LA CARTA DE LOS MARTES – 27 DE OCTUBRE DE 2020

LA CARTA DE LOS MARTES – 27 DE OCTUBRE DE 2020

Carta de los martes del 27 de octubre de 2020

Queridos amigos:

El 27 de octubre de 1807, los representantes plenipotenciarios[1] del Emperador Napoleón Bonaparte y de Manuel Godoy firmaron el Tratado de Fontainebleau (por la ciudad en que tuvo lugar la firma, no lejos de París), que posibilitó la entrada de las tropas francesas en España para, sedicentemente, atacar Portugal.

¿Por qué se efectuó esa firma? ¿A quién favorecía? Veamos.

Napoleón, en su intento de dominar Europa, se había encontrado con la enemiga del Reino Unido. Su intento de invadir las islas británicas fracasó en 1805 tras la derrota de Trafalgar. Su siguiente decisión estratégica fue abortar el comercio inglés, intentando rendir las exportaciones industriales y manufactureras británicas, así como sus importaciones de alimentos. En noviembre de 1806, tras las victorias de Austerlitz y Jena, Napoleón mediante el Decreto de Berlín, prohibió las relaciones comerciales con Gran Bretaña.
Al bloqueo acompañó el control sobre los principales puertos de Europa continental. Ese fue el pretexto para desarrollar la ocupación francesa de los puertos no aquiescentes.

Portugal, que era aliada del Reino Unido, no se plegó a Francia, por lo que Napoleón decidió invadir el reino luso. Por la conocida inferioridad francesa ante la Royal Navy para realizar esa ocupación por mar, diseñó una invasión a través de España. Y ya hemos llegado a la necesidad de suscribir un tratado con España que acogiera la entrada de tropas francesas en España para atacar Portugal. A cambio, Napoleón concedería a Godoy (a título personal) una parte de las tres[2] zonas en las que pensaba dividir Portugal.

La invasión de Portugal la iniciaron por el norte del país vecino tropas españolas, que llegaron a Oporto y a Setúbal en pocos días. A su vez, el ejército francés del general Junot cruzó el río Bidasoa el 18 de octubre de 1807. Llegó a Portugal el 17 de noviembre y a Lisboa el 30 de noviembre. El 29, la familia real portuguesa había zarpado rumbo a Brasil. Pero la actuación francesa no quedó en el control de Portugal y sus puertos.
Sin contar con la autorización del rey Carlos IV, el 22 de diciembre entró en España otro ejército (Dupont) con 22.000 efectivos de infantería y 3.500 de caballería. El 9 de enero de 1808 cruzó la frontera otro ejército al mando de Moncey, con 25.000 efectivos de infantería y 2.700 de caballería. El 1 de febrero, en clara contravención de lo pactado en Fontainebleau, Junot depuso formalmente a la dinastía Braganza y al consejo de regencia designado por el príncipe regente y proclamó el gobierno de Napoleón sobre la totalidad del territorio portugués.

A mediados de febrero de 1808, los franceses llegaron a Pamplona. Ante la inicial negativa a ceder la ciudadela, ésta fue tomada por sorpresa el 16 de febrero. Adicionalmente, otro ejército dirigido por Duhesme (11.000 hombres de infantería y 1.700 de caballería) entró en España en dirección a Valencia. Entró el día 13 en Barcelona y el 28 tomó la ciudadela. Con la anuencia de Godoy, el 5 de marzo San Sebastián fue entregada a las tropas napoleónicas y el 18 de marzo se rindió Figueras. Ese mismo mes de marzo se formó un ejército adicional con 19.000 hombres a las órdenes de Bessières. Finalmente, el general Murat, nombrado lugarteniente de Napoleón para todos sus ejércitos en España, entró en nuestro país el 9 de marzo, llegó a Burgos el 13 y tomó el camino de Madrid el día 15 de marzo.

Con todo, Napoleón seguía queriendo aparecer como protector de España.

Godoy empezó a darse cuenta del alcance de estos movimientos franceses y recomendó a la familia real española desplazarse a Aranjuez. A unas malas, podían seguir camino hasta Sevilla, Cádiz y, finalmente, América. El 17 de marzo se produjo el Motín de Aranjuez, con enormes efectos: caída en desgracia y encarcelamiento de Godoy, abdicación de Carlos IV y subida al trono de Fernando VII. El 23 de marzo las tropas de Murat ocuparon Madrid. El Rey los recibió como sus teóricos aliados. Pero se equivocaba: en la práctica ya no lo eran.

