LA CARTA DE LOS MARTES – 18 DE MAYO DE 2021

LA CARTA DE LOS MARTES – 18 DE MAYO DE 2021

En nombre de Dios Todopoderoso
Carta de los martes del 18 de mayo de 2021

Queridos amigos:

El 18 de mayo de 1680 se publicó en España la recopilación de las Leyes de Indias, que constaba de nueve libros e incorporaba más de 6.000 leyes. Se trataba de las normas elaboradas por el Consejo de Indias y promulgadas por los reyes de España para organizar la vida religiosa, social y económica de la Nueva España, allende el océano. El esfuerzo legislativo de la Monarquía católica española por proteger al nativo e integrarlo en la vida cotidiana con todos sus derechos, a la par con el español originario de Europa, no tiene parangón en imperio alguno de los habidos antes y después del español. No es que sea o no comparable, es que ni se aproxima[1].

En lo esencial, las Leyes de Indias eran la recopilación de otros dos cuerpos legislativos muy anteriores, las Leyes de Burgos y las Leyes Nuevas. El origen de estas era precisamente proteger al nativo frente a los abusos sufridos a manos de españoles provenientes de la España europea. las cuales trataban de otorgar derechos a los indígenas frente a algunos excesos que se estaban cometiendo.

En el origen de este despliegue legislativo se halla la Junta de Burgos. Esta junta fue una reunión de teólogos y juristas convocada por el rey Fernando el Católico en 1511. Lo hizo tras un sermón, famoso en la época, que había pronunciado el dominico Antonio de Montesinos. El monje había denunciado los abusos a que eran sometidos los indígenas del Nuevo Mundo por parte de encomenderos[2] en la isla de La Española[3]. El rey Católico encargó a los dos representantes más conspicuos de la junta que fijasen su posición en sendos textos. Juan López de Palacios Rubios[4] justificó la concesión papal (las Bulas Alejandrinas) y estableció la supremacía del derecho sobrenatural hasta invalidar el derecho natural. Así, los paganos podían ser sometidos a la fuerza. Matías de Paz[5] estableció la necesidad de informar a los indios de los derechos del rey de Castilla[6] antes de su sometimiento. Tomista al cabo, separó lo sobrenatural de lo natural. Por tanto, no se podían retirar al hombre (pagano o cristiano) sus derechos naturales: político, de propiedad y de determinación cultural. El pecado original no invalidaba los derechos del hombre.

Se impuso Matías de Paz. Las conclusiones de la Junta de Burgos se recogieron en normas (ordenanzas), cuyos principios inspiraron las Leyes de Indias. Los principios son, incluso ahora, revolucionarios en el sentido de profundamente humanos, empáticos, respetuosos de la diferencia cultural, orgullosamente ordenancistas. Católicos[7]. Los enuncio muy someramente.

Los Reyes Católicos eran señores de los indios por su compromiso evangelizador. No obstante, los indios eran hombres libres y legítimos dueños de sus casas y sus haciendas. Se podía obligar a los indios a trabajar. El trabajo debía ser tolerable y el salario (en dinero o en especie), justo.

Se prohibía el trabajo en minas y labranzas a partir del cuarto mes de embarazo. El plazo duraba hasta que el nacido hubiera cumplido tres años. La mujer (embarazada y luego lactante) sólo se ocuparía de tareas domésticas. Se eximía del trabajo a los menores de catorce años asignándoles tareas propias de su edad.

Se respetaba en gran medida la autoridad de los caciques y se les autorizaba a tener cierto número de servidores.

Las Leyes de Burgos permitían las encomiendas, priorizando la evangelización de los nativos y el trato humano. Y se entendió que las Leyes se cumplirían, pero no fue así en algunas ocasiones, las suficientes como para que, tras denuncias de un (otro) dominico[8], sobre el trato al indígena en las encomiendas, se elaboraran otras leyes, llamadas Leyes Nuevas[9], promulgadas el 20 de noviembre de 1542[10]. Con ellas se intentó mejorar las condiciones de los nativos prohibiendo la esclavitud, otorgando la protección de la Corona y suspendiendo nuevas encomiendas. Establecieron una regulación detallada de todos los aspectos sociales, con un inequívoco deseo de protección al aborigen. El eventual castigo a los indios se reservaba a visitadores encargados del cumplimiento de las normas.

Las Leyes de Indias experimentaron modificaciones a lo largo del tiempo, en función de los cambios de las sociedades, pero está claro que, desde el principio, supusieron un importante adelanto y un claro precedente (en unos 500 años nada menos) del derecho del trabajo. Casi nada.

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La noticia de esta semana es otro artículo de José María Triper que aúna sus conocimientos en materia económica, sobradamente conocidos por los lectores habituales de su columna en El Economista, con incursiones en las esferas social y política, que por lo demás no son más que aspectos de un todo indisoluble. El conjunto ha salido redondo (todo sea dicho sin intención), así que lo traigo sin dudar a la carta de hoy.

Es un artículo breve y certero. Pone el dedo no ya en la llaga, sino en una serie de ellas, y en todos los casos deja claro al lector que el análisis es acertado. No es fácil lograr un pleno de aciertos y mucho menos con brevedad de medios.

Y en ese espacio que se autoconcede, utiliza hasta el sarcasmo de manera demoledora. Tentado estoy de decir que el texto se podría constituir en prontuario para reconducir estrategias políticas desnortadas, pero no es tanta mi inocencia. En todo caso, Chapeau!

