LA CARTA DE LOS MARTES – 30 DE JUNIO DE 2020

LA CARTA DE LOS MARTES – 30 DE JUNIO DE 2020

A las 7:17 del 30 de junio (calendario gregoriano), una gigantesca explosión sacudió una zona prácticamente desierta en el centro de Siberia, junto al río Tunguska, no tan lejos del Yenisei.

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La Carta de los martes del 30 de junio de 2020

Queridos amigos:

Hoy se conmemoran dos efemérides de gran interés; una de ellas nos toca muy de cerca a los españoles y la otra es todavía un misterio que no nos afecta en absoluto pero es de peso científico e histórico.

El 30 de junio de 1898 comenzó el asedio de los tagalos al fuerte de Baler, que puso de relieve el heroísmo de nuestras tropas en las Islas Filipinas, entonces parte de España. Pero la efemérides debe asociarse y referirse al 2 de junio de 1899, 337 días más tarde, cuando los soldados supervivientes al sitio lo abandonaban con sus banderas desplegadas al saber con certeza que la guerra había terminado y ya no cabía luchar más.

La segunda opción se alza pues con el santo y la limosna. El 30 de junio de 1908, en Tunguska (Siberia), se registró una gigantesca explosión. Ha pasado más de un siglo y los científicos no se ponen de acuerdo sobre qué pudo causar aquel evento.

Vayamos a los hechos. A las 7:17 del 30 de junio (calendario gregoriano), una gigantesca explosión sacudió una zona prácticamente desierta en el centro de Siberia, junto al río Tunguska, no tan lejos del Yenisei. Unos 80 millones de coníferas fueron destruidas en un área de 2.150 Km2 de extensión. El objeto que causó esos daños provocó un seísmo de nivel 5 en la escala logarítmica de Richter[1], además de un conjunto de profundas vibraciones súbitas y repetidas y una ola de calor que se percibió a 60 kilómetros de distancia, en la población más cercana, cuyas viviendas experimentaron daños leves y cuyos viandantes fueron arrojados al suelo con violencia.

Los testimonios escritos coinciden en algunos puntos descriptivos: una columna descendente de intenso brillo azulado, una bola de fuego, profundas y reiteradas vibraciones, la onda expansiva y el calor.

Las investigaciones científicas comenzaron varios años después, dada la distancia del lugar del impacto de cualquier población, no digamos ya de Moscú.

In 1921, el minerólogo ruso Leonid Kulik visitó la zona para hacer una investigación en nombre de la Academia Soviética de Ciencias. No llegó al punto que buscaba, pero realizó entrevistas que le convencieron de que se trató del impacto de un meteorito. Kulik volvió en 1927 y pudo acceder a la zona cero.

Para su sorpresa, no había cráter alguno. In 1938, Kulik realizó un informe fotográfico aéreo del círculo más afectado (250 Km2.). En el centro de la zona (8Km. de diámetro), los árboles estaban pelados y en pie. Los de fuera del perímetro estaban radialmente tumbados hacia afuera.

La energía desencadenada se estima entre 20 y 30 megatones, según cálculos rehechos en 2019. La interpretación predominante es que se trató de la explosión de un asteroide[2] o cuerpo pétreo[3] de entre 50 y 80 metros[4] a una altura de entre 10 y 14 kilómetros, que viajaba a 55.000 Km/h sobre la superficie de la Tierra y entró a 30° sobre la horizontal.

Posteriores expediciones al área encontraron esferas de silicato y magnetitas en cribas del suelo. Durante la década de 1990, investigadores italianos liderados por Giuseppe Longo (Universidad de Bolonia) extrajeron con nuevas tecnologías esferas de la resina de los abetos. Las esferas contenían una alta proporción de níquel relativa al hierro, como el que se encuentra en los meteoritos. Coincidencias similares fueron halladas muy recientemente.

El problema de la hipótesis del asteroide es que no hay cráter. Una explicación pasa por la absoluta desintegración del mismo. Christopher Chyba y otros han propuesto un meteorito pétreo, en tanto un equipo europeo/nortemericano (2013) sugiere uno metálico.

En 2020, un grupo de científicos rusos calculó que el asteroide tenía 200 metros de diámetro y que lejos de explotar sobre la superficie, rebotó en la atmósfera y volvió al espacio exterior.

Hay otras hipótesis. En 1930, el astrónomo británico J. W. Whipple sugirió que el objeto era un cometa. En 1983, el astrónomo Zdeněk Sekanina criticó la hipótesis del cometa, que sin duda se hubiera desintegrado al entrar en la atmósfera. En 2001, Farinella y Foschini abundaron en ello. La hipótesis fue suscrita en 2008 por Utyuzhnikov y Rudenko.

In 1978, el astrónomo eslovaco Ľubor Kresák sugirió que el objeto fue un fragmento del cometa Encke, un cuerpo celeste con un período muy corto (3 años) en la órbita de Júpiter. Se lo sabe responsable de las Beta Táurides, una lluvia anual de meteoros que ocurre el 28 o el 29 de cada junio. La trayectoria del objeto de Tunguska es consistente con un fragmento de Encke.

