LA CARTA DE LOS MARTES – 21 DE SEPTIEMBRE DE 2021

LA CARTA DE LOS MARTES – 21 DE SEPTIEMBRE DE 2021

En nombre de Dios Todopoderoso

 

Carta de los martes del 21 de septiembre de 2021

Queridos amigos:

El 21 de septiembre de 1177, las tropas cristianas reconquistaron Cuenca. La ciudad no era muy antigua; de hecho, no existe constancia escrita de su existencia hasta 784 (Qūnkatu), pero sí hay huellas de población en la zona[1]. Tras beribraces y arévacos, olcades y obetanos[2], los cartagineses llegaron para controlar el área. Las tropas de Roma intervinieron en 218 a.C. y fundaron tres ciudades: SegóbrigaErcávica y Valeria. Sin embargo, el área en que posteriormente se establecería la capital siguió prácticamente despoblada. Sólo hay vestigios de un pequeño asentamiento para proteger la calzada romana a su paso por el río Júcar.

Con la llegada de las invasiones bárbaras se produjo el declive de los centros urbanos romanos. Durante la invasión islámica, se construyó en el lugar que actualmente ocupa Cuenca una plaza dependiente del califato de Córdoba, con fosos labrados en la roca fortificados con murallas y un gran estanque defensivo en la desembocadura del río Huécar.

Desde el 768, en que consta el asesinato del gobernador militar Suleiman ben Utman hasta el año 1031, en el que el califato de Córdoba desapareció definitivamente, Cuenca tuvo un devenir exitoso. Con los reinos de taifas, su suerte cambió y la situación se hizo más compleja, pasando de manos de una facción a manos de otra, y de islamistas a cristianos[3].

En 1147, el llamado Rey Lobo[4] se proclamó rey de Cuenca, Murcia, Valencia y la parte sudoriental de la península ibérica, declarándose independiente. Se enfrentó a los almohades hasta el 8 de marzo de 1172, fecha en que murió. En 1172, Alfonso VIII cercó la ciudad, pero, tras cinco meses de asedio, el califa Abu Yacub Yusuf vino en auxilio de los conquenses obligando a Alfonso a desistir.

Abu Yacub Yusuf y Alfonso VIII firmaron una tregua de siete años, pero durante el verano de 1176, los hijos del islam conquenses, junto con los de Alarcón y de Moya, atacaron Huete y Uclés, violentando el acuerdo. Entonces, Alfonso VIII convocó a la población de AlmogueraAtienzaÁvilaMolinaSegoviaZamora y la de la Trassierra, así como al señor de AlbarracínPedro Ruiz de Azagra, al Conde Nuño Pérez de Lara, a Álvar Fáñez, a Pedro Gutiérrez, Tello Pérez, Nuño Sánchez, al rey de Aragón, Alfonso El Casto, y al de León, Fernando II. También solicitó apoyo a las Órdenes Militares de Santiago, Calatrava y Montegaudio. Con ayuda de todos ellos sitió la ciudad el 6 de enero de 1177. El alcaide, Abu Beka, pidió auxilio al califa Abu Yacub Yusuf, pero éste se encontraba en África.

El 27 de julio, los musulmanes realizaron una salida atacando el campamento cristiano para matar al rey, pero sólo lo consiguieron con el conde Nuño Pérez de Lara. Tras ese intento fallido, el hambre, las enfermedades y los muertos por los continuos ataques de catapultas y trabucos hicieron su trabajo. A mediados de septiembre, los sitiados se rindieron y entregaron Cuenca.

Según es tradición, fue el 21 de septiembre cuando Alfonso VIII y su séquito entraron triunfantes por la parte alta de Cuenca, cruzando el puente levadizo sobre el foso del castillo. La población pasó a formar parte del reino de Castilla.

La gente se distribuyó dentro de la ciudad de acuerdo con su religión: los musulmanes quedaron en la zona del alcázar[5], mientras que la judería se estableció en torno a la calle de Zapaterías. El resto de la población se repartió en parroquias católicas.

