LA CARTA DE LOS MARTES DEL 19 DE JULIO DE 2022

LA CARTA DE LOS MARTES DEL 19 DE JULIO DE 2022

Queridos amigos:

El 19 de julio de 1808, el ejército español infligió una clara derrota al francés junto a Bailén (Jaén), primera gran batalla terrestre[1] en campo abierto que perdían los ejércitos napoleónicos en territorio español. Se enfrentaron parte de un ejército invasor francés, comandado por el general Pierre Antoine Dupont de l’Étang, con parte de otro español a las órdenes del general Teodoro Reding von Biberegg. Las consecuencias fueron tremendas, como veremos. Pero empecemos por los antecedentes.

Tras el levantamiento del Dos de Mayo y el ascenso de José Bonaparte al trono español, se organizó la resistencia para expulsar a los invasores. En Andalucía se crearon Juntas de Defensa para reclutar un ejército de voluntarios, pues los ejércitos franceses aún no tenían presencia en aquel territorio. Napoleón Bonaparte ordenó al general Dupont dirigirse hacia Cádiz para rescatar los buques de la flota francesa bloqueados tras Trafalgar. Durante junio[2] de 1808, los franceses marcharon hacia el sur bajo un sol abrasador[3], acosados por la guerrilla[4] y saqueando ciudades como Córdoba[5]. Allí supieron que la Batalla de la Poza de Santa Isabel había terminado con la completa victoria española y la pérdida de los navíos de Francia. Uno de los dos objetivos estratégicos de Dupont ya no existía, de manera que sólo restaba vencer a las tropas españolas de Andalucía, quizá como el mariscal Jean-Baptiste Bessières, con sólo 13.000 hombres, había vencido poco antes en la batalla de Medina de Rioseco (Valladolid) a los 25.000 soldados españoles procedentes de Galicia, comandados por el general Joaquín Blake y Joyes.

Con esa idea en mente, el 31 de mayo el general francés cruzó Despeñaperros camino de Córdoba. Entretanto, las Juntas de gobierno de Sevilla (Junta Suprema de España e Indias) y Granada, bajo la presidencia de Francisco de Saavedra, comenzaron a reclutar dos ejércitos, que debían cortar el paso a los franceses a través de Sierra Morena. El núcleo del primero lo formaban las tropas regulares del Campo de Gibraltar, con 16 regimientos de infantería y tres de caballería al mando del general Francisco Javier Castaños y Aragorri[6]. A ellos se sumaron 8.000 voluntarios. Por otro lado, Teodoro Reding comenzó a reclutar en la provincia de Granada un segundo ejército, donde se insertaba su Regimiento Suizo n.º 3. La capitanía general de Granada, al mando de don Ventura Escalante, movilizó más de 7.500 soldados.

El 11 de junio, los presidentes de las juntas de Sevilla y de Granada decidieron agrupar los tres ejércitos y Saavedra puso al mando de todas las tropas al general Castaños[7].

El general Castaños se reunió con los mandos españoles en Porcuna, exponiendo la estrategia a seguir. Dos divisiones, una al mando de Félix Jones y otra al mando de Manuel Lapeña, en total 11.000 hombres, debían fijar a las tropas de Dupont en Andújar. Una tercera división, al mando del marqués de Coupigny, cruzaría el Guadalquivir a la altura de Villanueva de la Reina y el general Reding dirigiría sus casi 10.000 hombres por Mengíbar.

Castaños se dirigió a Sierra Morena desde su cuartel general en Utrera. El general desplazó su ejército cambiando constantemente de dirección, de manera que las tropas francesas no pudiesen estar seguras de sus intenciones, mientras él se mantenía al corriente de los movimientos franceses gracias a los lugareños. Ante las dudas, el general Dupont envió 2.000 hombres a La Carolina para protegerse de un posible ataque de Castaños, abandonó Córdoba y estableció su cuartel general en Andújar el 18 de junio[8]. La segunda división, al mando de Dominique Honoré Antoine Marie Vedel, había derrotado a un contingente de voluntarios españoles en Despeñaperros y dejado un regimiento en La Carolina para proteger las comunicaciones con el centro de la Península.

Dupont no se atrevió a plantar batalla a Castaños y retrocedió, buscando enlazar con las tropas mandadas por los generales Vedel y Dufour, que venían en su ayuda y estaban casi en el límite de la provincia. Al dirigirse con esa intención a Bailén el 18 de julio, se encontró con las tropas de Reding, que en esos momentos salían de la ciudad, y allí mismo se entabló batalla. Lo que debía haber ocurrido en Andújar ocurrió en Bailén porque ambos bandos estaban mal informados sobre las fuerzas y las posiciones del enemigo. Reding no sabía que Dupont se aproximaba y temía por su retaguardia, ya que Vedel bajaba desde la Carolina. Dupont ignoraba que se iba a enfrentar a dos divisiones y su preocupación era cuidar de su retaguardia ante Castaños. De este modo ambos ejércitos se encontraron por sorpresa a las afueras de Bailén[9]. Las divisiones de Reding y Coupigny estaban formadas por 12.947 hombres, 997 caballos y 16 cañones. Las fuerzas de Dupont sumaban 10.018 hombres, 3.005 caballos y 23 cañones.

