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LA CARTA DE LOS MARTES

5 DE FEBRERO DE 2019

Queridos amigos:

Tenemos listo para editar el extraordinario texto de Dalmacio Negro titulado “La tradición de la libertad”. Es una maravilla que se lee de un tirón, casi sin respirar, a pesar de la enorme enjundia del texto, trufado de referencias a los autores clásicos que fundamentan el análisis sobre la libertad como concepto vertebrador de nuestra civilización, cuyo nombre es la Cristiandad. Será en nº 9 de nuestra Colección Cristianismo y Economía de Mercado.

Recuerdo brevemente el evento del próximo día 27 de febrero. Se trata de una jornada sobre lenguaje y corrección política en la que nos acompañarán Manuel Chaure, Luis del Pino, Cristina Seguí, Mario Noya y Javier Benegas. El acto tendrá lugar a las 18:30 en la Fundación Rafael del Pino, de Madrid (Rafael Calvo, 39, Madrid).

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Hoy hablaremos (poco) del capitalismo. Sí, del sistema regido por la economía de mercado. Sí, el mismo que ha permitido el desarrollo de la inmensa mayoría de los países del mundo. Sí, el que ha reducido a una mínima expresión la pobreza. Sí, el que ha hecho aflorar la ciencia y la técnica como ningún otro sistema lo hizo nunca antes.

El mismo sistema que ha hecho por la gente más, mejor y más rápidamente que cualquier otro en la historia de la Humanidad.

El sistema de producción con fundamento en la libertad económica que, con todo y las interferencias estatalistas que, al intervenir con su reconocida inepcia,  dañan los esfuerzos de las empresas, cada año hace avanzar al mundo en su búsqueda de la desaparición de la pobreza original compartida.

Sí, el que ha hecho callar y salir por la puerta de atrás a tantas instituciones multilaterales (el Banco Mundial a la cabeza), que ya no hablan de pobreza sino de desigualdad y de re-distribución de la riqueza … que ha generado el denostado capitalismo.

No oirán a instituciones públicas y privadas, políticos errabundos y profesores varios reconocer los desenfoques relacionados con ese mantra denominado “lucha contra la pobreza” ni su error al llevar décadas gastando ingentes recursos acusando al capitalismo de todos los males de este mundo. No reconocerán su fracaso así los aspen sino que, simplemente, cambiarán su discurso de un día para otro, como si nada hubiera pasado. Y no hablo de tesis doctorales de algún eminente (DRAE: Del latín eminens, -entis: Alto, elevado, que descuella entre lo que lo rodea) político español de nuestros días sino de entidades de alcance global y de sus epígonos.

Para ilustrar cuanto digo desde una perspectiva científica distinta traigo el artículo (es una entrevista) que viene a continuación. Todo él es interesante, más allá de algunas ucronías que se deslizan en el curso de la entrevista con un neurocientífico argentino por nombre Facundo Manes. Destaco una frase: Nos importa más pertenecer a un grupo social que la verdad. Pues eso.

El lunes 28 de enero conocimos una nueva ocurrencia del Papa Francisco que resultó (una vez más) estremecedora. No es inhabitual que se produzcan, sobre todo porque acontecen en vuelos, generalmente trasatlánticos, que realiza el Papa tras asistir a algún evento global. Y entonces, cuando repentiza, cuando improvisa, se ve el tejido del que está hecha la persona Bergoglio. Sin filtros institucionales, el ciudadano Bergoglio pone de relieve sus querencias, su perfil, sus limitaciones. La falsedad esencial constitutiva de su personalidad.

Preguntado por la crisis venezolana, un país con más asesinatos anuales que Irak, dijo: “Si yo entrara a decir hagan caso a estos países o a estos otros, me metería en un rol que no conozco y sería una imprudencia pastoral por mi parte; haría daño”. Como si el daño criminal no estuviera enseñoreándose de Venezuela desde hace lustros. Como si sólo hablara de lo que conoce.

Con todo el respeto de un católico por su cargo, Santidad, ¿podría pedirle que aleccionara a sus ayudantes para que le recordaran la virtud de la prudencia, siquiera para no entrar en jardines colosales? Dispone Usted, Santidad, de la diplomacia más experimentada del planeta, que sin duda podría mantener cualquier ficción con solvencia. Pero no. Y no es la primera vez. Eso de que esta economía mata fue un puntazo, reconózcalo. En materia medioambiental no va más allá de intentar mimetizar por Encíclica interpuesta (Laudato Si´) las enseñanzas de Svante Arrhenius. Y ahora esto.

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LA FRASE DE LA SEMANA

La frase de hoy es de San Gregorio Magno, Doctor de la Iglesia: “Desdichado el hombre que camina por dos sendas”. La recoge el Cardenal Robert Sarah, en un libro de entrevistas titulado ‘Dios o nada’ refiriéndose al pecador, cuando su conducta desmiente sus palabras. En castizo la tenemos parecida: “Haz lo que digo y no lo que hago”.