LA CARTA DE LOS MARTES — 28 DE DICIEMBRE DE 2021

LA CARTA DE LOS MARTES — 28 DE DICIEMBRE DE 2021

El 28 de diciembre de 1852 nació en Santa Cruz de Iguña, Molledo, provincia de Santander, Leonardo Torres Quevedo, uno de los más grandes inventores de España y del mundo, que además fue ingeniero y político. Operó en las áreas de la aeronáutica, la automatización, la ingeniería y las matemáticas. Se le considera pionero en cibernética e informática.

 

“En nombre de Dios Todopoderoso”

Queridos amigos:

El 28 de diciembre de 1852 nació en Santa Cruz de Iguña, Molledo, provincia de Santander, Leonardo Torres Quevedo, uno de los más grandes inventores de España y del mundo, que además fue ingeniero y político. Operó en las áreas de la aeronáutica, la automatización, la ingeniería y las matemáticas. Se le considera pionero en cibernética e informática.

Estudió el bachillerato en Bilbao y lo completó en París (1868/69). En 1870 inició estudios en la Escuela Oficial del Cuerpo de Ingenieros de Caminos. En 1873 fue voluntario en la defensa de Bilbao, sitiada por los carlistas en la Tercera Guerra Carlista. Finalizó sus estudios en 1876. Tras unos breves inicios profesionales, se dedicó a viajar por Europa para conocer los avances científicos en materia de electricidad. Vuelto a España, instalado en Santander, comenzó sus investigaciones en múltiples campos del conocimiento y aplicaciones científicas.

Su trayectoria en diversas facetas científicas y técnicas es excepcional[1] y se pone de manifiesto en su fructífera producción de artefactos pioneros y de larga presencia y duración. Los expondremos por orden cronológico.

En 1887 inventó el “transbordador”[2] para el transporte de personas. Los modelos anteriores consistían en una barquilla para transportar cargas por medio de una polea y un cable de soporte sujeto a dos puntos fijos en sus extremos. La barquilla se desplazaba arrastrada por otro cable. Torres Quevedo incorporó un contrapeso para eliminar automáticamente las variaciones de tensión en los cables en función del peso transportado. Como consecuencia, logró un coeficiente de seguridad tal que lo hacía apto para el transporte de personas sin apenas riesgo. Si se rompía uno de los cables, el sistema se equilibraba automáticamente. Lo patentó en Francia, Suiza, Inglaterra y Estados Unidos. En 1907 aplicó la patente al Transbordador del Monte Ulía (San Sebastián), de 280 metros de luz y 28 de diferencial de altura entre las estaciones. Fue un éxito[3]. En 1916 se inauguró su transbordador sobre el río Niágara[4].

En 1893 presentó ante la Academia de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales de Madrid (donde se había instalado en 1889) su “Memoria sobre las Máquinas Algébricas”[5]. Además de resolver teóricamente el problema de la construcción de las relaciones algebraicas, Torres Quevedo construyó también varias máquinas de calcular[6].

En 1901 ingresó en la Academia de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales con un discurso sobre “máquinas algébricas” con el que cerraba la etapa de las máquinas analógicas[7]. Ese mismo año, el Gobierno creó el Laboratorio de Mecánica Aplicada, dedicado a la fabricación de instrumentación científica[8], y lo puso a disposición de Torres Quevedo.

En 1902 inició su dedicación a los dirigibles[9]. Torres Quevedo se centró en su estabilidad. Presentó sendas memorias, con principios teóricos generales de la aeronáutica y concepciones prácticas en las que indicaba las causas de la inestabilidad de esas naves, a la Academia de Ciencias de París y a la de Madrid[10]. Torres concibió un dirigible que tenía en su interior una armadura flexible para evitar deformaciones por el peso suspendido, pues se mantenía rígida por la presión del gas del globo. De este modo resolvía los inconvenientes de los sistemas existentes[11]. Su aportación incrementó la estabilidad en vuelo y resolvió el problema de la barquilla. El proyecto de Torres Quevedo fue apoyado por el gobierno, quien creó el Centro de Ensayos de Aeronáutica.
Mientras investigaba el problema de los dirigibles y para evitar arriesgar vidas humanas en vuelo, Torres Quevedo desarrolló una de sus ideas más trascendentes: el Telekino[12] o primer aparato del mundo de gobierno a distancia de movimientos mecánicos[13]. Presentó la patente en España en 1903. En marzo de 1905 ensayó las primeras pruebas del Telekino, manejando con su ayuda el primer vehículo terrestre del mundo en el frontón Beti Jai de Madrid[14].