Napoleón había percibido la debilidad política de la cúpula real y sus enfrentamientos internos. Vista la absoluta superioridad militar que había exhibido en toda Europa, entendió que España podía caer fácilmente de su lado, en régimen de subordinación. Importantes ciudades estaban ya ocupadas; lo mejor del ejército español estaba en Portugal. Para evitar los combates, empero, convocó al rey saliente y al rey entrante en Bayona (Francia) el 20 de abril. Allí los mantuvo hasta el 5 de mayo, día en el que (Fernando VII lo hizo el día 6) ambos abdicaron sus derechos sucesivamente en favor de Napoleón[3]. Éste cedió la corona a su hermano, José I Bonaparte. Para entonces, la lucha ya había empezado en Madrid.

Poco podía imaginar Napoleón por entonces que ante sus pies se abría una sima que sangraría a su gran ejército y terminaría sepultándole en el teatro de guerra occidental. No fue en España donde quedó destruido, que fue en Rusia, pero los quebraderos de cabeza que España y su pueblo le infligieron en una larga guerra fueron decisivos.

España, su gente y su ejército ganaron esa guerra, que es conocida como Guerra de la Independencia.

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La noticia de esta semana apareció el 17 de septiembre de 2020 en la publicación The Hill. Su título es “¿Otra hambruna en camino? China pelea para satisfacer sus necesidades alimenticias básicas”
Vamos primero con un poco de historia. En la trayectoria de la República Popular China ya se han producido hambrunas generalizadas con resultado de millones de muertos (de las que ustedes no habrán visto imágenes, como no las han visto de los pioneros campos de concentración soviéticos). Una de ellas fue directamente provocada por el Gran Timonel, Mao Tsé Tung (dejamos de lado la nueva forma de escribir el nombre del mismo tirano de siempre), quien ordenó en 1959 ejecutar unas políticas de nuevo cuño que se denominaron “El Gran Salto Adelante”. Y a fe que lo dieron. La Gran Hambruna China fue la consecuencia directa e inmediata de esas políticas[4].

Las estimaciones de muertos se elevan hasta los 55 millones. Chen Yizi, ex alto funcionario chino y asesor principal del exsecretario general del PCCh, Zhao Ziyang, concluyó que 43 millones de personas murieron debido a la hambruna. Frank Dikötter estima que murieron al menos 45 millones de personas, de las que al menos 2,5 millones fueron golpeadas o torturadas hasta la muerte. Yu Xiguang, historiador chino independiente y ex instructor de la Escuela Central del Partido Comunista de China, estimó que 55 millones de personas murieron debido a la hambruna. Pasó dos décadas investigando archivos antes de llegar a esa conclusión.

Las causas inmediatas de la hambruna fueron las políticas implantadas durante el Gran Salto Adelante.
Por un lado, la agricultura fue organizada en comunas populares y se prohibió el cultivo privado. Esta colectivización forzosa redujo considerablemente los incentivos para que los campesinos trabajasen eficientemente, lo que provocó una clara reducción de la producción. A ello se sumó, según Amartya Sen, una distribución inadecuada o ineficaz de los alimentos, a menudo junto con carencia de información. Los funcionarios locales en el campo compitieron para inflar las cifras de producción que sus comunas habían conseguido en respuesta a la nueva organización económica y por tanto dejaron a los campesinos locales con muy pocos alimentos.

Junto con la colectivización forzosa, el Gobierno central decretó cambios de técnicas agrícolas, basadas en las ideas del desacreditado biólogo y agrónomo ruso Trofim Lysenko.​ Una de estas ideas era la plantación cercana: la densidad de plantas fue primero triplicada y luego sextuplicada. La teoría era que las plantas de la misma especie no competirían entre sí.  Lo hicieron. Y la producción se resintió. En la práctica este problema atrofió el crecimiento vegetativo y causó producciones muy inferiores. Otra idea, basada en sugerencias de Teventy Maltsev, fue arar con mayor profundidad (hasta 2 metros), asegurando que el suelo más profundo sería más fértil. No fue así. Piedras, arena y tierra sin nutrientes sustituyeron a la capa superficial. Peores resultados adicionales siguieron a este consejo.

Paralelamente se desató una campaña de exterminio, llamada campaña de las cuatro plagas[5]. La población fue animada a exterminar las poblaciones de gorriones y otros granívoros. La idea era preservar las cosechas eliminado a las aves que las minoraban. La campaña fue un éxito, pero tuvo un efecto inesperado por los estrategas comunistas: se desencadenó una gran plaga (esta sí) de insectos, que afectaron muy negativamente a las cosechas al desaparecer sus depredadores naturales. Está acreditado que los problemas ecológicos, tanto la plaga de langostas como el mal uso de los pesticidas, se combinaron para agravar el problema.

Por otro lado, el PCChino decidió exigir a las comunas que produjeran hierro y de acero, base (recuerden a Stalin y su industrialización forzosa) del progreso económico. Se ordenó a millones de campesinos abandonar el trabajo agrícola para incorporarse a la producción de metal. Lo hicieron sin formación ni tecnología, de manera que el hierro obtenido era de ínfima calidad y resultó desechable. Mientras tanto, las ya escuálidas cosechas se pudrían por falta de mano de obra que las recogiera.

