LA CARTA DE LOS MARTES – 2 DE JULIO DE 2019

LA CARTA DE LOS MARTES – 2 DE JULIO DE 2019

La decisión de la Comisión Europea de prohibir la fusión acordada por Siemens y Alstom ha frustrado los planes de ambas compañías de crear un gigante internacionalmente competitivo en el sector ferroviario y ha puesto de relieve que es menester reformar la legislación europea sobre competencia.

Carta de los martes del 2 de julio de 2019

Queridos amigos:

El 2 de julio de 1890 se publicó la primera ley federal estadounidense orientada a limitar los monopolios: la Ley Sherman Antitrust (Sherman Antitrust Act). Fue presentada por el senador republicano estadounidense por Ohio John Sherman[1], aprobada por Congreso y Senado y firmada por el presidente Benjamin Harrison.

La ley declaró ilegales los trust o fusiones de empresas por considerarlos restrictivos para el comercio estadounidense e internacional. Impedía esas fusiones y la conspiración para restringir la competencia, además de perseguir los acuerdos entre competidores para fijar precios, amañar licitaciones y repartirse clientes.

Esta norma tipificaba como delitos las prácticas monopolísticas y el dumping. Los multaba con 5.000 dólares o penas de hasta un año de prisión. Se aplicaba a toda transacción interestatal/federal. Esta norma constituye el fundamento del derecho antimonopolio.

Como afirma el Tribunal Supremo de los Estados Unidos (en el caso Spectrum Sports Inc. vs McQuillan, 1993), el propósito de la Ley Sherman no era tanto proteger a los negocios del funcionamiento del mercado como proteger al público de las distorsiones inducidas al mercado. Esta ley no se dirigía contra la conducta competitiva, sino contra la conducta que genera tendencias que destruyen la competencia misma. La Ley no se viola cuando la competencia de una empresa, con sus precios más bajos, quita ventas a competidores menos eficientes, porque precisamente eso es la competencia en funcionamiento.​

La ley Sherman no fue muy efectiva debido a la vaguedad de su redacción, así que se reforzó en el siglo XX con la Ley Clayton Antitrust de 1914 (Clayton Antitrust Law Clayton Act), promulgada para remediar las deficiencias de la ley Sherman. Aprobada durante el gobierno de Thomas Woodrow Wilson, la legislación fue introducida por el representante demócrata de Alabama Henry De Lamar Clayton.

Esta nueva norma prohibió la fijación de precios, la manipulación de licitaciones y los contratos de compra exclusivos para las compañías que competían en el mismo campo comercial. También, reforzando la Ley Sherman, prohibió las adquisiciones y fusiones que disminuyeran la competencia. Legalizó los boicots (término que procede de boycott[2], cuya etimología es interesante) y las huelgas pacíficas y declaró que la mano de obra/el factor trabajo no era una mercancía que pudiera reprimirse con órdenes judiciales ni controlarse por medios injustos.

Por último, en 1915, otra Ley creó la Federal Trade Commission (FTC). Funcionando independientemente del gobierno federal, esta agencia protegía y protege al consumidor y promueve la competencia comercial libre y justa. Sus cinco miembros son elegidos por el Presidente y confirmados por el Senado.
Estas tres leyes constituyen la base de las regulaciones comerciales y antimonopolio actuales en el plano federal y estatal norteamericano.

El Congreso de los EEUU ha aprobado dos enmiendas a la ley Clayton. La primera fue en 1936 (Robinson-Pitman Act), que prohíbe las prácticas comerciales discriminatorias. La segunda fue en 1976 (Hart-Scott-Rodino Act), que requiere a las empresas notifiquen al gobierno previamente cualquier fusión para investigar los efectos de esa fusión en el mercado.

La Ley Clayton (y sus correlatos) se ha aplicado en muchos casos. En 1982 afectó a American Telephone & Telegraph (AT&T), quien empezaba a monopolizar las telecomunicaciones en Estados Unidos. El resultado fue la creación de varias compañías pequeñas. En 2001, cuando Microsoft monopolizaba el mercado de navegadores al controlar en todo el mundo las licencias de sistemas operativos para ordenadores personales compatibles con INTEL, la ley Sherman se aplicó y terminó con el monopolio. En 2019, Facebook y Google podrían tener que desconcentrar su negocio, por ejemplo segregando Instagram y WhatsApp.

