LA CARTA DE LOS MARTES – 01 DE SEPTIEMBRE DE 2020

LA CARTA DE LOS MARTES – 01 DE SEPTIEMBRE DE 2020

Carta de los martes del 1 de septiembre de 2020

Queridos amigos:

El 1 de septiembre de 1870 se inició la batalla de Sedán, tras la que Napoleón III fue apresado. Francia rindió las armas ante Prusia. Esta derrota no supuso por sí misma el final de la guerra francoprusiana[1], pero sin duda condicionó su resultado: el final del Segundo Imperio francés, la proclamación de la República francesa, la unción del Kaiser Wilhelm I como emperador[2], la toma de París por las fuerzas alemanas y el nacimiento del Imperio alemán como nueva potencia europea[3], que unificó los diferentes Estados alemanes, excluyendo a Austria, en torno a Prusia.

En la batalla de Sedán, el ejército del Mosa y el III ejército prusiano, dirigidos por el mariscal de campo Helmuth von Moltke, acompañado por el rey de Prusia, Wilhelm I y el canciller Otto von Bismarck, arrasaron a los del mariscal francés Patrice MacMahon. Fue la primera batalla de la guerra moderna, tecnológica, industrial; la primera en la que el romanticismo pasó a mejor vida.

Tras la derrota del ejército francés del Rhin en Gravelotte, el mariscal François Achille Bazaine fue obligado a retirarse a Metz, donde fue sitiado por 150.000 efectivos del Primer y Segundo ejército prusiano. Napoleón III y el mariscal MacMahon reclutaron el nuevo Ejército de Châlons para rescatar a Bazaine.

Los prusianos rodearon a los franceses. Tras dejar al Primer y Segundo ejército prusiano asediando Metz, Moltke maniobró con el Tercer ejército y el ejército del Mosa hacia el norte, encontrándose con los franceses en Beaufort el 30 de agosto. Los franceses perdieron 5.000 hombres y 40 cañones. McMahon se retiró hacia Sedán. Tras replegarse, el ejército de Chalôns fue rápidamente aislado por los dos ejércitos prusianos que convergían hacia la zona. Napoleón III ordenó al suyo romper el cerco. Para ello, el general Auguste Ducrot tomó el mando de las tropas francesas relevando a MacMahon, herido el día anterior.

El 1 de septiembre de 1870, el Ejército de Chalôns[4] atacó al Tercer ejército prusiano y al ejército del Mosa[5]. Tras un intenso bombardeo, cargas prusianas y ataques bávaros, el ejército de Chalôns fue empujado hacia Bois de la Garenne, donde capituló. Antes, la caballería francesa había lanzado tres ataques desesperados en la aldea de Floing, donde se hallaba el XI Cuerpo prusiano, brindándoles sólo su propia derrota con grandes pérdidas.

Al final de la jornada, Napoleón III ordenó un alto el fuego: 17.000 franceses habían muerto o sido heridos y otros 21.000 habían sido capturados. Las pérdidas prusianas ascendían a 2.320 hombres muertos, 5.980 heridos y 700 capturados o desaparecidos.

¿Por qué empezó esta guerra? Por un lado, la unión aduanera propuesta por Bismarck fue interpretada como un desafío a la autoridad imperial de Napoleón III, que aspiraba a conformar una Francia hegemónica. Por otro lado, Prusia había presentado la candidatura del príncipe Leopoldo Hohenzollern al trono de España, lo que desbalanceaba el equilibrio de poderes vigente. Napoleón III se opuso y exigió la renuncia escrita de las aspiraciones alemanas. Bismarck y von Moltke lo consideraron una provocación y la rechazaron. Los franceses declararon la guerra a los prusianos para frenar con las armas su acrecido poder.

Cuatro días después de la declaración de guerra, los alemanes habían movilizado más de un millón de hombres y avanzaban hacia el Rhin. Los franceses sólo pudieron situar 280.000 soldados (Metz y Estrasburgo).

Von Moltke había elaborado planes detenidamente y preparado un ejército muy bien artillado, armado con el fusil de aguja (que triplicaba la velocidad de tiro de la infantería), con una logística que incorporaba el transporte en ferrocarril y comunicaciones telegráficas. Los franceses habían organizado grupos de guerrilleros para hostigar a las tropas prusianas. Éstas reaccionaron rudamente, tratando a los guerrilleros como criminales.

La batalla de Sedan decidió la Guerra francoprusiana y cambió el equilibrio de poderes en Europa y el mundo. También cambió la forma entender la guerra. La capacidad industrial se convirtió en un poder decisivo. La logística y la tecnología llegaron para quedarse. Los prusianos demostraron la importancia de la organización y la preparación física de las tropas. Se puso de relieve la necesidad de la instrucción militar de la población y se generalizó el servicio militar.

La muy humillante derrota francesa y la incorporación de Alsacia y la cuarta parte de Lorena (una importante zona industrial) al Imperio alemán fueron el germen de la Primera Guerra Mundial[6], así como el más que humillante Tratado de Versalles de 1919 creó el caldo de cultivo[7] para nutrir el nacionalismo alemán que impulsó el estallido de la Segunda Guerra Mundial.

Por este encadenamiento de guerras francoalemanas (tres en 70 años) es tan importante el logro (iniciado en 1953) de un Mercado Común Europeo que pusiera al lado y no enfrente a ambas potencias europeas. Lástima que los habituales cabezas de huevo que administran los logros de los pioneros hayan convertido un instrumento exitoso en un engendro pseudoimperial llamado Unión Europea, que sólo avanza con la destrucción de los estados que la componen.

Ustedes se preguntarán, empero, que pasó antes de la Guerra francoprusiana como para que ésta aconteciera. Esa es otra historia, pero podemos mencionar a vuelapluma (aun alargando esta Carta más de lo habitual) algunos elementos de interés. Primero, el comienzo de la rivalidad, a finales del siglo XV, entre las casas de Francia y Austria por razón de la sucesión del duque de Borgoña, Carlos el Temerario, cuya hija María de Borgoña[8], duquesa titular. casó con Maximiliano I de Habsburgo, emperador del Sacro Imperio Romano Germánico.

Más tarde, en el siglo XVIII, los margraves de Brandeburgo desarrollaron y elevaron a Prusia a nivel de Reino. Francia, aunque país católico, rivalizaba con la casa de Habsburgo. Se alió con holandeses y suecos y entró en la guerra en el bando protestante[9].

Como consecuencia del Tratado de la paz de Westfalia (que dio fin a la guerra de los Treinta años), Francia logró importantes ventajas territoriales en Alsacia y la frontera renana. Brandeburgo se expandió en Pomerania oriental y ganó territorios en Alemania occidental. La gran perdedora fue Alemania en su conjunto, devastada, que tardó décadas en recuperarse. Francia se configuró como la gran potencia europea. En 1756, Francia y la Casa de Habsburgo se unieron contra una Prusia rampante. ​

Posteriormente, los intelectuales alemanes saludaron la llegada de la Revolución Francesa debido a la carga ideológica liberadora que asociaban a la misma. Napoleón Bonaparte parecía el adalid de las reformas, pero su elevación al rango de Emperador cambió esa perspectiva. ​

La derrota prusiana ante el ejército francés en la batalla de Jena de 1806 y la subsiguiente ocupación de Berlín cambiaron las tornas en las élite prusianas y alemanas. Todos se pusieron frente a Napoleón y por tanto, contra Francia. Como consecuencia de la derrota germánica en las guerras napoleónicas, el Tratado de París estableció la Confederación del Rhin, con lo que el Sacro Imperio Romano Germánico quedó disuelto. El emperador Francisco II adoptó el título de Francisco I, emperador de Austria y rey de Hungría.

En el Congreso de Viena de 1815, las monarquías que habían vencido al Imperio francés (Austria, Prusia y Rusia) crearon la Santa Alianza para defenderse de posibles insurrecciones de raíz republicana y/o nacionalista. Europa había alcanzado un equilibrio de poderes que duró casi 50 años, hasta que Prusia (Bismarck) derrotó al Imperio Austrohúngaro en la Batalla de Sadowa y unificó los reinados y principados germanos para configurar la Alemania moderna.

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El avance tecnológico de hoy nos dice que el ruido cósmico de fondo procede del Big Bang, del origen del Universo. ¿Cómo lo sabemos?

