LA CARTA DE LOS MARTES – 16 DE JULIO DE 2019

LA CARTA DE LOS MARTES – 16 DE JULIO DE 2019

La victoria de Las Navas de Tolosa fue definitiva. A partir de ella, los avances cristianos fueron constantes.

Carta de los martes del 16 de julio de 2019

Queridos amigos:

El 16 de julio de 1212 tuvo lugar un hecho fundamental en la Reconquista. La batalla de Las Navas de Tolosa, en las estribaciones de Despeñaperros, constituyó un hito comparable a Poitiers, a Viena, a Lepanto. En España quedó destrozado el intento almohade de hacerse con la Península Ibérica y después acaso con los restantes reinos cristianos de Occidente. Ya lo habían intentado hasta el 732 y sólo Carlos Martel los detuvo.

Y lo cierto es que en 1195 hubo un momento en que pareció que podría ser así. Ese año, las tropas almohades de Yusuf al Mansur o Yusuf II infligieron una severa derrota al ejército cristiano castellano al mando de Alfonso VIII de Castilla en el sitio de Alarcos, junto al Guadiana, en Ciudad Real. Esa derrota permitió a los almohades llegar hasta Toledo y conquistar Benavente y otras plazas, pero las muchas bajas sufridas por los vencedores aconsejaron a Yusuf II volver a Sevilla a recuperarse. Su ejército lo logró; él no, y murió al poco en territorio africano.

En 1198, los caballeros de la Orden de Calatrava recuperaron el Castillo de Salvatierra (Sierra Morena), pero lo perdieron de nuevo en 1211.

Desde Alarcos pasaron 17 años de dominio almohade en la zona. Cuando el nuevo Califa almohade Muhammad An-Nasir, (que ha pasado a la Historia como Miramamolín, deformación del título árabe Amir al-mu’minin o “príncipe de los creyentes”), decidió dar el golpe de gracia a una debilitada Castilla, armó un poderoso ejército, aparentemente imbatible, y se dirigió al norte amenazando con barrer todo a su paso.

Nuevamente estaba Alfonso VIII al frente de Castilla. Esta vez, más alarmado que nunca ante el poderío de las tropas almohades, pidió a Inocencio III Papa que declarara como Cruzada (1) el esfuerzo bélico por venir. Si inicialmente se sumaron Pedro II de Aragón y Sancho VII de Navarra, caballeros de Portugal y de León (sus respectivos reyes Alfonso II de Portugal y Alfonso IX de Leónrehusaron participar en el esfuerzo bélico por la existencia de conflictos entre sí y de ambos con Castilla) y fuerzas del resto de Europa, éstas retornaron casi en su totalidad a sus sedes prontamente. La razón  es con toda probabilidad que se hallaban molestas con la política de preservación de la vida de los vencidos que Alfonso VIII impuso tras las conquistas de los castillos de Malagón y Calatrava, aunque el calor reinante en las llanuras debió jugar un papel no menor. A las mesnadas transpirenaicas había que sumar tropas de las órdenes militares de Calatrava, de los Hospitalarios de San Juan, de Santiago y del Temple.

El grueso del ejército cristiano se puso en camino para afrontar su destino ante el  contingente almohade. Por y con fortuna, franquearon Despeñaperros y dieron la batalla en un lugar llamado Las Navas de Tolosa, en campo enemigo.  La superioridad numérica almohade, la ya lejana victoria de Alarcos y las tácticas antaño vencedoras de los africanos les hicieron confiarse. Pero las tropas cristianas habían aprendido de Alarcos y no se dejaron envolver. En un momento dado, los tres Reyes, liderados por Alfonso VIII se lanzaron la carga con los últimos recursos que les quedaban, rompiendo las líneas enemigas y poniendo en fuga al propio Califa.

La victoria de Las Navas de Tolosa fue definitiva. A partir de ella, los avances cristianos fueron constantes. Las conquistas de Córdoba, Sevilla y Cádiz en Occidente y Murcia en Oriente abocaron a la caída de Granada más de dos siglos después. El imperio almohade se derrumbó. Miramamolín fue asesinado (no llegó a cumplir los 40 años) en el Maghreb próximo al estrecho de Gibraltar.

La Reconquista entraba en su recta final y Europa se libraba por su sector occidental de la invasión del Islam. Otra cosa era lo que terminara pasando en el sector de la Cristiandad próximo al Imperio Otomano, pero esa es otra historia.

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La fertirrigación es una técnica de cultivo que permite la aplicación simultánea de agua y fertilizantes a través del sistema de riego. Aunque ha sido utilizada con éxito en las modalidades de riego por gravedad y aspersión, la fertirrigación es especialmente útil en el caso del riego localizado o por goteo. Este sistema se incardina en la tendencia hacia la intensificación, entendida como el nivel de inputs por unidad de superficie, con el objetivo de aumentar la productividad y la calidad de los productos agrarios en un escenario de restricciones autoestablecidas de nuevos terrenos.

