LA CARTA DE LOS MARTES – 04 DE FEBRERO DE 2020

LA CARTA DE LOS MARTES – 04 DE FEBRERO DE 2020

Los protagonistas en Yalta fueron Franklin Delano Roosevelt por los EEUU, Josif Visarionovich Djugashvili (alias Stalin) por la URSS y Winston Churchill por el Reino Unido de la Gran Bretaña.

La Carta de los Martes del 4 de febrero de 2020

Queridos amigos:

El 4 de febrero de 1945 comenzó la Conferencia de Yalta, celebrada en la ciudad del mismo nombre, situada en Ucraina, entonces dentro de la URSS. Su importancia es capital, pues entre esa reunión y la subsiguiente en Potsdam[1] (Alemania ocupada, sector soviético) se estableció el reparto del mundo en áreas de influencia. Ese reparto duró al menos hasta finales de 1989 y desde entonces no ha hecho sino perder vigencia, pero la de Yalta fue una reunión cuyas decisiones se mantuvieron durante 46 años, lo que la cataloga de trascendente. De histórica. Yalta siguió a cuatro que tuvieron lugar previamente en Moscú (entre 1941 y 1945), la de Casablanca[2] (1943), otra en El Cairo[3] (1943) y la de Teherán (1943), ésta ya con los tres protagonistas que vamos a ver.

Los protagonistas fueron Franklin Delano Roosevelt por los EEUU, Josif Visarionovich Djugashvili (alias Stalin) por la URSS y Winston Churchill por el Reino Unido de la Gran Bretaña.

El acuerdo oficial final en Yalta habilitaba elecciones democráticas en todos los territorios liberados de la Wehrmacht y proponía una conferencia en San Francisco (EEUU) para organizar las Naciones Unidas[4], con un núcleo decisor de miembros permanentes (Consejo de Seguridad) y escaños independientes para las RSS de Ucrania y de Bielorrusia. Se pospuso el espinoso tema de los crímenes de guerra, así como la toma de decisiones sobre las fronteras de Italia con Yugoslavia y Austria, entre otras.

El prerrequisito más importante para la paz y la seguridad futuras pasaba por el desarme, la desmilitarización, la desnazificación y la partición de Alemania en cuatro zonas: una para cada aliado occidental significativo[5] y otra para la Unión Soviética. Así se hizo.

En cuanto a las indemnizaciones a reclamar a Alemania por “las pérdidas causadas a las naciones aliadas en el curso de la guerra”, hubo acuerdo en la base de las reparaciones, que podrían proceder de los bienes alemanes (maquinaria[6], barcos, participaciones en empresas alemanas u otros activos), de suministros de bienes durante un plazo indeterminado o del uso de mano de obra alemana. No hubo acuerdo en los montos dinerarios; mientras americanos y soviéticos acordaron $ 20.000 M (10.000 para cada uno), los británicos no llegaron a cifra alguna[7]. Eso sí, se decidió que, cuando terminara la guerra, cabría trasladar a los alemanes que vivían (todavía) en Polonia, Hungría y Checoslovaquia a los territorios de Alemania (Occidental).

Además, Alemania entregaría el Sarre a Francia y la Alta Silesia a Polonia. Prusia Oriental sería dividida entre Polonia y la Unión Soviética[8]. Además, se compensaría a Polonia con otras tierras que durante siglos habían sido alemanas: la región de Lebus, parte de Pomerania y la ciudad libre de Danzig[9].

Es de interés saber algo de la intrahistoria de los cinco días de reunión en Yalta. Conocer el desprecio de Stalin por Polonia y los polacos[10], sólo comparable por el que profesaba a los franceses en general y por Charles de Gaulle en particular. Comprobar cómo Roosevelt tenía ya lapsus (de los que se aprovechó Stalin) derivados de su debilidad física, preludio de su muerte. Verificar que la URSS, ya con 22,5 millones de Km2, seguía pretendiendo territorios, como los de Sajalin y las Kuriles. Leer cómo Sir Anthony Eden estaba seguro de que Stalin se acabaría quedando con el Cristo y la limosna ante la descoordinación de los otros dos participantes. Imaginar cómo Alger Hiss[11], asesor de Roosevelt, contribuyó a que éste cediera ante Stalin más allá de lo razonable y de los deseos de Roosevelt de deshacer el imperio británico en Asia.

