LA CARTA DE LOS MARTES – 05 DE MAYO DE 2020

LA CARTA DE LOS MARTES – 05 DE MAYO DE 2020

María Pita había nacido alrededor del año 1564 en el seno de una familia sencilla. Se casó en cuatro ocasiones y tuvo cuatro hijos.

Carta de los martes del 5 de mayo de 2020

Queridos amigos:

El 5 de mayo de 1589, la armada británica al mando del General John Norreys (Norris) y del corsario devenido Almirante Francis Drake se dieron de bruces con los heroicos defensores de La Coruña, entre cuyos adalides se hallaba una mujer, María Pita, nacida Mayor Fernández de Cámara y Pita.

La intervención de esta mujer (Cambre15651643) fue decisiva para la derrota británica. No perdamos de vista que el origen de esta derrota radica en la estrategia de la reina Isabel I, que se orientaba a destruir las naves que habían vuelto de la desafortunada intentona del año anterior (La Grande y Felicísima Armada) y a despojar a Felipe II del trono de Portugal. Para lo primero salieron el 13 de abril de Plymouth unas 150 naves y 23.000 hombres con destino La Coruña. Esta era la prioridad.

Para lo segundo se embarcaba en una de las naves Don Antonio, prior de Crato y nieto de Manuel I de Portugal, quien reclamaba para sí el trono que entonces ostentaba su primo lejano Felipe II. Su objetivo era pasar a Portugal a través del Miño para instigar un levantamiento armado de los lusos contra su rey.

Los buques ingleses fueron vistos en la noche del día 3. Nadie suponía que venían con intenciones de atacar la ciudad. Drake ordenó desembarcar ese mismo día a 10.000 de sus hombres para tomar posiciones. Su avance fue frenado temporalmente por los cañonazos de los buques españoles que defendían la ciudad, que eran apenas una nao, dos galeras y un galeón, por lo que al poco lograron llegar a tierra. Los asaltantes tomaron el barrio de la Pescadería, extramuros, acabando con los 70 combatientes españoles. Dos días después los ingleses solicitaron a los 1.500 defensores de la ciudadela que se rindiesen. La respuesta española fue un cañonazo.

Los zapadores ingleses hicieron estallar una mina en una zona del muro y comenzó el asalto de la ciudad vieja. En él mataron a Gregorio de Rocamonde, entonces ​marido de María Pita. Las mujeres (y los niños) ejercían funciones de apoyo y suministro de agua y alimentos a las tropas. Llegado el momento, la desesperada situación en la que derivó el asedio (las fuerzas británicas estaban en una relación de 7 a 1[1] con los defensores) obligó a todos los adultos de la ciudad a luchar contra el invasor.

Cuando el ánimo de los defensores se encontraba bajo mínimos, agotados como estaban, estando a punto los británicos de superar la muralla, María Pita mató al alférez inglés que dirigía el asalto[2] y le arrebató su bandera. Esto desmoralizó a los asaltantes y desencadenó su retirada. La tradición dice que este hecho se llevó a cabo al grito de «¡quien tenga honra, que me siga!» Convertida en heroína, continuó luchando hasta que los ingleses reembarcaron y se retiraron de la costa. Pusieron rumbo a Lisboa donde tampoco conseguirían su segundo objetivo: destronar del trono luso a Felipe II.

María Pita había nacido alrededor del año 1564 en el seno de una familia sencilla. Se casó en cuatro ocasiones y tuvo cuatro hijos.

Con su primer marido, Juan Alonso de Rois, que era carnicero, tuvo una hija. Le quedaron de herencia unas tierras y varias propiedades, lo que le permitió vivir holgadamente. Su segundo marido, el que forma parte de la leyenda de María Pita, era asimismo carnicero. Como sabemos, murió durante el ataque inglés a La Coruña. El mismo año de esa pérdida, María se volvió a casar, esta vez con el capitán de infantería Sancho de Arratia, con el que tuvo otra hija. Y de nuevo volvió a quedarse viuda en 1595. Cuatro años después se casó por cuarta vez con un funcionario de la Real Audiencia, Gil Bermúdez de Figueroa de quien enviudó en 1613.
Este hombre, con el que tuvo dos hijos, era económicamente más solvente que los anteriores y la hizo firmar que, si quería disfrutar de la herencia que le dejaba, no podía volver a contraer matrimonio. Desde entonces, María permaneció viuda.

En esas circunstancias, el rey Felipe II le concedió una pensión que equivalía al sueldo de un alférez, más cinco escudos mensuales. Y además le otorgó un permiso para exportar mulas desde España a Portugal. Y le confirió el título de «soldado aventajado».

María Pita, la heroína de La Coruña, falleció el 21 de enero de 1643, cumplidos los ochenta años.

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El avance tecnológico de hoy es muy prometedor. El artículo que yace tras el enlace siguiente se subtitula así: “Mikhail Lukin, profesor de Física del George Vasmer Leverett y los estudiantes David Levonian y Mihir Bhaskar han encontrado el eslabón perdido para materializar las transmisiones seguras en Internet”.

