio. Descanse en paz.

La frase de hoy forma parte de la liturgia eucarística católica básica. Quien reza el Confiteor (“Yo confieso”; “Yo pecador”) recita la frase “Por mi culpa, por mi culpa, por mi grandísima culpa” y confiesa sus pecados ante Dios. Ante Dios, no ante los hombres.

Un abrazo

José-Ramón Ferrandis Muñoz

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[1] Se suele utilizar el término en idioma alemán porque se ha popularizado así su uso. Se refiere al espacio que la raza aria necesitaba para expandirse en torno a la Alemania nazi, típicamente hacia el Este, donde los pueblos eslavos tenían su hogar. El concepto fue acuñado antes del nazismo – lo hizo el geógrafo alemán Friedrich Ratzel – y vinculaba un Estado y un espacio vital para su desarrollo.

[2] Lo pongo en cursiva porque se trata de neolengua y así hay que tratarla.

[3] Como nuestra Vicepresidenta del Gobierno en funciones no va a leer esta carta, renuncio a explicar el significado de dixit. Y el de Pixie Dixie, por supuesto.

[4] Estúpido (DRAE: Necio, falto de inteligencia). En esta Carta no se insulta a nadie. Se describe su comportamiento.

[5] Imbécil: (DRAE: Tonto o falto de inteligencia). En esta Carta no se insulta a nadie. Se describe su comportamiento.

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