Sobre todo, quedó claro que Stalin iba a acercar sus fronteras a Occidente. Aseguró que la Línea Curzon[12] iba a ser el límite oriental para Occidente y el occidental para la URSS. Luego, el Ejército Rojo sirvió de base para sovietizar a los países del centro de Europa que quedaron bajo su dominio. Hasta 1989.

Cuando se celebró la Conferencia de Yalta, Alemania estaba camino de la derrota completa, el Reino Unido se hallaba en la última fase del imperio que fue, Francia iba a obtener mejores resultados de lo esperado y la Guerra Fría entre los EEUU y la URSS aparecía en lontananza.

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José Celestino Mutis y Bosio nació en Cádiz el 6 de abril de 1732 y murió en Santa Fe de Bogotá el 11 de septiembre de 1808. Fue botánico, docente en la Universidad del Rosario de Bogotá, geógrafo, matemático y médico. Y sobre todo eso, sacerdote.

Estudió medicina y cirugía en el Real Colegio de Cirugía de Cádiz y en la Universidad de Sevilla. Trabajó en el Hospital de Cádiz y en el Hospital General de Madrid. Antes de partir a las Américas, perfeccionó sus conocimientos botánicos en el Jardín Botánico de Migas Calientes (Madrid).

Analizó la flora y la fauna del entonces Virreinato de Nueva Granada[13]. Su principal aportación se circunscribió al estudio de los aspectos botánicos, agrícolas, comerciales y médicos de la droga llamada “quina”, que se extraía de la corteza de un árbol originario de América del Sur que se prodigaba en la selva lluviosa de la Amazonia. El empleo de la quina para combatir el paludismo y otras enfermedades similares cuestionó las teorías medievales sobre cómo hacerles frente. Fue introducido en Europa por los jesuitas en el siglo XVII como febrífugo.

Gracias a Mutis, la Real Botica española se convirtió en el centro receptor de esta planta (considerada demoníaca en el mundo protestante) y obtuvo una relevancia europea de primera línea, que fue mimetizada en todas partes del mundo.

En el haber de Mutis se hallan otros dos hechos trascendentes: su excelente y ejemplar comportamiento durante la gran epidemia de viruela de 1782 y la sistemática recopilación de gramáticas indígenas que realizó y que Carlos III ordenó se ingresaran en su Librería de Cámara.

Es un verdadero tesoro dentro de los fondos de la Real Biblioteca y un ejemplo más del interés español por mantener y preservar la lengua de las culturas indígenas.

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Llega la hora de las buenas noticias, como cada semana. Esta vez es asimismo médica. La BBC informa de un estudio publicado en Nature que llama la atención. Este es el enlace.
Se sabe que los miles de componentes químicos del tabaco corrompen y mutan el ADN de las células pulmonares, transformándolas poco a poco en cancerosas. Estas llegan a mostrar hasta 10.000 alteraciones genéticas. Hasta ahora se suponía que las mutaciones que abocan en cáncer de pulmón eran permanentes, que no tenían vuelta atrás.

Hasta ahora.

El hallazgo publicado en Nature indica que las pocas células supervivientes a las mutaciones pueden crecer y sustituir a las células dañadas. Para ello es preciso que el fumador abandone el hábito. Se ha comprobado en fumadores que han consumido al menos un paquete al día durante 40 años.
Dicho de otra manera, si un fumador deja de fumar, por mucho tiempo que haya estado haciéndolo, las células que no han experimentado mutaciones son capaces de reparar los daños de todas. Nunca es tarde si la dicha llega… .

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La semana pasada hablábamos de The Guardian y su cobertura a un artículo de Mohammed El-Erian. Esta semana, The Guardian sigue en candelero (o en candelabro, como prefieran) por acoger un desaforado artículo de un tal Greg Jericho, que ni siquiera es un joven desorientado, única explicación que podría ser vendible ante los dislates que elabora. Se trata de un odiador profesional, pagado por serlo. Lo de estos progres sería fantástico si no fuera real.

Una de las frases del artículo es ésta, que traduzco: “los conservadores disfrutan diciendo que Australia siempre consigue actuar por encima de sus límites naturales, pero se convierten en cobardes que se odian a sí mismos cundo hablan del cambio climático”. Esta vez será en Australia, pero el fenómeno es global: los que acusan de que sus oponentes odian son los que en realidad odian a sus oponentes. Si ustedes resisten bien los eméticos, lean.

