LA CARTA DE LOS MARTES – 02 DE JUNIO DE 2020

LA CARTA DE LOS MARTES – 02 DE JUNIO DE 2020

Breda, concienzudamente fortificada, estaba defendida por Justino de Nassau, quien se hallaba al frente de una guarnición de 14.000 soldados. Bajo las órdenes de Spínola, los españoles asediaron Breda en agosto de 1624.

——————–

La Carta de los martes del 2 de junio de 2020

Queridos amigos:

El 2 de junio de 1625 tuvo lugar la rendición de Breda. En general, cuando uno oye hablar de La rendición de Breda, lo primero que se viene a la memoria es el cuadro de ese mismo nombre pintado por Diego Rodríguez de Silva y Velázquez en 1635. No es el caso ahora.

Breda era en la época una plaza importante. Había pertenecido a la Casa de Brabante desde el siglo XII hasta el año 1404, cuando pasó a poder de la Casa de Nassau. Cuando llegaron los hechos de 1625 que estamos tratando, las Provincias Unidas (Países Bajos) estaban inmersas en un largo enfrentamiento con los Tercios españoles, tanto que el período se denominó en Flandes la Guerra de los Ochenta Años.

España conquistó Breda en 1581 (Felipe II), pero en 1590 fue reconquistada por los holandeses de Mauricio de Nassau-Orange (cuarto hijo de Guillermo de Nassau, líder de la revuelta), quienes la conservaron durante 35 años, incluidos los doce de la tregua vigente entre 1609 y 1621.

Felipe IV subió al trono en 1621. La tregua expiró porque Felipe IV quería recuperar Breda y desde ella realizar otras conquistas. Para lograrlo nombró jefe de la expedición al mejor estratega con el que contaba, que era el genovés Ambrosio de Spínola. Éste se puso al mando de un buen número de generales españoles, como el marqués de Leganés y Carlos Coloma, y de 40.000 hombres.

Breda, concienzudamente fortificada, estaba defendida por Justino de Nassau, quien se hallaba al frente de una guarnición de 14.000 soldados. Bajo las órdenes de Spínola, los españoles asediaron Breda en agosto de 1624. Tanto el cerco como sitio a la ciudad constituyeron una lección de estrategia. Generales de otras naciones acudieron como observadores para seguir en directo el trabajo de Spínola. El objetivo principal de éste era impedir que llegaran a Breda refuerzos, víveres y municiones.

Para conseguirlo realizó varias actuaciones de ingeniería, como inundar los terrenos adyacentes[1], impidiendo así el paso de la posible ayuda. Además, Spínola ordenó construir baluartes, cavar trincheras, erigir barricadas, levantar fortificaciones y horadar túneles. Todo ello, salvo los túneles[2], fue realizado en el plazo de 14 días. La resultante fue una doble línea fortificada protegida por 96 reductos, 37 fortines y 45 baterías. Adicionalmente, 400 carros abastecían diariamente al ejército español y evacuaban a los heridos.

En febrero de 1625, 6.000 soldados ingleses al mando de Ernesto de Mansfeld[3] y 2.000 daneses a las órdenes de Steslaje Vantc acudieron en auxilio de los sitiados. Fracasaron por la pericia de 300 infantes, 158 piqueros y 65 ballesteros españoles provenientes de Bolduque que acudieron de refuerzo y derrotaron a los daneses desde un montículo próximo al camino.
Los defensores resistieron durante casi 11 meses. Las enfermedades y las privaciones, así como el frío, hicieron también su trabajo. La ciudad fortaleza fue conquistada finalmente por los ejércitos españoles. Justino de Nassau se rindió en Breda el 5 de junio de 1625 tras miles de muertos y heridos en ambos bandos. Entre ellos estaba Mauricio de Nassau, que había fallecido en abril de 1625 por enfermedad contraída durante la campaña.

La defensa de Breda fue heroica, tanto como lo fue el ataque. Spínola permitió que la guarnición saliera formada en orden militar, con sus banderas. Dio la orden de que los vencidos fueran respetados rigurosamente. Spínola esperaba fuera de la ciudad al general Nassau. El enemigo derrotado fue tratado caballerosamente.

Y ese fue el momento que eligió Velázquez para pintar su cuadro. La escena como tal es una invención, pues el acto de entrega de llaves no existió realmente, pero el resto refleja muy aproximadamente lo ocurrido. La pintura pone de manifiesto la clemencia del vencedor y por ende, de la monarquía española con el enemigo derrotado. Velázquez reprodujo las facciones de Spínola fielmente pues le conocía personalmente desde 1629.

El asedio de Breda fue la victoria más importante de Spínola y una de las últimas de los ejércitos de España en la Guerra de los Ochenta Años. Atrajo el interés y la admiración de las cancillerías europeas. Durante unos lustros, los ejércitos españoles recuperaron la reputación que habían conseguido en tiempos de Carlos I.

Aunque la victoria fue muy señalada, sus efectos se diluyeron al poco. En 1637 los holandeses, con Federico Enrique de Orange-Nassau a la cabeza, recuperaron la plaza. Como consecuencia de la Paz de Westfalia, Breda pasó definitivamente a poder de los Países Bajos en 1648.

***

Fe de errores: en la carta del pasado 26 de mayo afirmábamos que la bomba arrojada sobre Nagasaki era de hidrógeno. Es un error; era de plutonio. Un buen amigo de esta casa y conocedor de la materia nos lo hizo notar. Lo reflejamos, pidiendo excusas por el error.

