LA CARTA DE LOS MARTES – 21 DE MAYO DE 2019

LA CARTA DE LOS MARTES – 21 DE MAYO DE 2019

«Durante décadas, Europa – y por tanto España – ha ido descarriándose lejos de los planteamientos que nos hicieron grandes y justos».

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Queridos amigos:

El 21 de mayo de 1527 nació en Valladolid (Palacio de Pimentel) el hijo y heredero de Carlos I de España e Isabel de Portugal que sería conocido posteriormente como Felipe II. Desde 1554 fue rey de Nápoles y Sicilia. Desde 1554 hasta 1558 fue rey de Inglaterra e Irlanda, por su matrimonio con María I Tudor, hija de Enrique VIII y Catalina de Aragón. Desde el 15 de enero de 1556 hasta su muerte en El Escorial el 13 de septiembre de 1598 fue Rey de España. Desde 1580 lo fue asimismo de Portugal y los Algarves como Felipe I.

Los dominios de Felipe II comprendían, en Europa, la Península Ibérica, Nápoles, Cerdeña, Sicilia, el Milanesado, el Rosellón, las islas Baleares, los Países Bajos y el Franco Condado. Recordemos que Austria y el Imperio Germánico pasaron al hermano menor de Carlos I de España y V de Alemania, Fernando I de Habsburgo, lo que separó las ramas alemana y española de esa Casa.

En África poseía las islas Canarias. En América, México, Perú, Chile, Cuba, Santo Domingo, y otros territorios. En Oceanía, las islas Filipinas y parte de las Islas Molucas. Su reinado implicó la expansión del imperio través de los océanos. Así, por primera vez en la historia universal, un imperio gestionaba territorios de todos los continentes. Fue el primero de esa índole. Con la incorporación de Portugal y de sus colonias africanas y asiáticas, las dimensiones fueron aún mayores. Con todo ello en mente, se dijo que “en sus dominios nunca se ponía el sol”.

Felipe II, el Rey Prudente, fue un hombre austero en sus costumbres (incluido el vestir), extremadamente religioso y muy bien preparado para su misión de gobierno. Asumió la defensa del catolicismo en todo momento y lugar. Ello le llevó a combatir la propagación de la Reforma protestante y la expansión del Imperio Otomano, que cortó de raíz en la batalla de Lepanto (1571). Recuérdese que Felipe II hubo de hacer frente a una rebelión de los moriscos de Granada (1568-1571), musulmanes que habían solicitado la intervención del turco. El Rey formó la Liga Santa (España, Génova, Venecia y el Papado). Fue esta alianza cristiana quien derrotó al Imperio Otomano.

Con Felipe II al mando, España fue la primera potencia europea. Ello supuso enfrentamientos con los Países Bajos, Inglaterra y Francia. El primer caso estuvo travestido de guerras de religión y, a pesar de los esfuerzos del Duque de AlbaLuis de RequesénsDon Juan de Austria y Alejandro Farnesio, las provincias del norte de los Países Bajos se declararon independientes en 1581.

En el segundo, la guerra, llena de malevolencia protestante, se saldó con la derrota naval que se resumió en el fracaso de la Armada española.  Antes, Felipe II había abandonado el proyecto de alianza con Inglaterra debido a la muerte de María Tudor (1558).

En el caso de Francia, se trataba esencialmente de un mero enfrentamiento por el poder. Las victorias de San Quintín (1557), en conmemoración de la cual hizo construir el Monasterio de El Escorial) y Gravelinas (1558) pacificaron la relación con Francia. El matrimonio de Felipe II con la hija de Enrique II de Francia, Isabel de Valois la consolidó. El Rey intervino entre 1584 y 1590 en la disputa sucesoria francesa, apoyando al bando católico frente a los protestantes de Enrique de Navarra (futuro Enrique IV de Francia). Logró que éste abjurase del protestantismo (1593), lo que llevó al objetivo de que Francia permaneciera en el bando católico.

La consecuencia de todo ello fue una enorme presión sobre las arcas del Estado, lo que abocó a una decadencia que se reveló inevitable, sobre todo al no contar el Tesoro Público con los mecanismos que permiten, en estos tiempos nuestros, ir tirando con imaginación y relajamiento ético. Felipe II nunca perdió el control de la situación, no se arredró jamás, tomó las decisiones correctas y dejó una impronta indeleble en nuestra Historia.