La batalla se puede explicar en cinco fases. En el primer combate, entre las tres y las cuatro de la madrugada[10], la vanguardia francesa alcanzó el puente del río Rumblar, y a un kilómetro de allí encontró los primeros destacamentos españoles. La caballería de Dupré arrolló al regimiento Farnesio y desalojó fácilmente las posiciones españolas. Entonces, Reding, que había ordenado el despliegue en forma de arco a las afueras de Bailén, ocupando las cotas altas[11] para dominar el escenario[12], lanzó a sus hombres, que cayeron concéntricamente sobre los franceses y les hicieron retroceder de nuevo hasta el Rumblar. Dupont decidió entonces esperar a que llegaran refuerzos y su propia artillería antes de lanzarse contra la villa de Bailén.

El segundo combate tuvo lugar entre las cuatro y media y las seis y media de la madrugada. El grueso de la columna francesa llegó al Rumblar. Los franceses apostaron su artillería de campaña, cuyas piezas eran inferiores a las españolas[13]. Mientras Dupont seguía esperando a Vedel, situó sus unidades entre los olivares, colocando en el centro la artillería. Las constantes cargas que Dupont intentaba para romper en algunos de sus puntos la línea defensiva que había desplegado el General Reding resultaron inútiles. El ejército español mantuvo sus puestos a pesar de la falta de profundidad del despliegue.

El tercer combate, de 6:30 a 8:30, se inició con la llegada a la vanguardia francesa de la brigada Chabert y la brigada de caballería de Privé. Como Dupont seguía temiendo que Castaños le sorprendiera por retaguardia, decidió atacar de inmediato aun estando en desventaja, al objeto de romper el centro español y enlazar con Vedel[14]. Formó columnas flanqueadas por la caballería de Dupré y Privé y apoyadas por la artillería desde Cruz Blanca. El cerro del Cerrajón se hallaba tomado por los españoles. La caballería de Privé cargó y los desalojó. Los suizos y el Regimiento Jaén fueron obligados a retroceder[15], pero desde sus nuevas posiciones batieron a Privé, quien se replegó. Por el centro, la infantería francesa avanzó entre descargas de la artillería española. La caballería de los regimientos Farnesio y Borbón cargó contra ellos y les hizo retroceder. Entonces acudieron de nuevo los jinetes de Privé, que se retiraron acto seguido. En ese momento, Vedel estaba ya en el Rumblar, a 5 km.

En el cuarto combate, de 8:30 a 10:00, Reding hizo avanzar al flanco derecho español desde el Cerro Valentín hasta el Zumacar Chico. Dupont ordenó a la recién llegada brigada Pannetier que se dirigiera contra ellos. Los franceses no lograron desalojar a los españoles. Entonces Dupont recurrió de nuevo a la debilitada caballería de Privé, que se desplazó desde la otra punta del campo y logró desbandar a los españoles, quienes fueron cubiertos por dos regimientos y la artillería volante. Los franceses se replegaron.

A las 11:00, Dupont ordenó un nuevo ataque por el centro, que se estrelló contra la artillería delante de Bailén. Bajo un sol de justicia, los españoles iniciaron a su vez un asalto masivo contra los franceses en retirada. Los regimientos de línea, la milicia y las bandas de paisanos avanzaron pendiente abajo apoyados por la caballería regular y algunos garrochistas con sus picas. Cuando los españoles llegaron al llano fueron diezmados por las descargas de metralla procedentes de los cañones franceses y se vieron obligados a retroceder.

Tras tantas horas de combate, el cansancio hacía mella, especialmente entre los franceses. Vedel no daba señales de vida y el calor apretaba, con temperaturas superiores a los 40 °C. El monte bajo, seco y sin segar, ardía. La sed atormentaba y desmoralizaba a los franceses.

Dupont decidió un avance general de sus tropas contra (una vez más) el centro español. El avance fue frenado por una lluvia de fuego artillera y de fusilería. Para proteger la inmediata retirada, los (últimos) 150 jinetes del general Claude François Dupré cargaron contra la artillería. Dupré fue herido de muerte y sus tropas quedaron reducidas a 50 jinetes.

