LA CARTA DE LOS MARTES – 29 DE DICIEMBRE DE 2020

LA CARTA DE LOS MARTES – 29 DE DICIEMBRE DE 2020

Carta de los martes del 29 de diciembre de 2020

Queridos amigos:

El 29 de diciembre de 1834 murió Thomas Robert Malthus, clérigo anglicano, demógrafo[1] y economista británico. Malthus había nacido en 1766.

Se le recuerda sobre todo por una obra que ha marcado parte del pensamiento occidental de los últimos dos siglos. En 1798 se publicó el libro Ensayo sobre el principio de la población, en el que Malthus (quien no firmó esa primera edición del libro) afirmaba, entre otras cosas, que la población tiende a crecer en progresión geométrica, en tanto los alimentos lo hacen en progresión aritmética. Una mínima reflexión conduce de inmediato a ver el choque entre esas dos tendencias, lo que aboca a un resultado siniestro para la población, condenada a la hambruna, la debilidad, la enfermedad y la muerte.

En justa correspondencia con la solanesca perspectiva del ecónomo, a quienes auguran los mayores males en cualquier disciplina social o económica se les llama desde entonces malthusianos, y en nuestros días, neomalthusianos.

¿De qué fuentes bebió Malthus? Estudió en el Jesus College (Cambridge). Se graduó en filosofía y teología y fue ordenado pastor de la iglesia anglicana. Polemizó con su amigo David Ricardo. Refutó la Ilustración y la idea asociada de progreso; atacó las consecuencias de la Revolución Francesa y el optimismo antropológico de William GodwinNicolas de Condorcet y Jean-Jacques Rousseau, quien resultó ser amigo del padre de Malthus.

En 1793 fue designado miembro del equipo de dirección del Jesus College, Cuando en 1804 la Compañía de las Indias Orientales fundó una nueva institución universitaria destinada a formar a los funcionarios que habían de servir a Inglaterra en destinos de ultramar (Haileybury), Malthus ejerció en ella como profesor de economía desde 1805 hasta su muerte en 1834.

Las referencias que subyacen a la primera edición anónima del Ensayo sobre el principio de la población son dos:

  • La naturaleza humana es inmutable. De ahí que la tendencia al crecimiento sea incesante[2], con independencia de las variables del entorno. De ahí se infiere la inevitabilidad del choque entre población y disponibilidad de alimentos[3].
  • La situación británica a finales del Siglo XVIII presentaba un cuadro de gran[4] crecimiento demográfico, debido sobre todo a la Revolución Industrial[5] y a las Leyes de Pobres[6]. Al tiempo, aunque la producción de alimentos aumentaba por el vallado de los open fields[7], los precios de los alimentos subieron porque la demanda era superior a la oferta. No crecían a la par. ​

El Ensayo sobre el principio de la población tuvo seis ediciones, de la primera en 1798 a la última en 1826. La primera edición era por completo teórica. La última está bien documentada.

La tesis central es que, cuando no lo impide ningún obstáculo, la población se dobla cada veinticinco años, en una progresión geométrica. Por su parte, los medios de subsistencia, en las circunstancias más favorables, aumentan en una progresión aritmética. Llegada la esperable catarsis (guerras o epidemias, con mortalidades muy altas), los supervivientes se encuentran con abundancia de recursos alimentarios. La población se recupera rápidamente. Y vuelta a empezar. Se trata de un desarrollo sinusoidal.

Malthus afirmó que existían unos obstáculos o frenos (checks) al crecimiento de la población que clasificó como obstáculos privativos o voluntarios[8] y como destructivos[9] (no voluntarios).
La teoría de Malthus es un tema recurrente en las ciencias sociales. Se llama maltusianismo o neomaltusianismo a toda teoría demográfica, económica y política según la cual el crecimiento de cualquier variable aboca a desastres y a escaseces sin cuento. Este enfoque es todavía muy influyente en el pensamiento económico, político, social y científico de todos los países, básicamente porque resulta rentable en términos de divulgación académica y periodística y de intervención estatal. Un ejemplo de esto es el desempeño de Paul R. Ehrlich, quien en su libro La explosión demográfica (Population Bomb), ha influido fuertemente en el movimiento ecologista de los años 1960, contribuyendo a proporcionar una justificación para la investigación y desarrollo de métodos anticonceptivos.

Encontramos ejemplos de inspiración neomalthusiana en muchos planteamientos de agotamiento de los recursos naturales. Uno es la archidivulgada paparrucha del peak oil, que asevera que el petróleo se agotará más pronto que tarde porque la demanda inevitablemente superará a la oferta. Gentes de alta cualificación profesional suscriben la cosa, que dista un mundo de ser mínimamente cierta. Otro se refleja en la apuesta entre Ehrich y Julian Simon de la que ya hemos dado cumplida cuenta en una Carta anterior. Otra es la estafa planetaria[10] del calentamiento global antropogénico, que propugna el final de la vida en la Tierra vía un incremento desaforado de la temperatura de la atmósfera, a juzgar por sus más fervorosos adalides.
Las críticas han sido y son constantes. Incluso ese pobre desgraciado que responde al nombre de Karl Marx defendía, en una nota en El Capital, que el progreso de la ciencia y la tecnología permitirían el crecimiento exponencial de los recursos.​ Ahí acertó.

Cuando Thomas Carlyle motejó a la Economía como ciencia lúgubre lo hizo teniendo muy presente el enfoque del análisis malthusiano. Afortunadamente, la Economía como ciencia social que es aporta algo más que tinieblas.

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La noticia de esta semana es la publicación de un artículo en El Confidencial en el que se relata la iniciativa del partido político VOX de crear la Fundación Disenso, que consolidará los cimientos ideológicos del partido, orientando su labor a Iberoamérica y los EEUU, además de a España. “Coincidiendo con el Día de la Hispanidad, (VOX) puso en marcha una plataforma digital llamada “La Gaceta de la Iberosfera”, dirigida (al) público hispanohablante”. Se trata, en lo esencial, de “devolver a España su papel capital como piedra angular a ambos lados del Atlántico”. Fuentes de Disenso han utilizado el término Iberosfera para enmarcar a 700 millones de personas que constituyen «una comunidad de naciones e intereses a ambos lados del Atlántico y que comparten su herencia cultural con España y Portugal». Se trata de defender las raíces culturales que comparten España e Iberoamérica y de luchar contra la izquierda allá donde se encuentre. Se trata, en otros términos, de dar la batalla cultural.

El artículo es desdeñoso con VOX y con la Iberosfera, para lo que recurre a reputados analistas. Tiempo al tiempo.

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El avance tecnológico de hoy es un artículo de Fernando del Pino, autor que por su interés y calidad ya ha aparecido antes en estas Cartas. En realidad, no es un avance tecnológico sino un análisis científico y rompedor sobre el coronavirus. Y digo científico porque recurre a fuentes científicas, explica las limitaciones en los discursos vigentes y desnuda la ideologización del fenómeno – que tantos réditos proporciona a las clases dominantes, que son las encaramadas en el poder -. Uno echa de menos un debate claro y transparente acerca de algo que está acabando con las economías libres[11] y nos está llevando al engaño, la incertidumbre, el desequilibrio y la pauperización.

Como el artículo no tiene desperdicio, no lo gloso como habitualmente, pero una frase sí debe ser explicada por quien corresponda, tal es su alcance: … “tras 10 meses de epidemia y 760 millones de personas probablemente contagiadas en el mundo, según la OMS[12], (lo que implicaría una tasa de letalidad IFR[13] del 0,2%, el doble que la gripe estacional)” … . Una tasa de letalidad del 0,2%, de ser cierta, no justifica los enfoques adoptados para sedicentemente combatir la enfermedad y sus consecuencias.

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La frase de hoy es de Thomas Robert Malthus. “Un hombre que nace en un mundo ya ocupado, si sus padres no pueden alimentarlo y si la sociedad no necesita su trabajo, no tiene ningún derecho a reclamar ni la más pequeña porción de alimento (de hecho, ese hombre sobra). En el gran banquete de la Naturaleza no se le ha reservado ningún cubierto. La naturaleza le ordena irse y no tarda mucho en cumplir su amenaza”.
Caritativo no era.

Saludos
CDC


[1] Se le considera uno de los primeros especialistas en esa materia. Sus antecesores fueron John Graunt (1620-1674) y Johann Peter Süssmilch (1707-1767).
[2] Especies de todo tipo autorregulan su crecimiento cuando las circunstancias varían. Es el caso de la Drosophila melanogasterhttps://es.wikipedia.org/wiki/Drosophila_melanogaster, la mosca de vientre negro de la fruta. Es un insecto apasionante y de enorme utilidad para el ser humano. Cuando el entorno no permite el desarrollo de su prole, la mosca hace descender su tasa de reproducción.
[3]«El poder de la población es indefinidamente más grande que el poder de la tierra para garantizar la subsistencia del hombre» (Malthus).
[4] Nada que ver, no obstante, con los crecimientos africanos actuales, que se benefician de los avances en sanidad originados en la Civilización Occidental. Las cifras del Reino Unido eran de 5 millones en 1700 y de 9,2 millones en 1801.
[5] Sí, la misma cruel Revolución Industrial que se supone alienaba a la gente, la arrojaba a la miseria y la explotaba sin fin. Recuérdese que nunca hubo reclutamiento forzoso, sino que los campesinos afluían a las fábricas por propia voluntad, inducidos por su secular necesidad. No fue así en el caso de la URSS, donde Stalin carecía de remilgos al respecto: todos a la industria y si no, al campo. De concentración, claro. Eso sí, la historia la cuentan los progres y el número de imbéciles no se autorregula.
[6] Las Poor Laws fueron un sistema de ayuda a los pobres en Inglaterra y Gales. Se desarrolló a partir de la Edad Media tardía y de las leyes Tudor. Fue codificado entre 1587 y 1598 y pervivió hasta la Segunda Guerra Mundial. Hubo dos estatutos. El primero era administrado a nivel de parroquias locales; el segundo, desde 1834, estaba muy centralizado y favorecía su desarrollo a gran escala por parte de los sindicatos. El sistema de Poor Laws cayó en declive a inicios del siglo XX, debido a varios factores, como la introducción de la beneficencia liberal​ y de otras fuentes de asistencia de sociedades filantrópicas. Para Malthus y otros muchos pensadores, el sistema de Poor Laws estimulaba la procreación irresponsable.
[7] Los campos abiertos (Openfields, common fields) son un sistema de explotación del agro. En ellos, las parcelas de cada campesino no estaban separadas por ningún tipo de cerca o seto. Las decisiones sobre qué, cómo y cuándo debía cultivarse en cada zona de labor se tomaban de forma colectiva entre los vecinos del lugar. En los campos cerrados existen divisiones entre las parcelas y se asocian a decisiones de cultivo individuales. A los campos abiertos suele añadirse un importante peso de los bienes comunales (pastos, bosques, derechos históricos) en este tipo de sistemas agrarios.
Aunque persistieron en muchos países hasta el siglo XX, entraron en retroceso a partir del siglo XVI con la penetración de las relaciones de mercado en las economías agrarias, lo que contribuyó a mitigar la pobreza derivada de la agricultura de subsistencia.
[8]  Por un lado, la restricción moral: abstinencia del matrimonio, castidad, retraso del matrimonio hasta acumular recursos. Por otro lado, los vicios: libertinaje, prácticas contrarias a la naturaleza, violación del lecho conyugal, uniones criminales, uniones irregulares.
[9] Que van desde la miseria (ocupaciones malsanas, trabajos penosos, pobreza, mala alimentación, insalubridad, enfermedades, epidemias, hambre, peste) hasta las desgracias de orden superior (guerras, catástrofes naturales, conflictos políticos).
[10] Aprovecho para inclinarme ante Leyre Pajín, usuaria feliz de este término, aplicado de manera inadecuada en el pasado pasado.
[11] Libres es un eufemismo que quiere decir relativamente libres todavía de la injerencia del Estado en nuestras vidas.
[12] Esta nota científica de la OMC al respecto es excelente. Hay que tenerlo a mano como referente. https://apps.who.int/iris/bitstream/handle/10665/333857/WHO-2019-nCoV-Sci_Brief-Mortality-2020.1-spa.pdf
[13] IFR es el acrónimo de Infection Fatality Rate, razón de mortalidad por infección. La razón o tasa de mortalidad por infección (IFR) es el número de muertes dividido por el número real de infecciones.
Hay otra medición, que es CFR o Case Fatality Rate o Razón/Tasa de Fatalidad de Casos. Pongamos un ejemplo para entender sus diferencias y las implicaciones que de ello se derivan.
La tasa de fatalidad de casos (CFR) es el número de muertes dividido por el número de infecciones conocidas. Esta cifra puede estar muy sesgada hacia arriba o hacia abajo debido al muestreo. Port ejemplo, que el virus infecta a 100 personas; 70 son asintomáticos y desconocen su infección, mientras que 30 enferman y son diagnosticados. 1 de estas 30 personas muere. En este ejemplo, la tasa de mortalidad real es del 1% (1/100), pero el CFR es del 3,3% (1/30).
A medida que se hacen más test, la discrepancia entre la CFR y la IFR disminuye. Por eso es tan importante realizar muchos, muchos tests.
(He sacado estas explicaciones de un hilo de Twitter firmado por Pablo Fuente).

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