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El avance tecnológico de hoy apareció en el Wall Street Journal y en El Confidencial con permiso del primero. Es de pago. Pero como el asunto es de interés, de todas maneras lo traigo.

Quizá recuerde el lector esa criatura mitológica llamada quimera, que era un monstruo fabuloso e inverosímil que se representaba gráficamente con cabeza de león, cuerpo de cabra y cola de dragón. Pues bien, la ciencia, llegado un momento, incursiona en el ámbito mítico, fabrica su propia quimera y parece colisionar con las fronteras de la ética.
Todo comenzó cuando investigadores de EEUU y de China anunciaron hace menos de un mes que habían creado embriones integrados por células de humano y de mono. De momento, estos embriones de seres son unas células en laboratorio, pero todo se andará. Y aquí surgen las reflexiones sobre los límites de la ciencia frente a la ética. Por un lado están las opciones que se brindan a la creación de seres entendidos como imposibles, con funciones de todo tipo, desde crear y desarrollar órganos para trasplantes a disponer de vehículos idóneos para ensayos medicamentosos[11]. Por otro lado, la Naturaleza no ha previsto esto y la Ley Natural no lo ha podido reflejar. Luego estas son incursiones más allá de la voluntad de Dios para con nosotros. La bioética se ocupa de estas cosas, pero nuestra opinión es relevante.

Esto tiene mala pinta. Los EEUU han restringido fuertemente los experimentos que involucran a desarrollos celulares mixtos entre primates y humanos. La República Popular China no lo ha hecho, y aunque dijera que lo hace, no sería verosímil. Y si uno lo ejecuta, los demás siguen, como siempre ha ocurrido: seguridad nacional, afirman.
Interesantísimo artículo.

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La frase de hoy es, como en el caso de la semana pasada, originalmente propia de la civilización occidental. Está en latín porque parece provenir de la lengua culta asociada a la Iglesia Católica. Seguimos utilizándola con frecuencia:

«Sic transit gloria mundi».

Es decir, todo pasa, nada queda, pero lo nuestro es pasar. Pasar haciendo caminos, caminos sobre la mar[12].

Lo cierto es que no quería traerles la frase tal cual es sino en una versión que escuché no hace mucho a ese extraordinario comunicador que es Luis del Pino.

Se refería a Pablo Iglesias Turrión. La frase es “Sic transit gloria mindundi”. Muy propio.

Saludos
CDC


[1] Este pie de página es un poco largo, pero lo vale. Tomaré en consideración sólo los imperios con territorios no contiguos, que son los que verdaderamente exigen habilidades logísticas y organizativas superiores y demuestran la capacidad de las metrópolis. De la lista de docenas de imperios registrados, salen por esa razón los varios de China, por ejemplo y en general los asiáticos, Rusia incluida. Por empezar el recuento por el principio, el romano (máxima extensión el año 117 después de Cristo), el español (1740), el portugués (1815), el colonial alemán (1914), el británico (1920), el francés (1920), el italiano (1940), el neerlandés (1940) y el japonés (1942). Ninguno de ellos, ni lejanamente, ni mucho menos con mayor antigüedad en el desarrollo y la aplicación de la moral natural, ni con mayor desarrollo complementario (escuelas, colegios, universidades, hospitales, juzgados y el resto del tejido institucional), se asemeja al magnífico y extraordinario imperio español. Por no hablar de las masacres organizadas, del tráfico de esclavos y de la desgraciada opresión ejercitada por británicos, alemanes y japoneses, sin ir más allá. No es preocupante que la leyenda negra, ese invento propagandístico de los protestantes, haya arraigado en sus países de origen; lo sorprendente es que tenga voceros en España. Téngalo por seguro lector: España es magnífica en todas sus manifestaciones. Y al que no le gusten los toros, que no vaya.
[2] Un encomendero era la persona que había recibido una encomienda para desarrollar un territorio en las Indias, para lo cual podía contar con un número máximo de personas a su cargo.
[3] Que en la actualidad acoge a la República Dominicana y a Haití.
[4] Era consultor de la corte para temas indianos. Su resumen está en su Libellus de insulis occeanis quas Indias vulgus apellat.
[5] Fue catedrático de teología en la Universidad de Salamanca. Fijó su posición en su De dominio regum Hispaniae super indos.
[6] El Requerimiento: si los indios se negaban a ser cristianizados o evangelizados, se justificaba la guerra de conquista. Para eso se creó la institución del Requerimiento.
[7] No conseguirá la actual cúpula de la Iglesia de Roma empañar el gigantesco legado sobre el que se ha encaramado para atacarlo.
[8] Bartolomé de las Casas.
[9] Carlos V convocó una junta de juristas en la ciudad de Burgos con la finalidad de legislar y mejorar la administración de la cosa pública en los territorios de la Corona en América, es decir, en las Indias.
[10] Las leyes de Burgos fueron firmadas por el rey Fernando el Católico el 27 de diciembre de 1512.
[11] Los científicos llevan años creando quimeras parcialmente humanas. Los investigadores utilizan ratas con tumores humanos para estudiar el cáncer, por ejemplo, y ratones con sistemas inmunológicos humanos para realizar investigaciones sobre el SIDA. Lo que hace que el último experimento sea único es que los científicos han introducido células madre, que se pueden convertir en cualquier tipo de tejido, en un embrión de un primate estrechamente relacionado.
[12] El lector sabe que estos son versos de Antonio Machado, no de Juan Manuel Serrat. El lector es culto.
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