LA CARTA DE LOS MARTES – 16 DE NOVIEMBRE DE 2021

LA CARTA DE LOS MARTES – 16 DE NOVIEMBRE DE 2021

“En nombre de Dios Todopoderoso”

Carta de los martes del 16 de noviembre de 2021

Queridos amigos:

El 16 de noviembre de 1938 finalizó la Batalla del Ebro. Fue la batalla más larga de toda la guerra[1], la que más combatientes enfrentó, la más mortífera y, sin duda, la batalla decisiva: allí se decantó la Guerra Civil y quedó sellado el destino de la II República.

Como suele acontecer, el contexto era relevante. En el resto de Europa, la crisis de los Sudetes[2] se estaba desarrollando y podía resolverse a favor de los intereses del gobierno de la II República. Juan Negrín y los miembros del gobierno habían pensado ganarse a Francia y el Reino Unido hacia la causa frentepopulista. Finalmente, la crisis se resolvió en contra de los deseos del gobierno español. Con todo, parecían ser los prolegómenos de la II Guerra Mundial. La idea que subyacía a la mente de Negrín era unir ésta con la Guerra Civil: continuar el combate hasta la eventual intervención de los aliados, decantando la situación en favor del Frente Popular. De ahí, en parte, la Batalla del Ebro, que cuando empezó se utilizaba como palanca demostrativa de poderío militar del Frente Popular y cuando terminó fue una losa sobre las expectativas socialistas y comunistas en España.

Militarmente hablando, la caída de Teruel en manos nacionales (20.2.1938), la completa subsiguiente toma de Aragón y la división de la zona republicana en dos fragmentos tras la llegada de las tropas franquistas a Vinaroz el 15.4.1938, hacían difícil la situación republicana. Con todo, el gobierno de Valencia poseía fuerzas considerables, reforzadas y modernizadas, además de controlar Valencia, Cataluña y Madrid.

Así, el Gobierno y el Jefe del Alto Estado Mayor republicano, Vicente Rojo, concibieron la idea de asestar a Franco un golpe amplio, que situaron en un arco de más de 60 kilómetros entre las localidades de Mequinenza (Zaragoza) y Amposta (Tarragona). Era el no va más: todo se iba a decidir en la batalla del Ebro. La II República iba a poner en juego la mayoría de sus recursos[3]. Así lo hizo.

La ofensiva republicana fue masiva. A pesar de las evidencias de acumulación de hombres y materiales en el lado izquierdo del Ebro, el ejército de Franco no estaba prevenido[4]. El factor sorpresa, siempre crítico, favoreció a los republicanos. A las 00:15 horas del 25 de julio, sin luna que los descubriera, unos 100.000[5] soldados de la República cruzaron[6] el Ebro y cayeron sobre las defensas de los nacionales, muy inferiores a las fuerzas desencadenadas por los republicanos[7]. Cualitativamente hablando, el general Rojo había reunido a sus mejores comandantes, antes en el 5º Regimiento, ahora en el Ejército del Ebro: Juan Modesto, Enrique Líster y Manuel Tagüeña[8], además de Etelvino Vega[9].

La idea era tomar Gandesa, el centro de comunicaciones más importante de la zona. Si se conseguía, eso desbarataría profundamente la situación de las tropas de Franco. El ejército republicano cruzó el río, pero no logró alcanzar los objetivos previstos y fue detenido por los nacionales.

Además del ataque principal se lanzaron dos secundarios para apoyar éste: uno por el norte, entre Mequinenza y Fayón, y otro por el sur, cerca de Amposta. Ambos fueron neutralizados con cierta facilidad, pero no así el ataque inicial, apenas frenado por las tropas del general Juan Yagüe, lo que permitió la llegada de refuerzos.

La República se había mostrado eufórica en los primeros momentos de la batalla del Ebro. El presidente, Manuel Azaña, llegó a pensar durante unas semanas que había cambiado el destino de la República. Pero fue un espejismo.

