DOS LEONES – CARLOS RODRÍGUEZ BRAUN – ABRIL DE 2026
EL SEMANAL DEL COVARRUBIAS DEL 14 DE ABRIL DE 2026


La propensión a utilizar categorías políticas o ideológicas para analizar a la Iglesia y sus ideas es algo tan ridículo como reducir a Jesús a un líder político carismático –lo lamentó, por cierto, el propio León XIV en su primera homilía el pasado mayo. Algo parecido sucede con la Doctrina Social de la Iglesia, de la que muchos ignoran la “D” y solo atienden a la “S”.
Por eso simplificaron tanto quienes calificaron a Francisco de peronista o socialista, o los que antes pensaron que san Juan Pablo II era liberal, cuando ambos tienen matices, precisamente por la “D” –puede verse: “Tensión económica en la Centesimus Annus”, Empresa y Humanismo, Vol. II, Nº 2/00, 2000, pp. 473-492; aquí: https://bit.ly/3ZXrko5.
Rerum Novarum es iluminadora a propósito de esos matices. León XIII habla de “la acumulación de riquezas en manos de unos pocos y la pobreza de la inmensa mayoría… la inhumanidad de los empresarios… codicia de los competidores… voraz usura”. Los obreros no son “esclavos” y han de cobrar su “salario con justicia”.
Pero al atacar la propiedad privada “los socialistas empeoran la situación de los obreros todos… el poseer algo en privado como propio es un derecho dado al hombre por la naturaleza”. El poder público solo ha de intervenir si una familia se halla “en una situación de extrema angustia y carente en absoluto de medios para salir de por sí de tal agobio”, pero “es necesario de todo punto que los gobernantes se detengan ahí”, para que “la propiedad privada no se vea absorbida por la dureza de los tributos e impuestos”, porque no se puede “quitar a otro lo que es suyo o, bajo capa de una pretendida igualdad, caer sobre las fortunas ajenas”.
La clave es la integración de la Iglesia, injustamente apartada por el poder político, y apostar por la sociedad civil, los socorros mutuos y las “asociaciones católicas” de “obreros cristianos”. La Iglesia no anima la lucha social, sino que “trata de unir una clase con la otra por la aproximación y la amistad”. Los obreros no ansían vivir del Estado, sino que “la mayor parte prefieren mejorar mediante el trabajo honrado sin perjuicio de nadie”.
Es diáfana la distinción entre sociedad y poder público, crucial para la libertad. Debemos ayudar al prójimo porque así lo demanda la “caridad cristiana, la cual, ciertamente, no hay derecho a exigirla por la ley”.
Pasando al segundo León, la exhortación apostólica Dilexi te del Santo Padre León XIV sobre el amor hacia los pobres es un documento relevante en lo esencial, que es la religión, y en varios aspectos acorde con el liberalismo, a pesar de que Pedro Sánchez lo citó como si fuera un texto prácticamente socialista. No es la primera vez que engaña, corta y pega. Sánchez, digo.
Se trata de un texto religioso, como dice el padre Gustavo Irrazábal, del Instituto Acton de Argentina: “fundamentalmente teológico, cristológico y espiritual, un llamado a conectar la fe en Cristo y la solicitud por los pobres en la vida concreta de cada creyente”. El Papa habla de “la fuerte conexión que existe entre el amor de Cristo y su llamada a acercarnos a los pobres”, “los pobres para los cristianos no son una categoría sociológica, sino la misma carne de Cristo”.
Aunque habla de política, y con algunos planteamientos discutibles, la exhortación defiende sobre todo a la Iglesia, con numerosas referencias a la extraordinaria labor que siempre ha desarrollado el cristianismo en la atención a los pobres, y en el cuidado de su salud y su educación.
Cabe señalar asimismo el llamado del pontífice a la responsabilidad libre e individual, celebrando la caridad y la limosna, aunque resulte algo “despreciado o ridiculizado, como si se tratase de la fijación de algunos y no del núcleo incandescente de la misión eclesial”.
Cuando aborda propiamente la economía puede parecer antiliberal, pero no lo es. Por ejemplo, rechaza “la acumulación de la riqueza y del éxito social a toda costa, que se ha de conseguir también en detrimento de los demás”. El liberalismo nunca ha defendido “la economía que mata” ni la riqueza a toda costa, y explícitamente ha condenado la que se obtiene fuera del mercado, porque fuera de él uno puede mejorar en detrimento de los demás. También el liberalismo coincide con León XIV al impugnar utopías como que “el mercado resuelve todo”, o que debe gozar de “autonomía absoluta” el “imperio del dinero” sin respetar la dignidad humana.
A primera vista, no parece acertar Su Santidad al afirmar que vivimos en “un mundo donde los pobres son cada vez más numerosos”, salvo que se refiera a los púdicamente llamados “contribuyentes”. Porque, en efecto, si la renta per cápita ha aumentado en el mundo gracias a la mayor libertad, la renta disponible después de impuestos se ha contenido por el crecimiento de los Estados. Y León XIV formula un muy correcto llamamiento a “remover las causas sociales y estructurales de la pobreza”, para que los pobres puedan dejar de serlo y “mejorar verdaderamente su vida… ofreciendo su esfuerzo personal”.
Carlos Rodríguez Braun
Economista Hispano Argentino, Catedrático jubilado de Historia de Pensamiento Económico y miembro del Real Colegio Libre de Eméritos. Colabora en programas de radio como Más de Uno y La Brújula en onda Cero. Es columnista de La Razón y Expansión. Tiene numerosos libros publicados entre los que destacamos, Estado contra Mercado, El liberalismo no es pecado o La Cultura de la Libertad.
