LA CARTA DE LOS MARTES – 05 DE ENERO DE 2021

LA CARTA DE LOS MARTES – 05 DE ENERO DE 2021

Carta de los martes del 5 de enero de 2021

Queridos amigos:

El 5 de enero de 1968, Alexander Dubček se convirtió en Secretario General del Partido Comunista de Checoslovaquia. El camino hacia la llamada Primavera de Praga había comenzado. Lo que este político reformista no imaginaba era cuán corto iba a ser.

Dubček nació en Eslovaquia el 27 de noviembre de 1921, en el seno de una familia comunista. Cuyo padre fue un obrero que emigró a la Unión Soviética. Dubček se educó en la URSS. La familia regresó a Eslovaquia en 1938. Al año siguiente, Dubček ingresó en el Partido Comunista checoslovaco. Durante la Segunda Guerra Mundial tomó parte en la resistencia contra la ocupación nazi. Resultó herido varias veces. En 1949 fue nombrado secretario de distrito del partido en Trenčín. En 1951 fue elegido miembro del Comité Central y diputado de la Asamblea Nacional, lo que motivó su traslado a Bratislava, donde estudió Derecho. Entre 1955 y 1958, Dubček asistió a la Escuela Superior de Mandos del Partido en Moscú. En mayo de 1963, reemplazó a Karol Bacílek como primer secretario del partido en Eslovaquia. Desde octubre de 1967, Dubček y sus seguidores (sobre todos, el economista Ota Šik) criticaron abiertamente la política del partido. El primer secretario Antonín Novotný, invitó a Praga al secretario general del PCUS, Leonid Brezhnev para que le apoyara. Cuando Brezhnev vio la gran oposición existente contra Novotný, apoyó su retirada. Dubček lo sustituyó como primer secretario el 5 de enero de 1968. El 22 de marzo, Novotný cesó como jefe del Estado y fue reemplazado por Ludvík Svoboda, partidario de reformas.

Desde su posición, Dubček lanzó en marzo de 1968 un ambicioso programa de cambios conocido como la «Primavera de Praga». Era una política de liberalización orientada a materializar lo que llamaba «el socialismo de rostro humano» a través de la democratización del Estado y las estructuras del Partido, comenzando asimismo una cierta colaboración con Occidente. Dubček  puso de manifiesto su fidelidad al Pacto de Varsovia y a la URSS, aseverando que las reformas eran un puro asunto interno. Contó inicialmente con la aprobación de Leonid Brezhnev. Su política se ganó el apoyo de la población, pero también la enemiga de los dirigentes de las «democracias populares» y después, del Kremlin.

En abril de 1968, Dubček lanzó un Programa de Acción[1], con libertad de prensa, de expresión[2] y de movimientos, énfasis en la economía de consumo, la posibilidad de constituir en el futuro un gobierno multipartidista[3], cierta limitación del poder de la policía secreta y la federalización de Checoslovaquia entre Bohemia y Moravia, por un lado, y Eslovaquia por otro.

Entre el 29 de julio y el 1 de agosto de 1968, la URSS intentó frenar los cambios. Para ello, se celebraron conversaciones bilaterales[4] en Čierna nad Tisou, junto a la frontera soviética. A la sazón, el partido comunista checo estaba dividido entre reformistas[5] y ortodoxos[6].

El 3 de agosto, representantes del Pacto de Varsovia (los cinco de Varsovia) y de Checoslovaquia firmaron la Declaración de Bratislava, reconfirmando su inquebrantable fidelidad al Marxismo-Leninismo y al internacionalismo proletario, así como la lucha implacable contra la ideología burguesa.[7]

No sirvió de nada. El 21 de agosto de 1968, tropas del Pacto de Varsovia[8] invadieron Checoslovaquia y abortaron el proceso de reformas. Alexander Dubček pidió a la población que no se opusiera a la invasión. Sin embargo, hubo actos esporádicos de violencia y algunas inmolaciones[9]. El resultado fue sangriento[10].

Durante la madrugada del 21 de agosto, Dubček y otros líderes[11] fueron secuestrados por la policía soviética y llevados a Moscú, donde «se les convenció». Allí se firmó el Protocolo de Moscú, mediante el cual Dubček seguiría en su cargo.

El 27 de agosto Dubček pronunció un discurso en el que confesó que se había perdido la mayor parte de lo ganado en la «Primavera de Praga”. Y así fue como Checoslovaquia entró en un nuevo período, tildado de “normalización”, para restaurar los valores políticos y económicos anteriores. En abril de 1969, Gustáv Husák sustituyó a Dubček como primer secretario, aunque éste seguía como presidente de la Asamblea Federal checoslovaca. Ese mismo año fue expulsado del Partido y nombrado embajador en Turquía. Fue de inmediato destituido y enviado como agente forestal a un lugar de Eslovaquia, donde no podía hablar con nadie sin un permiso especial.

En 1974 apareció una carta abierta, dirigida a la Asamblea Federal, en la que se ratificaba en los postulados de 1968, criticaba las posiciones políticas del partido comunista y denunciaba los abusos de poder de Gustáv Husák. Veinte años más tarde, en 1987, Mijail S. Gorbachov reconoció que sus políticas de glasnost perestroika debían mucho al “socialismo de rostro humano” de Dubček[12].

El país siguió bajo control soviético hasta 1989[13], cuando la Revolución de Terciopelo acabó pacíficamente con el régimen comunista. El 26 de noviembre de 1989,  Dubček se dirigió a una muchedumbre enardecida, primero en Bratislava y luego en la Plaza de Letna, en Praga. Fue designado presidente del país junto a Vaclav Havel y elegido presidente de la Asamblea Federal en diciembre de 1989. Murió en 1992 a causa de las heridas sufridas en un accidente de automóvil. Está enterrado en Bratislava.

La Primavera de Praga evoca la intervención militar del Pacto de Varsovia y la imposibilidad de cambiar un régimen comunista desde dentro.

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La noticia de esta semana es que hay un libro interesante. Es de Antony Flew. Se titula Dios existe. Fue editado en 2012.

Antony Flew fue[14] un famoso ateo británico que, según iba viendo los argumentos en favor y en contra de la existencia de Dios, se decantó finalmente por la hipótesis del creyente. No lo hizo por fe sino convencido por la razón. Fue un proceso de transformación, que relata con detalle en el libro mencionado. Pero yo no quería tanto hablar del buen libro de Flew cuanto de cómo resume una conocida anécdota.

La relata Flew en torno a su último debate público, que tuvo lugar en la New York University, en mayo de 2004. Participaron el científico israelí Gerald Schroeder, el filósofo escocés John Haldane, y el propio Flew. El simposio se resume en que los desarrollos de la ciencia moderna parecían apuntar a una Inteligencia más alta: de todos los descubrimientos de la ciencia moderna, el mayor era Dios. Para Flew, el giro personal se debía casi enteramente a las investigaciones sobre el ADN. Para entender la casi increíble complejidad de las estructuras que son necesarias para producir vida, alguna inteligencia ha debido participar en el ensamblamiento de esos elementos extraordinariamente diversos. Asombra la enorme complejidad del número de elementos y la enorme sutileza de las formas en que cooperanLa probabilidad de que todos esos elementos hayan podido encontrarse por casualidad en el momento adecuado es simplemente minúscula.

A Flew le impresionó especialmente la meticulosa refutación de Schroeder de lo que llamo «el teorema del mono». “Esta idea defiende la posibilidad de que la vida surja por azar recurriendo a la analogía de un grupo de monos que aporrean durante mucho tiempo los teclados de unos ordenadores y terminan escribiendo un soneto de (Willliam) Shakespeare. Schroeder se refirió en primer lugar a un experimento realizado por el British National Council of Arts. Se introdujo un ordenador en una jaula con seis monos. Después de torturar su teclado durante un mes, los monos produjeron cincuenta páginas mecanografiadas, pero ni una sola palabra. Schroeder señaló que los monos ni siquiera habían conseguido acertar con las palabras más cortas del idioma inglés, que contienen una sola letra (a o i). A es una palabra solo si va flanqueada por dos espacios en blanco. Si tenemos en cuenta que el teclado del ordenador contiene treinta caracteres (las veintiséis letras y otros símbolos), la probabilidad de conseguir una palabra de una sola letra es de 30 veces 30 veces 30, es decir, de una entre 27.000. Schroeder aplicó a continuación el cálculo de probabilidades al soneto de Shakespeare. «¿Cuál es la probabilidad de conseguir por azar un soneto de Shakespeare?», preguntó. Y continuó: Todos los sonetos tienen la misma extensión. Constan de catorce versos. Escogí el soneto cuyo primer verso recordaba de memoria: Shall I compare thee to a summer’s day? (¿Te compararé con un día de verano?). Conté el número de letras; resulta que hay 488 letras en ese soneto. ¿Cuál es la probabilidad de obtener las 488 letras en la secuencia correcta – como en Shall I compare thee to a summer’s day – tecleando al azar? Es preciso multiplicar 26 por sí mismo 488 veces: 26 elevado a la 488ª potencia. Dicho de otra forma, en base 10, 10 elevado a 690.

El número de partículas del universo —no el número de granos de arena, sino el de protones, electrones y neutrones— es de 10 elevado a 80. Diez elevado a 80 es un 1 seguido de 80 ceros. Diez elevado a 690 es un 1 seguido de 690 ceros. No hay bastantes partículas en todo el universo para agotar las apuestas, es decir, los ensayos necesarios para escribir el soneto por casualidad. El universo se queda corto en un factor de 10 elevado a 600[15].
Si tomáramos todo el universo y lo convirtiéramos en chips de ordenador – olvidémonos de los monos – cada uno de los cuales pesara la millonésima parte de un gramo, y cada chip fuera capaz de hacer 488 intentos a una velocidad de un millón de veces por segundo; si transformáramos todas las partículas del universo en tales microchips y estos chips escribieran letras al azar un millón de veces por segundo, el número de intentos que habría habido tiempo de realizar desde el principio de los tiempos habría sido de 10 elevado a 90. De nuevo, nos estaríamos quedando cortos por un factor de 10 elevado a 600. Nunca se podrá conseguir un soneto por casualidad.

El universo tendría que ser 10 elevado a 600 veces más grande de lo que es. Y, sin embargo, la gente cree que los monos pueden conseguirlo. Si el teorema de los monos no funciona para un solo soneto, es simplemente absurdo sugerir que algo mucho más difícil que escribir un soneto, como es la aparición de la vida, pueda haberse producido por casualidad”.

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Hoy no habrá avance tecnológico; la carta ya es larga y no procede hacerla todavía más extensa.

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La frase de hoy es de Sócrates; al menos, a él se atribuye. Es sencilla, pero raras veces tiene el intelectual independiente (el de nómina o partido, ni la valora) la alta conciencia moral de seguirla a pies juntillas. Sócrates propugnaba “seguir la argumentación hasta dondequiera que lleve”. A Flew le llevó a aceptar la existencia de Dios.

Saludos

CDC


[1] El programa se basaba en la idea de que «el socialismo no puede significar sólo la liberación de la clase trabajadora de la dominación de las relaciones de explotación, sino que debe prever una vida más plena de la personalidad que en cualquiera de las democracias burguesas”.
[2] Se investigó la historia del país bajo el comunismo, especialmente durante el período estalinista. En la televisión estatal, Eduard Goldstücker, historiador de la literatura, presentó fotografías de antiguos líderes comunistas purgados, encarcelados o ejecutados; todos ellos habían sido borrados de la Historia. Si esto les recuerda a la llamada Memoria Histórica que rige en la España de nuestros días, es lógico.
[3] Especulaba con la posibilidad de una transición de 10 años con elecciones y una nueva forma de socialismo democrático.
[4] Por el lado soviético asistieron Leonid Brezhnev, Alexei KosyginNikolai PodgornyMikhail Suslov y otros. Por el checo, Dubček, Svoboda, Oldřich Černík, Josef Smrkovský y otros.
[5] Smrkovský, Oldřich Černík y František Kriegel.
[6] Vasil BiľakDrahomír Kolder y Oldřich Švestka.
[7] Este lenguaje de apariencia tan grotesca era de universal aplicación y aceptación en los aparatos del estado socialista y en los partidos de izquierdas de todo el mundo. Tragan con lo que sea.
[8] No participaron ni las rumanas, cuyo PC se oponía frontalmente a la intervención, ni las de la RDA, para evitar analogías con la invasión nacionalsocialista que tuvo lugar en 1938.
[9] La más conocida es la de Jan Palach.
[10] La noche del 21 de agosto y subsiguientes murieron 137 checoslovacos, 266 resultaron gravemente heridos y 436 resultaron leves, según cifras oficiales. Se estima que unas 70,000 personas huyeron del país de inmediato y 300.000 en todo el período subsiguiente a la invasión.
[11] El presidente Svoboda, el primer ministro Černík y el presidente de la Asamblea Nacional, Smrkovský.
[12] Un portavoz del Ministerio de Asuntos Exteriores soviético, cuando fue preguntado por las diferencias entre las políticas de reformas checa y soviética, contestó: «Diecinueve años”.
[13] Las tropas soviéticas abandonaron Checoslovaquia en 1991, año de la implosión de la URSS.
[14] Murió en 2010
[15] 610, para ser exactos.

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