Franco[10] diseñó una batalla de desgaste con objeto de destruir al ejército del Frente Popular, para lo que contó sobre todo con el Cuerpo de Ejército marroquí, a las órdenes del general Yagüe. De sus tres divisiones, sólo una estaba integrada por soldados de reemplazo. El resto eran legionarios, regulares, requetés y falangistas. La aviación franquista acudió rápidamente y efectuó ataques masivos sobre los medios de franqueo del río de los republicanos. La aviación de la República tardó más de dos días en intervenir[11]. El control fue siempre nacional. Los pesados tanques republicanos no pudieron pasar el río, en ausencia de puentes. Además, la apertura por los franquistas de las compuertas de los embalses de Tremp y Camarasa generó una crecida del río que arrastró hombres, camiones y pasarelas.

Para la Republica era prioritario mantener las cabezas de puente por dos razones: una era la propaganda asociada al hecho de haber capturado terreno enemigo; otra, mantener al ejército de Franco ocupado en esa zona, lo que reducía el peligro de que interviniera en otras. Por su lado, Franco no permitió que las eventuales retiradas se consolidaran. Eso sólo se lograría contraatacando para recuperar los territorios perdidos[12]. El 30 de octubre empezó la contraofensiva final. El día 3, las fuerzas de Yagüe llegaron al Ebro. La línea republicana se desmoronó y las tropas de Líster hubieron de cruzar el río hacia sus posiciones de hacía tres meses. Durante la madrugada del día 16, los últimos contingentes republicanos repasaron el rio Ebro por los puentes de Flix y Ribarroja. Los republicanos nunca más volverían a tomar la iniciativa y retrocederían ante las tropas nacionales hasta su rendición. La Segunda República estaba condenada.

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La noticia de esta semana pone de relieve una vez más la catadura de las personas que rigen los destinos de la Unión Europea.

La UE pretende aherrojar a los países miembros bajo la bota inmisericorde del progresismo mundial, de la Agenda 2030. No duda en ir mucho más allá de lo que sus principios rectores habilitan. Si lo hace el BCE y no pasa nada – dirán – , ¿por qué no el Parlamento o la Comisión? En ello están.

Polonia es, en nuestros días, Gandesa. Ahí se juega la batalla contra el aborto generalizado y convertido en un derecho al asesinato, la estúpida perspectiva de género y la avalancha LGTBIJKLMNKK.

La Constitución polaca está por encima de las veleidades progresistas de la UE, téngalo por seguro. El artículo es brillante. Renuncio a copiopegar y les recomiendo su lectura.

Enmárquenlo si a bien lo tienen, porque desnuda las vergüenzas de quienes no tienen tal cosa.

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El avance tecnológico de esta semana es en realidad un avance elástico sobre la retaguardia, como intentaban enmascarar os jerarcas nazis la descomposición de su ejército en 1945. Los calentólogos progres al frente de los gobiernos de los países de la UE han decidido que, efectivamente, la que llaman descarbonización no se la creen ni ellos y que la farsa ha llegado demasiado lejos. Como les da alipori reconocer que lo suyo no es que se hayan equivocado sino que nos han engañado, nos engañan de nuevo: ya saben, “la mancha de la mora (fruto), con otra verde se quita”.

Así que, en línea con las enseñanzas de la historia que nos muestran que las revoluciones las hacen los administrativos y contables, ahora resulta que se produce por arte de magia un cambio en la organización taxonómica de lo verde y lo sostenible: la energía atómica, la denostada, impensable, marginada, odiada y despreciada energía atómica ha devenido verde. Porque ellos lo dicen. Porque lo valen.

A ver, jenízaros, a defender la nueva trinchera.

¡Vayan ustedes al infierno!

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La frase de hoy es de Manuel Tagüeña, quien responsabilizó al general Rojo del desastre final de la ofensiva del Ebro. Aparece en sus memorias tituladas Testimonio de dos guerras: “La larga batalla de desgaste ideada por Vicente Rojo acabó definitivamente con la fuerza del ejército popular de la República”.

Cordiales saludos

José-Ramón Ferrandis
Director
CDC


[1] Duró casi 4 meses, entre el 25 de julio y el 16 de noviembre de 1938.
[2] Se conoce con ese nombre a los sucesos que tuvieron lugar entre el 1 y el 10 de octubre de 1938 en relación con los alemanes étnicos (Sudetendeutsche, sudetes) que residían en Bohemia, Moravia y Silesia oriental (por entonces, Checoslovaquia). Desde hacía años, la Alemania nazi quería anexionarse 30.000 Km2 de territorio checoslovaco, donde vivían los sudetes. El 26 de septiembre de 1938 Hitler presentó un ultimátum. Lo ganó y lo ratificó en los acuerdos de Múnich el 30 de septiembre de 1938. Neville Chamberlain y Robert Daladier firmaron y cedieron, sedicentemente en aras de conservar la paz. La ocupación alemana se realizó del 1 al 10 de octubre de 1938. Las esperanzas del Frente Popular se desvanecieron: si Francia y el Reino Unido habían cedido en Checoslovaquia no era pensable que intervinieran en España. Y eso que Francisco Franco había hecho público en vísperas de los acuerdos de Munich que, en caso de guerra europea, España se mantendría neutral.
[3] El ejército republicano había mejorado mucho con el nuevo armamento procedente de Checoslovaquia, sobre todo artillería pesada y cañones antiaéreos. La fuerza aérea se había reforzado con la llegada de los modelos Supermosca y Superchato (URSS).
[4] La operación fue audaz. En los tratados militares de la época, los ríos caudalosos como el Ebro eran considerados infranqueables.
[5] El denominado Ejército del Ebro, del Grupo de Ejércitos de la Región Oriental (GERO), estaba bajo la máxima autoridad de Juan Modesto Guilloto. Integraba dos cuerpos de ejército, comandados por Enrique Lister Forján y por Manuel Tagüeña Lacorte. Los tres eran comunistas. Sus cuerpos de ejército estaban organizados como unidades soviéticas. Llevaban distintivos con las estrellas rojas de cinco puntas. El saludo militar se hacía llevando el puño a la sien. Las unidades militares incluían comisarios políticos, remedo del ejército soviético. La foto es explícita.

[6] No todos. El ataque de distracción de Amposta no lo logró.
[7] El ejército de Franco reaccionó rápidamente, desplegando las reservas del Cuerpo de Ejército Marroquí desde la noche del 25 para impedir la toma de Gandesa, defendida por a 16ª Bandera de la Legión desde el mismo día 25. Las tropas nacionales aportaron más recursos y frenaron a los republicanos. El 3 de agosto, el Ejército del Ebro pasó a la defensiva.
[8] Tagüeña era licenciado en Física y Matemáticas. Ascendió vertiginosamente dentro del Ejército por sus excelentes dotes. Con 24 años, era el responsable del XV Cuerpo de Ejército de la República, con más de 30.000 hombres en armas a su cargo.
[9] Para evitar casos de deserción e insubordinación como los habidos en Aragón la primavera anterior, los sargentos tenían órdenes escritas de fusilar a los oficiales que se retiraran sin órdenes superiores escritas, órdenes que ejecutaron con alguna frecuencia.
[10] Franco instaló su puesto de mando en el Coll del Moro, al oeste de Gandesa.
[11] Durante la batalla del Ebro, los bombardeos republicanos sobre la retaguardia de la zona nacional fueron muy escasos. El 7 de noviembre se produjo el bombardeo de Cabra, el más mortífero de los realizados por la aviación republicana en toda la guerra, precisamente sobre población civil.
[12] Lo hizo a pesar de que el 15 de septiembre Alemania anunció la suspensión de sus suministros.
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