El astrofísico Wolfgang Kundt ha propuesto que el evento fue la fuga y ulterior explosión de 10 millones de toneladas de gas natural procedentes de un yacimiento en la zona.

Y así estamos, sin certezas pero con altas probabilidades de que haya sido un meteorito. O galgos o podencos, eso es seguro.

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El avance tecnológico que presentamos hoy es una confirmación de algo que se intuía con un cierto grado de certeza, pero se hallaba incurso en el reino de las hipótesis plausibles. Ahora ya hay pruebas. Los primeros americanos eran asiáticos. Se sabe que se utilizaron Beringia, aprovechando que el nivel del mar era mucho más bajo por las frías temperaturas de la época. Las tierras emergidas hacían de puente entre Eurasia y América.

Utilizando variables genéticas del ser humano, genomas de antiguos patógenos y análisis de isótopos, un equipo de investigadores valoró la historia de la población del lago Baikal. La conclusión ha establecido la conexión más consistente hasta el momento entre los siberianos del Alto Paleolítico y lo primeros pobladores de América.

Liderado por el Departamento de Arqueogenética del Max Planck Institute for the Science of Human History, el estudio explica la historia de la población de la región y los nexos entre siberianos y americanos. El artículo se titulaba originalmente “La más antigua conexión con americanos nativos[5] identificados junto al lago Baikal en Siberia”. Y es que se refiere a un individuo de hace 14.000 años. Un diente suyo muy fragmentado fue hallado en 1962, pero sólo ahora se ha podido genomizar con técnicas avanzadas de biología molecular.

El estudio del genoma de los habitantes de Asia Central en el Paleolítico Superior nos da la clave para establecer parte de la historia genética humana. En este caso, para enlazar a los habitantes de Siberia, donde más tarde acontecería el evento de Tunguska, con los primeros habitantes de América. Pero el yacimiento de restos hallados junto al lago Baikal es una mina (nunca mejor dicho). El descubrimiento de Yersinia pestis en los huesos permitirá trazar los movimientos de estos pobladores hacia Occidente.

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La noticia de esta semana es fascinante.

Con un titular un tanto sensacionalista (“Resucitan un ejército de ratones para conseguir la vacuna frente al coronavirus”), este un artículo muy correcto que se devora rápidamente. Tiene que ver con las necesarias pruebas de las posibles vacunas contra el SARS-CoV-2.

Sólo hay un tipo de ratón sensible a la infección de ese virus. Es un roedor transgénico criado por una sola compañía, que a finales de junio de 2020 lo distribuirá por todo el mundo. En enero de 2020, los científicos de los Laboratorios Jackson, en Bar Harbour, Maine (Estados Unidos), recibieron una avalancha de pedidos de ratones de laboratorio. La epidemia estaba disparándose en China y en previsión de lo que estaba por venir, cientos de investigadores de todo el mundo comenzaron a pedir animales para poder investigar sus candidatos a vacuna frente al SARS-CoV-2.

Los científicos buscaban ratones transgénicos K18-hACE2. Sus células expresan el receptor ACE2 humano, que los coronavirus utilizan para infectar las células. En el mes de enero de 2020, los ratones K18-hACE2 no estaban vivos en ninguna parte: sólo había esperma almacenado en los congeladores de Laboratorios Jackson.

“Los Laboratorios Jackson son como un banco de semillas cuya finalidad es preservar la diversidad genética para futuras generaciones, pero aplicando estos principios a los ratones de laboratorio. En la actualidad, cuentan con 11.000 cepas preservadas en tanques de nitrógeno líquido a -196ºC, listas para ser recuperadas e inyectadas en ratones por medio de técnicas de reproducción asistida. Cada año venden tres millones de ratones a más de 20.000 investigadores en todo el mundo”

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La frase de hoy es de Heráclito de Éfeso, llamado el oscuro, cuya influencia en los grandes de la filosofía griega (Platón, Aristóteles) y mundial (Hegel, Nietzsche, Heidegger) fue inequívoca: “Nada hay permanente salvo el cambio”.

Fue llamado “el triste”, sobre todo por sus detractores. Puedo entender su melancolía: nos gustan las certezas inmutables y Heráclito veía el movimiento incesante como fundamento de la realidad.

Saludos
CDC


[1] La explosión fue registrada en estaciones sísmicas a lo largo de toda Eurasia y la onda expansiva fue detectada en Alemania, Croacia, Dinamarca, el Reino Unido y hasta en los EEUU (Washington D.C.).
[2] El suceso está clasificado como un impacto aunque no haya cráter; se piensa que el objeto se desintegró a una altura de entre 5 y 10 kilómetros.
[3] Un cometa está compuesto de polvo y elementos volátiles, como agua y gases congelados. Se hubiera vaporizado por completo a su entrada en la atmósfera.
[4] Dependiendo de la velocidad de entrada del objeto.
[5] Nativo significa exactamente una de estas cinco cosas: 1.Perteneciente o relativo al país o lugar natal.2. Nacido en un lugar determinado.3. Innato, propio y conforme a la naturaleza de cada cosa.4. Dicho de un metal o de alguna otra sustancia mineral: Que se encuentra en su mena libre de toda combinación.5 Que nace naturalmente.

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