TENER O NO TENER: ESA ES LA CUESTIÓN – Walden Fernández Lobo

TENER O NO TENER: ESA ES LA CUESTIÓN – Walden Fernández Lobo

TENER O SER: ESTA  ES LA CUESTIÓN

 

En uno de nuestros artículos previos, dedicado al existencialismo, hacíamos referencia al hecho de que en nuestra sociedad actual se nos sigue valorando por lo que tenemos y no por lo que somos, y poníamos como ejemplo algo que le oí decir, hace ya muchos años, al responsable de exportación de una empresa de ingeniería en la que comencé a iniciarme en el mercado de trabajo, el cual responsable, mientras hablaba de las comisiones o mordidas que había que pagar para conseguir contratos, dijo algo así como que «aquí todo el mundo tiene un precio y el que no se deja comprar es porque no vale nada».

El título de este artículo viene del libro «¿Tener o ser?» del prolífico escritor y psicoanalista alemán Erich Fromm (1900 – 1980), que pasa por ser uno de los mejores psicoanalistas del siglo XX, dentro del grupo de los grandes encabezado por el controvertido Sigmund Feud, al que se considera como el padre del psicoanálisis. Fromm publicó esta obra en 1976 y también otras muchas más, como El miedo a la libertad o El arte de amar. Ya desde el inicio de la obra deja claro que tener es la cosa más normal de la vida.

En el presente artículo vamos a analizar la diferencia entre tener y ser, tanto etimológicamente como en la tradición escrita y en algún aspecto de la vida, para terminar realizando algunas reflexiones sobre las sugerencias formuladas por Fromm para establecer una sociedad donde predominase el modo de ser sobre el de tener.

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Comienza Fromm su obra diciendo que en una sociedad como la nuestra, cuya meta suprema es tener y tener cada vez más, no existe alternativa entre tener y ser; es más, la esencia de ser consiste en tener y el individuo que no tiene nada no es nadie. Sin embargo los grandes maestros de la vida siempre han enseñado lo contrario. Por ejemplo Jesucristo dijo: «¿Qué aprovecha al hombre ganar todo el mundo si pierde su alma?» (San Lucas, 9:25). Y Buda también enseñó que, para alcanzar la etapa más elevada del desarrollo humano, no deberíamos anhelar posesiones.

Vamos a centrarnos ahora en la etimología de los términos. Aquellos que piensan que tener es lo más natural de la existencia humana se sorprenderán de saber que en muchos idiomas no existe la palabra «tener». Hace muchos años estuve trabajando algún tiempo como docente en Costa de Marfil. Una de las cosas que llamaron mi atención cuando oía hablar a los nativos de ese país era que, cuando querían decir que tenían algo, decían (en francés): «Cela, c’est pour moi» (esto es para mí). Años más tarde, cuando leí el libro de Fromm, me sorprendió el ver que comentaba que en hebreo la palabra «tengo» se expresa con la forma indirecta «jesh li» (es para mí).

Esto sugiere que la palabra tener nació asociada al nacimiento de la propiedad privada, pero que no existía en las sociedades en las que la posesión sólo iba asociada al usufructo.

Aunque el concepto tener parece sencillo, por el contrario ser es más complejo.En primer lugar se puede usar como cópula para expresar las cualidades de un individuo. En nuestro idioma sólo se expresan las cualidades permanentes del individuo con el verbo ser (yo soy alto o moreno), mientras que las cualidades contingentes se expresan con el verbo estar (yo estoy irritado o dudoso). Pero ser, sobre todo, significa existir, encontrarse en el mundo: cuando decimos que alguien o algo es, nos estamos refiriendo a su esencia y no a su apariencia.

Tanto el Antiguo como el Nuevo Testamento, desde el punto de vista que estamos considerando aquí, son una protesta en contra de la existencia de tener. Abraham recibe la orden divina de dejar su país y su familia. Dijo Yavé a Abraham: «Salte de tu tierra, de tu parentela, de la casa de tu padre, para la tierra que yo te indicaré » (Génesis, 12:1).

Otro héroe del Antiguo Testamento es Moisés, al que Yavé le encarga que libere a su pueblo, que lo saque del país que se había convertido en su hogar. Los hebreos anhelaba la abundancia de Egipto; pero Moisés recibe la orden de llevar a su pueblo al desierto, donde no hay nada, como preparación para una vida libre.

