LA PUBLICACIÓN SEMANAL DEL 27 DE SEPTIEMBRE DE 2022

LA PUBLICACIÓN SEMANAL DEL 27 DE SEPTIEMBRE DE 2022

Esta semana escribe para nosotros Diego Sánchez de la Cruz. Encontraréis igualmente las efemérides tan destacadas de Jose Ramón Ferrandis, y por último, la guinda de Avizor, «Pensando en Voz Alta»: 

 

Fe y capitalismo, a debate: ¿son los curas más o menos proclives al mercado que los fieles?

A comienzos de septiembre, en el marco de una breve estancia académica en la Universidad de Oxford, tuve la oportunidad de conocer de primera mano el trabajo del Centro de Empresa, Mercados y Ética, un centro de análisis que presta especial interés a la dimensión moral de la economía de mercado. Su más reciente trabajo es una ambiciosa encuesta sobre las opiniones sociales en torno al capitalismo y la empresa privada.

El sondeo, coordinado por el teólogo, economista y reverendo anglicano Richard Turnbull, pone de manifiesto que la mayoría de los ciudadanos británicos confían en las empresas, si bien su grado de respaldo a las multinacionales (61%) y las grandes empresas (69%) es claramente inferior a la confianza que expresan con respecto a las pymes (84%). Entre los anglicanos y los católicos de las islas británicas, estos porcentajes son incluso mayores que los expresados por el conjunto de la población: 73% en el caso de las multinacionales, 76% en el de las grandes empresas y 85% en el de las pequeñas y medianas empresas. No obstante, si analizamos solamente las respuestas ofrecidas por reverendos, sacerdotes y otras personas con cargos de responsabilidad en las filas de las iglesias anglicana y católica, encontramos que su respaldo a las pymes es incluso más intenso (90%), pero también podemos ver un recelo mucho mayor hacia las grandes empresas y las multinacionales, que solo reciben la confianza del 30% y el 59% de los líderes religiosos, respectivamente.

Los británicos expresan también una preferencia por una sociedad de impuestos más bajos, que consideran más justa que una con altos niveles de tributación. Para ser precisos, un 49% opina lo primero, frente al 33% que defiende lo segundo. La apuesta por reducir la fiscalidad es más intensa entre los creyentes (55%, seis puntos porcentuales más que el británico medio), pero se desploma al 36% cuando nos fijamos nuevamente en las opiniones del clero anglicano y católico de las islas.

Turnbull considera evidente que estos resultados reflejan la existencia de una brecha entre las opiniones y los valores de las personas que admiten profesar una u otra fe y las posturas y recomendaciones defendidas por los representantes jerárquicos de dichas congregaciones. “En esencia, parecería que el establishment religioso ha perdido la confianza en la economía de mercado y su capacidad de generar bienestar (…). Esto hace más urgente que nunca la apertura de un debate que sirva para reconciliar la situación. Debemos articular de forma clara una visión del mundo cristiano en la que el rol del mercado se presente como lo que es, un mecanismo central que Dios ha puesto a nuestro alcance para favorecer y posibilitar el florecimiento de la gente. Este punto, que ya entienden de sobra muchos ciudadanos religiosos, no puede quedarse fuera del discurso y de la mentalidad de los clérigos y las jerarquías eclesiásticas”, apunta. En este sentido, es más que recomendable el libro «Economía para Sacerdotes« editado por el Centro bajo su colección Cristianismo y Economía de Mercado, para encontrar mejores vasos comunicantes entre la racionalidad económica y la visión inspirada en el cristianismo del hombre y la vida en sociedad.

En España no se han realizado investigaciones tan profundas sobre estas cuestiones, pero sí conocemos los valores predominantes de la sociedad en relación con el capitalismo y la empresa privada. Recientemente se publicó una encuesta de GAD3 que certifica que tres cuartos de los españoles defienden una rebaja de impuestos. El respaldo a un alivio de la carga fiscal es mayoritario incluso entre los votantes de PSOE (70%) y Podemos (57%), de modo que parece haber calado la idea de que los gravámenes tributarios han crecido en exceso. No es para menos, puesto que el gobierno de Pedro Sánchez ha aprobado ya 42 aumentos de los impuestos.