Alfonso VIII eligió Cuenca como residencia durante un tiempo, y promovió la constitución de un concejo y una sede episcopal. Se llevó a cabo la habitual repoblación. El censo de Cuenca aumentó y se crearon aldeas en la zona, sin duda merced al Fuero de Cuenca[6], luego copiado en el resto de Castilla[7]LeónAragón y Portugal, favorecido después con los privilegios de Fernando IIIAlfonso X y Sancho IV. El citado Alfonso X el Sabio le concedió título de ciudad en 1257.

Durante los siglos XIV y XV se estructuró la parte baja de la ciudad (barrios de San Antón y de Tiradores). Se estima una población total en Cuenca, a mediados del Siglo XV, de unos 6.000 habitantes: mucho para la época, lo que hacía de Cuenca una de las principales ciudades de Castilla. A partir de 1466. El mercado ya no se realizó en la parte alta por razones logísticas; se materializó en el campo de San Francisco, en la parte baja de la ciudad. También en el siglo XV se trasladó la ceca a un nuevo edificio más capaz. Mercancías, dinero: la ciudad crecía sin cesar.

**

La noticia de esta semana vuelve a Afganistán, de donde nunca se ha ido desde hace meses. No es tanto lo que allí ocurra cuanto el estigma que sufre Occidente. La Civilización por antonomasia ha sido debilitada desde dentro desde hace un siglo y desfallece. Su baluarte militar tradicional (los EE. UU.[8]) ha salido sin honor y sin respeto alguno por parte de sus socios y por los habitantes de un país a los que decía defender. Tras dos guerras mundiales, la de Corea y la de Vietnam, más la de Irak y la de Afganistán, los EE. UU. están en período de abandono de su rol de gendarmes globales: ni quieren ni pueden seguir.

Estamos ante un grave y profundo problema doble: por un lado, de convicciones, y por otro lado de normativa asimétrica.

Occidente se disuelve en el nihilismo largo tiempo cultivado por sus élites socialistas, carente de nervio y valores y suicida en su demografía enfermiza y abortista, en tanto el islam, revestido de intolerancia por los Hermanos Musulmanes en el Siglo XX[9] no presenta duda alguna en sus élites, que financian la expansión del fundamentalismo islámico con la aquiescencia de los agusanados líderes occidentales.

Por otro lado, las llamadas garantías democráticas, el imperio de la ley, la aplicación de la norma en beneficio del reo y la negativa a castigar adecuadamente comportamientos disolventes nos dejan a los pies de la sharía. Occidente es blando y contemporizador y no es capaz de castigar con la energía y el nivel requeridos; mientras tanto, los enemigos de Occidente hacen correr la sangre[10] a raudales presentando la muerte como parte de la vida. Nosotros ocultamos los cadáveres y hasta los heridos; ellos se vanaglorian de derribar las Torres Gemelas y de degollar a sus enemigos desarmados[11].

Mientras no les apliquemos sus propias normas[12], equilibrando el terreno de juego, retrocederemos sin cesar y terminaremos sucumbiendo. No nos sirve culpar a nuestros sabios líderes y rectores varios. Es inútil. Son inútiles.

**

El avance tecnológico de hoy se refiere a la existencia de nuevos conocimientos sobre el ajolote, nombre vulgar del Ambystoma mexicanum, gracias a estudios genómicos que se están desarrollando desde hace algo menos de dos décadas en Méjico[13]. Como es sabido, “el ajolote regenera extremidades, corazón y hasta cerebro”. ¿Cómo lo hace? Lean si les place.

Como el artículo que les presento es un poco técnico, me permito recurrir nuevamente a Wikipedia, que cuando se trata de describir un ser viviente sin apenas connotaciones sociales, políticas, religiosas o ideológicas, es legible. En este enlace se familiarizarán con este anfibio tan peculiar.

**

La frase de hoy viene a cuento. La he extraído de uno – otro – de los maravillosos textos de Dalmacio Negro. En esta ocasión es el publicado en número 226 de La Razón Española bajo el título “Liberalismos”. Es de Romano Guardini: Como la civilización europea “procede más bien y esencialmente de la actividad ejercida por el Cristianismo sobre los pueblos de Europa, si llegara a separarse totalmente de Cristo, entonces, y en la medida en que tal sucediera, Europa dejaría de ser”. La frase es de 1946. Como saben, estamos muy avanzados en ese proceso de disolución en la nada.

Compartir:

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *