LA CARTA DE LOS MARTES – 15 DE OCTUBRE DE 2019

LA CARTA DE LOS MARTES – 15 DE OCTUBRE DE 2019

No era Toda Aznárez persona que aceptara una derrota, así que volvió a dirigirse a Abderramán III. Le pidió dos cosas: apoyo militar y una solución para la obesidad de Sancho I. Lo hizo en una visita a Córdoba, en el 958, acompañada de su nieto.

Queridos amigos:

El 15 de octubre del año 958 murió Doña Toda de Navarra, personaje absolutamente extraordinario de la antehistoria de España y de la historia de Navarra.

Toda Aznárez (2 de enero de 876) era hija del conde Aznar Sánchez de Larraún y de Oneca Fortúnez y nieta de Fortún Garcésrey de Pamplona. Fue reina consorte de Pamplona por su matrimonio con Sancho Garcés I de Pamplona (905-925), que era miembro de la dinastía Jimena.  Así se vincularon dos de los grandes linajes navarros de la Alta Edad Media.

De su matrimonio con el rey Sancho nacieron siete hijos. Ese gran activo le permitió tejer una estrategia de alianzas matrimoniales cuya influencia sobre los reinos de León y de Castilla fue capital. Ella diseñó la política exterior de Navarra, en su tiempo y mucho más allá. Sus hijos fueron:

Fue reina regente de su único hijo varón tras la muerte del Rey en 925.

Mantuvo relaciones cambiantes con Abderramán III (912-961). En 934, el andalusí realizaba una razzia hacia Pamplona. Doña Toda apeló a su relación de parentesco (Abderramán III era sobrino carnal suyo, como nieto de su madre Oneca que era) para que el invasor declarara la paz y volviera grupas. Abderramán exigió que la reina Toda se presentara en Calahorra. Y allá que fue Toda con su séquito. Rindió vasallaje a Abderramán III, acordó un tratado de no agresión con el futuro califa y éste invistió al hijo de Toda, García Sánchez I de Pamplona, como rey de Pamplona.

En 937, Abderramán III lanzó otra aceifa desde Uncastillo hasta Tafalla. Toda de Navarra contratacó en el 939, junto con su yerno Ramiro II, y venció al ejército agresor en Simancas (Valladolid).
Al morir en 951 Ramiro II de León, Toda Aznárez intervino en la sucesión del trono leonés apoyando a su nieto Sancho I el Craso (956-958 y 960-966), hijo de Ramiro II y de su hija Urraca, frente a Ordoño III, su hermanastro. Sancho, apodado el Craso por su enorme sobrepeso, no era del agrado de los nobles leoneses y castellanos. Fue destronado por Fernán González y los nobles leoneses, quienes nombraron nuevo rey a Ordoño IV (958-960).

No era Toda Aznárez persona que aceptara una derrota, así que volvió a dirigirse a Abderramán III. Le pidió dos cosas: apoyo militar y una solución para la obesidad de Sancho I. Lo hizo en una visita a Córdoba, en el 958, acompañada de su nieto. Obtuvo ambas, si bien Sancho hubo de entregar diez fortalezas defensivas en la línea del Duero, lo que permitió al califa entrar fácilmente en el Reino de León y conquistar Zamora y León. A cambio, Sancho obtuvo el trono y perdió peso, mucho peso. Es esa una historia peculiar, que otro día les contaré.

La presencia de Toda en la embajada navarra a Córdoba es la última noticia que se tiene de ella. Su sencillo sarcófago se encuentra en el atrio del monasterio de Suso, que en la época pertenecía al Reino de Pamplona.

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El pim pam pum se ha detenido hace tiempo. Resulta que los tiradores asesinos más recientes de la historia norteamericana, esos que disparan sin más contra ciudadanos en cualquier entorno desprotegido, no eran gentes pro-Trump, sino ecoterroristas. Resulta que son seguidores de la Iglesia de la Calentología. Así que el conjunto de medios del mundo (todos juntos y en unión), tras unos inicios tramposos como suelen (en los que imputaban sin información ni pruebas afinidad con Donald Trump de los asesinos), ha decidido tapar la cosa, no vaya a ser que se pueda acusar a la nueva Religión de albergar criminales en sus filas… ¡Qué miseria, oiga!

Tener al enemigo en casa es bien incómodo, incluso insoportable; financiarlo es propio de gentes que no valoran los recursos públicos como si fueran propios. Y no es el presidente Trump alguien que se pare en barras cuando hay que resolver un problema largamente enquistado.

