LA CARTA DE LOS MARTES – 15 DE DICIEMBRE DE 2020

LA CARTA DE LOS MARTES – 15 DE DICIEMBRE DE 2020

Carta de los martes del 15 de diciembre de 2020

Queridos amigos:

A las 15:00 del día 15 de diciembre de 1937, sin preparación aérea ni artillera, comenzó la Batalla de Teruel, cuyo desenlace resultó decisivo para la Guerra Civil española. Hasta ese momento casi nada hacía presagiar que la menor de las capitales de provincia, con apenas 13.000 habitantes, iba a ser el gran teatro de la guerra durante dos meses y una semana en el más crudo invierno de que había memoria. Ese día, el ejército de la República desencadenó su mayor ofensiva hasta entonces y lo hizo sobre un lugar que no tenía valor estratégico.

Pero sí lo tenía político[1]. La escasa[2] guarnición de los nacionales, al mando del coronel Domingo Rey D´Harcourt, reaccionó con vigor y decisión en una batalla que iba a ser cruenta. Orientada como estaba a atraer los ejércitos del General Francisco Franco y así aligerar la presión sobre Madrid, el ejército de la República iba a por todas. Teruel estaba ya en situación de avanzada y el frente de Aragón era débil.

Las fuerzas republicanas del Ejército de Levante (Hernández Saravia) ascendían a 100.000 hombres en tres cuerpos de ejército, el XVIII (coronel Fernández de Heredia), el XX (coronel Menéndez López) y el XXII (Coronel Juan Ibarrola). Para apoyar la ofensiva, con ellos iban 400 piezas de artillería, 100 tanques y 120 aeronaves. El plan inicial del ya general Rojo era conquistar Teruel con seis divisiones y dejar dos de ellas para afrontar la contraofensiva franquista.

Las tropas republicanas estaban seguras de una victoria fácil por la gran desproporción existente. El día 17, las fuerzas de Líster contactaron con el Cuerpo de Ejército de Fernández de Heredia, cerrando el cerco sobre Teruel.  Luego tomaron la Muela, una cresta situada junto a Teruel, cuya posesión era decisiva. Rey d’Harcourt retiró a sus hombres hacia el interior de la ciudad. El día 19 las tropas republicanas llegaron a los arrabales. Encontraron una fuerte resistencia a pesar de la gran superioridad republicana. No había ayuda exterior: las fuerzas nacionales aún no están preparadas para liberar a los sitiados. La aviación franquista, con temperaturas en los aeródromos de Castilla de hasta -10°C, apenas podía minar el avance republicano.

La lucha dentro de la ciudad fue casa por casa, con gran cantidad de bajas, civiles y militares. La artillería republicana situada en los alrededores laminaba cada edificio de la resistencia. A partir del cese de los bombardeos, las bayonetas. El frío afectó mucho a las tropas, aunque los soldados republicanos iban mejor equipados, pues controlaban la industria textil. Aún así, la dureza del combate multiplicó las deserciones en sus filas.

El día 23 de diciembre Franco, que no estaba dispuesto a hacer concesiones perdiendo ni una sola capital de provincia, decidió enviar el grueso de sus tropas para contratacar. El 25 de diciembre, los sitiados resistían desde el Seminario y la Comandancia. Las bajas del Ejército popular eran muy numerosas, resultando en el debilitamiento del ataque.
La contraofensiva nacional, con dos cuerpos de ejército al mando de los generales Antonio Aranda y Enrique Varela, comenzó el 29 de diciembre para romper el asedio tras pedir a Rey D´Harcourt que resistiera a toda costa. Rey D’Harcourt y el coronel Barba respondieron como pudieron, pero no tenían apenas víveres, el frío era atroz, sus posiciones eran muy vulnerables y se enfrentaban a un ejército con gran capacidad ofensiva. Las tropas de Franco llegaron muy cerca de Teruel, pero una tremenda nevada a fin de año interrumpió el avance. Las bajas por congelación llegaron en algunas unidades al 50%. Los aviones seguían sin poder despegar.

