LEÓN XIV Y LA AUCTORITAS MORAL – AVIZOR
EL SEMANAL DEL COVARRUBIAS DEL 21 DE ABRIL DE 2026

El Papa León XIV está atrapado por dos estructuras-marco que le han venido impuestas, la dicotomía norte-sur, configurada por los EEUU y el indigenismo de la América Central y del Sur, unida a la dicotomía existente en el Vaticano entre la Curia contaminada por la antropología poshumanista de raíz materialista y la Curia que mantiene inalterada la antropología humanista de raíz cristiana. Ese marco estructural obliga a que León XIV se afane en construir, permanentemente, una frágil amalgama entre el plano estrictamente doctrinal católico y los distintos planos de la realidad religiosa, social, cultural, política, económica y mediática. A ésta sinuosa situación ambivalente se añade un entorno geopolítico internacional condicionado por marcadas connotaciones religiosas, que afectan directamente a las relaciones del cristianismo con el judaísmo y con las enfrentadas corrientes doctrinales del mundo musulmán.
La armonización de todas esas realidades para construir un discurso papal coherente con los principios y valores cristianos resulta una tarea harto difícil en una Civilización occidental sometida a una profunda crisis existencial. El problema radica en la hegemonía cultural poshumanista que, en las democracias occidentales, parasita las instituciones educativas, cívicas, ideológicas, políticas, económicas, sociales y, muy especialmente, los medios de comunicación. Esa beligerante y aplastante hegemonía coarta la libertad de opinión en la medida que cualquier manifestación pública que la contradiga es manipulada, mutilada, tergiversada, desautorizada y vituperada, corriendo un alto riesgo de que su autor se enfrente a un proceso de cancelación personal y profesional.
La Iglesia Católica contemporánea se ha caracterizado por su firme condena de los totalitarismos, como ya lo hizo con el nazismo y el comunismo, demostrando que su «auctoritas» es un contrapoder moral a la «potestas» de un poder político que no reconoce la dignidad ontológica del ser humano y, en consecuencia, no respeta ni las libertades individuales ni los derechos humanos. En la actualidad, la Iglesia Católica debe seguir siendo un contrapoder moral de los regímenes totalitarios de cualquier ideología como lo son Corea del Norte, China, Rusia, Irán, Cuba y un largo etcétera, así como de las organizaciones terroristas y muy especialmente del terrorismo islamista que asesina a cristianos, judíos o a otros musulmanes, por el mero hecho de serlo. Por ese motivo, las declaraciones de León XIV deberían de moverse siempre en el firme terreno de la tajante condena del totalitarismo, sin perjuicio de los llamamientos al diálogo y a la convivencia pacífica, con el fin de que el recurso a la violencia para que las democracias se defiendan de las agresiones del totalitarismo sea, siempre, el último recurso.
En ese complejo escenario religioso – antropológico, la participación activa de los laicos en la defensa de la cultura humanista cristiana, resulta clave para centrar, clarificar y difundir el mensaje evangélico en toda su amplitud, un activismo indispensable para que la jerarquía eclesiástica católica pueda expresar libremente su pensamiento sin temor a la dictadura de lo políticamente correcto.
Avizor