***

El avance tecnológico de hoy está directamente relacionado con la pandemia del virus SARS-CoV-2, como otros elementos de esta carta. El título lo explica bien.

En el fondo del hallazgo se encuentra otra aplicación del archifamoso y omnipresente fenómeno del Big Data. Una investigación dirigida por Vadim Backman, de la Northwestern University, ha revelado la fuerte correlación existente entre las tasas de mortalidad por el virus y la deficiencia severa de Vitamina D en los pacientes fallecidos. Los datos tratados procedían de hospitales y clínicas de Alemania, Corea[4], China, España, Estados Unidos, Francia, Irán, Italia, el Reino Unido y Suiza. Quizá este descubrimiento pueda llevar a encontrar tratamientos operativos en la lucha contra la pandemia.

Como saben, los niveles de Vitamina D están altamente correlacionados con las tormentas de citoquinas, la condición hiperinflamatoria causada por una exagerada reacción del sistema inmunitario ante la agresión del virus[5]. Esa tormenta genera trombos, los cuales bloquean el acceso de la sangre a diversas zonas del organismo, que necrosan. La Vitamina D estimula el sistema inmunitario y evita su excesiva actividad. Obviamente con anticoagulantes y antiinflamatorios se combate ex post el efecto del virus, pero un nivel correcto de Vitamina D hubiera habilitado mayor levedad en la condición de los pacientes afectados.

***

La noticia de hoy es un magnífico, por breve y certero, artículo de Diego Sánchez de la Cruz, desenmascarando la prosopopeya a la que tan dados son algunos científicos biempagaos y ensoberbecidos.

El día 16 de marzo de 2020, el Imperial[6] College publicó sus expectativas referidas a la evolución esperada de la pandemia del virus chino, SARS-CoV-2. Era un modelo elegante y explícito. Todos las recibimos con admiración: parecía un buen trabajo, que si bien resultaba acongojante en extremo, se entendía fundado en una metodología sólida. Oiga, qué fiasco más grande. No se parece a la realidad ni por el forro. Y es que los teóricos, armados con sus modelos matemáticos de enésima generación, no acaban de ver que la realidad es otra cosa. Aquí no ocurre como con el asunto del Cambio Climático (tan cacareado y tan falso), donde la presión institucional, política y mediática es tan grande que la ocultación de la verdad se ha convertido en un juego de niños. Aquí la realidad, sobreviniendo rápidamente, deja sin argumentos a los estetas del modelismo.

Se les ha visto el plumero a las primeras de cambio. La arrogancia insoportable del modelizador ha quedado en evidencia en un par de meses. Y no se pierdan el numerito de contabilización de peras y manzanas que se está marcando la Johns Hopkins University, de lo que igual hablamos otro día.
Vamos al grano: el equipo comandado por Neil Ferguson[7] ha cometido irregularidades descalificadoras. El documento estaba publicado, pero el código de origen en el que han basado el modelo no lo estaba. Mes y medio después, ante las peticiones – que ya eran clamor -, el 27 de abril publicitaron el código y las bases de datos, pero “como una muestra que no necesariamente refleja los utilizados en el análisis publicado”. ¡Toma ya! No han publicado las bases utilizadas en su informe de 16 de marzo. Han publicado lo que les ha dado la gana. Y la gente se pregunta qué hay detrás de todo esto, más allá de la petulancia personal de los responsables.

***

La frase de hoy ha sido extraída de un libro que está en el horno del Centro Diego de Covarrubias. Se debe a Stephen Schneider[8], un científico norteamericano fallecido en 2010.

“Un verdadero científico se debe al método científico y debe decir la verdad, toda la verdad y nada más que la verdad, lo que incluye las dudas, las advertencias, y los peros”

Y lo demás es prostituirse.

Saludos


[1] El nombre de Breda proviene de brede Aa, que hace referencia a la confluencia de los ríos Mark y Aa. Brede significa ancho en neerlandés. La zona era perfectamente inundable y Spínola la inundó.
[2] Todos ellos fueron neutralizados por otros tantos practicados por los defensores, que así evitaron el minado de los baluartes y las murallas. Muchos zapadores de ambos bandos murieron sepultados.
[3] EL conde Ernesto de Mansfeld (c. 1580 -1626) fue un comandante militar alemán. Un mercenario.
[4] Lo pongo así por abreviar; Corea del Norte no aporta nada.
[5] Que no genera neumonía, como erróneamente indicaron los protocolos iniciales de los médicos chinos.
[6] Hace tanto tiempo que el imperio británico se volatilizó que seguir llamándose Imperial College es un anacronismo, aunque tal cosa es común. Así que pasen cientos de años.
[7] El tipo cobró cierta notoriedad extra en las semanas siguientes a la publicación de los informes del Imperial College. Y todavía más – pero no favorable – cuando se supo que se había saltado las reglas de confinamiento que él mismo había recomendado para verse con su amante. Ha dimitido.
[8] Stephen Henry Schneider (febrero de 1945 – julio de 2010 fue profesor de Biología medioambiental y Cambio Global en Stanford University, Codirector en el Center for Environment Science and Policy of the Freeman Spogli Institute for International Studies y Senior Fellow en el Stanford Woods Institute for the Environment. Schneider fue consultor de agencias federales y de la Casa Blanca durante las administraciones de Richard M. Nixon, James E. Carter, Ronald W. Reagan, George H. W. Bush, William J. Clinton, George W. Bush and Barack H. Obama. Reconoció el dilema al que se enfrentan los científicos.  La frase aparece en Discover Magazine (October 1989 vol. 10 no.10).

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *