LA CARTA DE LOS MARTES – 20 DE ABRIL DE 2021

LA CARTA DE LOS MARTES – 20 DE ABRIL DE 2021

En nombre de Dios Todopoderoso

Carta de los martes del 20 de abril de 2021

Queridos amigos:

El 20 de abril de 1741, tropas británicas comandadas por el almirante Edward Vernon se retiraron derrotadas e impotentes tras el fallido sitio de Cartagena de Indias, que se extendió entre el 13 de marzo y el 20 de mayo de 1741.

¿Por qué se produjo el asalto que llevó a la derrota de la más grande flota británica que vieron los siglos en esa zona[1]? Era un problema de carácter comercial. España poseía suficientes plazas fuertes en el entorno caribeño para controlar el comercio legal. El Reino Unido desarrollaba actividades comerciales ilegales (contrabando) y aspiraba a convertirse en la fuerza hegemónica de la zona. España se hallaba económica y militarmente en declive y el Virreinato parecía una pieza fácil para una potencia emergente como la británica.

Los territorios norteamericanos eran colonia suya, Jamaica también. Se trataba de ir conquistando nuevos feudos. Sin embargo, no era fácil; cada vez que militares británicos atacaban ciudades o puertos desprotegidos, aunque los conquistaran temporalmente, los perdían luego a manos de España.

También las capturas en el mar eran siempre favorables para los españoles. En una ocasión, el guardacostas La Isabela[2]  apresó a un pirata y contrabandista británico y lo envió al Reino Unido sin una de sus orejas. Eso bastó para que el 23 de octubre de 1739, el rey Jorge II declarara la guerra[3] a España, regida por Felipe V.

En noviembre de ese año, el almirante Vernon atacó Portobelo, en el istmo de Panamá. La plaza estaba defendida por tan sólo 700 hombres, por lo que fue conquistada rápidamente[4].
Vernon, envalentonado y apoyado por el parlamentario y futuro Primer Ministro William Pitt El Viejo y los medios escritos de las islas, reunió una gran flota, que salió de Jamaica y fondeó a primeros de marzo de 1741 en las proximidades, pero fuera de la vista de Cartagena de Indias[5]. El 13 de marzo apareció en el horizonte del puerto cartagenero. Antes de desembarcar, Vernon cañoneó las baterías de las fortalezas de Chamba, San Felipe y Santiago, por un lado, y atacó la fortaleza de Punta Abanicos por otro. Durante 16 días[6] ininterrumpidos bombardeó el Fuerte de San Fernando de Bocachica[7]. Once de los trece navíos británicos que entraron por Bocachica fueron destruidos por los cañones de San Luis. La ciudad estaba gobernada por el virrey Sebastián de Eslava y defendida militarmente por el comandante Blas de Lezo[8], quien sólo contaba con 3.600 hombres, incluidos 500 civiles y 500 indios chocoés, más 6 buques[9]. Tras fieros combates, Eslava, Lezo y los soldados supervivientes escaparon por la noche a Cartagena, en lanchas.

La flota entró en la bahía. Los defensores españoles se atrincheraron en la fortaleza de San Felipe de Barajas. Fiel a su táctica, Vernon ordenó cañonear ininterrumpidamente San Felipe. Cuando pensó que ya era suficiente (sólo parecían quedar 600 hombres con vida[10]), Vernon desembarcó 9.000 atacantes y decidió rodear la fortaleza y atacar por su retaguardia, para lo que hubo de adentrarse en la selva. Ese fue un gran error: la malaria, la fiebre amarilla y el vómito negro de la estación de las lluvias hicieron estragos entre los británicos, que en un breve lapso perdieron cientos de hombres. Llegados a la fortaleza, ordenó un ataque de infantería por el único acceso, una rampa que Lezo bloqueó con trescientos hombres sin armas de fuego, que contuvieron el ataque y causaron 1.500 bajas a los asaltantes.

La moral de los atacantes sufrió, pero Vernon decidió atacar a ultranza la madrugada del 20 de abril. Tres columnas, de 1.200 hombres cada una, y varias compañías de casacas rojas, al mando del general Thomas Wentworth ascendieron contra el castillo, que creían en mal estado y con defensores desanimados[11]. Les precedían esclavos jamaicanos con machetes. Los británicos portaban sólo un fusil por cada cinco hombres, creyendo que la conquista del fuerte sería tarea fácil, pero en realidad era una trampa.

El avance fue lento por el fuego graneado español. Con todo, los británicos lograron alcanzar las murallas. Blas de Lezo lo había previsto y ordenado cavar un foso en torno a la muralla; por esa razón, las escalas quedaron cortas, quedando los atacantes frenados y desprotegidos. Los españoles continuaron con su nutrido fuego, lo que provocó una gran masacre en las filas invasoras. Wentworth envió otras dos columnas, pero en la subida se toparon con los que huían colina abajo, perseguidos por la guarnición española de la fortaleza, que cargaba a bayoneta calada. Los españoles mataron a centenares de británicos. Innumerables cadáveres, heridos y mutilados se esparcían en los alrededores.

El balance fue terrible para los atacantes. Sus fuerzas se habían reducido de 6.645 a 3.200, de los que 1.200 no estaban aptos para la lucha. Los oficiales solicitaron a Vernon que ordenara la retirada, pero éste se negaba. Las deserciones se multiplicaban. Cuando Vernon ordenó un nuevo ataque estalló un motín que se saldó con cincuenta fusilamientos.

Vernon, derrotado, volvió a las naves. Todo había terminado. El Alto Mando ordenó una lenta retirada, sin cesar el cañoneo. Las últimas naves partieron el 20 de mayo. Tuvieron que incendiar cinco de ellas por falta de tripulación. No es sorprendente: los británicos tuvieron entre 8.000 y 10.000 muertos y unos 7.500 heridos, muchos de los cuales murieron en el trayecto a Jamaica. Los españoles perdieron 600 hombres. Fue una de las más graves derrotas de la marina británica.

Mientras tanto, en Gran Bretaña se estuvo celebrando la victoria sin conocer el verdadero desenlace. Se acuñaron once tipos de medallas y monedas conmemorativas.

Al fracaso en Cartagena de Indias se sumaron las derrotas del Reino Unido en San Agustín (Florida), La Guaira y Puerto Cabello (Venezuela), además de en Guantánamo y La Habana. España mantuvo sus territorios y su supremacía militar en América. En 1776, la estructura de instalaciones militares en el Caribe y el Golfo de México fue utilizada por el teniente coronel Bernardo de Gálvez para jugar un papel clave en la independencia de las colonias británicas de Norteamérica  durante la guerra de independencia estadounidense.

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La noticia de esta semana deberá esperar a la que viene: el relato del heroico comportamiento de nuestras tropas en Cartagena de Indias ha llevado su tiempo y su espacio.

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El avance tecnológico de hoy es en realidad un artículo del extraordinario biólogo y Catedrático de Ciencias Naturales Miguel del Pino, que cada semana nos ilustra con sus conocimientos y su excelente manera de transmitírnoslos, que es tanto o más importante que conocerlos y no transmitirlos con eficacia.

La pregunta (y el título del artículo) es: “¿Nació el COVID en un laboratorio?” La gran ventaja de esta aportación de Miguel del Pino es que se trata de un autor que, además, es un científico, y que se mueve con absoluta comodidad en el exigente y preciso argumentario científico, lejos de los planteamientos institucionales y políticos que permean los medios.

La visita de una comisión de científicos a Wuhan para realizar una investigación exhaustiva se ha saldado en un fracaso, porque las autoridades chinas no han colaborado. Y si no han colaborado es porque tienen algo que ocultar. Es evidente. En una frase reveladora, Del Pino resume la posición china: “sin ser posible encontrar una especie animal reservorio ni tampoco otra huésped, intermedia entre ella y el hombre, hay que admitir como artículo de fe que se trata de una zoonosis”. Artículo de fe: eso no es Ciencia.

Y como no lo es, las voces de quienes son científicos, no políticos, se alzaron de inmediato. Los indicios “parecen no compadecerse con la tesis oficial hasta ahora mantenida por la OMS”. Ya aparecen tesis contrarias a la zoonosis. Y estadísticas: “Especialmente significativa es la opinión, contraria a la zoonosis y partidaria de un origen por fuga de un organismo experimental, expuesta por el científico, inventor y empresario Steven Carl Quay, de la Universidad de Stanford, quien basándose en complejos métodos estadísticos ha llegado a la demoledora conclusión de que el Sars-Cov 2, origen de la pandemia tiene un 99,8 % de posibilidades de ser un producto de fuga de laboratorio y solo el 0,2% restante de haberse originado como mutante en otra especie animal silvestre”.

Como ve el lector, los entrecomillados se suceden, y eso es debido a que no puedo mejorar el original. Les dejo con él.

Por cierto, sin mencionarlo, el Dr. Del Pino hace referencia a unas afirmaciones que realizó el Premio Nobel de Medicina francés Luc Montagnier al desencadenarse la pandemia, referidas a aspectos bioquímicos difíciles de explicar.

Como consecuencia de las hipótesis no verificadas, de las trabas chinas y del crecimiento de las posiciones escépticas sobre la versión oficial, la OMS no ha podido cerrar el caso. Esto se va a alargar en el tiempo y la conclusión será demoledora.

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La frase de hoy es el texto que mostraba una de las 11 medallas conmemorativas de la victoria que nunca existió de Vernon sobre Blas de Lezo (Don Blass, para los hijos de la Rubia Albión) en Cartagena de Indias que se acuñaron en el Reino Unido. En esa concretamente, que se encuentra en el Museo Naval de Madrid, aparece Vernon mirando condescendiente a un Blas de Lezo que hinca la rodilla ante él. La frase reza así «The pride of Spain humbled by ad. Vernon», lo que traducido es “El orgullo de España humillado por el almirante Vernon”.

Saludos
CDC


[1] Vernon iba al frente de una escuadra impresionante. Agrupaba 204 navíos, 130 de ellos de transporte y 74 de guerra. Estos portaban unos 2.000 cañones. A bordo iban 27.000 hombres: 16.000 marineros y artilleros y el resto, tropas para a la invasión.
[2]En 1738, frente a las costas de Florida, La Isabela, al mando del capitán Juan de León Fandiño, apresó a un capitán contrabandista británico, Robert Jenkins, y como escarmiento le cortó una oreja al tiempo que le decía: «Ve y dile a tu rey que lo mismo le haré si a lo mismo se atreve».
[3] Esta guerra se denominó en Gran Bretaña The Spanish War. Pasado un tiempo, el apelativo fue «War of Jenkins’ Ear». La guerra de la oreja de Jenkins, es conocida también como guerra del Asiento. El asiento era un contrato por el que la monarquía española autorizaba a la Compañía del Mar del Sur británica a trasladar a América casi 5.000 esclavos cada año. El contrato caducaba en 1744 y el rey de España había declarado que no lo renovaría, lo que suponía un grave contratiempo para los esclavistas británicos.
[4] Antes de la declaración de guerra ya había zarpado desde Londres la flota de combate. En Jamaica recibió refuerzos de las colonias británicas en Norteamérica, con lo que se formó una escuadra de 27 navíos de línea, más de fragatas, cañoneras, bombardas y buques de transporte.
[5] Era la ciudad más importante del Caribe. A ella llegaban todas las mercancías que se comerciaban entre España y las Indias, incluyendo los tesoros de las minas de Potosí y el Perú.
[6] Como se ve, los soviéticos no inventaron el bombardeo inclemente durante días enteros.
[7] Bocachica estaba defendida por Carlos Desnaux con 500 hombres que tuvieron que replegarse ante la superioridad británica.
[8] Blas de Lezo era un marino experto en mil batallas contra británicos y otros piratas africanos. Había nacido en Pasajes, Guipúzcoa. Tuerto, cojo y manco a causa de heridas de guerra, era un verdadero experto. Fue destinado en 1739 a Cartagena de Indias. Allí rechazó dos ataques del almirante Vernon antes de la ofensiva de 1741.
[9]El Galicia, el San Carlos, el San Felipe, el África, el Dragón y el Conquistador. 6 buques frente a 204 navíos.
[10] Vernon, tan seguro estaba de la victoria, despachó una misiva a Jorge II dando la noticia de la victoria.
[11] Supuestos desertores españoles se lo habían contado. Fue una añagaza
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