Los mensajes enviados a través de internet cuántica serán inhackeables. Invulnerables. Seguros.
Hasta ahora no había sido posible conseguir esa seguridad. Ya lo es. Investigadores de Harvard y el MIT[3] han encontrado la forma de hacerlo. Como saben, cualquier tipo de tecnología de comunicación (desde el telégrafo a Internet) tiene que enfrentarse a un hecho: las señales se degradan y eventualmente se pierden cuando se transmiten a grandes distancias.  De ahí la necesidad de los repetidores.

Los primeros, que recibían y amplificaban las señales, aparecieron en el telégrafo a finales del siglo XIX. Ahora, nuestra infraestructura de telecomunicaciones los tiene por doquier. Cada repetidor lee, amplifica, corrige errores y reenvía la señal al siguiente. En este proceso hay vulnerabilidad a los ataques.

La red cuántica opera de otra forma. Utiliza partículas cuánticas de luz (fotones) para comunicar estados cuánticos de luz a largas distancias. ¿Cuál es la diferencia con los demás sistemas? La respuesta es el enmarañamiento (o, como decía Einstein, la acción espeluznante a distancia). Ese enmarañamiento permite a los bits de información mantenerse correlacionados permanentemente. Y como, además, los sistemas cuánticos no pueden ser observados sin que ello los haga cambiar, ¡bingo!

La creatividad del ser humano no tiene límites.

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La noticia de hoy viene de China. Y supone un aldabonazo, en la línea de lo que ya en su día adelantara Rosa Luxemburgo y muy frecuentemente amparara Donald Trump al crear las condiciones para atraer la Inversión Extranjera Directa. No es ya que las empresas norteamericanas vuelvan de la RP China a los EEUU tras haber deslocalizado plantas enteras de producción final o de productos intermedios; es que las propias empresas de capital chino se desplazan a los E.E.U.U. a suministrar productos intermedios para la industria de la automoción, tanto al mercado norteamericano como al resto de mercados del globo.

No, no es el mundo al revés: es el mundo del derecho. Allá donde los costes son más bajos, el atractivo es mayor, rebus sic stantibus[4]. ¿Que cómo es posible que los costes sean mayores en la RP China que en los E.E.U.U.? Buena pregunta. El caso es que es un nacional chino, Cao Dewang, que se fotografía con la bandera del régimen comunista tras recibir el premio de Emprendedor del año 2009 por la empresa consultora Ernst & Young, quien ha tomado la decisión. Igual es por algo.

Los costes son de todo orden: de capital, impositivos, laborales, energéticos, de transporte, logísticos, institucionales (el imperio de la Ley no es tal en la RP China), prácticos … . Y tras el análisis pertinente, Fuyao Glass ha decidido deslocalizar.

Las deslocalizaciones desde la RP China a terceros asiáticos eran ya bien conocidas: Filipinas, Camboya, Vietnam… varios países de la zona están recibiendo cada vez más deslocalizaciones de empresas occidentales que salen de China, pero también de empresas chinas que deslocalizan de su propio país por los cada vez mayores costes. Nada nuevo bajo el sol.
La frase de hoy es del Jeque Ahmed Zaki Yamani, ministro saudí del Petróleo y Recursos Minerales desde 1962 a 1986 y alma mater de la OPEP durante 25 años. Aprovechó la Guerra del Yom Kippur de 1973 para efectuar un embargo de petróleo que multiplicó por cuatro su precio. Las cosas nunca volvieron a ser como antes, tal fue el desequilibrio que produjo en las cuentas de una buena cantidad de estados.

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La frase tiene verdadera enjundia: “La Edad de Piedra terminó, pero no porque se acabaran las piedras, de la misma manera que el Edad del Petróleo terminará, pero no porque el petróleo se acabe”. Ambas ramas de la ecuación son ciertas, salvo que no existe tal cosa como la Edad del Petróleo.

El petróleo es virtualmente inagotable. Sus múltiples usos hacen de él un recurso deseado, cuyo predominio se intuye y se constata cada día, pero no se aprecia a simpe vista. El transporte utilizará otras fuentes de energía a no mucho tardar, pero los plásticos, la medicina, la alimentación y varios sectores más seguirán utilizando el petróleo. Eso sí, en mucha menor cantidad, con muchos más oferentes. Lo que se acaba es la OPEP. En buena hora.

En estos días, cuando Arabia Saudita ha tomado decisiones de producción que han hundido los precios, recordamos al Jeque Yamani, quien todavía vive, y esa frase feliz.

Saludos
CDC


[1] En aras de la precisión sobre las cifras estimadas, 6,6666 a 1.
[2] Que era hermano del almirante Francis Drake.
[3] Massachusetts Institute of Technology
[4] Este latinajo es muy útil: mientras las restantes circunstancias permanezcan como están.

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