LA EFEMÉRIDE – 22 DE ENERO DE 1921

El 22 de enero de 1921, Eduardo Dato aprobó, al frente del Consejo de Ministros, el seguro obrero obligatorio, que supuso un gigantesco paso adelante en la protección de los trabajadores de España. Cubría diversas incidencias (desempleo, enfermedad, accidentes laborales, vejez) que afectaban a todos los trabajadores españoles con ingresos anuales inferiores a 4.000 pesetas. Se financió a partir de 1921  a través de cuotas de los empresarios y del Estado. No fue la primera medida en ese sentido, ni en España, ni en el extranjero, paro abundó en un sistema de protección cuyos inicios (todos ellos en países europeos, por descontado) pueden encontrase en el siglo XIX.  

Eduardo Dato fue abogado (Derecho Civil y Canónico) y político. Se desempeñó tres veces como Presidente del Gobierno de España. En su primer mandato (entre el 27 de octubre de 1913 y el 9 de diciembre de 1915), decretó la neutralidad de España en la Gran Guerra, lo que reportó grandes beneficios como suministradores de bienes y, lo que es aún más importante, ninguna pérdida en vidas humanas para los españoles. En el segundo, hizo frente a la crisis de 1917, una huelga general revolucionaria decretada por la UGT y por la CNT (Confederación Nacional de Trabajadores, anarquista) que supuso el primer coletazo en España consecuencia del golpe de estado bolchevique en Rusia.

En el tercero, creó el Ministerio de Trabajo por Real Decreto de 8 de mayo de 1920, pero asimismo se ocupó de reducir las condiciones concurrentes en los accidentes laborales, atendió al trabajo infantil y al femenino y, sobre todo, creó el Seguro Obrero obligatorio, una medida de muy positiva repercusión social, que hundía sus raíces en la Encíclica Rerum Novarum de León XIII. Dato profesaba la fe católica.

Fue asesinado por tres pistoleros (contratados supuestamente por) anarquistas: Pedro Mateu, Luis Nicolau y Ramón Casanellas. No fue el primero en sufrir ese destino. Antes le precedieron en su condición de víctimas de magnicidio Juan Prim (1870), Antonio Cánovas del Castillo (1897) y José Canalejas (1912). El segundo y el tercero fueron asesinados por anarquistas.

Está enterrado en el Panteón de Hombres Ilustres, que se halla en el Paseo de la Reina Cristina, en el distrito de Retiro (Madrid). El edificio que lo alberga es de estilo neobizantino y llama verdaderamente la atención desde gran distancia debido a su graciosa torre campanario bicolor.

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