LA CARTA DE LOS MARTES – 29 DE JUNIO DE 2021

LA CARTA DE LOS MARTES – 29 DE JUNIO DE 2021

En nombre de Dios Todopoderoso

Carta de los martes del 29 de junio de 2021

Queridos amigos:

Tras su victoria en la Guerra de Sucesión (1701–1713), Felipe V de Borbón transformó el sistema político del Reino de España con dos objetivos: reforzar el absolutismo y edificar un estado centralista al estilo francés. Para lograrlo, el rey empezó el 29 de junio de 1707[1] a dictar los Decretos de Nueva Planta[2], que supusieron la derogación de los fueros históricos de Aragón[3], de Valencia y de Mallorca[4], además de los del Principado de Cataluña[5]. En conjunto, los Decretos fueron promulgados entre 1707 y 1716. Fueron la consecuencia más profunda y duradera de la victoria borbónica en la Guerra de Sucesión. Cambiaron la faz de España para siglos por venir.

Desde el primer momento de la unión de los reinos constitutivos de España, los Reyes Católicos habían configurado la monarquía respetando la identidad territorial y política de sus distintos componentes[6]. Lo lograron a través de una política de pactos, sistema conocido como la polisinodia[7] hispánica. Se puede decir que la unión de los reinos de España era dinástica, no política. Ese status quo fue conservado durante todo el período de los Austrias, pero fue eliminado por Felipe V, excepto para el Reino de Navarra, el Señorío de Vizcaya, Álava y Guipúzcoa[8], que mantuvieron sus fueros, derechos, instituciones y fiscalidad propias al haber permanecido fieles a la causa borbónica.

Así pues, la llegada de los Borbones a la Corona española supuso un giro radical en la concepción de la Monarquía de España. El historiador Ricardo García Cárcel lo expresa bien: “Frente a la España horizontal de los Austrias, de carácter federal, entendida como una unión libre de entidades políticas y construida en un sentimiento nacional basado en la pluralidad, triunfó la España vertical de los Borbones, de carácter centralista, con epicentro político en Castilla y edificada en un “sentimiento nacional homogéneo”.

En otras palabras, Felipe V puso fin a la Corona de Aragón por la vía militar y abolió las instituciones y leyes propias que regían los estados que la componían, instaurando en su lugar un estado absolutista, unitario, centralista y uniformista, inspirado en la Monarquía absoluta de su abuelo Luis XIV y en algunas instituciones de la Corona de Castilla, dejando en el pasado la concepción pactista y federal de los siglos anteriores bajo los Habsburgo.

La Corona de Aragón se había decantado por el Archiduque Carlos[9]. Felipe V no lo olvidó. Es en este rencor[10] donde reside el motivo de la retirada de la identidad política de los reinos integrantes del de Aragón, entidad política derrotada y conquistada. Ahí reside la enajenación de sus derechos políticos[11]. Concretamente, los antiguos reinos de la Corona de Aragón perdieron sus instituciones político-administrativas, aunque mantuvieron su derecho privado propio[12]. No tuvo lugar una adaptación total a las leyes de Castilla, pues retuvieron un régimen tributario diferente. Además, Cataluña conservó la exención de quintas. Las Cortes de los distintos territorios fueron disueltas; quedaron unas Cortes únicas[13] y comunes a toda España, sin poder vinculante.

En términos municipales, los mecanismos de elección de los gobiernos se adaptaron a las normas de Castilla. Los municipios más importantes pasaron a ser dirigidos por un corregidor.

Castilla hubo de cambiar también. En ella, los decretos supusieron, por un lado, una clara uniformización y la anulación de los fueros municipales; por otro lado, el derecho común castellano se convirtió en doctrina para el resto de los territorios de la Corona, salvo Navarra.

Felipe de Anjou[14] recibió en herencia los territorios de la corona de Carlos II y los administró a la francesa[15]. En resumen, los Decretos de Nueva Planta incorporaron Aragón a Castilla, manu militari. Y ello supuso la castellanización de los restantes reinos peninsulares a manos de un rey francés.

El nuevo sistema intentó (y consiguió) racionalizar la administración mediante la eliminación de la diversidad jurídica y jurisdiccional, controlar más eficazmente su Hacienda[16], fomentar el comercio mediante la eliminación de las aduanas interiores y desarrollar la economía, estableciendo la libertad comercial con la Nueva España. Eso supuso para Castilla la pérdida del monopolio que operaba hasta ese momento. En otro orden de cosas, se fortaleció la construcción naval, se rediseñó la red de carreteras[17] y se constituyeron las Reales fábricas para incorporar nuevas técnicas de producción desconocidas en España. Además, la nueva monarquía proporcionó un importante refuerzo a la educación general; creó nuevas instituciones académicas y estimuló la investigación científica.
No hay una valoración compartida del enorme cambio que supusieron los decretos de nueva Planta. Sí se afirma desde cualquier punto de vista su importancia en la Historia de España.

