SOCIALISMO 4.0 – AVIZOR – DICIEMBRE DE 2025

EL SEMANAL DEL COVARRUBIAS DEL 02 DE DICIEMBRE DE 2025

 

En las democracias occidentales de este siglo, el socialismo 4.0 es el resultado de la transformación de una propuesta ideológica en un dogma antropológico, conseguida a través de una descomunal batalla cultural librada en la enseñanza, las manifestaciones artísticas, los medios de comunicación, las redes sociales y las instituciones públicas y privadas. Una batalla de las ideas en la que sus oponentes ofrecían una escasa resistencia e incluso incorporaban sus postulados, abandonando los propios. Ese ideario antropológico y cultural compartido, ha originado el que se hayan diluido buena parte de las diferencias históricas entre socialismo y conservadurismo, lo que ha permitido al socialismo extender su poder cultural y político de forma transversal, llegando a imbricarse en los entramados globales de poder económico y mediático, con los que comparte los objetivos colectivistas y liberticidas de su ingeniería social.

Esa metamorfosis le ha permitido al socialismo 4.0 permutar un Estado limitado, al servicio de la sociedad, clave de los sistemas democráticos, por una sociedad al servicio de un Estado omnipresente, consustancial a los sistemas autoritarios o totalitarios. La aplicación de su raíz ideológica autoritaria provoca la sustitución, en los regímenes democráticos, de la soberanía popular por el Estado soberano, unas democracias en las que impone de forma sistemática un implacable dirigismo intervencionista en todos los ámbitos, tanto públicos como privados. Ese ínsito autoritarismo conlleva el progresivo deterioro de los derechos y las libertades individuales, que son esenciales para que se produzca el progreso personal y social, lo que identifica al socialismo como una ideología de ubicación nítidamente reaccionaria.

Cada ser humano es único e irrepetible, dotado de dignidad ontológica, consustancial con su libertad y su responsabilidad individuales, una identidad personal que proporciona la necesaria diversidad, clave de bóveda que asegura la continuidad, el desarrollo y el progreso de toda sociedad humana. La evolución biológica y cultural se origina siempre desde lo individual a lo colectivo, siendo lo colectivo, a su vez, un factor multiplicador de lo individual. La cosmovisión colectivista, de cualquier color político del que se vista, rojo, azul o verde, constituye una concepción antropológica anti natura, al pretender sustituir la identidad personal, la esencial, por la identidad de pertenencia a un colectivo, la secundaria. Esa drástica ofensiva antropológica e ideológica la instrumenta el socialismo 4.0 en un conjunto de políticas que abarcan los ámbitos siguientes: Estatismo, lenguaje inverso, relato, relativismo, nihilismo, laicismo, identitarismo, hembrismo, igualitarismo, género, transhumanismo, globalismo, multiculturalismo, wokismo, decrecentismo y climatismo.

Ese determinante error conceptual antropológico de la ideología socialista, tuvo su origen en la defensa de los colectivos obreros y campesinos explotados por unas élites económicas depredadoras, que configuraron, a finales del s. XVIII, el inicio de la sociedad del enfrentamiento de clases. Dos siglos más tarde, en los países desarrollados, enfocados a gestionar la actual sociedad del conocimiento, sustentada en los derechos humanos y las libertades individuales y con una clase media mayoritaria, aunque en declive, el socialismo 4.0 dizque «progresista» es un colectivismo retrógrado que pretende retrotraernos a una sociedad clasista e identitarista totalmente superada. Una sociedad a la que poder expoliar sistemáticamente sus bienes tangibles e intangibles, reduciendo la clase media a minoritaria y creando grandes bolsas de población dependiente, en situación de creciente pobreza relativa. El socialismo 4.0, sin abandonar su raíz ideológica, se ha transformado en una doctrina antropológica poshumanista sustentada en el materialismo nihilista.

El socialismo 4.0 está construyendo un clasismo distópico, el del enfrentamiento entre colectivos, reales o inventados y del sometimiento, de personas y de colectivos, a unos líderes políticos y a unas élites económicas e institucionales que conforman una simbiótica oligarquía extractiva, que aplica una política fiscal confiscatoria y una política monetaria inflacionista. La tecnología digital permite el control directo y exhaustivo de las esferas pública y privada de los ciudadanos, una capacidad letal en manos de un poder político que neutraliza los contrapoderes indispensables en un auténtico sistema democrático. Se crea una sociedad dependiente del estado, con sustanciales limitaciones en sus derechos y libertades individuales. Esa coincidencia en los objetivos, de la partitocracia socialista y de la oligarquía económica, es la que está llevando a que el socialismo 4.0 y los grandes poderes económicos hayan trocado sus enfrentamientos del pasado por un pacto de colaboración en lo que va de siglo. Recientemente, ese pacto ha sido puesto en entredicho por los grandes poderes económicos, tras comprobar que la asunción de ciertas políticas distópicas perjudicaba apreciablemente sus cuentas de resultados.

Ante una ofensiva global del socialismo 4.0, que une en un mismo frente lo antropológico, lo cultural, lo político, lo social y lo económico, el liberalismo y el conservadurismo humanistas carecen de un propuesta unificada, estructurada y coherente capaz de articular un sistema propio en condiciones de afrontar ese poderoso asalto liberticida. Afortunadamente están surgiendo iniciativas de la sociedad civil y de líderes políticos que aportan unas alternativas viables. La enorme dificultad para enfrentarse a un autoritarismo disfrazado de progresismo es la grave consecuencia de haber consentido la hegemonía cultural de la izquierda durante los últimos setenta años. Ese profundo desequilibrio amenaza gravemente la convivencia, los derechos, las libertades, la igualdad y el desarrollo económico y social en las sociedades democráticas.

El problema de fondo radica en una sociedad occidental que ha abrazado mayoritariamente el relativismo moral y la filosofía nihilista, lo que conduce a la abolición de la ética de la responsabilidad, individual y colectiva, el caldo de cultivo ideal para el desarrollo de sistemas autoritarios y populistas, en los que el principio de subsidiariedad se invierte de forma que, lo que pueda realizar el Estado que no lo realice el ciudadano. En una sociedad crecientemente compleja en todos los órdenes, el inherente cortoplacismo del sistema democrático coloca en inferioridad de condiciones a las democracias respecto a los sistemas autoritarios o totalitarios, que son capaces de afrontar el medio y largo plazo sin mayores problemas.

La grave involución democrática descrita, junto a las debilidades estructurales de un sistema abierto y cortoplacista como es la democracia, podrían situarnos en el final de una época apolínea de razón y orden, e introducirnos de lleno en un escenario dionisíaco de pasión y caos.

Avizor

 

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