Con Castaños acercándose a su retaguardia, Dupont intentó a las 12:00 un último ataque utilizando todas sus reservas. Encabezados por los 400 marinos de la Guardia Imperial, los franceses ascendieron hacia Bailén, pero el fuego de metralla y mosquete los detuvo. Agotados por diez horas de combates y acosados por una sed insoportable, herido el general Dupont, sus soldados fracasaron de nuevo. La mayoría de los ellos arrojó sus armas y huyó mientras que los regimientos suizos de Schramm se pasaban al bando español.

A la 13:00, el destacamento del teniente coronel Cruz Mourgeon apareció por la retaguardia de los franceses. Dupont creyó que era la vanguardia del ejército de Castaños y pidió a Reding un alto el fuego. Dupont intentó alargar las negociaciones a la espera de Vedel, pero Reding había reforzado el desfiladero por el que había de llegar esta segunda fuerza francesa. Vedel, al ver las tropas, no se creyó que la batalla había acabado y atacó. Entonces le llegó una orden escrita de Dupont para que cesara el combate: A las 18:00 todo había terminado en Bailén.

Por su parte Vedel, para ponerse a salvo, emprendió la marcha con sus tropas por la noche en dirección a la sierra, llegando a Santa Elena el 21 a mediodía. Allí fue alcanzado por el coronel de ingenieros D. Nicolás Garrido con la orden terminante e imperiosa de regresar a Bailén, exigida por Castaños y Reding, que amenazaron a Dupont con pasar a cuchillo a la división del general Gabriel Barbou, completamente cercada ya por todo el ejército de Andalucía.

Que el enfrentamiento tuviera lugar a las mismas puertas de Bailén fue decisivo para la victoria española: la población local apoyó a sus tropas, sobre todo con el suministro de agua para los soldados, en un día que los cronistas señalan como “especialmente caluroso” (en una región que registra elevadas temperaturas en esa época del año). El agua fue muy importante también para las piezas de la artillería española que, refrigeradas, estuvieron operativas incesantemente. En el bando francés, por contra, la efectividad artillera quedó sustancialmente reducida por el excesivo calentamiento de los cañones, que llevó a la destrucción de algunos de ellos.

Los franceses tuvieron 2.200 bajas y 17.635 soldados fueron hechos prisioneros. Los españoles perdieron 192 muertos y 664 heridos. Las condiciones de la rendición fueron clementes. Se decidió que el ejército francés (los 8.242 soldados de Dupont y los 9.393 de Vedel y Dufour) sería repatriado a Francia, vía Rota y Sanlúcar, hasta Rochefort. Empero, la Junta Suprema de Sevilla ordenó que se repatriara sólo a los oficiales[16]. El destino de los prisioneros fue terrible. Ante la escasez de medios para mantener a los soldados franceses en el puerto de Cádiz y el riesgo de que Cádiz capitulara tras la derrota española en Ocaña en noviembre de 1809, se trasladó a unos 9.000 de ellos a la isla de Cabrera y el resto, a las Islas Canarias.

La rendición del general Dupont (quien cayó en desgracia y fue encerrado en un castillo hasta la restauración de los borbones en el trono de Francia) fue la primera derrota de los ejércitos de Napoleón en batalla campal, así como la primera rendición de un general francés desde la batalla de Alejandría en 1801. Como consecuencia, el rey José I Bonaparte abandonó Madrid el 28 de julio en dirección a Vitoria, la moral española se elevó, y los austríacos declararon la guerra a Napoleón en 1809[17]Napoleón tuvo que acudir a la península al frente de su Grande Armée, integrada por 250.000 hombres en siete cuerpos de ejército. En 1809 tomó Madrid y expulsó a una fuerza expedicionaria inglesa de la península.

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La noticia de esta semana es un artículo de Jesús Sánchez Quiñones de 24/6/2022 en El blog de JSQ – Fumadores   – Blogs Expansion.com titulado Fumadores convivientes. El título, que introduce la idea fuerza del texto, es ocurrente. Pero el contenido resulta impreciso. No son dos los fumadores que siguen fumando, sino al menos dieciséis. Y la lucha por la descarbonización de la economía es una completa estupidez, que se ha convertido en leit motiv por repetición goebbelsiana y agotamiento, pero es falsa como un duro de madera. El CO2 antropogénico no tiene responsabilidad en el eventual calentamiento de la atmósfera.[18]

Otra cosa es el tramposo comportamiento de la RP China, India, Rusia y todos los demás países no miembros de la OCDE[19]. Y hasta parece que hay que entender sus razones, oiga, como si los paganos de esta farsa no las tuviéramos iguales. Esta frase del artículo es arquetípica de los errores conceptuales que se deslizan en tantos lugares: “Todos estos países son conscientes de la contaminación producida por el carbón frente a otras fuentes de energía”. El carbón emite más CO2 por unidad de energía producida que las restantes fuentes de energía fósil, en efecto, pero el CO2 NO ES UN GAS CONTAMINANTE. A ver si vamos haciéndonos a la idea de que esa falsedad es insostenible.