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La noticia de esta semana es de raigambre económica.

Se trata nuevamente de un artículo de José María Gay de Liébana. Ya ven el título: habla del infierno fiscal, del presente y el futuro, del latrocinio incesante y profundo que quienes nos gobiernan nos procuran con olímpico desprecio.
Vean lo que dice Gay de Liébana: “Este no es el momento oportuno para que desde el atril los ministros y ministras de turno nos endilguen sermones de más aumentos de impuestos, de reajustes en los tipos de IVA, de eliminación de exenciones, reducciones, deducciones y bonificaciones fiscales, con un garrotazo fiscal que suma varias decenas de miles de millones de euros. Y no es tiempo propicio para ello debido a que nadie en sus cabales ve clara la recuperación de nuestra economía durante 2021 ni en 2022. Acaso en 2023 empecemos a ver algo de luz”. Miren, ni mucho menos me opongo al rechazo del concepto de incrementar los impuestos, pero me gustaría que nadie escribiera que no es momento de aumentar los impuestos porque no se espera mejora alguna de las condiciones económicas, sino porque los aumentos de impuestos, salvo para hacer frente a una catástrofe, no se justifican, y lindan con un crimen de lesa sociedad. No hay que incrementar los impuestos, ni en un escenario desgarrador, ni nunca. Son recursos que se detraen a empresas y particulares contra su voluntad para fines turbios.

Afortunadamente, el autor reacciona al poco: ”Lo que hay que podar, no recortar, lo que hay que bajar, y no simplemente retocar, es el voluminoso gasto público que se acerca a los 600.000 millones de euros, habiendo crecido en el último año en 63.000 millones y para más inri sin apenas gasto en políticas fiscales para contrarrestar la crisis derivada de las medidas restrictivas adoptadas por nuestros gobernantes. La tendencia del gasto público en nuestro país durante los últimos años ha sido más bien frívola, ajena a una realidad imperante y los gobiernos de turno han desperdiciado los positivos efluvios que emanaban en tiempos de bonanza económica para ajustar el descalabro de nuestras cuentas públicas”. Es así.

“En definitiva, nos adentramos en un infierno fiscal donde somos nosotros los protagonistas … y que apunta a helenización de nuestra economía en versión dura, es decir, con palos fiscales a discreción, exprimiendo hasta la saciedad a la economía privada. Y eso se anuncia cuando nos estamos arrastrando por un sufrido purgatorio económico, social y sanitario, agravado con siniestros toques políticos”.

Fíjense cómo termina, desesperado: “Por eso sería mejor que llegaran de una vez los «hombres de negro» como hicieron en su día en Grecia y depuren las obscenidades del inmenso gasto público de nuestro país. De no ser así, aquí no habrá recuperación mientras cronifiquemos el estigma de nuestras patéticas finanzas públicas”.

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El avance tecnológico de esta semana, como en otras ocasiones, no es tal sino una salva en favor de una energía estigmatizada por la progresía dominante sin fundamento alguno y sin vergüenza.

Y es que la energía nuclear es la menos peligrosa de todas las posibles y, para solaz de los calentólogos, ni siquiera emite CO2 a la atmósfera. ¿Por qué el estigma? Fácil: porque la aceptación de la energía nuclear de fisión desmontaría las veleidades orientadas a la destrucción del sistema de economía de mercado que están detrás de los afanes socialistas.

Así que Bill Gates y Warren Buffett han presentado un nuevo modelo de reactor nuclear avanzado. Energía limpia, segura, barata, siempre disponible. El Santo Grial.

Y además lo ubican en una antigua planta de carbón en Wyoming. “Para la Asociación Nuclear Mundial, estos reactores nucleares avanzados tienen diseños más simples que son más fáciles de construir, son más eficientes en combustible, son más baratos y más seguros que los reactores normales”. Lean si les cuadra, lean. Es interesante y muy breve.

Y para equilibrar el discurso, vulnerando la ley no escrita (o sea, la costumbre) de no utilizar dos artículos en un único segmento de la Carta, les traigo otro en el que se pone en su lugar al hidrógeno, combustible alternativo que-ya-no-resulta-ser-tan-eficiente-ni-tan-barato.

