LA CARTA DE LOS MARTES – 3 DE SEPTIEMBRE DE 2019

LA CARTA DE LOS MARTES – 3 DE SEPTIEMBRE DE 2019

Las colonias británicas que se independizaron de Gran Bretaña constituyeron el primer sistema político de carácter liberal y democrático en la Historia, dando lugar a una nueva nación, los Estados Unidos de América.

Carta de los martes del 3 de septiembre de 2019

Queridos amigos:

El 3 de septiembre del año 1783 finalizó formalmente la Guerra de la Independencia de los Estados Unidos con la firma del Tratado de París. Intervinieron, por una parte, el Reino Unido de la Gran Bretaña y por otra, los Estados Unidos de América. Firmaron David Hartley, miembro del Parlamento británico, en nombre de Su Majestad el Rey de Gran Bretaña, Irlanda y Hannover, Jorge III , y John Adams, Benjamin Franklin y John Jay por las trece colonias británicas emancipadas y convertidas en el embrión del más poderoso Estado que han visto los siglos … hasta el momento.

El tratado fue ratificado por el Congreso de la Confederación el 14 de enero de 1784, y el 9 de abril de ese mismo año por el Parlamento británico.

El Reino Unido firmó además acuerdos separados con España, Francia y los Países Bajos, ya negociados con anterioridad. Esos tres países colaboraron con las trece colonias enfrentándose con el Reino Unido, con quien mantenían diferencias. Francia había perdido la Guerra de los Siete años (1756-1763), y España se enfrentaba por Gibraltar, Menorca, Centroamérica y partes del territorio continental de los futuros EEUU. Los Países Bajos estaban guerreando con la Gran Bretaña por sus posesiones en Asia. Por estas razones, la Guerra de la Independencia norteamericana se dirimió en distintos escenarios: el  Este de América del Norte, Gibraltar, las Islas Baleares, el subcontinente indio, partes de África, las aguas costeras europeas, el Mar Caribe y los Océanos Atlántico e Índico.

Las colonias británicas que se independizaron de Gran Bretaña constituyeron el primer sistema político de carácter liberal y democrático en la Historia, dando lugar a una nueva nación, los Estados Unidos de América.

La guerra empezó en 1775 entre las trece colonias británicas en América del Norte contra el Reino de Gran Bretaña y finalizó con la derrota británica en la batalla de Yorktown. El desencadenante fue el conjunto de medidas represivas del gobierno inglés aplicadas tras sublevaciones como el Motín del té (Boston Tea Party) y las subsiguientes sanciones a través de las llamadas Leyes Intolerables. La causa inmediata de este conflicto fue el trato que Gran Bretaña infligía a los colonos, quienes aportaban riquezas e impuestos a la metrópoli pero no decidían sobre dichos impuestos, por lo que se sentían marginados. Su lema, representativo de este estado de cosas, era No taxation without representation.

En 1774 se reunió el Primer Congreso Continental de los colonos en contra del sometimiento a Londres y a favor de una patria independiente. En mayo de 1775, un Segundo Congreso Continental asumió funciones de gobierno nacional.

El 2 de julio de 1776, el Congreso resolvió que las Colonias Unidas eran estados libres y soberanos. Finalmente, el 4 de julio de 1776, 56 congresistas estadounidenses aprobaron la Declaración de Independencia de los Estados Unidos.

La guerra parecía inevitable, pues Jorge III no contemplaba alternativas y los partidos en el Parlamento no planteaban otra opción.

Aparentemente, el enfrentamiento militar favorecía a la metrópoli: gran potencia mundial, once millones de habitantes (los dos millones y medio de colonos en Norteamérica estaban divididos, hasta el punto de enfrentarse con las armas, y un 20% eran esclavos), la mayor armada del mundo y un ejército profesional con hasta 50.000 soldados (y 30.000 mercenarios alemanes) en Norteamérica. Sus desventajas no eran menores, empero.

Gran Bretaña tenía que gestionar la guerra desde 5.000 kilómetros de distancia de los campos de batalla norteamericanos. La logística no era la de nuestros días. Además, el territorio norteamericano era físicamente inconquistable por su extensión[1]. No existían centros militares ni políticos decisivos. El ejército norteamericano tendía a no presentar batalla abierta y el británico no se había enfrentado nunca a la guerra de guerrillas, que contaba con un apoyo generalizado por parte de la población. Los británicos no comprendieron nunca a qué se enfrentaban.

Los rebeldes, por su parte, contaban con menos de cinco mil efectivos, más las milicias estatales de tamaño y preparación distintas entre sí. Estaban mandados por oficiales no profesionales y sin experiencia. Conocían el terreno a la perfección y fueron ganando capacidad según avanzaba el enfrentamiento. La importancia del objetivo por el que se libraba la guerra acabó siendo el factor decisivo.
En octubre de 1777 un ejército británico se rindió en Saratoga, al norte del estado de Nueva York. Ese fue el punto de inflexión de la Guerra y el principio del fin de la presencia británica en territorio norteamericano.

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Cambio de tercio. El lenguaje de la tauromaquia, ya saben.

Los avances tecnológicos se materializan a menudo en el área de la medicina, donde son muy valorados, sobre todo cuando permiten superar situaciones que antes de su llegada abocaban a una más rápida muerte del enfermo, en este caso por razón de progeria, enfermedad que provoca un envejecimiento enormemente acelerado durante la infancia de algunas personas.

No hace siquiera dos meses fuimos sorprendidos (los ignorantes, quiero decir) con el relato de una investigación de la Universidad de Oviedo. Experimentos realizados con ratones afectados por progeria mostraban un incremento en la expectativa de vida de éstos de hasta un 13,5% siempre que se les suministraran por vía oral dosis de una bacteria probiótica, la Akkermansia muciniphila[2] extraída del intestino de ratones sanos.

De momento hablamos de ratones. Mas todo se andará. Repoblar la flora intestinal puede ser una herramienta para enfrentarse a las consecuencias del envejecimiento humano. Enfermedades cardiovasculares y pérdida de funciones asociadas a disfunciones cerebrales son las más comunes de la vejez.

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La frase de hoy es de J [3]. Budziszewski, especialista en ética y filosofía política, sobre todo en su interacción con la religión y la teología. Nacido en 1952 en Milwaukee, Wisconsin (Estados Unidos) es profesor de Gobierno y Filosofía en la Universidad de Texas (en Austin) desde 1981. Está especializado en la fundación de los EEUU y en la tradición de la Ley Natural en Santo Tomás de Aquino.

Ha escrito más de 30 libros y multitud de artículos sobre el cristianismo. Primero ateo, luego cristiano evangelista, Budziszewski se convirtió al catolicismo en 2004.

Tras graduarse en 1970, Budziszewski comenzó sus estudios en la Universidad de Chicago, centro que gozaba de una gran reputación como nido izquierdista, pues la actividad política de Budziszewski era de ese orden. A los dos años dejó la Universidad para convertirse en soldador, o como él mismo aclaró, en un miembro activo del proletariado. Tras unos años trabajando en los astilleros de Tampa (Florida) decidió volver a la Universidad, donde obtuvo sus títulos. El Grado en Letras lo ganó en la Universidad de South Florida, su Master en la Universidad de Florida y su Doctorado en Yale University.

«Mi enfoque académico es el fundamento ético de la política. Eso no quiere decir que los políticos sean virtuosos. Significa que las alternativas entre correcto o incorrecto, bueno o malo, son inseparables de la vida política. Así que, entre otras cosas, que los políticos y los ciudadanos sean o no virtuosos es importante y supone una diferencia esencial».

Saludos

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[1] Esa es una constante en la Historia. Recuérdese la campaña de las tropas napoleónicas en Rusia o la Operación Barbarroja de una Wehrmacht reputada de invencible.

[2] Akkermansia muciniphila es una especie de bacteria tipo para un nuevo género, Akkermansia, que es propia del ser humano y se ocupa de degradar la mucina intestinal.​ Se están realizando profundas y extensas investigaciones para establecer su asociación con obesidad, diabetes, inflamación, cáncer y ELA. El aumento de los niveles de Akkermansia muciniphila en ratones parece aumentar su respuesta a la inmunoterapia. Los investigadores comprobaron que Akkermansia muciniphila producía nicotinamida, que cuando se inyectaba en ratones enfermos mejoraba su condición. Este producto químico podría estar implicado en la reducción al mínimo del estrés oxidativo así como en la preservación de la función neuronal sana durante más tiempo del habitual en ausencia de nicotinamida.

[3] J. es J.. Tras una búsqueda agotadora, no he podido dar con el significado de esa J. Entiendo que el Doctor Budziszewski desea precisamente eso.

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