Sin embargo, aunque el hartazgo de los contribuyentes es innegable, las encuestas realizadas en los últimos años también revelan algunos aspectos problemáticos en relación con la libertad de mercado. Por ejemplo, un sondeo coordinado por Rainer Zitelmann, elaborado por Ipsos MORI y publicado por el Centro Diego de Covarrubias en el libro “Los ricos ante la opinión pública” revela que el 64% de los españoles no creen que los ricos sean personas decentes, mientras que un 38% opina que los más adinerados “se enriquecieron a costa de los demás” e “incumplen sus obligaciones tributarias”. De igual modo, una encuesta coordinada por la Fundación BBVA y publicada en 2019 sitúa a la sociedad española como la las más anticapitalista de Europa en lo tocante a sus valoraciones de los elementos centrales de la economía de mercado.

Creo, como creía Joseph Schumpeter, que no podrá haber liberalismo sin liberales. Y creo, como creía Michael Novak, que ese liberalismo sale fortalecido cuando viene acompañado de un sistema moral que fortalezca y apuntale las conductas e interacciones sociales que se dan a través del mercado. Por eso, la exploración del liberalismo cristiano que viene haciendo desde hace muchos años el Centro Diego de Covarrubias es de especial interés. Su obra contribuye a centrar el debate en torno a los valores y fundamentos que posibilitan el intercambio económico en un clima de confianza que impulsa la creación de riqueza y vincula esa prosperidad a la mejora y el embellecimiento de la sociedad. El legado intelectual de la «Escuela de Salamanca« está hoy más vivo que nunca, no solo porque su entendimiento del libre comercio o la inflación sigue plenamente vigente, sino también porque su concepción del mercado como un mecanismo positivo para la sociedad, encaja perfectamente con la evidencia empírica que arrojan los doscientos primeros años de capitalismo.

 

Diego Sánchez de la Cruz
Licenciado en Ciencias de la Información (Universidad Nebrija y programa de intercambio en la Universidad de San Diego), postgrado en Comunicación Política (ICADE) y máster en Relaciones Internacionales (IE Business School). Además de su trabajo al frente de Foro Regulación Inteligente, un centro de estudios especializado en asuntos regulatorios, es profesor universitario e investigador del Instituto de Estudios Económicos y participa de forma regular como analista económico en prensa, radio y televisión.

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LA CARTA de Jose Ramón Ferrandis en su nuevo Blog:
La Carta de los martes del 27 de Septiembre de 2022.

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PENSANDO EN VOZ ALTA de AvizorEL “PROGRESISMO PLANETARIO” Y LA ALIMENTACIÓN

Es una evidencia que la especie Humana forma parte inseparable de la biosfera del planeta Tierra. En consecuencia, resulta imprescindible mantener un equilibrio interactivo entre la evolución biológica, la de la biosfera y la cultural, exclusiva de la especie Humana, equilibrio dinámico que garantiza la continuidad de ese proceso evolutivo binario.

En los últimos decenios los avances técnicos han permitido la erradicación generalizada del hambre en nuestro planeta sin que los ecosistemas que alojan la producción intensiva de alimentos hayan sido afectados de forma significativa por esa causa.

La mayor parte de la grave contaminación ambiental que sufre la biosfera se debe a factores distintos de la producción alimentaria y que, precisamente, se localiza en aquellos países que no aplican, ni tienen previsto aplicar, medidas de saneamiento del medio ambiente.

Por ese motivo resulta paradójica la campaña gestada por el “progresismo planetario” para cuestionar radicalmente el actual modelo de éxito de la alimentación humana, modelo que ha conseguido la erradicación del hambre, atestiguada por el caudal estadístico generado al respecto por la ONU y la FAO.

Primero se lanzó la recomendación de reducir el consumo de carne roja, lo que es llamativamente redundante al ser la clase de carne menos consumida, incluyendo sus productos elaborados. Ahora parece haberse iniciado el turno de los vegetales, manifestando que cooperan entre sí por el bien del ecosistema, antropomorfismo que invierte conceptos al adjudicar una cultura a los vegetales, inexistente, en detrimento de una Humanidad que debería aprender de los vegetales esa cultura. Me temo que la segunda fase de la citada campaña sea la de recomendar la reducción del consumo de vegetales verdes, por aquello del impacto ambiental de la función clorofílica. La tercera fase podría consistir en la recomendación de restringir el consumo de elementos minerales que, al encontrarse disueltos en el agua potable, significaría el tener que mantenernos sedientos sin rechistar.

Esa senda de despropósitos planetarios, me lleva a sospechar que la célebre frase, “En 2030 no tendrás nada y serás feliz”, lema de la Agenda 2030, se acabará escribiendo, “En 2030 no tendrás nada bueno que comer y así ya no te plantearás el ser feliz”.

Finalmente, mi pregunta es: “Y ESTO, ¿CÓMO SE COME?”.
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