Estamos hablando de pila de combustible, no de quema del recurso en motores adaptados. Y aunque el artículo no es un prodigio de interés ni de atractivo, se encuentra en él una frase tremenda, que pone de relieve lo costoso, arriesgado, impredecible y socialmente inaceptable que es el movimiento inducido por las élites mundialistas de reemplazar los combustibles clásicos por cualquier cosa. La frase es ésta: “Si tienes en cuenta toda la carta y esa cadena de rendimientos, al final te sale que hacerlo a través de ese hidrógeno que llaman verde tiene una serie de emisiones CO2 que no están lejos de las que tendrías con un vehículo diésel”. La farsa. El engaño, El fraude. El crimen. Sería grotesco si no fuera culpable.

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La frase de hoy es de Francisco de Vitoria, fraile dominico, gran teólogo, filósofo y jurista del Siglo XVI, profesor en las universidades de París, Valladolid y Salamanca. “Cualquiera, aunque sea un simple particular, puede emprender y hacer la guerra defensiva. Esto es manifiesto porque es lícito repeler la fuerza con la fuerza […] por consiguiente, cualquiera puede hacer una guerra de este género sin necesidad de recurrir a la autoridad de otro, no sólo para la defensa de su persona, sino también para la de sus cosas y bienes”[18].

Saludos
CDC


[1] Ese día, Felipe V promulgaba el Decreto de Nueva Planta en el que declaraba «abolidos y derogados todos los referidos fueros, privilegios, práctica y costumbre hasta aquí observados en los referidos reinos de Aragón y Valencia, siendo mi voluntad que éstos se reduzcan a las leyes de Castilla, y al uso, práctica y forma de gobierno que se tiene y ha tenido en ella, y en sus tribunales sin diferencia alguna en nada».
[2] Llamados así porque los decretos eran una serie de reales cédulas por las que se establecía la «nueva planta» de las Reales Audiencias de los territorios de la Corona de Aragón y de Castilla.
[3] El 3 de abril de 1711 se dictó un segundo decreto exclusivo para el Reino de Aragón.
[4] El 28 de noviembre de 1715 se publicó el Decreto de Nueva Planta del Reino de Mallorca, menos áspero que los anteriores.
[5] El decreto referido al Principado de Cataluña se dictó el 9 de octubre de 1715. La Real Cédula correspondiente era de fecha 16 de enero de 1716.
[6] Desde la firma del segundo Tratado de los Toros de Guisando por los Reyes Católicos, los titulares de las coronas gobernarían sus territorios in persona regis, manteniendo cada uno de ellos sus particularidades jurídicas y de gobierno.
[7] Polisinodia: sistema de gobierno de España, establecido en tiempo de los Reyes Católicos, basado en el respeto a las tradiciones jurídicas de cada territorio de la Corona y caracterizado por la creación de los Consejos. No desapareció hasta la Constitución de 1812.
[8] y Portugal intermitentemente.
[9] Carlos Francisco de Habsburgo y Neoburgo (Karl Franz Joseph Wenzel Balthasar Johann Anton Ignaz von Habsburg). Nacido en Viena, Austria, 1 de octubre de 1685. Muerto en Viena el 20 de octubre de 1740. Fue emperador del Sacro Imperio Romano Germánico como Carlos VI (1711-1740), rey de Hungría como Carlos III (1711-1740) y rey de Bohemia como Carlos II (1711-1740). Fue conocido como el Archiduque Carlos de Austria (o Carlos III de España) en el bando austracista durante la Guerra de Sucesión española, donde era pretendiente al trono de España a la muerte del rey Carlos II de España.
[10] Viene a cuento el aforismo oportunista, que vale tanto para un roto como para un descosido: “Un Borbón, ni perdona ni olvida”.
[11] Y ahí, sensu contrario, se puede encontrar la razón para conservar los fueros en Navarra y los señoríos vascos.
[12] Salvo Valencia.
[13] Salvo Navarra, que conservó sus cortes reales hasta 1841.
[14] Felipe de Borbón, duque de Anjou, nació en Versalles, segundo hijo de Luis, Gran Delfín de Francia y de María Ana de Baviera. Era nieto de Luis XIV y María Teresa de Austria, nacida infanta de España, y bisnieto de Felipe IV de España, de la Casa de Austria.
[15] El desenlace de la Guerra de Sucesión Española supuso la pérdida de las posesiones españolas en Italia y los Países Bajos, además de Gibraltar y Menorca. A ello cabe añadir la pérdida del control del comercio con el Imperio de las Indias, a causa de la concesión a los británicos del asiento de negros y del navío de permiso. Desde ese punto de vista, el desenlace de la Guerra de Sucesión fue negativo para España.
[16] Aquí, además de en el rencor, estaría la madre del cordero.
[17] El inicio de la construcción de una red vial nacional de carácter radial (con centro en Madrid) fue cosa de la nueva administración.
[18] DE VITORIA, Francisco. Reelecciones del Estado, de los indios y del derecho de guerra
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