La Ley Clayton, tras la Sherman, ha sido y es muy relevante para mantener el mercado libre de excesos monopolísticos en entornos respetuosos con las normas, entre iguales. Pero ha pasado más de un siglo. En los últimos 10 años, las cosas están cambiando deprisa. La República Popular China y sus empresas amenazan controlar vastos mercados con su operativa sin limitaciones (es literal). Mientras Occidente aplica las normas que salvaguardan el orden competitivo, la competencia china no lo hace.

Por ejemplo: la decisión de la Comisión Europea de prohibir la fusión acordada por Siemens y Alstom ha frustrado los planes de ambas compañías de crear un gigante internacionalmente competitivo en el sector ferroviario y ha puesto de relieve que es menester reformar la legislación europea sobre competencia.

El nuevo líder europeo ya no lo será y no podrá defenderse frente a la empresa china CRRC, acrónimo de China Railways Construction Corporation, que es la más grande del mundo y que opera a la manera china, que si no sabe el lector cuál es, le sugiero que siga leyendo.

La Comisión de la UE ha mirado más por la competencia intracomunitaria en el sector de la Alta Velocidad que por la amenaza china. Se ha cuestionado fuertemente esta decisión. Los argumentos son los conocidos: hay que mantener el equilibrio entre la protección de la libre competencia en el interior de la Unión Europea y la necesidad de contar con grupos empresariales capaces de dar la batalla frente a sus pares en el proceso de globalización en el que estamos inmersos.

Hablando de China, no se pierdan el extraordinario artículo de Daniel Lacalle que fue publicado originalmente en La Actualidad Económica y se halla ahora resaltado en nuestra Web. El artículo se titula “¿Tiene razón Trump en la Guerra Comercial?” y es un alegato racional y desapasionado acerca de los comportamientos de los EEUU y de China, el contexto en el que se mueven, los antecedentes que se hallan presentes y las consecuencias esperables de una estrategia negociadora fuerte (como es propio del 45º Presidente de los EEUU, que tantos ataques agudos de caspa genera) ante el estado más monolítico del planeta (a no confundir con la sociedad más fuerte del planeta, que es la norteamericana).

Un buen amigo me suministró hace unos días un artículo que puedo suscribir de la cruz a la fecha. Es éste. Ciertamente, no se puede decir mejor con mayor economía de medios. Chapeau por el autor, quien describe con precisión los epifenómenos de las medidas heterodoxas adoptadas por los bancos centrales a partir de 2008. La Reserva Federal (FED) las revirtió hace años, pero el BCE no, sin duda porque sabía que la crisis se abatiría de manera inmediata sobre la zona Euro.

La cosa ha llegado a límites impensables, que han devenido reales. Es el mundo al revés. Nos vamos a enterar.

Hoy vamos a comentar otro avance tecnológico de la mayor importancia, también en el ámbito de la medicina, como la semana pasada.

Ahora hablemos de los avances tecnológicos. Uno de nuestros mayores enemigos es el cáncer, el crecimiento desordenado de células que acaba desencadenando la muerte. Según vamos incrementando los años de vida, el cáncer va alcanzando mayor predicamento: la edad es la primera precondición para la prevalencia del cáncer. Hemos eliminado muchas de las enfermedades y síndromes que hicieron nuestra existencia individual más corta y ahora, la lucha esencial se desarrolla frente a los diversos tipos de cáncer, con independencia de su origen y etiología. Esta vez se trata de un fármaco.

Tenía previsto comentar algo sobre el 5G, pero lo dejo, pues ya hemos expuesto un par de asuntos referidos al poliedro chino en su enfrentamiento con el mundo. En su lugar y de manera mucho más concisa podemos observar a dónde nos llevan las mamarrachadas de origen. Lo escribe en su Blog el PadreJorge González Guadalix, sacerdote diocesano de Madrid.

Y termino con la frase de la semana, que esta vez está tomada de un tuit. Dice lo siguiente:

«¿Retirar estatua de Millán Astray? Bien.

¿Retirar la Cruz de Callosa? Bien.

¿Retirar la placa a los ocho carmelitas? Bien.

¿Retirar el busto del Rey Juan Carlos? Bien.

¿Retirar el busto de Abderramán III? ¡Fachas! ¡Abderramán III forma parte de nuestra historia!»

Un abrazo

José-Ramón Ferrandis Muñoz

CDC


[1] Quien posteriormente fue nombrado Secretario del Tesoro y Secretario de Estado.
[2] Boicotear: evitar relaciones comerciales o sociales con un país, organización o persona como castigo o protesta. El término viene del Capitán Charles Cunningham Boycott, quien como administrador de unas tierras en Irlanda se desempeñó tan lamentablemente que su entorno se negó a realizar operaciones con él.

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