LA CARTA DE LOS MARTES – 19 DE NOVIEMBRE DE 2019

LA CARTA DE LOS MARTES – 19 DE NOVIEMBRE DE 2019

Lo cierto es que cuando Aragón dio la batalla de Alcoraz se jugó su futuro a una carta. Y ganó. Pedro I entró victorioso en Huesca y permitió que la población musulmana permaneciera en ella, conservara propiedades, religión y autoridades. No fue el primer caso, no fue el último.

Carta de los martes del 19 de noviembre de 2019

Queridos amigos:

El 19 de noviembre del año del Señor 1096, Pedro I, Rey de Aragón y de Navarra vencía a los ejércitos coaligados de Al-Mustaín II de Zaragoza y de Alfonso VI de León. La victoria fue en Alcoraz pero el botín fue la ciudad de Huesca, reconquistada para siempre.

No fue cosa de un día. Sancho Ramírez, padre de Pedro I e hijo de Sancho III de Pamplona, había iniciado años antes reiterados asedios a la ciudad para conocer sus debilidades y para minar sus defensas. En uno de ellos (1094), murió asaeteado, aunque no antes de crear un verdadero pequeño estado a los pies del Pirineo. Pero la estrategia estaba clara y Pedro I, su primogénito, continuó la labor, para la que su experiencia guerrera le fue de extrema utilidad.

En el mes de junio de 1096 comenzó el asedio a Huesca desde el campamento radicado en el Castillo de Montearagón, fortaleza construida por Sancho Ramírez desde 1086. La idea era rendir la plaza por hambre.
Huesca dependía de la taifa zaragozana. Y Zaragoza pagaba tributo a León (ergo en caso de guerra, debía ser defendida por ese Reino cristiano). Estaba claro, pero la apuesta por Huesca, que daba al Reino de Aragón entidad superior y acceso al llano, era demasiado importante como para abandonar por una alianza, siempre cambiante. Eso sí, la fortaleza del enemigo debía ser superada. Y en buena hora, porque las circunstancias en que se dio el combate eran complicadas. En aquel momento, Aragón estaba en una tesitura compleja: por poniente, Castilla empezaba a ser fuerte y tendía a expandirse. Por el sur, los almorávides habían llegado a la Península en número y poder militar considerable. Por levante, el conde de Barcelona intentaba ampliar sus dominios terrestres hacia el interior.

Así que el rey Pedro pidió ayuda al Vaticano, lo que propició la llegada de algunas (escasas) tropas cruzadas. Enfrente, los ejércitos de Zaragoza y el destacamento de Castilla/León, comandado por los dos únicos condes que se prestaron, García Ordóñez de Nájera y Gonzalo Núñez, primer señor de la Casa de Lara.

Con todo ello, la batalla se dio justo al lado de la ciudad. Fue una victoria cristiana sobre el moro y su aliado cristiano. Huesca devino capital y sede episcopal. Con la ciudad vino el control de la región y de sus fértiles tierras. Eso dio solidez y proyección al Reino de Aragón, que 25 años más tarde conquistó Zaragoza, Tarazona, Calatayud y Daroca. En la práctica, la victoria de Alcoraz dio paso al gran Reino de Aragón que, en su momento, alumbró España de la mano de Castilla. Pero esa es otra historia.

Lo cierto es que cuando Aragón dio la batalla de Alcoraz se jugó su futuro a una carta. Y ganó. Pedro I entró victorioso en Huesca y permitió que la población musulmana permaneciera en ella, conservara propiedades, religión y autoridades. No fue el primer caso, no fue el último, al ser del de Zaragoza mucho más sonado. Magnánimos en la victoria. Eso se daba poco – pero que muy poco – en el bando contario. Eso sí, echándole imaginación, seguro que las cosas se igualan. Un poco de memoria histórica y a correr.

Hablando de imaginación, dícese que, en el fragor de la batalla de Alcoraz, un caballero hizo aparición en la refriega. Iba vestido de blanco, con una cruz en el pecho. A la grupa de su caballo iba otro jinete de idéntico aspecto que había perdido su montura. Su presencia y energía enardecieron a los aragoneses, quienes definitivamente decidieron la batalla a su favor. El caballero era San Jorge, desde entonces santo patrón de Aragón. El hombre a su grupa, un caballero germano, descabalgado en Antioquía y recogido en combate por San Jorge, quien se translocó[1] a Alcoraz sin más espera.

Por cierto, igual se da la circunstancia de que usted, lector, sabe cómo se llama el estadio en el que el Huesca Club de Fútbol juega sus partidos de casa. Y hasta conoce el diseño de la segunda equipación (camiseta, para entendernos) del equipo. ¿No?

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El 29 de octubre de 2019 salió publicado un artículo en el Economista. Su título lo hacía apetecible: “La revolución del fracking convierte al petróleo barato en un peligro para la economía de (los) EEUU”.

Ni corto ni perezoso, me puse a su lectura. Y no. No era apetecible. No es apetecible. Sobre todo, porque el título no se compadece con el contenido. Este es un asunto de común acontecer. En las escuelas de Periodismo se subraya la conveniencia de preparar un titular impactante, y es correcto. Pero además (supongo que esto también lo enseñan), el titular debería estar en línea con el contenido. Y si hay contradicción, que prevalezca el segundo, ¿no? Pues va a ser que no.