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El pasado día 13 de mayo presentamos el magnífico libro del profesor Dalmacio Negro titulado “La tradición de la libertad”, número 9 de la Colección Cristianismo y Economía de mercado del Centro Diego de Covarrubias. El acto tuvo lugar en el Centro Riojano. Presentó el libro, con una magnífica glosa de la personalidad del profesor Dalmacio Negro, su compañero de la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas D. Fernando Suárez González, brillante jurista, catedrático y político, que ha ocupado puestos del más alto rango en el gobierno y contribuido notablemente al proceso de Transición al régimen democrático vigente. El texto del discurso está a su disposición EN EL SIGUIENTE ENLACE EN NUESTRA PÁGINA WEB.

El propio Dalmacio Negro desarrolló acto seguido una intervención magistral llena de resonancias culturales, religiosas y políticas. El acto, de especial – pero no inusitada – brillantez, contó con la presencia de más de cien personas, que desbordaron la Sala de la Lengua en que se celebró. Los ejemplares del libro que la editorial aportó al evento se agotaron … . Pero hay más en la editorial. Les recomiendo vivamente su lectura.

El día 7 de mayo, en la Carta de los martes correspondiente, hablábamos de que era hora de revertir la deriva en que se encuentra Europa y dentro de ella, España. Candela Sande lo explica desde su perspectiva. Y se entiende bien.

Durante décadas, Europa – y por tanto España – ha ido descarriándose lejos de los planteamientos que nos hicieron grandes y justos. Vamos a dar la vuelta a este estado de cosas. La base de nuestra propuesta, por tantos compartida, la pueden encontrar asimismo en nuestra web bajo el título “La declaración de París. Una Europa en la que podemos creer”. No estamos solos, evidentemente. Y aunque lo estuviéramos.

Ha nacido la Resistencia es el título del artículo firmado por el grupo GEES que pueden leer aquí. Como es costumbre en ese equipo, su análisis está desprovisto de juicios de valor. Y es certero, yendo al grano. Como siempre.

La resistencia adopta múltiples formas. Ésta, que consiste en la reversión de decisiones sobre el aborto mediante un protocolo médico, es una de ellas. No sólo es útil, sino también técnicamente interesante.

El director de Actuall, Nicolás de Cárdenas, habla en su artículo sobre cuán conveniente es hacer “un alto en el camino” y ver dónde estamos en este momento. Hora es de hacer balance.

Ha muerto Alfredo Pérez Rubalcaba., del que no hay nada que añadir porque casi todo ha sido dicho ya. Lo saben ustedes, tal ha sido el bombardeo mediático al respecto durante días, sólo paralelo al sepulcral (sic) silencio que se ha cernido sobre su nombre acto seguido.

La manipulación de su imagen, de su figura, de sus hechos y de su trayectoria ha sido general y sin apenas fisuras. Pero las hay. No inmediatas pero sí cercanas al evento, como si se quisiera reiterar la vigencia del aforismo: el Rey está desnudo. Es hora de que la frase no la diga ni un niño, ni un loco ni un borracho, sino reputados comunicadores, sabios docentes o expertos en materias que son de general interés. Les traigo sólo dos para no caer en el mismo fenómeno de exceso que critico. Federico Jiménez Losantos no suele tener pelos en la lengua y osa remar contracorriente.

Carmelo Jordá abunda en lo mismo con su propio lenguaje y herramientas analíticas.

Como estamos hablando de verdades tras las mentiras, y ya que hay que insistir en aquéllas para contrarrestar éstas, bueno es aprovechar para decir que TODOS los anuncios apocalípticos de los calentólogos, a lo largo de la historia reciente (porque en los años 70 del siglo XX, análogos oportunistas avisaron de la inminencia de la quinta Glaciación) se han revelado falsos. Cierto es que no porque algo haya sido siempre mentira tenga que serlo siempre, pero nos da una idea de cómo va esto. El artículo de John A. Baden es refrescante. Decir la verdad, es lo que tiene.

La frase de hoy es de Monseñor Fabian Bruskewitz, obispo emérito de Lincoln (Nebraska, Estados Unidos): “Un hombre sabio dijo en cierta ocasión que, cuando comparezcamos ante el tribunal de Cristo, nuestro Señor nos mirará fijamente y preguntará: ‘¿Dónde están tus cicatrices?’. Si respondemos que no tenemos cicatrices, nos lo reprochará, diciendo: ‘¿Es que acaso no había nada por lo que mereciera la pena luchar?”Para situarla en su contexto, ver aquí.

Un abrazo

José-Ramón Ferrandis Muñoz

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