El 31 de diciembre, mientras empeoraba el tiempo, los franquistas realizaron un esfuerzo adicional y llegaron a La Muela, desde donde podrían cañonear fácilmente la ciudad. Esa misma noche, algunas unidades republicanas en el interior de la ciudad, desmoralizadas, abandonaron sus posiciones. El frío extremo (-18º) paralizó las operaciones, pues los motores se helaban. Había un metro de nieve. Para el 1 de enero de 1938, todos los defensores del Convento de Santa Clara habían muerto, a lo que siguió la caída de la Comandancia militar el día 3. D’Harcourt interpretó que prolongar la resistencia solo aumentaría las bajas de sus soldados y de la población civil. El 6 de enero de 1938, la Cruz Roja Española se dirigió al jefe de la 84 Brigada Mixta de la 40 división para que accediese a evacuar a los heridos y civiles ante la dureza del combate. El 7 de enero, D’Harcourt rindió Teruel[3]. A mediados de ese mes, los prisioneros más notables fueron trasladados a Barcelona, encontrándose entre ellos los jefes militares más destacados de la plaza y el obispo de Teruel. La euforia se desbordó en el bando republicano[4]. Vicente Rojo consiguió el objetivo planeado, que consistía en desviar la ofensiva nacional. Ello alimentó la esperanza de un triunfo final sobre Franco. El gobierno de Juan Negrín se pavoneó con la victoria.

Los hombres de la 84 Brigada Mixta habían contribuido decisivamente a la toma de Teruel. Tras un mes de terribles combates, el 16 de enero pasaron a la retaguardia en la población de Rubielos de Mora, a 60 Km. del frente, travesía que realizaron a pie.

Con la rendición del 7 de enero cambiaron las tornas: las fuerzas del gobierno pasaron a defender Teruel y los nacionales prepararon el asalto. Rojo, seguro de la situación, retiró del frente de Teruel parte de los Cuerpos de Ejército y tres divisiones, en contra del criterio del general en jefe de la operación, Hernández Saravia. El 18 de enero, Franco movilizó todas sus fuerzas para recuperar Teruel. Rojo había conseguido atraer a los nacionales, pero no calibró bien su respuesta.

A la vista de ésta, Rojo recurrió a todas sus reservas y entre ellas, a la 84 Brigada Mixta. Fue entonces cuando se produjo la insubordinación. El día 19 se recibió la orden de suspender el permiso, que significaba que, a los dos días de llegar a Rubielos de Mora para descansar, se les obligaba a retornar al frente. Unos 600 hombres de los batallones “Azaña” y “Largo Caballero” se negaron. Pero Indalecio Prieto había dictado órdenes estrictas para paliar el caos interno. El 20 de enero, el jefe de la 40 División, el teniente coronel Andrés Nieto Carmona, juzgó a 130 hombres. Tres sargentos, 12 cabos y 31 soldados fueron fusilados a las afueras de Rubielos de Mora[5]. El general Varela fijó a los republicanos para que el cuerpo de ejército al mando del general Aranda pudiera cerrar el cerco cruzando el río Alfambra. El día 7 de febrero, el coronel Monasterio ejecutó la última carga de caballería del ejército español, que decantó la batalla a su favor.

El 8 de febrero los franquistas extendían sus líneas a lo largo del Alfambra. Esa batalla había terminado. En dos días, el gobierno de la república perdió 800 kilómetros cuadrados de terreno y diez poblaciones; tuvo 15.000 bajas y 7.000 prisioneros. Gran cantidad de material bélico (armas, municiones y camiones) cayó en manos franquistas o fue destruido.

El 17 de febrero, Yagüe cruzó el Alfambra y avanzó hacia el sur. El día 18 atacó Aranda hacia el norte. El 21 quedó cercada Teruel. El general Saravia ordenó a Valentín González, “El Campesino”, que abandonara la plaza. Lo hizo esa misma noche por el cauce del Turia. Quedaron abandonados 1.500 soldados republicanos. La mañana del 22 de febrero los franquistas entraron en Teruel sin resistencia.

La batalla de Teruel fue crucial.  Supuso un fuerte desgaste para ambos contendientes. Vicente Rojo consiguió desviar la ofensiva sobre Madrid, pero perdió la batalla. Franco recuperó la ciudad. El 9 de marzo, dos semanas después de entregar Teruel, las líneas republicanas se derrumbaron. A través de Gandesa y Morella, los soldados de la 4ª División alcanzaron el mar Mediterráneo, ocupando Vinaroz y Benicarló y partiendo en dos el territorio del enemigo. La derrota republicana era cuestión de tiempo.

