LEY DE VIOLENCIA DE GÉNERO: EL INDIVIDUO COMO COLECTIVO

LEY DE VIOLENCIA DE GÉNERO: EL INDIVIDUO COMO COLECTIVO

Publicada en el BOE el 28 /12/ 2004 y a punto de cumplir diecisiete años de vigencia, es muy evidente el entramado de los objetivos realmente conseguidos por la aberrante política de violencia de género que se aplica en España.

Una política que vulnera el orden constitucional de la igualdad ante la ley, sometiendo al varón a una legislación antijurídica que determina la «presunción de culpabilidad» por el mero hecho de ser varón, lo que conlleva su automática indefensión legal. Ese tratamiento discriminatorio por sexo induce unas consecuencias siniestras: provocar en el varón un estado de frustración y desesperanza, que nace de su indefensión y situar a la mujer en un escenario en el que lo legal sustituye a lo legítimo, convirtiendo el abuso en norma y propiciando las denuncias falsas, un tóxico caldo de cultivo para que se acabe desatando la violencia entre ambos o derivándola a los hijos.

Los enfrentamientos de pareja en los que el odio pase a ser el centro de su relación, debieran ser motivo de asistencia temprana por parte de gabinetes de Psicología – Psiquiatría especializados y gratuitos. Esa asistencia debiera desactivar el posible potencial de violencia y propiciar la reconducción del conflicto hacia una solución judicial que respete el principio de igualdad ante la ley, en la que el sexo pueda ser, en su caso, agravante pero no determinante. En España, la violencia familiar ha sido históricamente escasa, pero son recurrentes los sucesos de una terrible violencia, cuya inexcusable erradicación exige el actuar de forma preventiva, justa y eficaz.

El sembrar la desconfianza y el temor entre personas, por el mero hecho de su diferencia sexual, es una destructiva política contra natura, cuyo objetivo intermedio es provocar la beligerancia sistemática entre sexos, instrumentada en la sustitución de la identidad personal por una supuesta identidad colectiva derivada del sexo. Ese «enfrentamiento aprendido» altera artificialmente la normal relación personal y social entre hombres y mujeres, creando un ambiente enrarecido en el que se dificulta una convivencia creadora y fructífera y se propicia una tensión destructiva y empobrecedora. Se acaba perfilando un individualismo egoísta que rechaza el establecer los vínculos de respeto, colaboración y compromiso imprescindibles para crear una pareja estable que pueda dar lugar a la formación de una familia.

En el propio título de «Ley de violencia de género», se muestra su deformación conceptual, ya que el género, relativo al sexo, hace concreta referencia a las diferencias culturales derivadas del dimorfismo sexual. De esa forma, la Ley se aplica a hombres y mujeres como dos colectivos culturales y no a las personas, independientemente de su sexo.

El objetivo final que busca esa política discriminatoria, junto con el resto de políticas de ingeniería social, es la deconstrucción de la identidad personal y de los vínculos personales, familiares y sociales sustentados en la libertad, la igualdad y la solidaridad, para configurar una sociedad desprotegida, débil y sumisa ante un poder político despótico.

Avizor

Diciembre, 2021

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