Quienes no creen en el Big Bang aseveran que no sólo éste puede generar señales observables en el Universo. Eso es cierto. Pero una de esas señales no puede ser atribuida ni al Sol, ni a la Vía Láctea, ni a otras galaxias. Es un zumbido de fondo que suena, y suena y suena … como el conejito de Duracell, ustedes saben.

Esto fue observado por primera vez por Arno Penzias y Bob Wilson en 1964 desde la nueva antena Holmdel Horn en New Jersey. No importaba a dónde apuntaban la antena, o si era de día o de noche: el zumbido seguía allí. Unos pocos grados por encima del cero absoluto, la radiación parecía provenir de todas partes.

Comprendemos que en un momento en el que el SARS-CoV-2 chino arrasa, el impulso de la arquitectura institucional establecida al final de la segunda guerra mundial se agota, EEUU se enfrenta a sus elecciones más importantes desde hace más de un siglo, España puede perder su raíz constitucional y hasta el modo de producción capitalista sufre las consecuencias del intervencionismo rampante hay muchas cosas que leer y el tiempo disponible escasea. Sí, es cierto. Pero este artículo está lleno de interés. Al fin y al cabo, trata del origen de todas las cosas.

Termino el resumen con una frase del texto: “The Big Bang is not accepted on ideology; it’s accepted based on evidence”.

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La noticia de esta semana nos devuelve al barro en el que estamos, como las moscas de Samaniego, presos de patas en él. Pero no por la dulzura de la miel, quiá, sino por el acendrado partidismo que ha descompuesto por completo la praxis democrática.

Resulta que el teatrillo de la política, el libreto del partido socialista escrito por el elenco de asesores monclovitas requiere del autobombo incesante en un intento (exitoso) de ocultar los resultados de la gestión ejecutiva socialista. En su momento, ello pasó por los aplausos al líder. Y como la prioridad era aplaudir, pues el PSOE obvió el Reglamento del Congreso, que establece en su Plan de Contingencia “la obligación de guardar al menos dos metros de distancia «en todo momento y en todo lugar”. Todos tenían que aplaudir, aun hacinados.

Ustedes se acuerdan del evento. Está relatado en detalle en la noticia enlazada. Para qué más.

Hay unas normas para los ciudadanos y otras, más confortables, para algunos padres de la Patria. En esta línea, traigo a la Carta una aportación del Catedrático Emérito de Biología Miguel del Pino, ciertamente imbatible. Empieza así: “Pocas veces a lo largo de nuestras vidas hemos sentido tan claramente la sensación de que los gobernantes nos estaban engañando”.

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La frase de hoy es del sanguinario prócer socialista Francisco Largo Caballero. Como quedó patente en la correspondencia que mantuvo con Josif Vissarionovich Djugahsvili en 1937, Largo Caballero enmendó la plana al genocida líder comunista soviético.

Éste le pidió que bajara el diapasón de su dialéctica revolucionaria y aparentara una cierta afección por el parlamentarismo, en el bien entendido que ello podía granjearle adhesiones de terceros. El líder del PSOE no se avino y respondió por escrito: “La institución parlamentaria, entre nosotros (los socialistas), incluso entre los republicanos, no tiene partidarios entusiastas”.

No han cambiado mucho.

Saludos
CDC


[1] La batalla de Sedán estalló en nel contexto de la guerra francoalemana que comenzó en julio de 1870. La guerra continuó bajo un nuevo gobierno francés, de carácter republicano.
[2] Guillermo I fue proclamado Kaiser del nuevo Imperio alemán en el Palacio de Versalles.
[3] No solo políticamente sino como poder industrial, científico y tecnológico.
[4] Con 202 batallones de infantería, 80 escuadrones de caballería y 564 cañones.
 [5]Que sumaban 222 batallones de infantería, 186 escuadrones de caballería y 774 cañones.
[6] El fuerte resentimiento francés estuvo detrás del revanchismo que alimentó la Gran Guerra.
[7] Desencadenando similares, aunque opuestas pulsiones en el bando alemán.
[8] Madre de Felipe el Hermoso.
[9] El cardenal Richelieu, primer ministro de Luis XIII, pensó que los Habsburgo todavía eran demasiado poderosos

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