Muy recientemente ha expresado su hartazgo (que muchos analistas comparten pero ocultan) con la inacción, la inconsecuencia y la impotencia en que se encuentra la OMC[1], fundamentalmente, aunque no solo, tras el fiasco chino consecuencia de sus incumplimientos sistemáticos de las obligaciones contraídas.

El Presidente ha dicho lo siguiente.

Hay muchas vestiduras rasgadas entre los biempensantes de todos los partidos. Pero en realidad están muy solos, empezando por los seguidores del Partido Demócrata. Sus fracasos son constantes. Véase este ejemplo, extraído de entre noticias que nos brindan los medios cada día. En la foto de Reuters que aparece en el enlace más abajo se ve a 14 personas (se las puede contar fácilmente) y se intuye alguna más. Parece evidente que, por pura lógica manipulatoria, los divulgadores de la protesta exhibirían la manifa más nutrida, por aquello de enmascarar el magro resultado de sus esfuerzos. Esta es la mejor que han encontrado. Bueno, pues (entiendo que traduciendo del original norteamericano) el titular de El Mundo dice que son miles de manifestantes – sin más precisión, inverosímilmente – en las 400 ciudades de los EEUU que mencionan.

Si en las escaleras del edificio que alberga el Tribunal Supremo en Washington D.C. hay apenas 15 personas (aunque se reclamen cientos), en cada una de las 400 ciudades (no las hay en los EEUU, pero esa es otra historia) mencionadas, la asistencia será sin duda menor. La deliberadamente imprecisa referencia a miles de manifestantes se debilita hasta la irrisión.

Estas groseras exageraciones de los detractores del presidente Trump, que explican su victoria de hace tres años y anticipan la siguiente si nada obsta, ponen de relieve la indigencia mental de organizadores y voceros progresistas y su sistemático recurso a la mentira, que como ustedes saben, es un arma revolucionaria.

Y ya que estamos en Norteamérica, vamos a ver un maravilloso ejemplo de solidaridad que aconteció en el 11 de septiembre de 2001 como consecuencia de las graves alteraciones de tráfico aéreo que tuvieron lugar tras el atentado en las Torres Gemelas y el Pentágono.

Gander es una pequeña población canadiense. Cuando las autoridades federales norteamericanas cerraron el espacio aéreo, 258 vuelos ya no podían regresar a origen y hubo de buscárseles un aeropuerto para aterrizar. Para los aviones grandes, eso era muy difícil, pues necesitaban una pista suficientemente larga. Solo quedaban disponibles para acogerlos los aeropuertos de Halifax (una ciudad de 400.000 habitantes) y de Gander (10.000). Y allá que fueron para evitar un accidente fatal. No se trataba sólo de aterrizar. Es que luego no podrían despegar, porque el espacio aéreo seguía cerrado, así que hubo que buscar instantáneamente acomodo para 40.000 personas. De esas 40.000, 6.700 iban a estar en Gander. Ni pensar en habitaciones de hotel o albergues suficientes. Un problemón. Las autoridades de la ciudad pidieron ayuda. ¿La obtuvieron? Vean lo que pasó.

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La frase de hoy es de una inmigrante (ya saben, hay inmigrantes y emigrantes. Una persona inmigra cuando llega a un nuevo país. Ha emigrado desde el suyo) rusa, Alissa Zinóvievna Rosenbaum, nacida en San Petersburgo en 1905. Llegó a los EEUU en 1926. Escribió varias obras, de entre las cuales la más famosa es Atlas Shrugged (1950), traducida como “La rebelión de Atlas”. En ella se encuentra esta frase (escrita en 1950, no lo pasen por alto):

“Cuando advierta que para producir necesita obtener autorización de quienes no producen nada; cuando compruebe que el dinero fluye hacia quienes trafican no bienes, sino favores; cuando perciba que muchos se hacen ricos por el soborno y por influencias más que por el trabajo, y que las leyes no lo protegen contra ellos, sino, por el contrario, son ellos los que están protegidos contra usted; cuando repare que la corrupción es recompensada y la honradez se convierte en un autosacrificio, entonces podrá afirmar, sin temor a equivocarse, que su sociedad está condenada”
Esta escritora es más conocida por el seudónimo que adoptó: Ayn Rand.

Saludos


[1] Organización Mundial de Comercio (1995), entidad sucesora del GATT (1947), General Agreement on Trade and Tariffs, largamente responsable del desarme arancelario general que trajo la prosperidad a las naciones de Occidente  … y luego a todas las demás que se incardinaron en el proceso de globalización.

Saludos

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