El problema, en nuestros días, es de otro orden. La vieja brutalidad ha sido sustituida por medidas más refinadas. La mezcla de malos resultados en las producciones agrarias, el diluvio en la cuenca del río Yangtsé (principal productora de arroz para gran parte de los chinos) y la reducción de importaciones de grano (debido a decisiones del gobierno central), han alarmado a los responsables políticos. Y la movilización ha comenzado. El presidente Xi Jinping ha lanzado la campaña “Plato limpio” para racionar la oferta y evitar que se repita en parte la Gran Hambruna de 1959.

Esta vez no son sólo decisiones descabelladas de los líderes; la suma de inundaciones, plagas de insectos (el gusano cogollero y las langostas han devorado millones de hectáreas de maíz y trigo) y la enorme mortandad causada por la fiebre porcina africana[6] han acompañado a las hostilidades desencadenadas por el gobierno chino contra los países que han criticado su gestión de la pandemia del SARS-CoV-2 y son suministradores netos de alimentos[7].

Problemas fronterizos con India, expansionismo chino en el Mar Meridional del sur de China y un rearme zonal acelerado están creando un caldo de cultivo peligroso. Los franceses llaman a esto “fuite en avant”.

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El avance tecnológico de hoy apareció el 18 de septiembre de 2020 en una breve nota de prensa de la Global Warming Policy Foundation (GWPF), que acaba de producir un documento donde se expresa con claridad y sin la habitual histeria predominante en el ámbito del clima la evolución de éste en los EEUU y su situación actual.

Es un avance de la realidad sobre las fabulaciones que inundan los medios cuando del medio ambiente se trata. Ya sabemos que “les va la vida en ello”, pues viven bien hozando en la charca que han creado para hacernos creer que ese es nuestro presente y peor será nuestro destino. Pero de vez en cuando aparecen este tipo de publicaciones honradas, que reflejan los datos y no los retuercen para que se adapten a los apriorismos.

¿Y cuál es el mensaje de la GWPF? Business as usual. Armageddon (perdón, el Apocalipsis), en todo caso el climático, no está cerca. No hay más tornados, el nivel del mar sube como en los últimos decenios, ya siglos. Las temperaturas medias han subido al ritmo de 0,15°F[8] / década.

Bienvenido sea este avance de la verdad sobre la mentira, esas categorías obsoletas.

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La frase de hoy es del mayor asesino y genocida de la Historia si por el número de crmenes cometidos se puede establecer una lista. Mao Tsé Tung iba de poeta. Quien haya leído el en su día archifamoso Libro Rojo lo sabe. En una entrevista (1956) con la periodista estadounidense Anna Louise Strong, se expresó así: “el imperialismo estadounidense es en apariencia muy poderoso, pero en realidad no es nada a lo que temer; es un tigre de papel, incapaz de resistir al viento y la lluvia”.

Pues eso es la actual China comunista: podrida por dentro, no resistirá las acusaciones de su responsabilidad en la propagación del virus SARS-CoV-2. Tendrá que pedir perdón e hincar la rodilla: como un tigre de papel.

Saludos
CDC


[1] El representante plenipotenciario de Manuel Godoy, valido de Carlos IV, era el Consejero de Estado y Guerra Eugenio Izquierdo. El de Napoleón fue Gérard Duroc.
[2] El norte, que se llamaría Reino de Lusitania Septentrional, se entregaría al antiguo rey de Etruria, Carlos Luis de Parma (Luis II de Etruria), como compensación por sus territorios italianos en manos de Napoleón. El centro se quedaría en reserva para negociar con Gran Bretaña. El sur (Alentejo y Algarve) para Godoy y su familia bajo la denominación de Principado de los Algarves.
[3] Las abdicaciones de Bayona, ya tratadas en una anterior Carta de los martes.
[4] Viene a cuento mencionar el Holodomor, el genocidio por hambre que el PCUS lanzó en Rusia Central y Ucraina para “suprimir a los kulaks (campesinos propietarios) como clase”, lo que lograron suprimiendo a cada uno de ellos por hambre o sangre.
[5] La campaña de las cuatro plagas se refería a moscas, mosquitos, ratas y gorriones.
[6] Si tiene oportunidad vea los vídeos; la peste porcina ha obligado a las autoridades sanitarias a sacrificar más de 180 millones de cerdos, el 40% de la cabaña. Los precios se han disparado y las importaciones también.
[7] Los suministradores principales son EEUU, Canadá, Australia, Nueva Zelanda e Indonesia.
[8] 0,0834°C.

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