Las ventajas de los métodos de fertirrigación sobre los cultivos convencionales por goteo son casi incontables, pero las contaremos:

  • Mejor absorción de los nutrientes por las plantas.
  • Reducción hasta cero del despilfarro de nutrientes y agua por microdosificación.
  • Evitación de lixiviados y contaminación asociada.
  • Reducción de las cantidades de fertilizantes, químicos y agua necesarias.
  • Reducción adicional del agua por la mayor capacidad de las raíces de captarla y utilizarla. El agua y los nutrientes quedan perfectamente localizados en la zona de absorción de las raíces.
  • La aplicación de nutrientes se controla en tiempo y cantidades precisas.
  • Reducción de riesgo de enfermedades vía suelo.
  • Reducción de la erosión. Se pueden establecer diferentes planes de fertilización en consonancia con el estado fenológico del cultivo o en función de las curvas de absorción de los nutrientes.
  • Posibilidad de corregir rápidamente cualquier deficiencia nutritiva del cultivo.
  • Incremento de la utilización de aguas de baja calidad agronómica (conductividad eléctrica superior a 3 dS/m).
  • Mayor control sobre el cultivo. Es posible aumentar o disminuir la velocidad de crecimiento de éste.

Todas las ventajas anteriores redundan en un uso más racional del agua y los fertilizantes y sobre la capacidad productiva del cultivo, que estadísticamente sobreduplica producciones con reducciones de inputs superiores al 100%. A ello se añade un mínimo impacto ambiental.

¿Y por qué os cuento todo esto? Porque los avances técnicos son tan importantes como los tecnológicos y los científicos a la hora de mejorar nuestras condiciones de vida y trabajo. Es la ciencia, la técnica y la imaginación del ser humano organizado en empresas quienes nos llevan a un mundo cada vez mejor, mal que les pese a los agoreros y falseadores de turno, que tanto se hacen notar.

Por ejemplo, unos estudiosos de la Universidad de Minnesota tiran de modelos complejos para asegurar que es el cambio climático quien ha producido un descenso en un período dado en la producción de determinados productos agroalimentarios, en distintos países del mundo, incluidos algunos del subcontinente africano. Eric Worrall, el autor del artículo que sigue a estos párrafos, quedó intrigado por la nula mención de los autores del análisis a los profundos cambios políticos en Zimbawe, que sin duda – está perfectamente documentado – son responsables de las caídas en la producción, como quienes nos ocupamos desde hace tiempo del análisis riesgo-país en África Negra sabemos bien. No corto ni perezoso, Worrall incorpora un gráfico que disipa toda duda al respecto. Vean todo ello a continuación.

No hay que remontarse mucho en el tiempo para discernir que son las políticas de discriminación en la República Sudafricana las responsables de las caídas en las producciones y el PIB de ese país, pero no vamos a alargarnos más.

***

Como frase para hoy tenía preparada la de la colíder de Los Verdes alemanes, Annalena Baerbock. Esta ciudadana europea manifestó en rueda de prensa que los fuertes temblores que aquejan a la Canciller Angela Merkel se debían al cambio climático. Tal cual. Ellos son así. Pero como no quiero acabar la carta con este tipo de manifestaciones, me permito transcribir parte de un magnífico discurso del Presidente Donald Trump datado en febrero de 2019. Dice así:

El socialismo promete prosperidad, pero produce pobreza.

El socialismo promete unidad, pero produce odio y discordia.

El socialismo promete un futuro mejor, pero siempre vuelve a los capítulos más oscuros del pasado. Nunca falla. Siempre pasa lo mismo.

El socialismo es una ideología triste y desacreditada, arraigada en la más completa ignorancia de la historia y la naturaleza humanas, razón por la cual el socialismo siempre aboca a la tiranía. Y la consigue.

Los socialistas profesan amor por la diversidad, pero siempre insisten en la más absoluta conformidad. Sabemos que el socialismo no va de justicia, no va de igualdad, no trata de mejorar la condición de los pobres. El socialismo sólo busca una cosa: poder para la clase dominante. Y cuanto más acumulan, más quieren. Quieren controlar la sanidad, el transporte, las finanzas; quieren manejar la energía, la educación. Lo quieren todo. El poder para decidir quién gana y quién pierde; quién está arriba y quién está abajo; qué es cierto y qué es falso e incluso quién vive y quién muere. … No hay nada menos democrático que el socialismo. Allá donde aparece, el socialismo avanza bajo la bandera del progreso. Pero al cabo sólo ofrece corrupción, explotación y decadencia.

El discurso es más largo pero esta muestra basta para ver con claridad por qué los socialdemócratas occidentales de todos los partidos odian al 45º Presidente de los Estados Unidos. Los ha calado.

Un abrazo

José-Ramón Ferrandis Muñoz


(1) Eso implicaba que todas las fuerzas militares de la Cristiandad quedaban involucradas.

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