EL SOCIALISMO «AL DESNUDO» – Gabriel Le Senne – 15 Nov 2022

EL SOCIALISMO «AL DESNUDO» – Gabriel Le Senne – 15 Nov 2022

EL SOCIALISMO «AL DESNUDO»

Por recomendación de un amigo he visto el documental “Dulceida, al desnudo” (disponible en Prime), sobre esta célebre ‘influencer’ del mundo de la moda que personalmente desconocía, pero que por lo visto es una pionera que goza de gran éxito en el sector.

Aida, que así se llama en realidad, es una chica de Badalona, espontánea y extrovertida. Su proyección profesional tomó un gran impulso -según el propio documental- cuando informó públicamente de su relación con otra chica, con la que contrajo ‘matrimonio’. La condición de bisexual y “miembro del colectivo” (LGTBI, claro), ayuda. El ‘matrimonio’ duró siete años. Aida acude regularmente a consulta con su psicóloga y terapeuta, porque su trabajo le genera un importante estrés, la ruptura sentimental pasa factura, y falleció su abuela. Su familia supone un gran respaldo. Aida destaca su gran relación no sólo con su abuela, a la que quería con locura, sino también con su madre (y representante), con su padre y con su hermano. Tiene también un grupo de amigos influencers, miembros del ‘colectivo’, que la ayudan a desahogarse, si bien en su relación se adivina como un trato especial y quizás un tanto artificial hacia ella, tal vez por consideración a su importante posición social (posee toda una empresa a sus órdenes). Pero ¿qué es lo que más quiere Aida, según declara abiertamente? Ser madre. Pero no sola. Y hasta aquí mi resumen (subjetivo, por supuesto).

¿Por qué traigo esto al CDC, se estarán preguntando? Pues porque me parece que podemos extraer de este ejemplo algunas reflexiones valiosas. Casualmente, o no, escuchaba hoy a nuestra ministra Irene Montero, que anda por Hispanoamérica predicando lo suyo: que los niños, nazcan en la familia que sea, tienen derecho a saber que pueden disfrutar libremente de sus cuerpos y acostarse con quien quieran. Es decir, leyendo entre líneas, que las familias cristianas vulneran los derechos de las pobres criaturas cuando tratan de explicarles su moral sexual.

Recordemos que el socialismo se caracteriza por ofrecer soluciones sencillas y aparentemente eficaces, pero que, por sus efectos secundarios, acaban siendo a menudo contraproducentes. Así, en este caso, ante el instinto sexual, promueven la ‘liberación’: hagamos lo que nos apetezca; mientras haya consentimiento, ¡no se hace daño a nadie!

Y sin embargo, vamos viendo las consecuencias imprevistas, o más bien, que no quisieron prever: relaciones ‘provisionales’; desorden; adicciones; tantos divorcios que muchos ya ni se casan. La natalidad se desploma, y la mayoría de los pocos niños que llegan a nacer sufren por la separación de sus padres. Los del ‘colectivo’ satisfarán sus instintos, pero a menudo acabarán tristes y solos, cuando lleguen a la vejez sin nada a lo que agarrarse.

En el fondo, Aida quiere formar una familia. Es lo natural, para lo que estamos hechos. Es lo que facilita la moral tradicional, fruto de milenios de experiencia. Una pareja en quien confiar plenamente, para toda la vida. Un hogar estable donde traer al mundo y ver crecer a los hijos, donde cuidar y aprender de la experiencia de los mayores. Pero nada es gratis: esto requiere el esfuerzo de controlar los instintos. Toda la sociedad estaba organizada para ayudar a hacerlo (sin negar que ciertos aspectos eran manifiestamente mejorables).

Pero la ruptura total con la moral tradicional, por creernos más listos y mejores que nuestros mayores, está provocando la desaparición de nuestra propia sociedad. Se va notando ya en muchos lugares, y lo notaremos más a cada año que pase, porque son ya más de cuarenta años (muy) por debajo del nivel de reemplazo generacional.

Igual que el socialismo promete ayudar a los pobres sangrando a impuestos a los ricos, y sin embargo vemos que a los pobres les va mucho mejor en lugares donde se apuesta por la libertad, porque la economía funciona y se crea empleo y suben los salarios, así también el socialismo promete a los jóvenes una vida maravillosa de libertad sexual que parece mucho mejor, al principio, pero al final los ya no tan jóvenes tendrán soledad, y la sociedad en su conjunto, colapso.

Pero vamos a ver, dirá alguno, ¿no apuestan ustedes del Covarrubias por la libertad? Por supuesto que sí: pero la auténtica libertad siempre conlleva responsabilidad, y en el uso responsable de la libertad se educa, porque es algo que hemos ido aprendiendo: es precisamente lo que caracteriza a la civilización. Y ese uso responsable implica siempre considerar no sólo los efectos inmediatos de nuestras decisiones, sino también los efectos indirectos o remotos.

Por decirlo aún más claro: no hay libertad sin responsabilidad. Ya lo dijeron algunos clásicos: “la libertad (…) requiere control sobre uno mismo” (Lord Acton). “Los hombres de mentes intemperantes no pueden ser libres. Sus pasiones forjan sus grilletes” (Edmund Burke). ¿Hasta dónde deberemos llegar antes de tocar fondo y recordar esta lección?

Gabriel Le Senne
Abogado con casi 20 años de ejercicio profesional. Licenciado en Derecho, Administración y Dirección de Empresas por ICADE. Master en Asesoría Jurídica de Empresas por el IE, aúna su labor profesional con actividades sociales como secretario de Sociedad Civil Balear, miembro del Centro Diego de Covarrubias, articulista en mallorcadiario.com o autor del ensayo «Dios nos hizo libres».

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