ESCUELA

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Hace algunas semanas que la Junta de Gobierno del Centro Covarrubias nos proponía a los socios colaborar periódicamente con algún artículo en nuestra página web. Verán que no es algo infrecuente en este ‘Portal’, pero entiendo que pretenden inaugurar otra forma de comunicación más regular entre nosotros y con los usuarios de internet. Así que ‒con mucho gusto‒ voy a iniciar mi pequeña aportación con varias reflexiones en torno a temas de actualidad, que pienso pueden coincidir con las preocupaciones del CDC desde esa perspectiva de compaginar las ideas liberales con el pensamiento cristiano.

Y quería comenzar hablando de la educación, los colegios o la enseñanza con esa perspectiva. Un par de meses atrás nos llegaba la noticia (es de La Vanguardia, 29/03/2021) sobre la sentencia del Tribunal Superior de Justicia de Cataluña, que anula los proyectos lingüísticos de las escuelas públicas Bogatell, en Barcelona, y Josefina Ibáñez, en Abrera (Barcelona) porque no garantizan que al menos un 25% de la enseñanza se imparta en castellano. La sentencia obliga no solo a respetar ese derecho a los padres que lo soliciten, sino que extiende la exigencia a todo el Centro. Y se suma a la dictada el pasado 16 de diciembre por el mismo Tribunal y en el mismo sentido, afirmando que el castellano es “residual” y obligando “de forma inmediata” la enseñanza en ambas lenguas oficiales en porcentajes no inferiores al 25% en todos los centros públicos catalanes. Claro, ya pueden sospechar que un recurso de la Generalitat al Tribunal Supremo paralizó la ejecución de la misma (y no sé ‒ni tampoco era mi intención‒ explicarles cómo han terminado ambos asuntos).

Porque quería señalar en primer término este insoportable atropello a la libertad de padres y alumnos en el uso de la lengua que decidan; al menos, en esos ridículos porcentajes que marca una legislación aceptada cobardemente por casi todos los partidos políticos nacionales. La primera batalla ganada por el nacionalismo ha sido esta manipulación en el lenguaje, que además parece quedar asentada por una lamentable LOMLOE que indirectamente anula el concepto de ‘lengua vehicular’.

El siguiente paso fue controlar también los contenidos: nada es más eficaz para educar a ciudadanos-borreguiles que comenzar desde la Escuela. Otra gran victoria nacionalista (ojo, también en Valencia o Baleares, el País Vasco, Galicia y alguna que otra Comunidad Autónoma con sueños identitarios), que ya ha formado una generación entera de jóvenes perfectamente adoctrinados en la Verdad Oficial dictada por ese ‘Ministerio de la Verdad’ (Minitrue en neolengua orwelliana). Es muy difícil, hay que asumirlo con realismo, pretender luego que esos ciudadanos tengan un mínimo espíritu crítico en sus decisiones políticas. La distopía de 1984 ha dejado de ser una novela para convertirse en realidad avalada por la Historia. Más allá de la Escuela, la ingeniería social de la doublethink nos quiere imponer otras memorias ‘históricas’ o ‘democráticas’, de nuevo con impunidad y muy cobarde reacción de tantos partidos políticos.

Hablaba de la LOMLOE, y quería destacar algún otro flagrante atentado contra las libertades ciudadanas: me refiero por ejemplo a esa insistencia por impedir que los padres puedan elegir el centro educativo para sus hijos. O la también reiterada manía para inmiscuirse en los idearios de los propios centros, imponiendo qué deben incorporar en sus currículos docentes. Por supuesto, cualquier enseñanza religiosa quedará arrinconada por intolerante, poco inclusiva o sandeces similares.

Más complicado de resolver es el tema de la educación especial: cómo se puede compaginar una razonable preocupación porque algunos niños con dificultades intelectuales o motoras se eduquen junto al resto, con la atención debida hacia aquellos que no sean capaces de seguir el ritmo habitual del colegio. Muchas enfermedades necesitan de un tratamiento específico, de unas atenciones o de un régimen formativo que nunca podrá ofrecerse en la mayoría de las escuelas. Hay que pensar en los propios chavales, que pueden sentirse incómodos o desubicados en esos programas talibanes de inclusión a toda costa. También en los profesores, para los que tales casos individuales suponen un esfuerzo de trabajo complementario que nadie reconoce (y para lo que no están cualificados necesariamente). Pensemos finalmente en los padres que, de nuevo, tienen todo el derecho a decidir cómo quieren la educación para sus hijos.

Una ley que se aprueba deprisa y corriendo, en medio de la terrible situación pandémica que nos rodea, sin diálogo con tantos interlocutores sociales como tiene la Enseñanza, no puede calificarse más que de sectaria e intolerante. Además, condenada al fracaso. La Historia pondrá sin duda en el lugar que le corresponde a la ministra Celaá… y lo siento por ella; pero más lo siento por las generaciones de españoles afectados por su mala gestión.

Termino con una reflexión sobre el sistema de los ‘conciertos’: no me gusta esa expresión, porque marca una especie de sutil diferencia entre la ‘verdadera’ enseñanza pública y otras formas ‘veladamente acusadas de educación privada. Porque no hay nada más público que esos centenares de escuelas sostenidas con mucho esfuerzo por instituciones religiosas o iniciativas personales. Todas ellas sirven a la sociedad, a la vez que descargan un importantísimo dinero de los Presupuestos del Estado: sabemos perfectamente que el coste educativo es más bajo en todos esos colegios concertados. Yo animaría, sobre todo a las muchas escuelas de inspiración cristiana, para que suban su autoestima (¡claro que hacéis una gran labor!); y refuercen ese derecho de educar conforme a unas creencias mayoritarias en nuestra sociedad española, como tantos padres reclaman para sus hijos. Ningún gobierno puede restringir esa libertad.

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León Gómez Rivas

Catedrático de Ética y Pensamiento Económico. Universidad Europea de Madrid

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One response to “ESCUELA”

  1. Juan dice:

    León muchas 🙂 gracias por tú artículo , has dado en el clavo, mejor no se puede decir.
    Seguiremos en la lucha con algo de Esperanza con el reciente cambio en el ministerio y la Unión Europea que pueda tumbar algunos artículos de la LOMLOE.
    Por su puesto sin olvidar a los muchos profesionales del sector educativo que quieren hacer muy bien su trabajo a pesar de la nefasta ley educativa.
    Un saludo
    JTC

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