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Con motivo de la efemérides de hoy y al rebufo de la II Guerra Mundial, que tan costosa resultó para Alemania, podemos traer a colación una vieja y conocida frase. Vae victis! ¿Cuál es su origen?
Vae victis significa “¡Ay de los vencidos!”. En la obra Ab Urbe Condita, de Tito Livio, consta que la frase fue pronunciada por el jefe galo Breno, quien al frente de sus tropas había vencido a Roma en la batalla de Alia (387 a.C.)

Tras su victoria, Breno accedió a negociar su retirada a cambio de un rescate que consistía en mil libras romanas de oro, es decir, unos 327 kilos del metal precioso.

Cuando los romanos notaron que los galos habían amañado la balanza en que se pesaba el oro, protestaron ante Breno. Éste respondió depositando el peso de su espada en la balanza, incrementando el requerimiento de oro, mientras decía “Vae victis!”.

La concisa frase (sin sujeto ni verbo, en realidad) sobrevive hasta ahora mismo, cuando todavía hay gente que aprendió latín de joven. Se utiliza para poner de relieve la impotencia del vencido ante el vencedor.

Saludos


[1] A título comparativo, en la mencionada reunión en Potsdam – celebrada 17 meses más tarde – de los tres protagonistas sólo quedaba uno: Stalin. Intervinieron Harry S. Truman por un fallecido Roosevelt y Clement Attlee por un derrotado (en las urnas) Churchill. Imaginen quién se llevó el gato al agua.
[2] Donde no estuvo Stalin y sí el francés Henri Giraud, junto a Charles de Gaulle.
[3] Donde no estuvo Stalin y sí Chiang Kai Chek.
[4] Que se esperaba fuera una institución más duradera y decisiva que la Sociedad de Naciones, su desgraciado precedente.
[5] EEUU, Reino Unido y Francia.
[6] La URSS desmontó cuantas fábricas había en SU territorio ocupado y las envió a la Unión Soviética como reparación de guerra. Roosevelt sugirió dejar suficiente industria en Alemania para que pudiera autoabastecerse. Stalin se negó, lo que al cabo fue una bendición para Alemania Occidental: el Plan Marshall implicó que las fábricas se dotarían de bienes de equipo nuevos donados o financiados por los EEUU. Ese fue el preludio del boom alemán, junto con la liberalización de precios del tándem Konrad Adenauer/Ludwig Erhard. Pero esa es otra historia….
[7] Churchill recordaba perfectamente las desaforadas solicitudes de los representantes franceses en la Paz de Versalles, cuya enormidad contribuyó a empujar a los alemanes, resentidos y vejados, a la II Guerra Mundial. John Maynard Keynes avisó, pero Francia no cedió.
[8] Polonia perdió sus territorios orientales en favor de la Unión Soviética. Y también el control sobre su propio país, con la anuencia de los EEUU. Churchill protestó enérgicamente, exigiendo que la nueva Polonia fuera un Estado libre e independiente derivado de elecciones libres. Roosevelt, tras la última reunión, intentó sacar el asunto de Polonia de nuevo. No hubo caso. Estaban en Yalta.
[9] En idioma polaco, Gdansk. La crisis de Danzig fue el antecedente más inmediato de la II Segunda Guerra Mundial. Fue la última reivindicación no armada de Adolf Hitler. Su no satisfacción desencadenó la guerra.
[10] Se acordó que Polonia tendría un Gobierno Provisional de Unidad Nacional, quien prepararía elecciones cuanto antes. Pero Stalin no se paraba en barras.
[11] Hiss fue más tarde acusado y condenado por ser espía soviético.
[12] Por línea Curzon se entiende la propuesta de frontera entre Polonia y la Unión Soviética diseñada por el en su día Secretario de Estado de Asuntos Exteriores del Reino Unido, lord Curzon. Era una línea para una tregua en la guerra ruso-polaca de 1919-1920. Tras la derrota alemana, el 16 de agosto de 1945, el Acuerdo Fronterizo polaco-soviético estableció como frontera entre ambas un trazado que se parecía mucho a la línea Curzon.
[13] Abarcaba las actuales Colombia, Ecuador, Guayana, Panamá y Venezuela.

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