En 1904 presentó un proyecto de dirigible de 950 m3, cuya construcción empezó en 1905 con la colaboración de Alfredo Kindelán, capitán del Servicio de Aerostación. En las pruebas de 1908 se demostró la eficacia del sistema trilobular[15], pero la colaboración entre Torres Quevedo y el Ejército se interrumpió. La Casa Astra, de París, se interesó por el modelo y, tras unos primeros ensayos, se adoptó la decisión de compra de la patente para todo el mundo, salvo España.
En 1912 creó el primero[16] de sus dos autómatas ajedrecistas y en 1914 presentó los Ensayos sobre Automática, donde Torres Quevedo formulaba lo que sería una nueva rama de la ingeniería, la automática. Además, Torres desarrolló la teoría subyacente a su aritmómetro electromecánico, una máquina capaz de realizar cálculos aritméticos de forma autónoma con un dispositivo de entrada de comandos, una unidad de procesamiento y un dispositivo de salida. En suma, un ordenador en el sentido actual del término. Se adelantó en décadas a Alan Turing o Konrad Zuse, conocidos teóricos de las Ciencias de la Computación.

En 1920 ingresó en la Real Academia Española[17]. Fue miembro de la sección de Mecánica de la Academia de Ciencias de París. Fue elegido presidente de la Sociedad Matemática Española, cargo que ocupó hasta 1924. Ese año creó su segundo autómata ajedrecista. En 1922, La Sorbona le nombró doctor honoris causa y en 1927 se le nombró uno de los doce miembros asociados de la Academia de Ciencias de París.

Fue un decidido partidario del idioma internacional esperanto, que apoyó en el Comité de Cooperación Cultural de la Sociedad de Naciones.

En los últimos años de su vida, Torres Quevedo desarrolló equipos de ayuda a los educadores (diseñó el puntero proyectable, ahora puntero laser), a pronunciar discursos y a aspectos institucionales derivados de sus muchas responsabilidades. Recibió numerosísimas condecoraciones, premios y distinciones.

Torres Quevedo elaboró numerosos escritos de alta calidad técnica. Contamos con las memorias descriptivas de sus múltiples patentes. Su tarea pionera en la disciplina de automática, tanto conceptual como práctica, alcanzó resonancia internacional. Como hemos visto, sus aparatos han sido citados como precursores de la cibernética, del cálculo analógico y de la informática. Murió en Madrid el 18 de diciembre de 1936.

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La noticia de esta semana recoge la vida y obra de Gustave Thibon, filósofo y escritor francés autodidacta. Como G.K.ChestertonJ.R.R.TolkienT. S. Eliot o Graham Greene, Gustave Thibon nunca ocultó su fe. Ser católico consiste en dar testimonio de esa lucha agónica que es la fe. Cristo advirtió a sus seguidores: “Os perseguirán y maldecirán por mi causa”.

Thibon perdió a sus padres, novia y primera esposa como consecuencia de diversas enfermedades. Su amistad con Jacques Maritain y sus vivencias tras retomar la fe perdida en sus primeros años de madurez le reconciliaron con el mundo. Sostuvo que la sed de infinito únicamente se aplaca con el amor a lo finito, que sólo el encuentro entre dos seres efímeros nos permite atisbar el abrazo de lo imperecedero.

Thibon murió en 2001, con casi cien años. Se le considera un gran filósofo y pensador. Ha sido nominado cuatro veces para el Nobel de Literatura.

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El avance tecnológico de esta semana refiere a los logros de la Parker Solar Probe, una nave interestelar de la NASA que ha entrado, por primera vez en la Historia, en la corona solar. Su objetivo es tomar muestras de partículas y medir los intensos campos magnéticos que la caracterizan. “Esta primera pasada a través de la corona, y las que están por venir, continuará proporcionando nuevos datos sobre fenómenos que son imposibles de estudiar desde lejos”.

La nave despegó en 2018 y acaba de llegar. Ha superado la superficie crítica de Alfvén[18] y entrado en la atmósfera solar, cosa que seguirá haciendo en los próximos años gracias a una trayectoria en espiral, si todo va bien.

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La frase de hoy es de Gustave Thibon y se encuentra en el texto que aparece como noticia: “La gloria del pensamiento católico es no estar contra nada – tan sólo contra el mal, que es nada – y estar a favor de todo, pero dando a cada cosa el lugar y los límites que le convienen”. Thibon había comprendido perfectamente la esencia del catolicismo.

