JIMMY LAI, HÉROE DE LA LIBERTAD Y LA FE – FRANCISCO JOSÉ CONTRERAS – ENERO DE 2026
EL SEMANAL DEL COVARRUBIAS DEL 27 DE ENERO DE 2026

No corren buenos tiempos para la idea de libre mercado: la izquierda siempre fue refractaria a ella, y ahora parte de la derecha populista también culpa al librecambismo y la globalización de la “desindustrialización de Europa”, la “depauperación de la clase media” o incluso la decadencia moral (los valores religiosos y familiares habrían sido desplazados por el consumismo y el carrerismo). Así que conmueve saber que, en una prisión china, un héroe de la democracia y el libre comercio paga con el sacrificio de su propia libertad la defensa de la libertad de los demás. Y que lo que le sostiene es su firme fe católica. Encarcelado desde 2020, Jimmy Lai reza varias horas al día, al ritmo monacal de maitines y laudes (“se despierta a media noche para rezar; vuelve a levantarse antes del amanecer para leer el Evangelio”, cuentan sus hijos). Y, además del Evangelio, lee a Hayek.
Si muere en prisión -tiene ya 78 años y padece de diabetes e hipertensión- Lai será a partes iguales un mártir de la fe católica y de la democracia liberal. Él nunca ha percibido contradicción entre ambas: al contrario, cree en las libertades clásicas y el Estado de Derecho porque los considera fundados en la dignidad del hombre como hijo de Dios.
Tras cinco años de prisión preventiva, Lai fue declarado culpable el 15 de diciembre de los delitos de “conspiración con fuerzas extranjeras” y “conspiración para publicar materiales sediciosos”. El tribunal lo consideró el cerebro de campañas para instigar sanciones contra Hong Kong y China por su represión de las libertades en la excolonia británica. El primer delito puede acarrear pena de prisión perpetua; el fallo final será pronunciado en unas semanas.
Lai nació en 1947 en China continental; tenía dos años cuando los comunistas tomaron definitivamente el poder. Venía de una familia de comerciantes; como tales, enemigos de clase según el Estado maoísta, que recluyó a su madre en un campo de trabajos forzados: Lai conserva grabado el recuerdo de su madre arrodillada, zaherida por guardias del Laogai. A los doce años, Lai consigue escapar a Hong Kong como polizón en un barco. Allí comenzó una carrera fulgurante de hombre hecho a sí mismo: de obrero en una fábrica de guantes a pequeño empresario, de magnate textil (fundó Giordano en 1981) a tycoon de los medios de comunicación (“el Rupert Murdoch asiático”).
La ideologización de Lai comenzó, según su propio testimonio, cuando el Partido Comunista Chino aplastó en sangre la protesta pro-democracia de Tiananmen en 1989. Cobró conciencia entonces de que todo lo que en Hong Kong se daba simplemente por supuesto (según él: “el imperio de la ley, la libertad, la democracia, la libre expresión, la libertad religiosa, el derecho de asamblea”) era en realidad una conquista civilizatoria frágil, improbable y extremadamente valiosa. Y que todo eso no iba a extenderse sin más more Fukuyama al planeta -pese al hundimiento de la URSS en 1989-91-, sino que seguía siendo más bien la excepción que la regla.
Buscando los fundamentos del éxito de Hong Kong, Lai llegó hasta la Escuela Austríaca de Economía y se convirtió en voraz lector de Hayek, al que cita a menudo en sus entrevistas. Y en lo espiritual se orientó hacia el catolicismo, siendo bautizado en 1997 por el cardenal Joseph Zen, otro valiente defensor de la democracia. Lai ha invertido millones de dólares en la construcción de templos católicos en China y Hong Kong.
Lai giró desde el retail textil que había hecho su fortuna al mundo de los medios para poder influir en el debate socio-político de Hong Kong. En 1995 fundó Apple Daily, que se convirtió pronto en el periódico más leído. La devolución de Hong Kong a China por parte del Reino Unido (1997) planteó la cuestión: ¿es más importante la unidad nacional (la población hongkonesa es china) o la libertad? Lai escribió: “Después de un siglo de gobierno colonial, los hongkoneses se sienten orgullosos de abrazar a la madre patria. Pero ¿debemos amar a una patria que suprime la libertad?”.
No. Para Lai, la dignidad humana, la verdad y la libertad son más importantes que el patriotismo. De hecho, el patriotismo ha sido la justificación invocada por Pekín para la supresión gradual de las libertades en Hong Kong. El Partido Comunista lo presenta como una evolución “desde el caos hacia la gobernanza y la prosperidad”, y presume de que, desde la aprobación de la Ley de Seguridad Nacional en 2020, hay por fin en Hong Kong un Parlamento “sólo de patriotas”.
Así pues, el pluralismo y la libertad de expresión eran “el caos”; ahora, bajo el enérgico liderazgo de Xi Jingpin, Hong Kong enfilará hacia un radiante futuro de unanimidad patriótica. Lástima que cientos de miles de hongkoneses no lo entendieran: protagonizaron la “rebelión de los paraguas” en 2014, reclamando elecciones verdaderamente libres en vez de comicios-farsa. Ocuparon el barrio comercial durante 79 días consecutivos; Jimmy Lai estaba allí con su paraguas diariamente de las 9AM a las 5PM, hasta que las autoridades despejaron la plaza con antidisturbios. En 2019 volvieron las protestas al ser conocido el proyecto de Ley de Seguridad Nacional, aprobado en 2020. En agosto de ese año, cientos de policías asaltaron las dependencias de Apple Daily y detuvieron a Lai, a su hijo y a varios ejecutivos del periódico, que el Gobierno calificó de “tabloide sensacionalista” y procedió a cerrar.
No es sólo en China: también en Occidente crece hoy el número de los que creen que la democracia, los derechos humanos, el libre comercio, etc. son antiguallas decadentes y “obsesiones de boomers”. En una mazmorra china, el boomer Lai espera la muerte agarrado a su Biblia y su ejemplar de “Camino de servidumbre”.
Francisco José Contreras.
Catedrático de Filosofía del Derecho en la Universidad de Sevilla. Autor de once libros individuales (entre ellos, “Kant y la guerra”, “Liberalismo, catolicismo y ley natural”, “Una defensa del liberalismo conservador” y “Contra el totalitarismo blando”). Ha recibido el premio de honor Diego de Covarrubias 2020, el Premio Ángel Olabarría y el Premio Legaz Lacambra de la Academia Aragonesa de Jurisprudencia.
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