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El avance tecnológico de hoy tiene que ver con la energía. https://www.abc.es/economia/abci-disrupcion-reactores-nucleares-bolsillo-asoma-horizonte-202206190116_noticia.html
Ustedes saben que el mayor inconveniente de la energía nuclear es que las centrales clásicas tardan unos 10 años desde que se decide instalar una de ellas hasta que empieza a suministrar energía eléctrica. Ese es uno de los motivos para que las empresas hayan investigado desde hace tiempo y logrado diseñar centrales todavía más fiables, más pequeñas y de mucha más rápida instalación, que es este caso es casi coincidente con su producción. Como reza el artículo, unos 70 proyectos en todo el mundo están en marcha para disponer en 2030 como MUY tarde de energía barata, limpia y abundante.

Nuestro Consejo de Ministros no mueve un dedo, prefiriendo dejar a España y a los ciudadanos que residen en España en manos de terceros, empobrecidos y en cotas de miseria energética (ahora sí procede el término) creciente. Dios no los confunda con otros y les dé su merecido.

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La frase de hoy se atribuye a los atribulados atacantes del ejército de Dupont, en Bailén. Como es sabido, la temperatura ambiente superaba los 40 grados centígrados, el agotamiento hacía mella en los contendientes pero, en el caso francés, además, la sed les atormentaba. Los soldados buscaban agua desesperadamente. Algunos de estos soldados llegaron a la Noria de la Huerta de San Lázaro, único lugar con agua, pero batido por el fuego español. La frase que pronunciaron antes de morir fue “Morir aquí y resucitar en París”.

Sólo se cumplió la primera parte.

 

Cordiales saludos

José-Ramón Ferrandis

 

La rendición de Bailén (1864). Pintura de José Casado del Alisal, que representa la capitulación del general Pierre-Antoine Dupont, tras la derrota del ejército francés en la batalla de Bailén. Museo del Prado.


[1] La marítima fue, recordará el lector, la de la Poza de Santa Isabel, en Cádiz.
[2] El 7 de junio, tras una marcha a través de La Carolina, Guarromán, Bailén y Andújar, se produjo un enfrentamiento en el puente de Alcolea. La guarnición española de la ciudad se retiró a Écija.
[3] Sin duda menor que el de 2022, fecha en la que el Cambio Climático, o lo que sea eso, ocupa las mentes, o lo que tengan, de nuestros preclaros líderes.
[4] Las noticias del levantamiento 2 de mayo en la capital pronto se extendieron a lo largo del territorio español. Apenas tres semanas después se desencadenaron insurrecciones en diferentes partes de España.
[5] 15.000 voluntarios de Córdoba y de Málaga, encabezados por el teniente coronel Echavarri, cubrieron el puente de Alcolea para defender la capital cordobesa. Los franceses vencieron el 7 de junio. El 13 de junio, llegaron a la Puerta Nueva de la muralla de Córdoba, que derribaron, e iniciaron un saqueo brutal en todo tipo de edificios de la ciudad. Los deseos de venganza estaban servidos.
[6] Comandante del Campo de Gibraltar, puso sus aproximadamente 9.000 hombres a disposición.
[7] El Ejército de Andalucía sumaba unos 29.000 hombres en cuatro divisiones, con veintiocho piezas de artillería.
[8] Era una buena posición estratégica, pues estaba situada entre el río Jándula y el Guadalquivir.
[9] Se trataba de una pequeña villa que contaba con apenas 1500 habitantes.
[10] Era noche cerrada. Nadie sabía a quién se enfrentaba.
[11] Sobre los cerros Valentín, Zumacar Grande, Cerrajón y Haza Walona. Ese movimiento fue decisivo.
[12] También cubrió la retaguardia en prevención de la llegada de Vedel.
[13] La artillería del ejército de Dupont era más numerosa, pero la española era más potente. Disponía de 8 cañones de 12 libras, 4 cañones de 8 libras y 4 obuses de 7 libras. El ejército francés tenía 6 cañones de 8 libras, 14 cañones de 4 libras y 3 obuses de 7 libras.
[14] Vedel, se encontraba en esos momentos en La Carolina, muy alejado de Bailén.
[15] Allí cayó mortalmente herido su coronel, D. Antonio Moya.
[16] La razón estaba en que la gente exigía venganza por el saqueo de Córdoba y Andújar, sobre todo. Por su parte, Inglaterra quería afanosamente evitar que los prisioneros pudieran volver a combatir.
[17] Apoyados por una generosa subvención del gobierno británico, todo hay que decirlo.
[18] El lector puede consultar el libro “Crimen de Estado”, Unión Editorial, Madrid, para comprobarlo.
[19] Los países integrantes de esta organización son los pagafantas por antonomasia.
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