Y en este caso no lo está. No, el petróleo barato[2] no es un peligro para la economía de los EEUU. Si acaso, lo será para la de aquellos países que deben la mayor parte de sus ingresos en divisas a la exportación de crudo. El monocultivo, es lo que tiene.

El fracking existe conceptualmente y en pequeños casos prácticos desde mediados del Siglo XX (1948), aunque solo hace una década se ha revelado como una eficiente manera de extraer masivamente petróleo y gas de las rocas de esquisto. Tanto, que la dependencia de la OPEP (un cártel indeseable, no lo olvidemos y digámoslo; como todos los cárteles, no hagamos distingos). Los últimos datos de que dispongo afirman que el coste marginal de extracción y puesta en el mercado del crudo origen fracking está en los $ 47/barril.

Eso quiere decir que, según los datos del propio articulista, si el West Texas cotiza a 55, quedan 8 dólares de beneficio unitario. Pas mal. ¿Significa esto que va a caer la inversión en el sector, como asegura? De ninguna manera. Lo que no hará será aumentar, pero tampoco caerá. Nadie desinvierte en el fracking. Se cierra la explotación cuando el precio marginal alcanza el coste marginal (más o menos, no nos pongamos teóricos) y a esperar que suban los precios, momento en el que se reinicia la producción. Esto es siempre así. Las peculiaridades de la explotación vía fracking lo permiten. Y ojo, que el informe de UBS en el que se basa todo el artículo de El Confidencial no dice que la inversión vaya a caer, sino que “la actividad se reduce rápidamente”. Y eso sí es cierto, tanto más rápido cuanto más caiga el precio del petróleo por debajo del punto de equilibrio. Ojo a las interpretaciones de los arúspices, que con frecuencia se convierten en más papistas que el papa.

Lo único que se pierde son salarios. La economía se ve favorecida por los bajos precios de la energía, que hacen más eficientes las producciones en conjunto. Habría que hacer un análisis dinámico de toda la economía, pero así, a bote pronto, no cuela. Y no cuela porque la economía de los EEUU está en pleno empleo.

¿Sería mucho pedir que se deje de utilizar esa parida (perdón, quise decir hipérbole) de “la tormenta perfecta” para definir nubarrones en lontananza? Hace décadas hubieran dicho eso de “la madre de todas las tormentas”, pero ya casi nadie se acuerda de Saddam Hussein. Pelín de variedad, oiga.
Y en general, mientras el balance comercial global en los EEUU caiga del lado de las importaciones, un descenso de los precios del crudo siempre será beneficioso para su economía en términos globales y agregados.

Hago una excepción a mi inveterada costumbre de no sacar en la carta temas actuales, pero esta vez no sigo ese patrón.

Tras las elecciones del 10 de noviembre pasado, una noticia breve pero intensa salió a las páginas de la prensa electrónica. Es esta.

Con estos bueyes hay que arar, a lo que parece. Estos son los muy tolerantes y demócratas representantes de la izquierda. En este caso, republicana. Y catalana. Así nos va.

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El avance tecnológico de hoy tiene que ver con la física cuántica. Al parecer, Google ha construido un ordenador cuántico de 53 qbits[3]. La entrevista con el catedrático de Física Teórica de la Universidad de Barcelona José Ignacio de la Torre es buena y constituye la base de este enlace. Vale que, de momento, el ordenador de Google no sirve para nada concreto, pero servirá. Por cierto, vaya desliz el suyo: “Por primera vez estamos llegando a ver un nivel de avance tecnológico espectacular en manos privadas[4]. Hay un peligro ético con respecto a cómo va a ser utilizado, con quién, para qué, con qué aplicaciones, con qué supervisión – si es que hay alguna – y con qué sesgos”. O sea, que el Estado no tiene sesgos, no se ha deslizado por las simas de abyección más tremendas a lo largo de la Historia, no ha empezado guerras, ni generado hambrunas, ni destrucción, ni crímenes masivos, ni genocidios… . Como se puede ver, ser catedrático de Física Teórica no vacuna a uno contra desbarrar a modo. Y ojito con él que el artículo está trufado de errores históricos y de opinión, pero en todo caso, es interesante desde la perspectiva de la física cuántica. Léanlo si les place.
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La frase de hoy es apócrifa. La leí en las redes sociales hace un tiempo y la guardé para despertarles la misma sonrisa tontaina que me mereció. Es una muestra de la gracia inmarcesible[5] del pueblo español, que tantos registros domina a la vez. Es así: “Estoy que no me lo creo … . ¡En el Restaurante de IKEA me han dado la nata montada!

¿A que es una chorradilla deliciosa?

Bueno, ustedes perdonen la excursión. De vez en cuando no viene mal.

Saludos


[1] Término en desuso, ciertamente.
[2] ¿Qué será eso del “petróleo barato”? ¿Y el “caro”? La precisión siempre es deseable en estos ámbitos.
[3] Qbit o bit cuántico. Del inglés, sin traducir la primera letra, lo que lo dejaría en cúbit. El cúbit es la unidad mínima constitutiva de la teoría de la información cuántica. Es un concepto fundamental para la computación cuántica. Es el análogo cuántico del bit en informática. Para una vez que puedo sin reparos enlazar con Wikipedia, ese engendro, lo hago. Es apasionante. https://es.wikipedia.org/wiki/C%C3%BAbit
[4] Lo que es rotundamente falso, por cierto.
[5] Otro palabro, que lamento caiga en desuso. Y es que hoy en día todo se marchita rápido.

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