Cordiales saludos

José-Ramón Ferrandis
Director
CDC

[1] Maurice d’Ocagne, presidente de la Academia de Ciencias de París, declaró que Torres Quevedo era “el más prodigioso inventor de su tiempo”.
[2] Según su propia descripción, “vehículo que surca los aires, suspendido de cables, entre dos puntos elevados del terreno”.
[3] El proyecto fue ejecutado por la “Sociedad de Estudios y Obras de Ingeniería de Bilbao”, que construyó transbordadores en Bolzano, Chamonix, Grindelwald, Río de Janeiro y otros puntos.
[4] Fue su realización más famosa, junto con el ajedrecista. Tras más de 100 años, este transbordador (The Spanish Aerocar) sigue en servicio sin haber registrado ningún accidente grave. Con 550 metros de luz y una diferencia de cota entre los dos extremos de 1 metro, une dos puntos de la orilla canadiense a 7,2 km/h. Fue concebido por un español y construido por una empresa española con capital español. Se inauguró oficialmente el 8 de agosto de 1916 y se abrió al público al día siguiente.
[5] Eduardo Saavedra, ingeniero de caminos y académico, la calificó como “suceso extraordinario en el curso de la producción científica española”. Torres Quevedo presentó esa memoria en Burdeos y en París (1895) y la denominada Machines á calculer en París (1900). La Comisión que la juzgó, compuesta por PoincaréApell y Deprez, concluyó que “El señor Torres ha dado una solución teórica general y completa al problema de la construcción de las relaciones algébricas y trascendentes por medio de máquinas”. La Comisión pidió a la Academia la inserción de la Memoria de Torres en la colección de sabios extranjeros.
[6] Las máquinas analógicas de cálculo buscan solucionar ecuaciones matemáticas mediante su traslado a fenómenos físicos. Los números se representan por magnitudes físicas: rotaciones de ejes, potenciales, estados eléctricos o electromagnéticos ….
[7] Esto fue considerado un suceso extraordinario en la producción científica española.
[8] Entre los trabajos del laboratorio destacan el magnetógrafo de Gonzalo Brañas, el espectrógrafo de rayos X de Cabrera y Costa y el micrótomo y panmicrótomo de Santiago Ramón y Cajal.
[9] Antes de Torres Quevedo había dos tipos básicos: el rígido, de Ferdinand von Zeppelin; y el flexible, de Albert Santos-Dumont y del general Meusnier. Los rígidos estaban hechos con un armazón metálico cubierto de tela y lleno de gas; los flexibles carecían de armazón. Ambos eran fusiformes y ambos experimentaban oscilaciones transversales. Los dirigibles flexibles podían deshincharse, plegarse y transportarse y resistían bien los roces, pero el peso de la barquilla y los motores tendía a doblar el globo por el centro, lo que comprometía su estabilidad. Los rígidos tenían un gran riesgo de accidente en vuelo ante cualquier roce de la tela exterior. Además, requerían grandes infraestructuras en tierra.
[10] Este trabajo mereció un informe muy favorable tanto de José Echegaray como de Paul Émile Appell.
[11] Las aeronaves diseñadas por Torres Quevedo continuaron fabricándose tras caducar su patente en 1922. Se siguen construyendo dirigibles con ideas provenientes de su sistema trilobular.
[12] El Telekino era un autómata que ejecutaba órdenes recibidas por ondas hertzianas. Con él, Torres Quevedo estableció los principios del sistema de control remoto inalámbrico, lo que le convirtió en pionero del mando a distancia.
[13] En el año 2006, el Telekino fue reconocido por el IEEE (Institute of Electrical and Electronics Engineers) como un hito para la historia de la ingeniería a escala mundial.
[14] Torres Quevedo pensaba que el Telekino era el primer control remoto de la historia, en realidad un autómata, una máquina que podía funcionar de forma autónoma ejecutando acciones como respuesta a órdenes, en función de ciertas circunstancias de su entorno.
[15] Las pruebas del dirigible, bautizado España, finalizaron en 1909 con gran éxito.
[16] El primer jugador de ajedrez automático del mundo.
[17] En el sillón que había ocupado Benito Pérez Galdós.
[18] Hannes Alfvén fue un ingeniero eléctrico sueco. En 1941 publicó un trabajo en una revista científica afirmando que el campo magnético del Sol interactuaba con partículas cargadas haciendo que la corona se calentase hasta temperaturas extremadamente altas. La teoría vulneraba lo que se creía en su momento sobre los límites termodinámicos: que el calor no puede pasar de un cuerpo más frío a un cuerpo más caliente. La comunidad científica lo desestimó. Pero es exactamente así: la NASA calcula que la temperatura en la superficie del Sol ronda los 6.000°C mientras que en la corona supera 1.000.000° C.
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