El Nuevo Testamento continúa la protesta del Antiguo. El sermón de la montaña, según Max Weber, fue la proclama de una rebelión de esclavos. Los pobres de espíritu de los que es el reino de los cielos no son necesariamente tales por ser pobres, sino porque no sienten apego a las posesiones. Y por si no quedaba todavía suficientemente clara la posición de Jesucristo en relación con la acumulación de la riqueza, a continuación dijo esto: «No alleguéis tesoros en la tierra, donde la polilla y el orín los corroen y donde los ladrones horadan y roban. Atesorad tesoros en el cielo, donde ni la polilla ni el orín los corren y donde los ladrones no horadan ni roban. Donde está tu tesoro, allí estará tu corazón» (San Mateo, 6:19-21) .

Si avanzamos en el tiempo 19 siglos, hasta el año 1854 en concreto y en Estados Unidos, nos encontramos con la carta que escribió el Gran Jefe Seattle, de la tribu de los swamish, al presidente del país, Franklin Pierce, el cual le había realizado una oferta por una gran extensión de tierras en el noroeste del país, donde vivían estos indios, a cambio de crear una reserva para este pueblo indígena. Esta respuesta, que confronta a dos culturas bien diferentes, la de los indígenas y la de los nuevos colonos, constituye un bello manifiesto en defensa del medio ambiente a la vez que una confrontación entre los modos de ser y tener. La carta es muy larga, pero vamos a reproducir aquí algunos de los párrafos más llamativos desde nuestra perspectiva.

«Sabemos que el hombre blanco no comprende nuestra manera de ser. Le da lo mismo un pedazo de tierra que otro, porque él es un extraño que llega en la noche a arrancar de la tierra lo que necesita. La tierra no es su hermana, sino su enemiga».

«Nuestro modo de vida es muy diferente al de ustedes. La sola vista de sus ciudades hace doler los ojos del piel roja. Pero quizá sea así porque el piel roja es un salvaje y no comprende las cosas. No hay ningún lugar tranquilo en las ciudades del hombre blanco, ningún lugar donde pueda escucharse cómo se abren las flores de los árboles en primavera o el movimiento de las alas de un insecto. Pero quizá sea así porque soy un salvaje y no puedo comprender las cosas».

«Deben enseñar a sus hijos lo que nosotros hemos enseñado a los nuestros: que la tierra es nuestra madre. Todo lo que afecta a la tierra afecta a los hijos de la tierra…..Esto es lo que sabemos: la tierra no pertenece al hombre, es el hombre el que pertenece a la tierra…. El hombre no ha tejido la red que es la vida: solo es un hilo más de la trama».

«Ni siquiera el hombre blanco, cuyo Dios se pasea con él y conversa con él de amigo a amigo, quedará exento del destino común. Quizás seamos hermanos después de todo, ya se verá algún día. Sabemos algo que quizás el hombre blanco descubra algún día: que nuestro Dios es su mismo Dios. Ustedes creen que Dios les pertenece, de la misma manera que desean que nuestras tierras les pertenezcan; pero no es así. Él es el Dios de todos los hombres y su compasión se extiende por igual entre los pieles rojas y los rostros pálidos».

De estos párrafos podemos deducir que los denominados pueblos salvajes también pueden escribir poesía -incluso pueden realizar el maridaje entre poesía y política, que para muchos es imposible de realizar- y que los indios swamish no conocían la propiedad privada. La realidad es que en la naturaleza no existe la propiedad privada, sino únicamente el usufructo. Nosotros hemos instituido las escrituras de propiedad y en los momentos de agitación social, como el que estamos atravesando actualmente, esto es algo necesario, pues necesitamos tener una seguridad jurídica que nos proteja frente a los que carecen de los principios éticos que los deberían obligar a sentir respeto por el trabajo honrado y la propiedad de los demás. Sin embargo la propiedad privada no existe en la naturaleza: venimos desnudos a este mundo y desnudos nos iremos de él. Es la tierra la que nos posee a nosotros.

La diferencia entre el modo de ser y el de tener en el ámbito del conocimiento se expresa como tener conocimientos y conocer. Nuestro sistema educativo nos prepara para tener conocimientos que nos servirán para desempeñar correctamente nuestro trabajo. Se trata de un proceso de tomar y conservar la posesión de la información. Sin embargo el conocer en el sentido de ser arranca con la percepción del engaño de que lo que perciben nuestros sentidos no se corresponde con lo que realmente es. En este sentido conocer es penetrar a través de la superficie y llegar a las causas y las raíces. En definitiva, en el modo de tener el conocimiento consiste en poseer más conocimientos, mientras que en el modo de ser se trata de conocer más profundamente.

Pero llegados a este punto nos podemos preguntar qué son los dos modos de existencia, en qué se diferencian. El modo de tener surge de la propiedad privada; en él lo importante es adquirir propiedades y conservarlas. Este modo excluye a los demás; en algunas religiones a esto se lo denomina codicia o ambición. Por el contrario el modo de ser se refiere a la experiencia de vivir y esto no se puede describir fácilmente. En la medida en que abandonemos el modo de tener, es decir, que abandonemos la seguridad ficticia que nos aportan nuestras posesiones, podrá manifestarse el modo de ser. Pero para ello se requiere renunciar al egocentrismo y, como dicen los místicos, vaciarnos y volvernos pobres de espíritu.

Al final de su libro Erich Fromm dedica un capítulo a pergeñar las características de una sociedad nueva en la que el modo de ser dominaría sobre el modo de tener. Para ello esboza algunas medidas que se deberían adoptar para hacer esto posible. Vamos a enumerar algunas de estas medidas sin olvidar que fueron propuestas en el momento de la publicación del libro (1976).

  1. Debe eliminarse el abismo entre naciones ricas y pobres.
  2. Muchos males de las sociedades comunistas y capitalistas actuales desaparecerían con la introducción de un ingreso anual garantizado.
  3. Las mujeres deben ser liberadas del dominio patriarcal.
  4. Debe establecerse un supremo consejo cultural encargado de aconsejar a gobiernos, políticos y ciudadanos de todas las materias en las que sea necesario el conocimiento.

Pues bien, a día de hoy, 46 años después de la publicación del libro, observamos que todos los esfuerzos realizados en estos proyectos han servido para bien poco y nuestro mundo sigue siendo el mismo, si bien algo más tecnificado. En concreto:

1′. La ayuda al desarrollo de los países pobres apenas ha conseguido reducir las diferencias entre países ricos y pobres, pues esa ayuda en gran parte no ha llegado a los destinatarios finales de esta, sino que se ha quedado por el camino en las manos de quienes no la necesitaban realmente. Hoy todos sabemos que, si realmente deseamos ayudar a los pobres del tercer mundo, hay que llevarles la ayuda directamente a ellos, sin la mediación de ningún intermediario.

2′. La denominada renta básica universal se ha convertido en buena medida en una forma de desincentivar el trabajo honrado y en otra forma más de fraude.

3′. La liberación y equiparación de la mujer es ya un hecho, al menos en el mundo desarrollado. Sin embargo algunos movimientos feministas se han equivocado en su estrategia, de manera que al final parece que están intentando sustituir la sociedad patriarcal por un matriarcado, llevándonos a la actual situación de una guerra de sexos, que es como una guerra civil. Es más, algunos de estos movimientos se han degenerado hasta el punto de utilizar algunas tácticas mafiosas en la consecución de sus objetivos. Y para rematar, la utilización del lenguaje inclusivo, cuando se lo lleva a sus extremos, se convierte en un galimatías que casi no se entiende, privando de esta forma al lenguaje de su razón de ser, que es la de facilitar la comunicación.

4′. La creación de ese supremo consejo cultural no se ha llevado a cabo, que nosotros sepamos. Pero de haberse hecho, estamos seguros de que al final habría terminado burocratizándose y convirtiéndose en una más de esas organizaciones multilaterales que cada vez tienen menos relevancia, como le sucede a la ONU.

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El fracaso de las medidas propuestas por Erich Fromm para poder llegar a una sociedad nueva dominada por el modo de ser no tiene porqué sorprendernos, puesto que ha sucedido lo de siempre, es decir, que los medios propuestos se han corrompido o desvirtuado y por consiguiente no se ha conseguido el fin perseguido, si es que en algún momento este había sido propuesto como tal fin.

Para poder transitar del modo de tener al modo de ser, esto solo se puede hacer tocando las conciencias individuales de manera que estas estuvieran dispuestas a renunciar a todas las formas de tener para poder ser plenamente. Esta sería la única forma de transformar nuestra mente adquisitiva en una consciente. Pero la utilización de medios pervertidos no nos puede llevar a ninguna parte. Por ello todavía seguimos debatiéndonos en el dilema de ser y tener.

Cuando estamos a la espera nuevo orden mundial tras una pandemia y la invasión de un país soberano por otro con el objeto de anexionarse una parte de su territorio, sí, en pleno siglo XXI, nos podríamos preguntar si en esa sociedad futura habría una remota posibilidad de que el modo de ser pudiera dominar sobre el modo de tener. Pero ahí queda la pregunta.

 

Walden Fernández Lobo

Mayo de 2022

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