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La noticia de esta semana tiene que ver con la deuda externa. Pero no con cualquier deuda, sino con la que se contrae con la República Popular China. Y es que el gobierno de las Maldivas, ante la pérdida de recursos turísticos como consecuencia de la pandemia que vino de China, se espera malas noticias. Depender casi en un 66% de los ingresos en divisas procedentes de un sector como el turismo es tener la espada de Damocles sobre tu cabeza … y que caiga de vez en cuando.

La deuda reconocida por el gobierno de Maldivas es de $ 3.100 millones por todos los conceptos, una enormidad para un pequeño país. Y está claro que, salvo la deuda asociada a los avales concedidos por el Estado a las empresas privadas, el resto no va a generar retornos suficientes como para poder devolver principal e intereses.

Se sabe por experiencia que Pekín, llegado el caso de impago, lo troca por derechos de explotación a largo plazo de infraestructuras críticas. El caso del puerto de Hambantota en Sri Lanka es característico. La solución al problema de la deuda con China fue el arriendo del puerto por 99 años a cambio de $ 1.100 millones.

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El avance tecnológico de hoy tiene que ver con los mecanismos de envejecimiento. Un equipo de investigadores de la Universidad de Tel Aviv y el centro médico Shamir afirma haber hallado cómo detener el envejecimiento celular, es decir, el proceso que aboca a la muerte.

La información ha aparecido en la revista Aging. Un tratamiento con oxígeno puro en cámaras hiperbáricas (OHB) puede detener e incluso revertir el proceso de envejecimiento.

Tras tres meses con oxígeno en el interior de una cámara de presión, el tratamiento es capaz de detener tanto el acortamiento de los telómeros situados en los extremos de los cromosomas como la acumulación en el organismo de células viejas o disfuncionales. Es más, los telómeros se alargaron entre un 20% y un 38%, según el tipo de célula. El porcentaje de células avejentadas descendió entre un 11% y un 37%.

Igual si a partir de ahora nos metemos en una cámara hiperbárica, no salimos más que para pasear y nos dopamos con oxígeno puro, nos volvemos como niños. Suena a fuente de la eterna juventud. Nada nuevo en cuanto al relato pero sí en cuanto a los hechos.

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La frase de hoy es de Mike Pompeo, Secretario de Estado de los EEUU. La ha pronunciado en relación con las jugadas ventajistas de la RP China con los países deudores. China practica la diplomacia de la “trampa de la deuda”:

“Te puede hacer sentir bien en el momento: el país piensa que ha obtenido un producto barato o un puente o una carretera. Al final, hay un coste político asociado a esas operaciones que excederá con mucho el valor económico de los productos vendidos”. Pompeo se queda corto. En África Negra, los chinos ya no son bien recibidos. La Política del tente mientras cobro les ha pasado factura. Además de todo lo otro»

Saludos
CDC


[1] El 17 de mayo de 1937, tras los enfrentamientos entre el PCE, el POUM, la CNT y el gobierno, Francisco Largo Caballero (PSOE) dimitió como presidente del gobierno. Le sucedió Juan Negrín (PSOE), quien optó – de acuerdo con el Jefe de Estado Mayor, coronel Vicente Rojo – por una estrategia ofensiva con ataques de distracción en frentes secundarios.
[2] El bando nacional contaba con unos 3.000 hombres armados dentro de la ciudad de Teruel (de los cuales casi el 40% no eran militares). A ellos se sumaron 1.000 civiles no entrenados militarmente, llegando a alcanzar 4.000 defensores.
[3] La actuación de Rey D’Harcourt fue analizada en la Auditoría de Guerra de Zaragoza para dilucidar los motivos de su rendición. Su expediente fue sobreseído en 1940; se habían satisfecho las «exigencias del honor y el deber”.
[4] «Minutos antes de las 21:00 el coronel D’Harcourt, que asumía la jefatura de los facciosos en la plaza pidió comunicación telefónica con el Ejército de Levante, general Sarabia, a quien ofreció su rendición y la de las tropas por él mandadas”. Así lo comunicó Rojo a Indalecio Prieto, ministro de Defensa. El coronel Rey D´Harcourt, prisionero de la República, fue asesinado el 7 de febrero de 1939 en Pont Molins, Cataluña, junto a otro defensor de Teruel, el teniente Pérez del Hoyo, el obispo Anselmo Polanco y otras 37 personas.
[5] Setenta y un años después (2009) los restos de 20 soldados de la 84 Brigada Mixta fueron descubiertos en una fosa común en el paraje del Pinar de Piedras Gordas.

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