DEL ‘ACHESINO’ GUEVARA

Existe mucho material acerca de esa poderosa y «fría máquina de matar» en la que se convirtió este monstruo símbolo omnipotente de la izquierda y tan amado por ella, que exigía que sus secuaces y los militantes comunistas se convirtieran, por supuesto al igual que él, en esa «fría máquina de matar».

Artículo de Zoe Valdes, publicado en Libertad Digital

Del aChesino Ernesto Guevara de la Serna ya hay poco que decir, aunque cada año, alrededor de estas fechas, debamos refrescar la memoria de los nostálgicos del horror guerrillero y terrorista, como es el caso de Pablo Iglesias y compañía, dentro de Unidas Podemos.

Casi todo se ha dicho, en efecto, como en este documental de Luis Guardia, producido por Pedro Corzo, titulado Guevara: anatomía de un mito, donde historiadores, personas que frecuentaron al Che durante la lucha armada y familiares de las víctimas del argentino que más cubanos asesinó con el cañón en la nuca manifiestan sus puntos de vista.

A esos testimonios súmenle los del documental del realizador exiliado cubano Agustín Blázquez: Guevara: el verdugo de Castro, el libro El canalla, del investigador argentino Nicolás Márquez, entre otros… Existe mucho material acerca de esa poderosa y «fría máquina de matar» en la que se convirtió este monstruo símbolo omnipotente de la izquierda y tan amado por ella, que exigía que sus secuaces y los militantes comunistas se convirtieran, por supuesto al igual que él, en esa «fría máquina de matar».

Reconocido homófobo y racistaen sus propias palabras, no sólo se burlaba de los africanos, tildándolos de gente sucia y vaga, además odió y despreció desde lo más profundo de sus entrañas a los homosexuales, lo que hizo que enviara a una enorme cantidad de cubanos desviados (así se les llamó en la época a los homosexuales) a campos de concentración bajo las siglas de las UMAP (Unidades Militares de Apoyo a la Producción), tampoco dudaba en comentar por carta a su padre que la sola visión de la tortura y de la sangre le provocaba placeres inimaginables e insuperables.

Pese a estas y otras confesiones, estos hechos incuestionables, el guerrillero y para nada pacifista de izquierdas Guevara, el de «fusilaremos y volveremos a fusilar«, cuyo discurso en la ONU ha sido citado hasta en una canción de Gotan Project resaltando lo de «queremos paz» y obviando con toda intención este fragmento donde el argentino conmina a seguir fusilando, ha sido siempre muy bien tratado por políticos en general, tanto de izquierdas como de derechas, así como por artistas internacionales, modistos, creadores, homosexuales y hasta actrices afronorteamericanas, como ha sido el caso reciente de Lupita Nyong’o; llegándolo a comparar con la figura de Marilyn Monroe. Lo que no sólo es un insulto a la belleza del ícono hollywoodiense, además lo es a la idea del placer y de la limpieza que asistía a la rubia vaporosa. Si bien Marilyn declaró que dormía arropada solamente con el aroma de Chanel Nº 5, los que conocieron al Che han declarado en innumerables ocasiones que el mal olor que emanaba de su cuerpo no se podía aguantar ni a varios metros de distancia. Fue confirmado por uno de sus fotógrafos oficiales, que afirmó que cuando debía hacerle una foto cercana al rostro prefería insertar el lente más largo que tuviera a la cámara para evitar la pestilencia guevarista.

Es cosa de gente muy estúpida o muy poco informada, de gente muy rastrera y de una bajeza sin igual, que hoy algunos africanos y homosexuales vayan por el mundo ostentando la imagen de este criminal en sus vestimentas y atuendos, e incluso lo citen como referencia democrática. Pero lo es más que todavía existan coterráneos que comenten a favor de uno de los más altos responsables del exterminio cubano bajo Castro, de la destrucción de su economía, y de ese país.

El Che Guevara no fue más que un fracasado en todo, para parafrasear a Jean-François Fogel: un médico que no ejerció, un padre que abandonó a sus hijos, un esposo que abandonó a su esposa, un ministro de industria que destruyó la industria, un revolucionario sin revolución propia, y finalmente un guerrillero que acabó atrapado en su propia ideología del terror, de la violencia, de la tortura y de la muerte

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